Meditaciones Marco Aurelio





Marco Aurelio nace el 26 de abril del año 121 d.C. en el seno de una familia aristocrática que cuenta con la confianza del emperador. Desde su primera infancia parece destinado a ocupar puestos relevantes en el Imperio y muy temprano comienza a integrarse en lo más alto de la vida ciudadana.
 Adoptado como hijo por su tío, el emperador Antonino que había sucedido a Adriano al mando del Imperio, en el l6l, tras la muerte de Antonino, se reparte con su hermano adoptivo Lucio Vera la sucesión imperial.
Marco Aurelio era frugal en su vida y su tiempo libre lo dedicaba al estudio. Las Meditaciones no nos ilustran sobre los acontecimientos acaecidos en su época de emperador, sino que son breves pinceladas dispersas sobre sus gustos y anhelos, soliloquio espiritual y filosófico de un emperador preocupado por construir una “ciudadela interior” que corriera mejor fortuna que su Imperio.
INTRODUCCIÓN
LA EDAD DE ORO: LOS ANTÓNINOS
Los reinados de Trajano (98-117), Adriano (117-138), Antonino Pío (138-161) y Marco Aurelio (161-180) quedaron en la tradición romana posterior como una edad dorada, imagen posiblemente transmitida por fuentes contemporáneas filosenatoriales y recogida por Dión Casio, Herodiano y más tarde transmitida por escritores de los siglos IV y V como Aurelio Víctor, Eutropio, Festo, San Jerónimo y Sulpicio Severo. Especial mención merece la Historia Augusta, obra incierta en cuanto a su autoría al no saberse si pertenece a un único autor o a varios, posiblemente redactada entre finales del siglo IV y comienzos del V y que contó con fuentes diversas, algunas probablemente del periodo Antonino, añadidos posteriores e invenciones motu proprio.
 Características comunes de estos emperadores fueron sus buenas relaciones con el elemento senatorial, tendencia que se impuso con Nerva —de quien Tácito señaló que había combinado el principado y la libertad—, y la lealtad del ejército. Como paradigma del buen gobernante se presentó el gobierno de Trajano, a quien saludó Plinio en su panegírico como optimus princeps. Común a los emperadores antes mencionados es un origen familiar no itálico, procedentes de provincias romanizadas como Hispania o Galia; tal circunstancia no deja de ser un reflejo de la cada vez mayor influencia provincial tanto en el Senado como en el ejército. Aunque el Senado era predominantemente un cuerpo itálico su composición va transformándose progresivamente; si al comienzo del gobierno de Trajano tres cuartas partes de sus miembros eran de origen itálico, a la muerte de Marco Aurelio se redujo a poco más de la mitad.
 El gobierno de Adriano tuvo enfrentamientos con el Senado por tomar iniciativas que mermaban la autonomía de esta
 Cámara, tales como impulsar el Consejo Imperial, órgano formado fundamentalmente por juristas, y repartir cargos de la administración estatal a miembros no senatoriales, es decir del grupo ecuestre, grupo social que junto con la nobleza provincial fue introducido en el Senado. Ello explicaría la existencia de una oposición soterrada que se manifestó tras su muerte, al intentar el Senado anular los actos del emperador o negarle la apoteosis, deificación del emperador. El resto de los Augustos, en cambio, mantuvieron relaciones excelentes con el ardo senatorias. Trajano instauró una práctica política que pretendía conciliar, al menos en las formas, la autoridad del príncipe con la libertas republicana, concepto considerado por el elemento senatorial como presupuesto básico de la autonomía y del prestigio del Senado, así al menos nos lo ha transmitido Plinio en su panegírico del año 100. Antonino Pío mantuvo relaciones excepcionales con el Senado de Roma; no ajena a esta circunstancia podría ser la tradición senatorial de la familia: su abuelo paterno, T. Aurelio Fulvio, fue dos veces cónsul y luego prefecto de la urbe, su abuelo materno Arrio Antonio también dos veces cónsul y procónsul de Asia, el mismo Antonino era uno de los principales miembros del Senado y había ejercido de consular de Italia y procónsul de Asia. Se dedicó a asociar al Senado en las decisiones importantes; aunque no pasaron de ser meras fórmulas, la realidad es la continua pérdida de influencia de este órgano a lo largo del periodo imperial. Sin embargo, la buena sintonía entre emperador y senatoriales le valió el sobrenombre de Pius y el título de Augusta a su mujer Faustina. Ahora bien, el Consejo Imperial siguió teniendo una mayor influencia en las decisiones político-administrativas, al mismo tiempo que reforzó su función jurídica.
 Marco Aurelio, al igual que sus predecesores, mantuvo la misma política de amistad hacia el Senado; en su advenimiento al Imperio se comprometió a no ejecutar a ningún miembro senatorial, aunque fueran opositores políticos. El emperador filósofo siguió practicando pequeñas deferencias con la asamblea senatorial: aumentó sus atribuciones como tribunal de apelación, asistía a las sesiones del Senado, sometía a la decisión del mismo asuntos importantes como el de declarar la guerra o establecer tratados con los pueblos germanos. Concedió subsidios a senatoriales empobrecidos que corrían el riesgo de perder su condición senatorial. En definitiva se puede decir que siguió la línea de su modelo, Antonino Pío. Dicha entente, entre senadores y Antoninos, se vio truncada por Cómodo, hijo de Marco Aurelio, cuyas buenas relaciones iniciales se fueron descomponiendo a lo largo de su reinado, hasta acabar en la conspiración fracasada del 182, que conllevó la represión de un grupo amplio del elemento senatorial.
 La tendencia a introducir elementos del grupo ecuestre en la administración del estado, ya iniciada en épocas anteriores, continúa con los Antoninos y es con Marco Aurelio cuando los ecuestres ocupan una mayor relevancia en el desempeño de cargos públicos, teniendo responsabilidades y poder comparables a los senadores y rompiendo de alguna manera el equilibrio entre órdenes; así en el 177 el Consejo Imperial está formado por el mismo número de senadores que de caballeros. Una lenta evolución que se acelera en la primera mitad del siglo ni desemboca bajo Galieno, al descartar a los senadores de los principales puestos de responsabilidad a favor de los caballeros. Este orden va a ver incrementado su número al introducirse caballeros provinciales en los principales puestos. Si anteriormente los cargos de oficiales ecuestres eran asumidos tradicionalmente por itálicos, bajo los Julio-Claudios el 40 por 100 de estos oficiales eran de las provincias; con los Flavios y los Antoninos este porcentaje sube al 60 por 100.
 No sólo el elemento senatorial y ecuestre vieron cumplidas sus aspiraciones, también las capas populares fueron atendidas por los Antoninos y más concretamente por Trajano; este emperador llevó a cabo una obra social a favor de los grupos sociales más pobres. Entre sus actuaciones concretas destaca el sistema de los alimenta; iniciado tal vez por Nerva, es con Trajano cuando se desarrolla de manera definitiva. Se concebía como un auténtico sistema de asistencia pública que afectaba a un gran número de ciudades itálicas. El sistema presentaba dos niveles diferenciados: uno consistente en una ayuda financiera prestada por el Estado a los propietarios de tierras, otra parte era una asistencia a niños de familias necesitadas; de esta manera el Estado distribuía créditos bajos a los propietarios de tierras, quienes a su vez pagaban unos intereses anuales que repartidos por el Estado revertían en los más indigentes.
