24 agosto, 2011

contribución positiva de los jóvenes

Por lo general, cuando se habla o se escribe sobre los jóvenes, hay una ausencia marcada de textos que señalen las contribuciones positivas de estos a la sociedad o alguna referencia sobre la gran mayoría que no participa en actos violentos de ningún tipo. Predominan, eso sí, los discursos alarmistas sobre la quiebra de valores entre los jóvenes, a quienes se les atribuye la mayor responsabilidad en el aumento de la violencia, la adicción a la droga, la delincuencia y el desenfreno. La consecuencia primera de este enfoque es caer en una visión redentora, desde la cual se entiende a los jóvenes como un grupo a ser “salvado”, como si sobre ellos y ellas pesara una mayor oscuridad que sobre el resto de la sociedad. La mala fama de la “juventud perdida” es una forma de ignorar la naturaleza estructural que tienen los problemas sociales vinculados a los jóvenes. Algo de esto hemos podido observar en los primeros discursos que Benedicto XVI ha pronunciado en la Jornada Mundial de la Juventud, donde se insiste en “los fundamentos inconsistentes de los jóvenes que se contentan con seguir las corrientes de moda, que se cobijan en el interés inmediato, se olvidan de la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos”. En este tipo de discursos esta presente la visión redentora que pretende salvar a la juventud de lo que se ha dado en llamar “la tentación del relativismo moral”.

Pero hay otro modo de ver la realidad de los jóvenes. Sin caer en idealizaciones abstractas, podemos reconocer, en principio, que la fuerza positiva de los jóvenes deriva no solo de que se están constituyendo en mayoría, sino, sobre todo, de su gran potencial de sensibilidad y generosidad, y de su capacidad de emprender transformaciones sociales. Estos no son elogios aduladores; más bien el reconocimiento de actitudes y potencialidades que pueden representar una fuerza de bien en la sociedad. Sin embargo, para que esto sea así, no basta el simple reconocimiento; hay que institucionalizar formas de participación para la juventud.

Esa perspectiva es la que se propone en el Informe del Estado Mundial de la Infancia 2011, titulado “La adolescencia, una época de oportunidades”. En este se plantea que la participación activa de los adolescentes en la vida familiar y cívica fomenta una ciudadanía positiva a medida que se convierten en adultos. Por otra parte, las contribuciones de los adolescentes enriquecen y dan contenido a políticas que benefician a la sociedad en su conjunto. El Informe enfatiza que fomentar entre los jóvenes la capacidad de decidir les da poder a la hora de tomar decisiones sobre su propia salud y bienestar. Los adolescentes que participan activamente en la vida cívica tienen más probabilidades de evitar actividades de riesgo como el consumo de drogas y la comisión de delitos; de tomar decisiones con conocimiento de causa sobre las relaciones sexuales; de asumir la responsabilidad sobre derechos jurídicos: y de superar los desafíos que afrontan en su camino hacia la edad adulta. Los consejos nacionales juveniles, las iniciativas de servicios comunitarios, la comunicación digital y otras formas de participación de los jóvenes resultan ser medios eficaces para educarlos sobre sus derechos y para potenciar su capacidad de tomar decisiones.

El documento también señala que para el aporte positivo de los jóvenes y adolescentes es necesaria la construcción de un entorno propicio, que favorezca su desarrollo. Y eso pasa por abordar los valores, actitudes y comportamientos de las instituciones relacionadas con la niñez y la juventud (la familia, los compañeros, las escuelas…), así como el contexto más amplio de las normas establecidas dentro de las comunidades, los medios de comunicación, la legislación y las políticas. Por ejemplo, un Gobierno puede construir centros educativos y ampliar la educación obligatoria, pero también debe abordar las causas de la pobreza y la falta de equidad que llevan a muchos padres y madres a sacar a sus hijos de la escuela. Establecer un entorno de protección requiere también romper el silencio en torno a temas tabú como la explotación sexual y el abuso.

En estos días de jornadas de la juventud, en los que se pone mucho énfasis en los datos cuantitativos de las grandes concentraciones y en las expresiones emotivas provocadas por los sentimientos religiosos, bueno es que conozcamos el potencial positivo de esta fuerza social. Además, es fundamental que haya compromisos y actitudes que favorezcan entre los jóvenes la participación cívica (en la lucha por defender los derechos humanos), el cultivo del pensamiento crítico (que ayude a desmontar las vendas ideológicas) y la espiritualidad de la compasión (que lleve a vivir según la misericordia y a luchar por la justicia).

Para muchos jóvenes del mundo, el futuro ha dejado de ser un lugar de promesas para convertirse en un espacio de amenaza que suscita incertidumbre, preocupación y miedo. Y no puede ser de otra manera porque están siendo afectados por un presente de pobreza, exclusión, alienación religiosa, crisis familiar e identidad vulnerada. Un presente que hace recordar la fuerza de verdad que tienen las siguientes palabras: “Algo de obsceno tiene el decir que los jóvenes son el futuro cuando a muchos de ellos ya se les ha negado el presente”. De acá la necesidad de aproximarnos a la realidad de las juventudes con realismo, y sin caer en idealizaciones o satanizaciones. Un realismo cuyo compromiso prioritario debe ser la creación de oportunidades culturales y económicas para este sector cada vez más grande y tradicionalmente marginado




