24 agosto, 2011

La voluntad de Dios II


¿Y a quién le cuento todo esto? Quizá lo mejor sea dejarlo pasar y no darle más vueltas. Además, hablarlo con alguien es otorgarle carta de ciudadanía y prefiero, por ahora, dejarlo así. Supongo que buscar orientación sería empezar a reconocer la posibilidad de que es cierto, que todo esto no es una invención mía.

El verdadero discernimiento cristiano es, por lo general, un discernimiento "acom­pañado". Hay otra persona que, con más o menos frecuencia o intensidad, me ayu­da a discernir (¡no discierne ni toma de­cisiones por mí!). Hace eco de lo que yo voy diciendo, me objetiva, me hace caer en la cuenta de los procesos que voy vi­viendo. Ese acompañante es "mediación" y presencia de la comunidad eclesial que se hace presente a mi discernimiento. Por­que así como nuestra fe brota en el seno de una comunidad cristiana, necesita de esa comunidad para madurar.

Un discernimiento auténtico tiene siem­pre en cuenta las repercusiones de lo que se decide en la comunidad eclesial. "Pa­blo insistió bastante en otro aspecto: pa­ra dar por bueno el dictamen de la conciencia en una opción, no basta acu­mular razones objetivas; hay que tener en cuenta la repercusión que va a tener en la actual comunidad de cada uno la decisión que él toma"'. Quizá no sea éste el punto determinante en una elección: habrá oca­siones en que la voluntad de Dios nos pi­da una "ruptura", un gesto de disensión y/o divergencia: pero habrá que tenerlo en cuenta, calibrarlo y sopesarlo.

En otro orden de cosas, un buen discer­nimiento toma en cuenta todos los datos posibles, porque en todos ellos puede ha­ber llamadas de Dios o elementos de con­tradicción. No sólo los datos internos, los procesos interiores o las repercusiones in­teriores de fenómenos externos; también los mismos acontecimientos exteriores, los mismos datos de la vida y de la reali­dad, analizados y percibidos lo mejor po­sible. El discernimiento va más allá de los análisis de realidad, pero no los ignora ni elimina. Detrás de los hechos, los acon­tecimientos, las historias concretas de la vida, hay datos muchas veces decisivos para nuestro discernimiento.

No olvidemos que el deseo de Dios es un deseo sobre el mundo y para el mundo, que la "voluntad" de Dios es, como nos recuerda San Ignacio en una preciosa pá­gina de los Ejercicios (nº 101-109), vo­luntad salvadora que nace de una mirada atenta sobre la complejidad del mundo. "Al desembarcar vio Jesús una gran mul­titud, se conmovió y se puso a curar a los enfermos" (Mateo 14,14): es la mirada al mundo la que "activa" a Jesús. No puede ser cristiano, propio de un seguidor de Je­sús, un discernimiento ciego sobre la re­alidad del mundo, ensimismado, que ignora a aquellos que son los protagonistas y des­tinatarios del proyecto y del deseo de Dios: los hombres y mujeres de este mundo y, de modo especial, los que sufren.

Creo que se colige de todo lo dicho has­ta ahora, pero por si no ha quedado claro insisto una última vez: el discernimiento se sitúa en clima y contexto de relación personal, de amor de y para Dios, de amor con nuestros prójimos. "Es más relación personal que reflexión raciona", no es "un ejercicio 'mental' sino un camino existencia". Es, por tanto, no una lla­mada para una serie de cristianos de éli­te o selectos, sino una exigencia para todos aquellos y aquellas que quieran ser de ver­dad cristianos, seguidores de Jesús y co­operadores del proyecto de Dios, en un mundo tan complejo como el nuestro.

Situado "evangélicamente" el tema de la voluntad de Dios, analizado el significa­do y el proceso del "discernimiento" que nos asocia de hecho a esa voluntad, nos queda una cuestión: ¿cómo se hace eso en la práctica?, ¿cómo un cristiano de a pie, con la formación normal, las preo­cupaciones abundantes y el tiempo esca­so puede vivir todo esto? A ello vamos...