 En cuanto al sistema militar de los Antoninos hay que señalar en primer lugar el cambio operado en la adscripción de origen de los miembros de la armada, en segundo lugar, la transformación en el sistema defensivo, decisión tomada por Adriano con el fin de lograr una frontera, limes, continua y segura, bien a través de obstáculos naturales o, en su defecto, mediante construcciones defensivas estables; ello propició el surgimiento de destacamentos permanentes formados por provinciales con ciudadanía romana. El reclutamiento de los cuadros superiores y el de los centuriones evoluciona paralelo a las tropas, tal vez con una tendencia menos acusada; así se nombra oficiales militares a los notables procedentes de las colonias provinciales, principalmente Hispania y Galia; añadiéndose, como señalamos anteriormente, la creciente regionalización de los ejércitos acantonados en las fronteras. El creciente aumento de ejércitos acantonados y su mayor autonomía hacen que la lealtad del ejército sea un elemento de vital importancia para la estabilidad de los emperadores. Aunque la aquiescencia del Senado podía ser importante en los primeros momentos de llegar al augustado, para la permanencia en el poder el emperador debía contar con la seguridad del ejército, de ahí que todos los emperadores se estrenen con donativos abundantes al ejército.
 La política exterior de los emperadores Antoninos se movió entre la expansión de Trajano y la política defensiva de Marco Aurelio, predecesora de la situación de acoso que a partir de entonces va a vivir el Imperio en diversos frentes. Trajano fue el único emperador de los dos primeros siglos en retomar una política expansiva fundada sobre la conquista militar, con la adquisición de nuevos territorios que marcan los límites máximos del Imperio Romano. Roma logró expandirse a costa del reino dacio y controlar de este modo las márgenes del Danubio. En Asia se desplegó el dominio por la Arabia Petra, reino de los nabateos, que junto con la Decápolis formó una nueva provincia imperial: Arabia. La expansión hacia el territorio pártico, a pesar de victorias significativas, no pudo consolidarse y más que otra cosa le sirvió a Trajano para que el Senado le concediera el título de Parthicus, vencedor de los partos, y los reversos de las monedas proclamaran la subordinación de Armenia y Mesopotamia al Imperio Romano.
 La política de Adriano se alejó completamente de la de su antecesor Trajano; comprendió la imposibilidad de continuar las conquistas y la necesidad de contar con un sistema defensivo más seguro que mantuviera lo ya conquistado. Las circunstancias geoestratégicas determinaron un modelo defensivo basado en dos presupuestos: un ejército en gran parte formado y establecido en los límites del Imperio, creando verdaderas ciudades en torno a las fortificaciones; aplicándose una instrucción severísima, entrenándose los soldados como si fueran a combatir inmediatamente. En segundo lugar creó un completo y continuo sistema de limes: junto a las propias fronteras naturales añadió un sistema de fortificaciones mediante líneas continuas a través de Britania, y en el continente en Germania Superior y Retia. Se establecieron empalizadas y torres de vigilancia que si bien no servían para frenar una invasión, al menos sí proporcionaban seguridad frente a incursiones esporádicas de pequeños grupos. Antonino Pío siguió la política de Adriano preservando el mismo sistema defensivo e incluso haciendo nuevas construcciones en Britania, el muro de Antonino, en Dacia y quizá en Mauritania. Igualmente mantuvo, como Adriano, legiones acantonadas en las fronteras, utilizando tácticamente pequeños destacamentos móviles, llamados vexillationes, sistema utilizado ya por su predecesor. Este período gozó de cierta tranquilidad, a pesar de enfrentamientos en las fronteras o rebeliones dentro del propio territorio romano, la más cruenta de todas en Judea. Es con Marco Aurelio cuando comienzan a manifestarse ciertos síntomas de intranquilidad en las fronteras. Con dicho emperador los problemas exteriores del Imperio se caracterizan por agotadoras guerras: primero en Oriente, contra los partos, y sus últimos años en la frontera del Danubio, para rechazar a pueblos germánicos y sármatas. Hasta tal grado llegaron las dificultades exteriores de Roma que se ha calificado el gobierno del emperador filósofo como el comienzo de la crisis del Imperio Romano. Momento en que se rompe el equilibrio, no sólo por la presión bárbara sino también por los problemas sociales y políticos internos.
VIDA DEL EMPERADOR MARCO AURELIO
Infancia y primeros estudios
Marco Aurelio nace el 26 de abril del año 121 d.C. en el seno de una familia que, sin ser célebre en épocas anteriores, cuenta con la confianza del emperador Adriano, como demuestra que el mismo año del nacimiento de Marco Aurelio su abuelo fuera cónsul, su padre prefecto de la ciudad unos dos años más tarde, y su abuelo de nuevo cónsul en el 126, por tercera vez. Los Anio Vero son una familia italiana, asentada en Híspanla, en Ucubi, cerca de Córdoba, que hacen su carrera al amparo de Trajano y Adriano. Su madre era Domicia Lucila (la menor), cuya gran riqueza procedía de fábricas de ladrillos que surtían a Roma. Cuentan también con influencias políticas, el bisabuelo materno de Marco Aurelio fue cónsul en el año 55. Una hermana de su madre se casó con el rico y distinguido Tito Aurelio Antonino, el futuro emperador Antonino. Así pues ambas familias entraban en los parámetros de una nueva aristocracia que hizo carrera entre la segunda mitad del siglo I y primer tercio del siglo II, que surte de magistrados de cierto prestigio a Roma y a las provincias.
 Los padres de Marco Aurelio, Lucila y su esposo Vero, tienen de su matrimonio dos hijos, Annia Cornificia Faustina y el futuro emperador, quien posiblemente fuera uno o dos años mayor que ella. El padre de Marco Aurelio muere joven, durante su pretura, cuando el hijo contaba con tres o cuatro años.
 Marco Anio Vero Catilio Severo, como probablemente sería llamado en los primeros años, fue criado, hasta la muerte de su padre, en una quinta familiar situada en la colina del Celio, donde se asentaban los ricos de Roma. Tras la muerte paterna vive con su abuelo Vero (Meditaciones, 1.17.2), en una mansión situada al lado del templo laterano (Historia Augusta, vita Marci, VII). Es en este lugar donde recibe sus primeras enseñanzas, después de que dejara de estar al cargo de niñeras (Meditaciones, 5.4 y vita Marci, II, 1), posiblemente griegas[2]. Era considerado conveniente que en los primeros años el noble romano se familiarizara con el griego, lo cual sería muy ventajoso en años posteriores, cuando recibe instrucción de un profesor griego para que aprenda a leer y escribir en esta lengua.