El Papa y los jovenes

Por mucho que se repita que en la Jornada Mundial de la Juventud los protagonistas son los jóvenes, esto no se termina de creer; sobre todo cuando observamos a esas muchedumbres juveniles más involucradas en aspectos logísticos que en hacer sentir su palabra sobre sus propias realidades, esperanzas, gozos, necesidades y angustias. Asisten a esos eventos para ser enseñados, adoctrinados, amonestados, animados, exhortados; es decir, predomina la actitud pasiva sobre la activa. Por eso está claro lo que el Papa espera de los jóvenes: que pongan a Cristo en el centro de su vida; que lo sigan en el seno de la Iglesia; que no cedan a la tentación de vivir la fe según la mentalidad individualista; que no tengan miedo al mundo, ni al futuro, ni a la propia debilidad; que pidan a Dios que les ayude a descubrir su vocación en la sociedad y en la Iglesia; que amen a la Iglesia, porque los ha engendrado en la fe y los ha ayudado a conocer mejor a Cristo; que reconozcan la importancia de la inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como de la participación en la eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

Esas, entre otras, son las expectativas que tiene el Papa sobre la juventud. Pero muy poco o nada sabemos de lo que los jóvenes —al menos los que directamente participaron en el evento— esperan de la Iglesia, los Gobiernos, los políticos, los que dirigen la economía del mundo. Sí sabemos las posiciones que los jóvenes del movimiento de los indignados o de los grupos prolaicismo mantuvieron antes, durante y después de las Jornada: unos denunciaban el despilfarro que implicó el acontecimiento y otros, la subordinación del poder civil al poder religioso en un Estado estrictamente laico.

Ahora bien, para saber escuchar las voces de los jóvenes se requiere un modo de ser Iglesia: más madre que maestra, más samaritana que moralista, más sencilla que espectacular. En el documento sobre los jóvenes de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, encontramos una visión que corresponde a ese modo de ser, que sigue siendo actual, y que puede ser muy útil para la alta jerarquía de la Iglesia al momento de responder a los desafíos que representa este grupo cada vez más grande. En el documento se afirma que “sin desconocer el significado de las acciones masivas entre los jóvenes, el excesivo valor que la jerarquía otorga a veces a sus resultados (cuya importancia es sobre todo numérica) dificulta la tarea de aquellos movimientos educativos y apostólicos que se esfuerzan por una presencia de fermento e irradiación” (Medellín, 5, 7). Asimismo, propone a los ministros de la Iglesia un diálogo sincero y permanente con la juventud, tanto la que forma parte de movimientos organizados, como la de sectores no organizados (5, 14).

Y sobre todo les hace a las autoridades eclesiásticas tres recomendaciones fundamentales que, a nuestro juicio, hoy son más que necesarias. La primera, “que se presente cada vez más nítido el rostro de una Iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual, desligada de todo poder temporal y audazmente comprometida en la liberación de todo el hombre y de todos los hombres” (5, 15a). La segunda, “que la predicación, los escritos pastorales y, en general, el lenguaje de la Iglesia sean simples y actuales, teniendo en cuenta la vida real de los hombres de nuestro tiempo” (5, 15b). Y finalmente, “que se viva en la Iglesia, en todos los niveles, un sentido de autoridad, con carácter de servicio, exento de autoritarismo” (5, 15c).

Estas actitudes no solo son condición de posibilidad para acompañar los procesos de tantos jóvenes, sino también para dejarse empapar e interpelar por lo que esos mismos jóvenes dicen de sí mismos, de la Iglesia, del mundo que compartimos y del futuro del que todos somos responsables. Unicef ha recordado recientemente en su publicación principal, el Estado Mundial de la Infancia 2011, que los jóvenes de hoy se enfrentan a un mundo cada vez más incierto, donde el cambio climático, la urbanización rápida, la recesión económica y el aumento del desempleo plantean desafíos sin precedentes. Hay 1.2 millones de adolescentes en todo el mundo. Nueve de cada diez de estos jóvenes viven en un país en desarrollo (o empobrecido). Millones de ellos se ven privados de sus derechos básicos a la salud y la educación, y se ven expuestos a abusos y explotación. De ahí el desafío común de convertir esta edad vulnerable en una época de oportunidades.

La fiesta, el entusiasmo y el impacto de las grandes concentraciones de la Jornada Mundial de la Juventud ya pasaron, dejaron de ser noticia mundial; ahora viene el tiempo del compromiso y la responsabilidad con los desafíos que plantea la realidad de los jóvenes (creyentes y no creyentes, de los países pobres y de los países ricos); viene el tiempo de lo no espectacular y lo oculto. Para la Iglesia, es el tiempo de ser fermento en la línea de las recomendaciones de Medellín que antes señalamos. Una tarea ciertamente no espectacular, pero de gran valor para la realidad humana y cristiana




23 agosto, 2011

Hacia una épica religiosa

En vista de la trascendencia que tuvo en España el libro de Ramiro Lagos, "Rimado del Cristo Roto" en l Ateneo de Madrid con las reflexiones y apología del humanista español Octavio Una Juarez y con la solidaridad ideológica del levita Pedro Serrano, vocero de la teología de la liberación, se le le ha pedido al poeta que difunda cibernéticamente su pensamiento poético testimonial. He aquí parte de su "Prefacio":


"La poesía es una religión del “Dios deseado y deseante”. Concepto del Nóbel poeta español Juan Ramón Jiménez, que comparto, sin apartarme de la poesía testimonial del otro Nóbel poeta latinoamericano, Pablo Neruda. Su Canto General es casi misional y ante todo justiciero en pro de los miserables y oprimidos bajo el imperio del mal. Sus palabras son redentoras, y si no cita a Cristo, coincide con él en desenmascarar la mentira, defender al pobre y denunciar con látigos de palabras a los tiranos y fariseos de indo América.