La voluntad de Dios I


           

¿Cuáles son las estrategias, la "gimnasia" que nos permite mantener con vigor nues­tra atención, que permite mantener en for­ma nuestra lucidez? Cuatro movimientos conforman la tabla, movimientos que, tra­bajados día a día, nos hacen ágiles en el discernimiento y hacen de éste no un so­breesfuerzo sino nuestro modo habitual de ser cristianos. Los enuncio con cuatro infinitivos, para luego explicarlos: exa­minar, contemplar, escuchar y exponerse.

Examinar: detenerse cada día para preguntarme qué es lo que estoy reci­biendo, qué es lo que está pasando, qué estoy recibiendo y qué estoy dando... Sen­tarme cada día un rato en el balcón que da a la plaza de mi vida para captar lo que pasa por ella: no contentarse con miradas furtivas y esporádicas a través de la ven­tana. No se trata de un ejercicio de mate­máticas o de contabilidad, sino de un ejercicio de sosiego interior y de sensibi­lidad. Este sencillo ejercicio nos da una agilidad increíble cuando es cotidiano, y tiene, además, importantes efectos tera­péuticos: en su cotidianeidad se genera memoria, somos invitados a descubrir que también en los días grises, o negros, recibimos, y que incluso en los días que nos parecen "gloriosos" hay algo de lo que debemos pedir perdón.

Nuestra tabla cotidiana tiene, por suerte, un ejercicio que de entrada damos por fácil: escuchar. Pero, no es tan fácil como parece. Porque escuchar significa disposición a recibir, paciencia para admitir el ritmo del otro, capacidad de encaje de lo inesperado y lo sorprendente, inteligencia para captar aquello que es dado sin palabras, elegancia para valorar un contenido torpemente envuelto o presentado... Escuchar no es oírme a mi mismo en el otro, ni seleccionar aquello que me conviene, ni utilizar las palabras del otro como material de una respuesta preconcebida. Escuchar nos va cogiendo por dentro, nos va enganchando, porque percibimos que se nos dice, y mucho...


Contemplar: no hay que asustarse, de entrada, porque el ejercicio es más sencillo de lo que parece: no es sólo para campeones olímpicos del atletismo espiritual. Tiene, eso sí, una exigencia que nos cuesta a veces: quitarnos nosotros del centro. Poner a otro ante nosotros y saber, sencillamente, mirar: caer en la cuenta de los detalles, adivinar los sentimientos que los gestos manifiestan, saborear las palabras, gozar con los matices... En la contemplación se nos hace interior la Palabra y concretos los acentos; en la contemplación nuestra sensibilidad es transformada hasta hacer nuestros sus gustos, sus sentimientos, sus preferencias, sus maneras de estar...

Exponerse: algo de intemperie en nuestra vida. Pequeños rodeos más allá del itinerario marcado, salir a la calle alguna vez sin abrigo o sin paraguas, acercarse al lugar que no está en el plano. O dejar de vez en cuando el coche y subir al autobús, al metro, al tren de cercanías. O ir a pie. Porque las rutinas atontan, enmohecen nuestros músculos interiores, nos dejan clavados en los huecos en los que nos hemos aposentado.

Discernir, buscar la voluntad de Dios en el día a día de nuestra vida es, básicamente, esta gimnasia interior: examinar, contemplar, escuchar y asumir algún riesgo. Todo ello nos hace "atentos", y en la "atención" creciente nuestro amor al Señor se hace más delicado, nuestro seguimiento de Jesús más cercano y nuestro servicio a los demás más desinteresado. Buscar la delicadeza en el amor, la cercanía en el seguimiento, el desinterés en el servicio: eso, y no otra cosa, es "buscar la voluntad de Dios".

Cuando irrumpe lo fascinante

En todos los relatos vocacionales la irrupción del Misterio no despierta un deseo más o un deseo nuevo sino que, revelándose como Presencia, altera lo concebiblemente deseable. No lo hace ofreciendo razones convincentes o despertando emociones incontenibles. Lo hace de un modo que ni la misma persona alcanza a comprender: fascinando y atrayendo irresistiblemente. pp
En algunos confundirá, en otros pacificará. Los habrá que quedarán marcados; otros, heridos. Faltarán palabras para decirlo pero su tono será inconfundible. El Misterio, lo Fascinante, lo Inconcebible no ha dejado de irrumpir. Nos ha excedido, alterado, trastocado, descolocado y, a la vez, orientado y clarificado. Pero ha hecho falta tiempo, mucho tiempo para comprender que su Presencia era irrevocable.