La educación de Marco Aurelio
La vita Marci (II, 1) señala que fue un chico serio en su primera infancia, fuit a prima infantia gravis; también a través del libro primero de las Meditaciones conocemos su aprendizaje. El entorno familiar es el primer espacio socializador del niño noble romano, incluidos los sirvientes esclavos, con quienes pasa más tiempo. Marco Aurelio recuerda a su madre por ser ella quien lo introdujo en las prácticas cultuales (1.3); Domicia Lucila transmite al hijo la devoción a los dioses, una virtud esencial en la vida de un romano; como buena matrona le enseña el respeto a los fundamentos sagrados, privados y públicos, que conforman la religiosidad romana. La austeridad también la aprende de su madre, cualidad apreciada por los estoicos pero también por los romanos, por cuanto recordaba la manera ancestral de comportarse de sus antepasados. La madre también debió estimularlo intelectualmente, si hacemos caso del prestigio que, según las fuentes, tenía como conocedora de la cultura helenística. Un ejemplo basta para ilustrar el saber de esta dama romana: en la correspondencia de Frontón a Marco Aurelio, el rétor explícitamente afirma la utilización del griego para dirigirse a su madre, a pesar de considerarlo un atrevimiento dado el menor conocimiento que él tiene de esta lengua[3].
 Sus primeros pasos en la enseñanza se desarrollaron en el ámbito privado. En estos años desempeña también un papel importante su bisabuelo materno Catilio Severo, quien es llamado proavus materno[4]. Marco Aurelio agradece a su bisabuelo no haber escatimado gastos para que pudiera aprender en casa (Meditaciones, 1.4); las familias aristocráticas apreciaban este tipo de educación mejor que la enseñanza pública. Quintiliano y Plinio el Joven nos muestran cómo a finales del siglo I y comienzos del II la instrucción particular en la casa era señal de prestigio y era buscada por aquellos que podían costeársela. En estos primeros años el preceptor se dedica fundamentalmente a darle una educación moral y un aprendizaje de buenas costumbres; también se inicia al niño en las primeras letras. Marco Aurelio recuerda a su preceptor, no tanto por un aprendizaje concreto como por proporcionarle unas pautas de comportamiento (1.5) morales, evitar la calumnia, y disciplinarias, ser constante y esforzarse en el trabajo, al igual que le hizo apartarse de las aficiones circenses.
 Conocemos a través de la Historia Augusta (v. Marci, II, 2) algunos de los primeros maestros; aunque al preceptor o preceptores les incumbe la misión de velar por la conducta y las actuaciones morales del infante, la formación más específica estaría en manos de personas como el literato Euforión, posiblemente un esclavo o liberto, que le enseñaría los fundamentos del saber literario, unos elementales exempla, primeros pasos en la escritura, así como el conocimiento de algunos autores importantes; entre ellos ocupa un lugar destacado Homero, al cual los estoicos convirtieron en »el más sabio de los poetas«[5]. Además el adolescente debe conocer la comedia y saber entonar y recitar, artes que le pudo proporcionar el cómico Gémino. La música, la geometría, la matemática serían otros de los saberes en los que un joven culto debía ejercitarse; conocemos uno de estos maestros por la Historia Augusta, el músico y geómetra Andrón[6].
 Otro nivel de su formación lo ocupó el conocimiento de la gramática y de la oratoria; según la Historia Augusta acudió a diversos maestros y escuelas de gramática y oratoria, tanto griega como latina, y parece que con igual empeño en ambas. De este aprendizaje le quedaron, como maestros y amigos, Heredes Ático, orador griego que había sido cónsul en el año 143, y sobre todo Frontón, al que recuerda en las Meditaciones (1.11) y en la correspondencia entre ambos, de la que se desprende una excelente amistad que sin embargo no impidió, frente al deseo del orador latino, que Marco Aurelio se inclinara desde muy temprano por la filosofía; según la Historia Augusta a los once años asumió el atuendo de los filósofos y su vida rigorista. De esta época, entre la niñez y adolescencia y de su estudio de la gramática, recuerda al griego Alejandro el Gramático[7], célebre personaje que dirigía una escuela en Frigia, a quien Antonino hizo venir a Roma para dar lecciones a su hijo adoptivo, posiblemente hacia el 135. El oficio de gramático consistía en enseñar lo que hoy llamamos propiamente gramática, pero además en época de Marco Aurelio, posiblemente antes, fueron desempeñando tareas que en teoría habían estado en manos de los retóricos, inculcando a los alumnos los primeros pasos de la composición. De ahí que cite a Alejandro el Gramático como la persona que le enseñó los errores más corrientes de escritura: hiatos, aliteraciones, barbarismos; probablemente aprendió con él la exégesis de textos y la crítica literaria. Sin embargo Marco Aurelio aprecia al evocarlo tanto su conocimiento técnico como la comprensión para quienes cometían errores.
 Observamos cómo a lo largo del libro primero de las Meditaciones el filósofo recuerda a sus maestros, más que por el conocimiento técnico que le aportaron, por enseñarle un saber relacionado con la cotidianidad, esto es, un conocimiento que pretende formar el carácter, muy en la línea del estoicismo. Nos equivocaríamos, sin embargo, si pensáramos que la enseñanza romana pretendía únicamente una formación centrada en el propio individuo; la finalidad última del aprendizaje entre los nobles consistía en crear »buenos« ciudadanos romanos, cuyos conocimientos y saberes les permitieran reconocerse entre ellos y diferenciarse del resto de la ciudadanía. De todas maneras Marco Aurelio parece, a simple vista, distinguirse de dicho grupo social, agradeciendo a su madre que le impidiera parecerse a los ricos (Meditaciones, 1.3) y al propio Frontón por animarle a alejarse de la afectación de los patricios (Meditaciones, 1.11). En todo caso no dejan de ser reflexiones a posteriori del emperador-filósofo que no anulan el carácter elitista de la educación por él recibida.
 Después de instruirse en la gramática, sus estudios irían encaminados al dominio de la oratoria; Marco Aurelio recuerda al excelente rétor Frontón, maestro y gran amigo, quien estaba interesado en atraerlo a su disciplina. Al igual que el resto de los jóvenes instruidos, el joven César debía cursar estudios retóricos, posiblemente a los doce o trece años, en los que aprendería teoría, estudio de los arquetipos y ejercicios de aplicación. Trabajo fatigante y arduo para los aprendices, quienes sistemáticamente debían ejercitarse en el estudio de las cinco partes de que constaba la retórica: la invención, la disposición, la elocuencia, la mnemotecnia y la ejecución. Para lograr un dominio fluido los alumnos practicaban una y otra vez cada una de estas partes y trabajaban con fragmentos de famosos oradores. Por último debían realizar ejercicios de aplicación de diverso carácter que constituían verdaderos discursos[8]. Frontón va conduciendo a Marco Aurelio, tal vez cuando contaba dieciocho años, a través de esta ardua disciplina de manera progresiva y pausada[9]. El orador latino tenía muy presente que estaba enseñando a un futuro emperador y sus recomendaciones también iban en esa línea; en una carta le recuerda »que la elocuencia del César debe ser igual a una tuba«[10]. Al hilo de lo señalado no hay que olvidar que la retórica en Roma se caracteriza por tener un componente ético y filosófico, procurando, a través del conocimiento mimético de grandes escritores y de ejemplos patrióticos, lograr una vida recta en el aprendiz[11]. El recuerdo que Marco Aurelio tiene de Frontón es amable, agradecido a su maestro por enseñarle que el disimulo y la hipocresía están ligados a la tiranía. A pesar de que este concepto no aparece en el epistolario de Frontón, no es descartable que el tema de la tiranía fuera comentado y trabajado por alumno y profesor, ya que dicho tema desempeña un papel importante en los ejercicios de declamación[12]. Así pues la evocación al maestro proviene de haberle recomendado la huida de tentaciones absolutistas propias de malos emperadores como Domiciano, paradigma de tirano. Escaso agradecimiento a Frontón, quien durante décadas fue su instructor y amigo.