La poesía se hizo musical desde los salmos y con ellos marchamos con el ritmo de la octava real con que se ha escrito la épica. Es así como el Rimado del Cristo Roto, pretende aportar un paso más hacia la surgencia de una épica religiosa en defensa de los oprimidos. Paso épico que a la vez es eslabón de lejanas raíces bíblicas desde la remota época en que la Sacra Biblia resaltó la imagen salvadora y liberadora del “Yahvé guerrero”.

El poeta testimonial no hace sino recurrir a testimonios antiguos y contemporáneos con textos que le deparan sus lecturas teológicas y las prédicas de Fray Justino, vocero de la iglesia católica unitaria, que en este libro se toma la palabra, para transmitirla, igualmente, al vocerío de su aldea. Devoto de sus misas campales, es mucho lo que el vate ha aprendido de sus homilías y de sus recomendaciones para leer la Biblia justiciera, fundamentada, explicada y analizada por el teólogo jesuita de Méjico José Porfirio Miranda. En ella se inspira este poeta testimonial para darle sustancia a su prefacio y poner a marchar su poema “Pedazos de Biblia”.

Ante la ciega aceptación gratuita de pautas que nos han impuesto los pregoneros de verdades absolutas, surge la duda metódica que se enfrenta a los llamados dogmatismos de ciertos arciprestes, basados no en la fuente de la misma verdad bíblica, sino en la del magister dixit. Ante todo dogmatismo cuestionable, la razón asume su derecho a disentir con angustia unamuniana. Decir ¡no! es difícil cuando la fe del carbonero tiende a iluminar la mente de los incautos. Ver para creer decía Santo Tomás, pero hay que meter el dedo en la llaga. Hoy, el derecho al ¡no! se impone ante una nueva toma de conciencia religiosa, política y social. ¡No!, es una negación que contiene más afirmación que un trueno. Y entre truenos se promulgó la ley santa y la verdad de los mandamientos. Qué difícil es disentir con razón cuando todo el mundo asiente sin ton ni son. Si, por ejemplo, confrontamos ciertos hechos y actuaciones llamadas cristianas, habrá que decir ¡no!, ¡hasta aquí hemos llegado! ¡No!, eso no puede llamarse cristianismo. Si examinamos esos mismos hechos y actuaciones, apartándonos de la religión y situándonos en el campo simplemente político o humano, el ¡no!, también podría ser rotundo y hay que darle su verdadera trascendencia para enfatizar el ¡no!, repitiéndolo ¡no!, eso no pude llamarse humanitarismo. ¡No!, eso no puede llamarse democracia cristiana... ¡No!, ésos no son los apóstoles de los derechos humanos. ¡No!, ésos no son los predicadores de la verdad revelada. Ésos son los voceros de la Biblia traicionada. De la Biblia hecha pedazos. Los que crucificaron al Cristo pordiosero. Al Cristo roto.

Se nos ha dicho que lo blanco no es negro cuando puede ser lo más negro del alma humana. Se nos ha dicho que el cero a la izquierda no suma nada, cuando en cuestiones político-sociales ese cero suma millones de miserables y de pobres. Se nos ha dicho que no hay círculos cuadrados cuando la cuadratura del círculo político prueba lo contrario. Se nos ha dicho hasta misa cantada para convencernos de una letanía ordenada o desordenada sin seguir el compás de la campanal verdad, tan grande como un templo. Se nos ha dicho que un verdadero cristiano ha de ser tan idiota que al verse tan golpeado, debe ponerla la otra mejilla al anticristiano que lo sigue golpeando. Se nos ha dicho que es preferible ganar el cielo, aunque nos quiten la tierra. Se nos ha dicho que Cristo predicó entre los doctores cuando era niño, pero no se nos dijo que, más tarde, esos doctores no le hicieron ni pizca de caso. Se nos dijo, es cierto, que ese niño cuando fue grande se hizo caudillo liberador y había echado del templo a los farsantes y fariseos, pero nunca se nos dijo que tales farsantes volvieron a invadir el templo, y todos, al lado de tiranos y farsantes, terminamos comulgando en el mismo comulgatorio. Pero no se ha dicho que el poeta testimonial no comulga con ruedas de molino.