¿Qué pasa cuando la propia vida está bien pero sientes que se queda corta? Numerosas biografías vocacionales se han tejido y se están tejiendo desde esta pregunta. Ven su vida y no es que esté bien o mal simplemente sienten que se les queda corta. No se trata de una reflexión sino de una certeza que no pueden quitarse de encima. Y es que por más deseos que acumulen, hay algo que se resiste a conformarse y aceptar el modus vivendi al uso. La comprensión de lo que es deseable ha quedado trastocada y alterada.

Asociamos la plenitud con la sensación de estar llenos pero, ¿qué pasa cuando no te sientes lleno sino empachado? Algunos relatos vocacionales comienzan a narrarse a partir de un tumbativo “ya no más”.

Es una constatación inapelable de atiborramiento que invade a la persona empachada por saturación. Experimentan que ya no les cabe más. No se sienten llenos sino empachados. Quizás es el precio que se debe pagar para sentirse feliz en esta sociedad del bienestar. Simplemente deciden dejar de pagar ese precio.






Vocacion religiosa ¿Como saberlo?

Sientes un deseo intenso, persistente. A veces se presenta en forma de pregunta que reaparece con frecuencia y en los momentos más inesperados. En ocasiones te ves soñando despierto, imaginándote cómo sería tu vida si te decidieras. Hay momentos en que no puedes dudar, es una certeza del corazón que se hace evidente.

Y sin más, todo eso se esfuma. Y vuelve la misma pregunta de siempre: ¿cómo saber que no me estoy engañando? ¿cómo saber qué quiere Dios de mí? Y lo que hasta ese momento se veía con claridad, se vuelve confuso. Y te encuentras dando vueltas, buscando razones que te convenzan. Ya se me pasará, te dices. Además no creo que sea capaz de vivir una vocación así.

No te lo dices a las claras pero sabes que lo estás evitando. El Señor te ha ido mostrando lo mucho que desea que le sigas con la misma intensidad con la que Él te está amando y le estás evitando. Nada mejor que tus lógocas razones para dejarlo estar. Sabes que se acerca la hora de fiarse, de avanzar apoyado en sus motivos y no en tus razones.




En busca de Dios

¡Te necesito, Señor, porque sin Ti mi vida se seca!
Quiero encontrarte en la oración,
en tu presencia inconfundible,
durante esos momentos en los que el silencio
se sitúa de frente a mí, ante Ti.


¡Quiero buscarte!
Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque
que protege con sus hojas los latidos escondidos
de todos sus inquilinos.


¡Necesito sentirte alrededor!
Quiero encontrarte en tus sacramentos,
en el reencuentro con tu perdón,
en la escucha de tu palabra,
en el misterio de tu cotidiana entrega radical.


¡Necesito sentirte dentro!
Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre
y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño
y en el ruido de la muchedumbre.


¡Tengo que verte!
Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso
y, un día, en la debilidad de mi vida,
cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo.





Engaños


No, no es verdad, que no te vendan la moto, que no te venden los ojos,
que no te entrampen el corazón, que no te atrapen los sentidos, que no es cierto, que te engañan, que es mentira.
Y además ya lo sabes, de todas esas puertas, la que más brilla, la más perfecta, es una salida falsa, sabes que tendrás que volver por donde viniste, que el camino se vuelve fango más allá de las primeras praderas.
Sin embargo, la puerta más humilde, la que casi se cae a pedazos, la más estrecha, es la que se abre a lo verdadero; que tras esas primeras cuestas, y tras las segundas, empieza a crecer el tomillo y la lavanda, y al final resplandece ante tus ojos el gran paisaje desde la altura, y no te queda más que arrodillarte y contemplar.
En marcha, pues, y muy atento, que nadie ha dicho que sea fácil.