 A pesar de la enorme amistad que los unía y del interés de Frontón por desear que Marco Aurelio tuviera una mayor dedicación retórica, más apropiada para un emperador (diversas cartas recogen los consejos de Frontón ante las intervenciones que Marco Aurelio, como César o Emperador, realizaba ante el Senado), la fuerte vocación filosófica de Marco Aurelio lo alejó del arte retórico para profundizar en la filosofía. La influencia que ejerció Rústico sobre su alumno debió de ser una cruel decepción para Frontón, que poco a poco debe admitir que aquél terminará abrazando la filosofía[13]. La predilección del joven César por la filosofía iba contracorriente dado que a partir de Adriano la pasión por la declamación fue creciendo entre los jóvenes nobles, que fácilmente abrazan nuevos modos de expresión procedentes de Grecia. Los líderes de este movimiento literario no eran otros que el propio Frontón y Apuleyo de Madaura[14].
 Antes que Rústico lo ayudara a profundizar en la filosofía, concretamente en el estoicismo, fue Diogneto, maestro de diversas disciplinas, quien debió introducirlo en el saber filosófico (Meditaciones, 1.6). Posiblemente lo adiestró también en dibujo, según cuenta la Historia Augusta, y lo entrenó en diversas actividades deportivas. La imagen que la Historia Augusta nos proporciona del tiempo en que Diogneto fue su preceptor es la de un adolescente con gustos y aficiones propias de cualquier joven romano: amante de los deportes, ejercitándose en la lucha, aficionado a las carreras de caballos o la caza[15]. Marco Aurelio a pesar de su gravedad y de su dedicación a los estudios debía ser un adolescente similar al resto, a veces con una conducta propia de un mozalbete; en una carta a Frontón nos muestra a un jovenzuelo más preocupado por divertirse a costa de un pastor a quien espanta las ovejas[16]. La evocación aparecida en las Meditaciones sobre su maestro Diogneto es complementaria con la fuente tardía; en una edad de juegos el maestro lo va iniciando en actividades lúdicas menos infantiles, más apropiadas para un futuro emperador. Observamos en Diogneto un gran pedagogo, no le sustrae de las actividades corporales y otros entretenimientos propios de la edad temprana, pero encauza esta necesidad a través de ejercicios corporales que serán útiles en las actividades militares. También le enseñó a distinguir las supercherías y a los charlatanes, muy propios de una cultura oral como aquélla, y al mismo tiempo procuró que se adaptara a una vida sobria similar a la tradicional formación espartana (Meditaciones, 1.6). Es, sin embargo, con Rústico con quien Marco Aurelio se introduce de lleno en la filosofía, concretamente en la filosofía estoica. Rústico comienza a ejercer su influencia hacia el 146, cuando Marco Aurelio tiene alrededor de veinticuatro o veinticinco años y ya ha conseguido una formación gramática y retórica previa, conocimiento de textos de los más importantes autores clásicos, un cierto razonamiento lógico y filosófico.
 Conviene señalar que la tendencia filosófica predominante en el mundo romano era el estoicismo, que Panecio y Posidonio habían logrado conciliar con el temperamento romano; menor repercusión tuvieron otros movimientos filosóficos como los cínicos, a pesar de tener influencia en la moral estoica, o el epicureismo —éste con desigual fortuna. El escepticismo en este momento está en franca regresión y va a ver limitado el numero de partidarios. El neoplatonismo, por su parte —nos referimos fundamentalmente al platonismo medio del siglo II d.C.—, sirvió como soporte ideológico-religioso a corrientes como la estoica y epicúrea, también a los cristianos, que introducen elementos platónicos en la espiritualidad del momento, profundizando teóricamente en el paso de una realidad material hacia un mundo inmanente[17]. Podemos apreciar que Marco Aurelio escoge la corriente filosófica más difundida y la más apreciada en determinados círculos de la nobleza romana. Grupos con cierta influencia política, que aunque organizados de manera un tanto inconexa, fueron firmes en sus principios frente a Domiciano.
 Hemos señalado más arriba el peso de Rústico en Marco Aurelio, que lo alejó de las disciplinas que lo apartaban de la práctica filosófica. Recuerda el emperador de su maestro la sencillez y sobriedad tanto en la vida como en el saber, rigor en la lectura y olvido de prácticas sofisticas y retóricas, en definitiva procurar armonizar fondo y forma en su persona, que los signos externos, incluso la escritura, fueran el reflejo e la propia personalidad (Meditaciones, 1.7). Rústico lo introduce en la Estoa prestándole escritos del filósofo estoico Epicteto; podemos señalar este acontecimiento como la línea que marca un antes y un después en la educación de Marco Aurelio. Si con Diogneto se acercó a un conocimiento filosófico elemental, con Rústico profundizó en el estoicismo, hasta el punto de dejar de interesarse por la retórica y las artes poéticas, cuyo representante cercano era su amigo y maestro Frontón. Es en este momento cuando Marco Aurelio, de veinticinco años, revela en una carta al amigo su entusiasmo por la filosofía[18].
 No fueron éstos los únicos maestros con los que contó Marco Aurelio; Antonino Pío había escogido para sus dos hijos adoptivos, Marco y Lucio Vero, a Apolonio y Sexto[19], ambos profesores de filosofía. La fama de Apolonio le condujo a Roma a enseñar a Marco Aurelio en su propia casa; la fecha sería en tomo al 146-150. Los recuerdos sobre Apolonio en las Meditaciones son de dos tipos: unos hacen referencia al aprendizaje de hábitos y maneras de enfrentarse ante los hechos, intelectivos o humanos, otros elogian la conducta del maestro. En este punto una fuente como la Historia Augusta no dedica muchos elogios al personaje, que aparece más interesado en conseguir unos beneficios económicos a costa de un trabajo cómodo[20]. Sexto de Queronea, filósofo estoico, sobrino de Plutarco, ejerce su labor incluso cuando Marco Aurelio ya ha sido elevado al imperio. Marco Aurelio le tenía en gran estima y departía frecuentemente con él en su casa. El recuerdo que tiene de Sexto es una enumeración de virtudes (Meditaciones, 1.9): enseñar tolerancia con los ignorantes, la benevolencia, alabar sin adular, etc. Recuerda también las enseñanzas estoicas de Sexto: el principio de vivir conforme a la naturaleza y ciertos conocimientos metodológicos, »un método para descubrir y ordenar las convicciones necesarias para la vida« (Meditaciones, 1.9.8).