Cuando la conciencia nos ha golpeado hasta el fondo del alma, no hay otra alternativa que creer en la verdad revelada, no en la manipulada. Para creer en la verdad revelada, basta acercarnos a las fuentes mismas donde esa verdad se origina, que es la Biblia del pueblo. Frente a las prédicas de una supuesta verdad transformada a través de los siglos y de las circunstancias políticas y sociales de sus pregoneros, la teología de la liberación, como teología de la justicia cristiana de la iglesia aglutinante y unitaria, ha de seguir la luz de la verdad, de los hechos, y de las fuentes que la inspiran, y esas fuentes son las que sigue el poeta testimonial cuando asiste a la misa campal de Fray Justino, para seguirse inspirando en su cristo roto. Pero también le inspiran otras lecturas y otros hechos del vía crucis latinoamericano. Le inspira La Teología de la Liberación de Monseñor Gustavo Gutiérrez. Y estuvo inspirado el poeta testimonial en voces de 800 sacerdotes católicos de la América Hispánica, quienes en una carta dirigida a la Segunda Conferencia Episcopal (CELAM) reunida en Medellín, Colombia, denuncian “la violencia que una minoría de privilegiados ejerce, desde la época de la colonia, contra la inmensa mayoría del pueblo explotado”. A propósito de este manifiesto “decíamos ayer”, antológicamente en nuestro Master de Rebeldía de la Poesía Hispanoamericana: “Dueños de los medios publicitarios los caudillos buchiplumas se han dado la maña para aparecer ante el papelón diario como grandes patricios. De ahí pasan a “salvadores”, a “hombres providenciales” (idea medieval), a benefactores (paternalismo), a “apóstoles de los pobres (santos varones), mientras irónicamente el pueblo sigue soportando la carga de su eterna pobreza sin que el caudillo de fantásticos caudales, le desgrane un maravedí”. El poeta testimonial es desde luego un observador documentado, y actuando como juglar, sólo transmite en sus cantos la resonante y bronca verdad del clarín del viento y de la Biblia. Se acude a la Biblia como si fuesen las arterias de un gran corazón revolucionario que invita a conocer a Dios a través de la palabra y conocerlo es “realizar la justicia de los pobres”. Sobre ello, el colombiano Camilo Torres, el peruano Gustavo Gutiérrez, el brasilero Leonardo Boff y el español Ignacio Ellacuría, voceros de la teología de la liberación, han sermoneando y escrito textos hasta hacer tambalear el sistema imperial del Oro teocrático, fundamentados ellos en la verdadera Biblia. El poeta testimonial también se fundamenta y alienta su ánimo en sus manifiestos y en los de Fray Justino, su alter ego, para fundamentar también su vanguardia a través de octavas y ritmos de su master de clerecía, contribuyendo con su Rimado del Cristo Roto, al clamor justiciero por la liberación del mundo de los oprimidos. Clamor que el poeta testimonial recoge desde la colonia en octavas reales que aclaman al pionero de la teología de la liberación, el inca-mestizo Felipe Guamán Poma de Ayala:

La épica cristiana en pie de Historia,
tiene mártires, héroes en la indiada.
Fue Tupac Amaru en la “cristíada
de los indios” de América, una Gloria,
y aunque le fue truncada su memoria,
la pluma de Guamán, no con la espada,
rompe el falso evangelio, y devoto,
clama a los cielos con su Cristo roto.


Apostilla: Con el título de Rimado, no del Cristo roto, sino Rimado de Palacio, el poeta Pero López de Ayala, en la segunda mitad del siglo XIV, escribe su obra poemática, en que satiriza “el desquiciamiento de la sociedad contemporánea en todos los grados de las jerarquías eclesiástica y civil”. El Rimado de Palacio es una obra de 1627 estrofas. “Con verso severo y duro describe y satiriza la vida de su época: la división de la iglesia, la corrupción de los diversos estados sociales”.

El poeta testimonial colombiano está demostrando con las críticas de su master de clerecía en su Cristo roto, que nada ha cambiado desde hace largas centurias sino que se ha “legalizado” oficialmente la mentira y la farsa con la complicidad de la historia oficial en la que se consagran a falsos apóstoles y políticos de la llamada democracia cristiana o de la seudo-democracia para engañar a los incautos.








¿Los pobres serían lo que son, si nosotros fuéramos lo que debiéramos ser?






¿Que quieres?

¿Qué quiero, mi Jesús?…Quiero quererte,
quiero cuanto hay en mí del todo darte
sin tener más placer que el agradarte,
sin tener más temor que el ofenderte.
Quiero olvidarlo todo y conocerte,
quiero dejarlo todo por buscarte,
quiero perderlo todo por hallarte,
quiero ignorarlo todo por saberte.
Quiero, amable JESUS, abismarme
en ese dulce hueco de tu herida,
y en sus divinas llamas abrasarme.
Quiero, por fin, en Tí transfigurarme,
morir a mí, para vivir tu vida,
perderme en Tí, JESUS, y no encontrarme.






Oraciones II

Te busco y no te encuentro

Te busco y no te encuentro.
¿Dónde moras?
¿Lates sin realidad? ¿Eres un mito,
una ilusión, un ansia de infinito?
Y si amaneces, ¿dónde tus auroras?

¿En qué tiempo sin tiempo van tus horas
desgranándose plenas? ¿Nunca el grito
de humano dolor quiebra el bendito
silencio que te envuelve? ¿Nos ignoras?

Partículas de ti fueron llegando;
mi mar inquieto se convierte en río;
hay trinos en el aire,
canta el viento.

Canta la vida toda. Por fin siento que estés,
pero, dime, dime: ¿cuándo
puedo saberte para siempre mío?