Tsunami Gadafi

Una vez más llueve sobre mojado
Hasta ayer Gadafi era recibido por nuestros gobernantes con todos los honores militares, aun cuando era de sobra conocido su sanguinario expediente. Hoy es un siniestro dictador con delirios de poder, cuyo régimen tiene los dias contados.
Hasta ayer no urgía invertir de forma generosa en el mantenimiento y seguridad de un central nuclear en estos tiempos de crisis, mejor esperar a que los acontecimientos se vayan sucediendo. Hoy nos llevamos las manos a la cabeza tras el desastre ocurrido en Fukushima, y es en esta situación límite cuando se reabre más seriamente el debate sobre la seguridad nuclear. Europa ahora "revisa todas sus centrales", mientras China paraliza la construcción de otras tantas. Todo el mundo opina, ¡que por opinar no quede! pero de lo que está falto este mundo es de ideas, no de ideologías. Nada se puede reducir a "nucleares si, nucleares no", pues la situación es mucho más compleja y requiere algo más de espacio que el que las tertulias radiofónicas o las columnas periodísticas le dedican.
Vamos tarde casi siempre. Y cuando vamos, es porque ya no queda otra salida, por presiones, por dinero, por intereses. Estoy un poco confundida...¿Quién contribuye más al desastre, la naturaleza o nosotros?




Los colores de Jesús


Cuánto les gustaría a algunos que Jesús hubiese sido un líder político,

tanto que unos lo colorean de rojo, otros de azul, otros le dan un toque verde, algunos lo pintan multicolor e incluso otros según cómo sople el viento.

Pero no, Jesús no tenía color, simplemente sentido común, tan común que se nos escapa. Dio buenas lecciones de cómo organizar una sociedad, en qué sustentar sus raíces, qué aspiraciones perseguir, habló de derechos y deberes,… ¡todo un programa político! Pero no, Jesús no tenía color.

Así que yo lo tengo claro, para ayudar a construir el Reino votaré al sentido común.

¿Y tú? ¿Lo tienes claro ya?



La playa de los pobres

Los pobres veranean en un mar que sólo ellos conocen  Allí instalan sus carpas  hechas de mimbre y celofán  y luego bajan a la orilla  para ver la llegada de los botes  curtidos de adioses  En la playa  la miseria se broncea boca abajo el hambre toma sol en una roca  los niños hacen mediaguas en la arena  y las muchachas se pasean  con sus bikinis pasados de moda  Ellas tienden sus toallas de papel  y se recuestan a mirar el reventar de las olas  que les recuerda la forma de un pan  o una cebolla  Mar adentro nadan sus sueños  Y ellas ven al vendedor de helados  acariciando sus pechos  o a ellas mismas en un viaje hacia la espuma  del que regresan con vestidos nuevos  y una sonrisa en el alma





Raro


Vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de los hombres no hacemos otra cosa que existir. (Oscar Wilde)

Esta semana se ha anunciado la apertura en el País Vasco de una unidad de referencia para “enfermedades raras”. Curioso nombre cuando en su totalidad afectan a más de 3 millones de españoles. Sin embargo, para esta gente vivir sí es algo raro. No son pocos los que mueren al cabo de unas horas o semanas de vida y muchos de ellos saben que no llegarán a soplar más de 10 o 20 velas en su cumpleaños. Para ellos, existir no es algo que se dé por supuesto.

Sin embargo, gracias a su lucha y a la de millones de personas que les rodean, son capaces de convertir esa corta y a veces dolorosa existencia en algo más y de darnos lecciones de vida a aquellos que tendremos el privilegio de disfrutarla durante muchas décadas.

Sobran las razones para estar agradecidos por nuestra suerte, sobran también para pedir que ni gobiernos ni industria dejen a estos niños desamparados por no ser rentables, nos sobran para dejar de existir y empezar a vivir.




Políticos





Por un lado vemos crisis económica, corrupción, paro, pepinos, prevaricación, mala gestión, favoritismos, juego electoral,…



Y por otro, bajas injustificadas, fotocopias gratis, enchufes, el uso del móvil del trabajo para llamadas personales, mobbing, compañeros “trepas”, decodificadores ilegales de TV, copias pirata, pagos en dinero negro,…
Así que viendo este panorama, ¿qué son los políticos? ¿Producto u origen?




REFLEXIONES DE A PIE ¿Cuántos en realidad somos? Se apuesta hacia la superficialidad mas que a la profundidad de la experiencia humana ...