 Otros filósofos estoicos formaron el círculo de amigos e instructores de Marco Aurelio: Catulo, a quien la Historia Augusta llama »el estoico«, Atenódoto, tutor a su vez de Frontón, Claudio Máximo, maestro de Marco Aurelio, que ocupó cargos políticos bajo el mandato del emperador, entre ellos el consulado en el 142. Las Meditaciones referencian otros personajes de pensamiento estoico y platónico que son conocidos a través de Claudio Severo, aunque éste, a quien Marco Aurelio llama hermano, está más cerca de los peripatéticos que de la Estoa. La Historia Augusta[21] precisa que Marco Aurelio escuchó a Claudio Severo por su interés por aprender de la escuela aristotélica. La enseñanza que recuerda Marco Aurelio de él tiene un doble componente: el amor a los familiares —recordamos que Severo emparenta con la familia imperial al desposar a su hijo con Fadila, segunda hija de Marco Aurelio—, y el adoctrinamiento político contra la tiranía ejemplarizado en filósofos tales como Trascas, Helvidio, Catón, Dión y Bruto (Meditaciones, 1.14.2), que desempeñaron la punta de lanza de la resistencia nobiliar contra el poder absolutista de los emperadores y le enseñaron a respetar »la libertad de los subditos«[22].
 La mayoría de los maestros que tuvieron relación con Marco Aurelio, como se ha podido apreciar, están dentro de la corriente estoica, bien como destacados pensadores o bien como personas que hicieron suya esta filosofía como forma de vida, ya que a partir de Séneca el estoicismo se convierte fundamentalmente en una doctrina moral de carácter práctico, influyendo poderosamente en la educación moral de sus iniciados[23]. Cuando Marco Aurelio en el 161 se hace cargo del Imperio con treinta y nueve años, no sólo está sólidamente formado en el saber clásico sino que su vocación filosófica, que desde los veinticinco años es manifiesta, está afianzada. A primera vista puede parecer que existe un desgarramiento entre el filósofo y el hombre público y futuro emperador, pero tal vez convendría enmarcar el personaje en una corriente cultural más allá del propio estoicismo; esta corriente no es otra que la segunda sofistica, caracterizada no sólo por revitalizar lo filohelénico, sino por la combinación, a partir de Trajano, de literatura y política. Marco Aurelio fuertemente helenizado intenta combinar ambos elementos: ser representante del pensamiento filoheleno, participando con fervor en la literatura de la época —incluso con poses parecidas a los sofistas que nos describe Filóstrato en su obra Vidas de los sofistas— y ejerciendo el patronazgo desde su más alta posición política[24].
Un filósofo gobernante del mundo
Desde su primera infancia Marco Aurelio parece destinado a ocupar puestos relevantes en el Imperio; muy temprano comienza a integrarse en lo más alto de la vida ciudadana: a los seis años ingresa en los equites, nominado por el mismo Adriano, permitiéndole llevar como señal de prestigio un anillo de oro y el angusticlavo[25]; no se puede pensar que tal medida comportara un acontecimiento único y excepcional, pero sí debía ser poco frecuente para ser destacado en la Historia Augusta[26]. A los siete años, momento en que podemos pensar que comienza su educación, se le concede entrar en el colegio de los salios y ser un salius palatinus[27], cargo de un indudable prestigio en Roma por estar esta antigua institución asociada al dios de la guerra Marte. Como miembro del colegio sacerdotal durante las ceremonias portaba una túnica roja, una faja y una coraza de bronce, llevando sobre la cabeza un casco de forma redondeada, símbolos del ardor guerrero, tal vez predestinación de los largos y duros combates que ha de sostener a lo largo de su imperio. Participaba en los banquetes ceremoniales que realiza el colegio en el templo de Marte. Un suceso fortuito hizo presagiar un futuro imperial para el joven Marco: sucedió que un día la corona que él llevaba quedó suspendida sobre la cabeza encasquetada de Marte, acontecimiento que no pasó desapercibido a sus hermanos salios que intuyeron encontrarse ante un futuro emperador[28].
 A los quince años recibe la toga virilis, que significa su mayoría de edad y su entrada plena en la vida pública de la ciudad; era el año 136 y el emperador Adriano le hace prometerse con la hija de Elio César, sucesor al trono. La significación de esta decisión prueba las intenciones del emperador Adriano, preocupado por establecer una línea sucesoria en la que estuviese el joven Vero, a quien el emperador Adriano, jugando con su nombre e impresionado por su seriedad y sencillez, llamaba Verissimus[29]. La muerte súbita de Elio César en el 138, y el empeoramiento de la salud de Adriano, obligan a éste a escoger un nuevo sucesor en la persona del consular Antonino, persona de amplios conocimientos jurídicos y miembro del consejo imperial.
 El año 138 es crucial para la cartera imperial de Marco; la adopción de Antonino, de sobrenombre el Piadoso, por Adriano el 25 de febrero de ese año, la posterior adopción formal de Antonino sobre su sobrino. Marco, y Lucio Vero, hijo del malogrado Elio César, convierten en un sucesor del Imperio al aprendiz de filósofo. La adopción conllevó el traslado al domicilio particular de Adriano, episodio que no le satisfizo mucho según parece ya que comentó los males que el poder imperial conllevaba. En este momento comienza a llamarse Aurelio en vez de Anio por ser adoptado por la familia de Antonino, cuyo nombre era Aurelio. La muerte de Adriano, el 10 de julio de este año, acelera la cartera pública de Marco Aurelio. Como primera medida, y al encontrarse en Roma, recibe la instrucción de preparar las ceremonias fúnebres, entre ellas espectáculos gladiatorios, símbolo fúnebre ancestral, y la divinización del monarca difunto. La habitual apoteosis va a contar con la negativa del elemento senatorial, que ha visto cómo Adriano ha disminuido su prestigio y ha reprimido a elementos destacados del propio grupo, como Serviano y Fulvio. La llegada de Antonino y su empeño por conseguirle a su antecesor los máximos honores parece ser la razón de otorgarle el título de Piadoso, término que expresa no tanto la piedad religiosa como la devoción filial.
 Antonino, que tenía cincuenta y un años al tomar el Imperio, acepta los designios sucesorios de Adriano, pero mostrando predilección por Marco Aurelio. Su efigie aparece en las monedas con la leyenda Aurelius Caes(ar) Aug(usti) Pii f(ilius), co(n)s(ul) des(ignatus); a partir del año 139 los acontecimientos se suceden de manera continua, tal y como nos muestra la Historia Augusta[30]. Marco Aurelio se emparenta directamente con Antonino prometiéndose a su hija Ania Galeria Faustina y anulando los anteriores desposorios; es cuestor con diecisiete años, sirve como sevir turmarum equitum romanorum[31], título honorífico consistente en desfilar en una parada militar que se celebraba el 15 de julio como jefe de uno de los seis destacamentos ecuestres. Se convierte en princeps iuventutis[32], toma el nombre de César, es cooptado para los principales sacerdocios, Pontífices, Augures, Fratres aruales y otros colegios sacerdotales. Antonino le requiere ahora que se mude al palacio de Tiberio y comienza a formar parte del mundo áulico, el aulicum fastigium[33], del que se queja en numerosas ocasiones (Meditaciones, 5.16, 8.9). Al año siguiente, con dieciocho años, será nombrado cónsul por primera vez. Este periodo es aprovechado por Marco para desarrollar una actividad política junto a su padre adoptivo, pero encuentra tiempo para dedicarse al estudio; de esta época sería su relación con Frontón.