CREDO

Creo en un Dios impotente,
en un Dios débil debilitado,
creo en un Dios que no puede,
que no triunfa. Derrotado.
Creo en un Dios tan vecino
que se vuelve un Dios humano,
que su vida entre nosotros,
es muerte que le entregamos.
Creo en un Dios sin poder,
hecho hombre y torturado,
y por corona: ¡espinas!,
y por respuesta: ¡insultado!.
Creo en un Dios impotente,
un Dios de brazos atados,
un Dios distinto a los hombre,
poderosos, soberanos...
Creo en un Dios que no sabe
negar lo que ha declarado,
creo en un Dios impotente,
¡impotente de enamorado!
Creo en un Dios novedoso,
de novedad siempre a mano
que genera a cada instante
lo que el amor va dictando.
Creo en un Dios generoso,
del amor crucificado,
creo en un Dios también pobre,
que tiene a los pobres al lado.
Creo en un Dios que no puede,
¡es el amor quien lo ha atado!
Creo en un Dios sin poder,
pobre... ¡resucitado!






TU EVANGELIO ES TERRIBLE

Cristo,
he oído predicar tu Evangelio
a un sacerdote
que vivía el Evangelio.
Los pequeños, los pobres,
quedaron entusiasmados;
los grandes, los ricos,
salieron escandalizados,
y yo pensé que bastaría predicar
sólo un poco el Evangelio
para que los que frecuentan las iglesias
se alejaran de ellas
y para que los que no las frecuentan
las llenaran.
Yo pensé que era una mala señal
para un cristiano
el ser apreciado por la “gente bien”.
Haría falta - creo yo -
que nos señalaran con el dedo
tratándonos de locos y revolucionarios.
Haría falta - creo yo - que nos armasen líos,
que firmasen denuncias contra nosotros,
que intentaran quitarnos de en medio.
Esta tarde, Señor, tengo miedo,
tengo miedo porque sé
que tu Evangelio es terrible:
es fácil oírlo predicar,
es todavía fácil no escandalizarse de él,
pero vivirlo...
vivirlo es bien difícil.




ENVÍANOS LOCOS

¡Oh Dios! Envíanos locos,
de los que se comprometen a fondo,
de los que se olvidan de sí mismos,
de los que aman
con algo más que con palabras,
de los que entregan
su vida de verdad y hasta el fin.
Danos locos,
chiflados,
apasionados,
hombres capaces
de dar el salto hacia la inseguridad,
hacia la incertidumbre
sorprendente de la pobreza;
danos locos,
que acepten diluirse en la masa
sin pretensiones de erigirse un escabel,
que no utilicen
su superioridad en su provecho.
Danos locos,
locos del presente,
enamorados de una forma de vida sencilla,
liberadores eficientes del proletariado,
amantes de la paz,
puros de conciencia,
resueltos a nunca traicionar,
capaces de aceptar cualquier tarea,
de acudir donde sea,
libres y obedientes,
espontáneos y tenaces,
dulces y fuertes.

Danos locos, Señor, danos locos.




Acaríciame

Vengo a Ti para que me acaricies
antes de comenzar el día.
Que tus ojos se posen
un momento sobre mis ojos.
Que acuda a mi trabajo sabiendo
que me acompañas, Amigo mío.
¡Pon tu música en mí
mientras atravieso el desierto del ruido!
Que el destello de tu Amor
bese las cumbres de mis pensamientos
y se detenga en el valle de la vida,
donde madura la cosecha.








Oraciones I

Si el amor te escogiera

Si el amor te escogiera y se dignara
llegar hasta tu puerta y ser tu huésped
¡Cuidado con abrirle e invitarle,
si quieres ser feliz como eras antes!

Pues no entra solo: tras él vienen
los ángeles de la niebla tu huésped solitario
sueña con los fracasados y los desposeídos
con los tristes y con el dolor infinito de la vida.

Despertará en ti deseos que nunca podrás olvidar,
te mostrará estrellas que nunca viste antes;
te hará compartir, en adelante
el peso de su tristeza divina sobre el mundo.

¡Listo fuiste al no abrirle! y, sin embargo,
¡qué pobre, si lo echaste de un portazo!






Echa las redes

Desde que Tú te fuiste
no hemos pescado nada.
Llevamos veinte siglos
echando inútilmente
las redes de la vida,
y entre sus mallas
sólo pescamos el vacío.
Vamos quemando horas
y el alma sigue seca.
Nos hemos vuelto estériles
lo mismo que una tierra
cubierta de cemento.
¿Estaremos ya muertos?
¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído?
¿Quién recuerda la última vez que amamos?

Y una tarde Tú vuelves y nos dices:
«Echa la red a tu derecha,
atrévete de nuevo a confiar,
abre tu alma,
saca del viejo cofre
las nuevas ilusiones,
dale cuerda al corazón,
levántate y camina».
Y lo hacemos sólo por darte gusto.
Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,
nos resucita el gozo
y es tanto el peso de amor
que recogemos
que la red se nos rompe cargada
de ciento cincuenta esperanzas.
¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,
camina sobre el agua
de nuestra indiferencia,
devuélvenos, Señor, a tu alegría






Deseo

Sencillo quiero ser como Tú eres.
El alma transparente como el día
La voz sin falsear y la mirada
profunda como el mar, pero serena.

No herir, pero inquietar a cada humano
que acuda a preguntarme por tus señas.
Amar, amar, amar, darme a mí mismo
de balde cada día y sin respuesta.