 La relación estrecha y afectiva entre Antonino y Marco Aurelio se fragua en este momento, el padre adoptivo comienza a tener en gran consideración al hijo y escuchar sus opiniones[34]. La conducta de Antonino y su forma de ser dejaron en él una fuerte impronta: reflejo de ello es el capítulo 16 del libro I de las Meditaciones, el más extenso, donde agradece a su »padre adoptivo« haberle enseñado con el ejemplo una serie de cualidades. Llama la atención que la mayoría de las virtudes reseñadas por Marco Aurelio en dicho capítulo también aparecen en la Historia Augusta (vita Pii). De su talante privado se resalta lo moderado de sus costumbres, el aprecio por el saber, la piedad y la clemencia, la justicia; tal vez en las Meditaciones se haga hincapié en ciertas conductas más propias del estoicismo, mientras que la Historia Augusta se detiene más en describir las facultades públicas de un buen gobernante, como es el respeto al senado (VI, 5), la prosperidad del Imperio (VII, 3), o la utilización de su propia riqueza para remediar la escasez de alimentos (VIII, 11) en la línea de un monarca evergeta[35]. De igual manera las Meditaciones nos descubren a un emperador preocupado por la contención del gasto público, velando constantemente por las necesidades del Imperio, manteniendo las tradiciones ancestrales, la tolerancia ante la crítica...
 En el 145 se formaliza la promesa de casamiento que habían establecido Marco Aurelio y Antonino y se casa con Faustina, apenas núbil, que tendría unos catorce o quince años; en ese momento él contaba con unos veinticuatro. El emperador procuró que las nupcias fueran celebradas por todo el mundo: una moneda recuerda el matrimonio, y se entregó un donativo extraordinario al pueblo y a los soldados[36]. No podemos saber con certeza si la relación entre Marco Aurelio y Faustina fue como aparece en la Historia Augusta y en la obra de Dión Casio; en estas dos fuentes la emperatriz se muestra frívola y poco deseosa de estar con su marido, incluso se le acusa de ser partícipe de la conjura de Avidio Casio. Sin embargo, en las Meditaciones, Marco Aurelio tiene palabras de agradecimiento hacia Faustina (1.17) por su abnegación y cariño a él y a sus hijos. Los rumores de una conducta reprobable de la esposa no casan bien con el reconocimiento legítimo de todos los hijos tenidos en el matrimonio, siete u ocho antes de la proclamación, y otra media docena más después. Tras su muerte Faustina recibió los honores habituales de las emperatrices difuntas: apoteosis, estatuas y ofrendas. Se estableció también una nueva institución alimentaria, las puellae novae Faustinae[37].
 El mismo año del desposorio, el emperador Antonino le concede por segundo vez el consulado y posteriormente el poder tribunicio, que en el imaginario romano siempre fue concebido como un cargo para defender y garantizar los derechos del pueblo, aunque lejos quedaba ya el poder efectivo de los tribunos populares. Marco Aurelio desde el 145 en adelante se estaba situando como corregente, actuando en el senado y ejerciendo como sucesor de Antonino. Mientras tanto, extenuado, trabajaba en el estudio de las más variadas materias, incluso asistió a las clases de anatomía de Galeno y, por supuesto, de filosofía, ya que se consideraba más un filósofo que un príncipe. Iba recibiendo honores y cargos, algunos de ellos como el poder proconsular, que le permitían actuar mera de la ciudad de Roma; paradójicamente jamás recibió mandos militares en ejercicio ni gobernó ninguna provincia[38]. No se sabe tampoco que visitase guarniciones fronterizas, ni viese más soldados que los de la guardia pretoriana; sus gustos se inclinaban más y más por la filosofía estoica, inclinándose por el pensamiento moral; hacia el 148 aparece en las monedas con la barba, signo del filósofo.
 Mientras el joven César se formaba en Roma, en las fronteras del Imperio comenzaron a fraguarse amenazas en Mauritania, Britania y los confines orientales. Tampoco en el interior las ciudades se recibe, en un grado similar a periodos anteriores, la actitud benefactora de los evergetas locales, señal de un principio de dificultades en el sistema financiero de las mismas. La actitud de Antonino de intervenir en los asuntos locales, como es el caso de fijar los emolumentos de profesores y médicos y establecer el número de curatores[39], es un síntoma de los cambios aún imperceptibles pero continuos que se están operando en el Imperio.
 En el 161 la muerte de Antonino deja el Imperio bajo Marco Aurelio, que a partir de este momento toma el sobrenombre de Antonino, convirtiéndose en Imperator Caesar Marcus Aurelius Antoninus Augustus, y logra que el Senado acepte la asociación con su hermano adoptivo (Cómodo) Lucio Vero, tal y como estableció Adriano. Es bastante difícil de explicar de manera precisa por qué Lucio Ceyonio Cómodo recibió el cognomen de Vero, y fue llamado Imperator Caesar Lucius Aurelius Verus Augustus; en cualquier caso la sucesión imperial quedó repartida entre ambos »hermanos«, cuyo carácter, en esto coinciden las mentes, era totalmente opuesto. Aunque ambos gustaban de los ejercicios físicos, Marco era frugal en su vida y su tiempo libre lo dedicaba al estudio, mientras que Lucio Vero se deleitaba más con de los placeres de la vida; tal vez esto y la diferencia de edad, ocho años mayor Marco Aurelio, decidieron que Antonino se inclinara por éste.
 Las Meditaciones no nos ilustran sobre los acontecimientos acaecidos durante su época de emperador, únicamente breves pinceladas dispersas sobre sus gustos y sus anhelos; en definitiva son soliloquios de un emperador preocupado por construirse una »ciudadela interior« (8.48.3)[40] que corrió mejor fortuna que su Imperio. No tuvo Marco Aurelio suerte en su reinado, desde el comienzo se concatenaron los problemas y a los disturbios fronterizos se añadieron en el interior del Imperio pestes y catástrofes naturales, como el desbordamiento del Tiber, seguido de hambrunas[41].