Ser puente y no llegada, ser camino
que se anda y que se olvida, ser ventana
al campo de tus ojos y quererte.

Descanso quiero ser, vaso de vino
de Dios para los hombres cuando vengan
con polvo sobre el alma de buscarte.




Buscando Luz

¡Ser un instante luz, sólo un instante!
Sopla y enciéndeme, Señor, cual árbol
resplandeciente entre la noche oscura,
Mira mis verdes que se extienden largos,
mira mis ramas de quejidos: crecen
en la noche, tu fresca luz buscando.

Baja, Señor, y sopla entre mis frondas.
Tóquete yo con mi pequeña mano,
con mi pequeña sombra triste. Soy
un niño sin descanso.

Mi corazón golpea contra el tuyo.
Un débil junco puede ilusionado
golpear un gran sol, un mar de tierras.
¡Heme aquí golpeando!

¿Y no responderás a un niño? Mira
cómo hasta Ti levanto mis dos brazos
queriendo reposar sobre la hierba
de luz de tu regazo.

Baja, Señor, y posa tu caricia
en mis cabellos, de la tierra, amargos,
y deja un surco luminoso en ellos,
un reguero de cielo dulce y largo.




Tú me salvas


No te cansas de mí,
aunque a ratos
ni yo mismo me soporto.
No te rindes,
aunque tanto
me alejo, te ignoro, me pierdo.
No desistes,
que yo soy necio,
pero tú eres tenaz.
No te desentiendes de mí,
porque tu amor
puede más que los motivos

Tenme paciencia,
tú que no desesperas,
que al creer en mí
me abres los ojos
y las alas…

Echa las redes

Desde que Tú te fuiste
no hemos pescado nada.
Llevamos veinte siglos
echando inútilmente
las redes de la vida,
y entre sus mallas
sólo pescamos el vacío.
Vamos quemando horas
y el alma sigue seca.
Nos hemos vuelto estériles
lo mismo que una tierra
cubierta de cemento.
¿Estaremos ya muertos?
¿Desde hace cuántos años no nos hemos reído?
¿Quién recuerda la última vez que amamos?

Y una tarde Tú vuelves y nos dices:
«Echa la red a tu derecha,
atrévete de nuevo a confiar,
abre tu alma,
saca del viejo cofre
las nuevas ilusiones,
dale cuerda al corazón,
levántate y camina».
Y lo hacemos sólo por darte gusto.
Y, de repente, nuestras redes rebosan alegría,
nos resucita el gozo
y es tanto el peso de amor
que recogemos
que la red se nos rompe cargada
de ciento cincuenta esperanzas.
¡Ah, Tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla,
camina sobre el agua
de nuestra indiferencia,
devuélvenos, Señor, a tu alegría







Llamada

No me mandes callar!
No puedo obedecerte.
Tu perdón me ha quemado como un fuego
y lo tengo que hablar
siempre y a todos,
aunque me lo prohibas,
o aunque no me lo crean.
Si, por eso, me echan de esta tierra,
saldré hablando de Tí.

Diré que eres de todos,
siempre el mismo,
que tu amor no depende de nosotros,
que nos amas igual, aunque no amemos;
nuestro título ante Tí es la pobreza
de no amar.
Que eres voz que llama siempre
a cada puerta,
con nombre exacto, inconfundible;
que no pides nada,
das y esperas
el tiempo que haga falta;
que no fuerzas los ritmos de los hombres,
que no cansas,
no te cansas,
y que tu amor es nuevo cada día;
que te dolemos todos,
cuando no te buscamos.
Diré muchas más cosas:
que basta con mirarte en cualquier sitio,
porque todos son tuyos,
para ser otra cosa;
simplemente
para ser persona.
Señor, que, chispa a chispa,
no me canse
de prender este fuego!






Tu rostro en cada esquina

Señor, que vea…
…que vea tu rostro en cada esquina.
Que vea reír al desheredado,
con risa alegre y renacida
Que vea encenderse la ilusión
en los ojos apagados
de quien un día olvidó soñar y creer.
Que vea los brazos que,
ocultos, pero infatigables,
construyen milagros
de amor, de paz, de futuro.
Que vea oportunidad y llamada
donde a veces sólo hay bruma.
Que vea cómo la dignidad recuperada
cierra los infiernos del mundo
Que en otro vea a mi hermano,
en el espejo, un apóstol
y en mi interior te vislumbre.

Porque no quiero andar ciego,
perdido de tu presencia,
distraído por la nada…
equivocando mis pasos
hacia lugares sin ti.

Señor, que vea…
… que vea tu rostro en cada esquina.






Lo ves todo

Oh Dios, enséñame a orar.
tú que todo lo ves,
tú que todo lo oyes,
tú que todo lo sabes,
a tí que todo lo experimentas en mí y conmigo,
porque eres mi compañero y amado.
Nada se te oculta.
Tu amor para mí es luz,
y a esta luz tú lo ves todo






Él nos eligió

Dios nos eligió
para mostrarnos unos a otros
el rostro del amor de Dios.
Somos el vocabulario de Dios;
palabras vivas
para dar voz a la bondad de Dios
con nuestra propia bondad,
para dar voz a la compasión, la ternura,
la solicitud y la fidelidad de Dios
con las nuestras propias






Destino

Pon tu palabra en medio de mi vida.
Pon mi vida en tu mano, pon tu mano
en la voz que ahora digo.
Pon el sol en mis ojos, pon tus ojos
aquí, en estas preguntas; tus caminos
trázalos en los míos. Quiero irme
en tu marcha, quiero darles
tu música a mis pasos.
Estos hombres
que veo, que me miran,
a los que yo les hablo, que preguntan
al pasar por tus señas, son, seguro,
el destino marcado
de mi vida, mi mano, mi palabra.
Ponme de par en par porque te encuentren.