 Si bien se registraron intervenciones punitivas en Bretaña, al norte del muro defensivo hecho construir por Antonino, contra las tribus de las tierras altas escocesas y sublevaciones en Germania superior y Retia, señales de alarma de posteriores conflictos, fue sin embargo la guerra contra los partos la primera gran prueba de fuego que debió pasar Marco Aurelio, apenas terminado el año 161. El cambio de gobernantes en Roma debió acelerar la postura bélica de Vologeso III, que impone al estado vasallo de Armenia un príncipe de la familia real arsácida, Pacoro, contrario obviamente a Roma. La defensa de Armenia era responsabilidad del gobernador de Capadocia, que disponía de dos legiones: la XII Fulminata y la XV Apollinaris. Parece ser que el legado M. Sedacio Severiano acudió con fuerzas bastante escasas, posiblemente influenciado por las profecías de un oráculo llamado Alejandro de Abonoteico, siendo vencido estrepitosamente por el general parto Cosroes en Elegía al otro lado de la frontera. La situación empeoró cuando otro cuerpo de ejército parto se dirige hacia Siria y vence a un considerable ejército romano, la III Gallica, la IV Scythica y la XVI Flavia, seis alas de caballería y veintidós cohortes de tropas auxiliares al mando del gobernador L. Atidio Severiano; el resultado es que Siria pasa a manos persas y cunde el pánico en Roma, que da por perdido Oriente.
 Marco Aurelio toma una decisión rápida: detraer tropas de la frontera germano-danubiana y mandarlas a Oriente bajo el mando de M. Estacio Prisco, mientras que en la zona oriental Avidio Casio recompone las tropas trayendo más efectivos de diversos lugares cercanos al teatro de operaciones. Para asegurar una pronta recuperación de los territorios ocupados el emperador decidió que su colega Lucio Vero acudiera a Siria; conociendo los gustos de su »hermano adoptivo« es probable que la decisión tuviera un carácter propagandístico de cara tanto a sus propias tropas como hacia el enemigo, tanto más si observamos el poco apego combativo de Lucio Vero, quien pasó la campaña en Antioquía disfrutando de los placeres de la ciudad[42].
 En torno al 165 Avidio Casio obtuvo una serie de victorias que condujeron a la paz y el triunfo fue festejado en Roma en agosto del 166; Lucio Vero recibió el título de Pártico y Marco Aurelio Imperator, esto es vencedor, por tercera vez[43]. La guerra pártica trajo consigo un gran desastre, la peste que se transmitió a Roma y a todo el Imperio. El hecho más curioso de la victoria sobre los partos es el contacto con China a través de la ruta marítima del Golfo Pérsico; así lo anuncian crónicas chinas que recogen la embajada romana y los regalos enviados por el emperador An-tum (Marco Aurelio). La ruta por larga e insegura no resultó válida para el comercio; para nosotros lo destacable de esta misión es lo insólito de la misma, una anécdota excepcional de las relaciones de Roma con pueblos lejanos, en este caso China[44]. Por estas fechas se nombraron Césares a los hijos de Marco Aurelio: Cómodo y Amo Vero, según parece a petición de su »hermano« Vero[45], que demuestra un interés en asegurar la sucesión.
 La paz con Persia se hizo urgente porque otro problema mayor obligaba a concentrar el esfuerzo romano; éste era el empuje de pueblos germanos asentados en las orillas del Danubio. Desde el 166 hasta la muerte de Marco Aurelio, en el 180, las guerras son continuas, si exceptuamos tres años de efímera tregua (175-178). Es durante su estancia en el frente de batalla, posiblemente durante los últimos diez años, donde escribe sus Meditaciones, a orillas del Danubio »entre los cuados«; así termina el libro primero. Mientras la frontera del Rin apenas conoció enfrentamientos en este momento, todo lo contrario sucedió con el limes danubiano, de ahí que los ejércitos más fuertes se asentaran en esta zona. Probablemente la causa inmediata de las incursiones haya que ponerla en relación con los ejércitos alejados de este lugar para ir a la campaña persa, aunque la causa principal sería la presión que ejercen unos pueblos sobre otros. La llegada de los godos a la región de la desembocadura del Vístula en tomo al siglo I d. C. se manifiesta el siglo siguiente, en la época de las guerras de los marcomanos, cuando surgen coaliciones de tribus, como la de los cuados, marcomanos, sármatas y sus aliados lombardos y hermunduros; por las mismas fechas godos y vándalos aparecen como dos pueblos importantes que ponen en peligro constante el sistema defensivo romano[46]. Hay que añadir que dentro de los pueblos asentados en las fronteras su desigual desarrollo social llevó a la aparición de latrones, bandidos, salteadores o tribus montañesas no reducidas; así en el 175 o el 176 se registra que ejércitos regulares romanos luchan en Macedonia y Tracia contra bandas organizadas de salteadores; estos grupos a veces fueron utilizados como mercenarios por la misma Roma, el mismo Marco Aurelio se sirvió en su guerra contra los marcomanos de bandidos de Dalmacia y Dardania[47].
 Las guerras danubianas no son excesivamente conocidas. Los relieves de la columna Aureliana, realizada en época de Cómodo, muestran escenas de las guerras danubianas; aunque proporcionan el mejor comentario general sobre la guerra, poco se puede interpretar que no sea un análisis de iconografía propagandística[48]. A grandes rasgos se puede deducir que hacia la primavera del 167 la entrada de marcomanos a través de la frontera nórica y el sitio de Aquilea, puerto relevante en el tráfico humano y comercial de las zonas danubianas con Italia y con el Este del Imperio, provocaron una gran alarma en Roma, hasta el punto de verse obligado Marco Aurelio a rescatar antiguas tradiciones de purificación[49].
 Los años 169 y 170 son uno de los peores periodos del gobierno de Marco Aurelio; a la muerte de su colega y »hermano« Lucio Vero por la peste, que diezmaba igualmente el ejército, se añadió una más fuerte ofensiva de los marcomanos y cuados que, aprovechando la estancia de Marco Aurelio en Roma para llevar a cabo los funerales de Vero, emprenden la marcha hacia Aquilea. La ofensiva germana se vio favorecida por la sublevación de otros pueblos en el Rin e incluso llegaron incursiones a la Galia y hubo sublevaciones de secuanos y belgas, pueblos romanizados desde hacía tiempo. El emperador tuvo que recurrir a dos medidas extremas, reclutar todo tipo de gente, incluidos esclavos y bandoleros, y realizar empréstitos forzosos con las ciudades al mismo tiempo que vendía sus propios objetos de valor[50].
 Entre los años 171 y 175 las ofensivas de Marco Aurelio y sus legados imperiales tuvieron un desigual éxito. Las primeras victorias conseguidas no eran de modo alguno decisivas, es más, diversos pueblos actuaron sincronizados con la gran ofensiva marcomano-cuada; así algunas bandas alcanzaron Macedonia y llegaron hasta Grecia. Entre el 173 y 175 se produce la contraofensiva definitiva de varios ejércitos imperiales desde diversos flancos que hace retroceder a los marcomanos y posteriormente en el 175 a los yázigos. A pesar de los tributos que debieron pagar los bárbaros en hombres, en soldados y en botín, amplias comarcas romanas como Dacia y Panonia inferior quedaron devastadas por la guerra y por la peste. Miles de jinetes germanos fueron obligados a trasladarse a Britania, zona que soportaba desde hacía tiempo incursiones de los pueblos del norte de la isla; las defensas realizadas por los emperadores Antoninos que lo precedieron y por el mismo Marco Aurelio no resultaban suficientes y se debían aumentar los contingentes militares. Se impuso también que los pueblos enemigos asentaran poblaciones en el propio Imperio como dediticios51, en Italia y en las provincias danubianas. Por estos años, 172-173, en otros lugares del Imperio tienen lugar incursiones como sucedió en Hispania con la entrada de mauri procedentes del norte de África que saquearon la Bética[51].