Si el amor nos hiciera

Si el amor nos hiciera poner
hombro con hombro,
fatiga con fatiga
y lágrima con lágrima.
Si nos hiciéramos unos.
Unos con otros.
Unos junto a otros.
Por encima del oro y de la nieve,
aún más allá del oro y de la espada.
Si hiciéramos un bloque sin fisura
con los seis mil millones
de rojos corazones que nos laten...
¡qué hermosa arquitectura
se alzaría del lodo!






Lo que quiero ser

Quiero ser pastor
que vele por los suyos;
árbol frondoso
que dé sombra
al cansado;
fuente donde
beba el sediento.
Quiero ser canción
que inunde los silencios;
libro que descubra
horizontes remotos;
poema que deshiele
un corazón frío;
papel donde se pueda
escribir una historia.

Quiero ser risa en los
espacios tristes,
y semilla que prende
en el terreno yermo.
Ser carta de amor para el solitario,
y grito fuerte para el sordo…

Pastor, árbol o fuente,
canción, libro o poema…
Papel, risa, grito, carta, semilla…
Lo que tú quieras, lo que tú pidas,
lo que tú sueñes, Señor…
eso quiero ser.

Quiero cantar

Quiero cantar
la vida que empieza,
tararear las dudas
que a veces me detienen,
y convertir en música
las lágrimas.

Quiero hacer
una balada de justicia
y una samba
para pronunciar
la paz en mil idiomas.

Que el perdón se cante
como un rumba
y la esperanza se anuncie
con tambor y trompeta.

Que la fe tenga
la letra de un bolero
y tu historia,
fascinante y única,
sea un villancico
para todo el año.







Desde que mi voluntad

Desde que mi voluntad
está a la vuestra rendida,
conozco yo la medida
de la mejor libertad.
Venid, Señor, y tomad
las riendas de mi albedrío;
de vuestra mano me fío
y a vuestra mano me entrego,
que es poco lo que me niego
si yo soy vuestro y vos mío.

A fuerza de amor humano
me abraso en amor divino.
La santidad es camino
que va de mí hacia mi hermano.
Me di sin tender la mano
para cobrar el favor;
me di en salud y en dolor
a todos, y de tal suerte
que me ha encontrado la muerte
sin nada más que el amor. Amén.




Mi equipaje

Mi equipaje será ligero,
para poder avanzar rápido.
Tendré que dejar tras de mí la carga inútil:
las dudas que paralizan
y no me dejan moverme.
Los temores que me impiden
saltar al vacío contigo.
Las cosas que me encadenan y me aseguran.
Tendré que dejar tras de mí
el espejo de mí mismo,
el “yo” como únicas gafas,
mi palabra ruidosa.

Y llevaré
todo aquello que no pesa:
Muchos nombres con su historia,
mil rostros en el recuerdo,
la vida en el horizonte,
proyectos para el camino.
Valor si tú me lo das,
amor que cura y no exige.
Tú como guía y maestro,
y una oración que te haga presente:

“A ti, Señor, levanto mi alma, en ti confío,
no me dejes. Enséñame tu camino,
Mira mi esfuerzo. Perdona mis faltas.
Ilumina mi vida, porque espero en ti".






Todo esto deseo

Que mi oído esté
atento a tus susurros.
Que el ruido cotidiano
no tape tu voz.
Que te encuentre,
y te reconozca
y te siga.
Que en mi vida brille tu luz.
Que mis manos estén abiertas para dar y proteger.
Que mi corazón tiemble con cada hombre y mujer que padecen.
Que acierte para encontrar un lugar en tu mundo.
Que mi vida no sea estéril.
Que deje un recuerdo cálido en la gente que encuentre.
Que sepa hablar de paz, imaginar la paz, construir la paz.
Que ame, aunque a veces duela.
Que distinga en el horizonte las señales de tu obra.

Todo esto deseo, todo esto te pido, todo esto te ofrezco, Padre.




En tu desnudez

Te sentirás solo, sin testigos.
Te encontrarás aislado, sin puentes.
Te abrumará el silencio, sin palabras.
Te dolerá el olvido, sin aplausos.
Te inquietará la duda, sin respuestas.
Te pesará la carga, sin ayudas.
Te asustará el compromiso, sin seguridades.
Te verás desnudo, sin mentiras.
Y Yo seré tu testigo, tu puente y tu palabra.
Yo seré tu aplauso, tu respuesta y tu apoyo.
Yo seré tu refugio y amaré tu desnudez
y te enseñaré a vivir de verdad.




Pobre Dios

Ojalá, Señor, te llegue mi voz.
Aquí estoy.
Sin grandes palabras que decir.
Sin grandes obras que ofrecer.
Sin grandes gestos que hacer.
Solo aquí. Solo. Contigo.
Recibiré aquello que quieras darme:
luz o sombra. Canto o silencio.
Esperanza o frío. Suerte o adversidad.
Alegría o zozobra. Calma o tormenta.
Y lo recibiré sereno,
con un corazón sosegado,
porque sé que tú, mi Dios,
también eres un Dios pobre.
Un Dios a veces solo.
Un Dios que no exige, sino que invita.
Que no fuerza, sino que espera.
Que no obliga, sino que ama.
Y lo mismo haré en mi mundo,
con mis gentes, con mi vida:
aceptar lo que venga como un regalo.
Eliminar de mi diccionario la exigencia.
Subrayar el verbo “dar”.
Preguntar a menudo: “¿Qué necesitas?”
“¿Qué puedo hacer por ti?”,
y decir pocas veces “quiero” o “dame”.
Y así sigo, Dios: Aquí,
sin más, en soledad.
En silencio.
Contigo, mi Dios pobre.






Esperaré

Esperaré a que crezca el árbol
y me dé sombra.
Pero abonaré la espera con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial
y me dé agua
Pero despejaré mi cauce
de memorias enlodadas.

Esperaré a que apunte
la aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
de postraciones y sudarios
Esperaré a que llegue
lo que no sé y me sorprenda
Pero vaciaré mi casa de todo lo enquistado.

Y al abonar el árbol,
despejar el cauce,
sacudir la noche
y vaciar la casa,
la tierra y el lamento se abrirán a la esperanza




22 agosto, 2011

El viaje

Sólo quiero tu casa de ternura,
vivir en su calor.
Eres el mar y la orilla segura
porque el único viaje es el amor.
Reconocer tu alma, qué aventura
de mágico sabor.
Allí tendré profundidad y altura
porque el único viaje es el amor.
Besos desconocidos como puertos
esperan bajo un cielo de mirada.
-Lo demás es dolor.
Hoy vuelvo de países que están muertos,
después de un mar que no me dijo nada,
porque el único viaje es el amor.

Salmo para Dar la Vida

Señor, dame la valentía

de arriesgar la vida por ti,

el gozo desbordante

de gastarme en tu servicio.

Dame, Señor, alas para volar

y pies para caminar

al paso de los hombres.

Entrega, Señor, entrega

para “dar la vida”

desde la vida,

la de cada día.

Infúndenos, Señor,

el deseo de darnos y entregarnos,

de dejar la vida

en el servicio a los débiles.

Señor, haznos constructores de tu vida,

propagadores de tu reino,

ayúdanos a poner la tienda en medio de los hombres

para llevarles el tesoro

de tu amor que salva.

Haznos, Señor, dóciles a tu Espíritu

para ser conducidos

a dar la vida desde la cruz,

desde la vida que brota

cuando el grano muere en el surco



Señor que lo quisiste

Señor que lo quisiste: ¿Para qué habré nacido?
¿Quién me necesitaba,
quién me había pedido?
¿Que misión me confiaste?
Y ¿por qué me elegiste,
yo, el inútil, el débil,
el cansado...? El triste.

Yo, que no sé siquiera
que es malo lo qué no es bueno,
y si busco las rosas y me aparto del cieno,
es sólo por instinto. Y no hay mérito alguno
en la obediencia fácil a un instinto oportuno...
Y aún más:
¿Pude hacer siempre todo lo que he intentado?
¿Soy yo mismo siquiera lo que había soñado?...
¿En qué ocaso de alma ha disipado el luto?
¿A quién hice feliz tan siquiera un minuto?
¿Que frente obscura y torva se iluminó de prisa
tan sólo ante el conjuro de mi pobre sonrisa?

¿Evitar a cualquiera pude el menor quebranto?
¿De qué sirvió mi risa; de qué sirvió mi llanto?
Y al fin, cuando me vaya frío, pálido, inerte...
¿Que dejaré a la Vida? ¿Que llevaré a la Muerte?...

Bien sé que todo tiene su objeto y su motivo:
Que he venido por algo y que para algo vivo.
Que hasta el más vil gusano su destino ya tiene,
que tu impulso palpita en todo lo que tiene
Y que si lo mandaste fue también con la idea
de llenar un vacío, por pequeño que sea...

Que hay un sentido oculto en la entraña de todo:
en la pluma, en la garra, en la espuma, en el lodo...
Que tu obra es perfecta: ¡Oh Todopoderoso,
Dios Justiciero, Dios Sabio, Dios Amoroso!...
El Dios de los mediocres, los malos y los buenos...
En tu obra no hay nada ni de más ni de menos...

Pero... No sé, Dios mío: Me parece que a Ti
-un Dios...- te hubiera sido fácil pasar sin mí


Sigo

En Ti sólo el amor. Fuera, en las cosas

nada más que tu huella, la añoranza

en su piel rozada apenas

por tu paso un instante, la ternura

de tus manos...


Yo te busco, te sigo,

nunca llego a tenerte, estoy muy lejos,

Señor. Van mis caminos

hacia Ti cada día.

Me equivoco

muchísimo. Tardes hay en que creo

que me coges las manos y de pronto

son las cosas, tu huella, las que beso

como si fueras Tú.

Quizá no acierte

aún en mucho tiempo, pero sigo

sabiendo que el amor es todo tuyo.




REFLEXIONES DE A PIE ¿Cuántos en realidad somos? Se apuesta hacia la superficialidad mas que a la profundidad de la experiencia humana ...