 Como si los problemas externos no provocaran suficientes dificultades para el Estado romano, hubo de añadirse además la usurpación en la parte oriental de Avidio Casio, suceso bastante extraño si se tiene en cuenta que el propio usurpador proclamó la muerte y apoteosis del emperador[52]. La Historia Augusta cuenta que la emperatriz Faustina estaba al corriente de la decisión de Avidio Casio, pero probablemente su actuación iba encaminada a intentar salvar la línea sucesoria ante las noticias de muerte de Marco Aurelio; de esta manera opinan la mayoría de los estudiosos[53]. La sublevación quedó rápidamente atajada al darle muerte sus propios soldados y presentar la cabeza del mismo ante Marco Aurelio, que se había trasladado hacia el lugar de la sublevación. La respuesta de Marco Aurelio, tal y como recogen las fuentes[54], fue de magnanimidad con el propio »tirano«, con los hijos de éste y con la ciudad de Antioquía, que se había sumado a la sublevación. Su actitud hay que enmarcarla en su concepción estoica de la vida más que en características psicológicas; el libro IX de las Meditaciones contiene algunos párrafos que pueden dar una visión los acontecimientos (9.9, 9.6, 9.7), en ellos prima el análisis frío de los sucesos, intentando extraer el máximo provecho personal a los mismos[55].
 Los últimos años de Marco Aurelio no fueron tampoco tranquilos; los marcomanos y cuados volvieron a levantarse contra Roma, las condiciones impuestas por Roma eran poco cumplidas por estos pueblos; ello nos está indicando, probablemente, una dificultad de poder adaptarse a las obligaciones aplicadas por la derrota. Las guerras comienzan en el 177 y terminan con la muerte de Marco Aurelio en el 180 y la llegada de su hijo Cómodo; según la Historia Augusta declaró una paz vergonzosa para acudir cuanto antes a Roma. Lo más probable sería que Cómodo decidiera acabar rápidamente con el conflicto, toda vez que las arcas públicas estaban exhaustas. Tal vez Cómodo contradijo la decisión de su padre, quien en el lecho de muerte le pidió que continuase la guerra[56], pero el hecho de que Marco Aurelio pidiera al Senado disponer plenamente del aerarium muestra que el emperador quería embarcarse en una guerra a largo plazo, incorporar a estos pueblos y sus tierras al Imperio o, lo más probable, que se intentaran soluciones intermedias como introducirlos y utilizarlos, no en masa sino de manera selectiva, en el Imperio o en el ejército. Las fuentes mismas no se ponen de acuerdo: mientras la Historia Augusta habla de una intención claramente expuesta al principio de su reinado, Dión Casio comenta por el contrario, que la decisión se fraguó poco antes de su muerte[57].
 Queremos exponer por último, aunque sea brevemente, la causa de su beligerancia con los cristianos. El emperador a lo largo de su vida se muestra como un devoto practicante de la religión romana y de su liturgia; consideraba necesario practicarla por sus efectos morales y beneficiosos. Su religiosidad, no contradictoria con su práctica estoica, era de una observancia estricta con la costumbre de ritos y devociones, incluido el culto imperial; la apoteosis realizada con Antonino, su esposa Faustina y Lucio Vero muestra las coordenadas cívico-religiosas en las que se movía. La religión romana por naturaleza sincretista e integradora era considerada por él un elemento básico para la sustentación del propio Imperio. En este marco ideológico-religioso no es de extrañar la contundencia con la que fueron castigados los cristianos de Lyon, Lugdunum, posiblemente en el 177. Marco Aurelio fue consultado por el legado de la Lugdunense sobre qué actitud tomar con ciudadanos romanos cristianos, a lo que el emperador respondió que debían ser ejecutados lo mismo que los no ciudadanos. Parece ser que al final de su reinado se produjeron represiones de cristianos en otros lugares del Imperio. Marco Aurelio no podía comprender, como muestra en sus Meditaciones (11.3), la actitud de gente que voluntariamente iba a la muerte, según él no por una disposición personal sino por oposición al Imperio y gusto teatral[58].
 El 17 de marzo del año 180 Marco Aurelio muere con cincuenta y ocho años; no se sabe con certeza la causa de su muerte, tal vez mera la peste o una enfermedad larga, pudiera ser un cáncer de estómago[59]. Su muerte se produjo en Viena, Vindobon, aunque Tertuliano señala, de manera poco fiable, que fue en Sirmio y no en Viena[60]. Le sucede su hijo Cómodo, que cuatro años antes, 176, era nombrado corregente con los mismos títulos que su padre, aunque de hecho fuera segundo en el mando del Estado romano; sin embargo el hecho de ser ya Augusto e Imperator evitó que fuera necesaria la ceremonia de coronación, simplemente sucedió a su padre.
MARCO AURELIO, »EL ESTOICO«
El estoicismo[61]. Apuntes históricos: principales personajes
El año 323 a.C. moría Alejandro Magno y un año después su maestro Aristóteles, dos figuras que resumen el fin de la época clásica y el comienzo del periodo helenístico: Aristóteles fue el último teórico de una cultura hecha por y para la ciudad-estado, a él se debe la formulación más elaborada de lo que era la ciudad griega, lugar de convivencia, autosuficiente económicamente y políticamente autónoma. Este sistema sociopolítico que había funcionado durante cinco siglos pierde su autonomía, aunque pueda resultar paradójico, a manos de su discípulo Alejandro; él con sus conquistas acabó con la dependencia de las ciudades griegas. En este nuevo horizonte el saber clásico se ve sustituido por otro que poco tiene que ver con el pensamiento aristotélico, por más que emplee ciertos argumentos o teorías del mismo. De las tres escuelas filosóficas helenísticas, epicureismo, escepticismo y estoicismo, es sin duda esta última la más influyente y la de mayor número de seguidores. Su éxito puede interpretarse como un saber adaptarse a los cambios sociopolíticos que se habían producido; así frente a la ley, que representa la ciudad clásica, se impone la naturaleza y se intentará conocer al hombre a través de su relación con ella. La libertad consistirá en saber adaptarse a la propia naturaleza, independizarse de su contingencia externa y buscar la tranquilidad de espíritu y la felicidad. En los albores del siglo III a.C., Zenón (335-263 a.C.), su fundador, procedente de Citio (Chipre)[62], filosofó en el Pórtico Pintado del Agora, llamado Stoa —de ahí su nombre. Su pensamiento fue desarrollándose y se adaptó con éxito a otras épocas y lugares diversos como la propia Roma, cuya introducción plena se origina en la segunda mitad del siglo II a.C. y en época imperial adquiere su cenit, representado nada menos que por un emperador, Marco Aurelio.
 El estoicismo, a través de escritores latinos como Cicerón, Séneca y Marco Aurelio, se propagó incluso en esferas cristianas a pesar del paganismo de esta filosofía; sin embargo ciertos principios morales estoicos eran fáciles de asumir por el cristianismo, aquellos principios relacionados con el deber, la serenidad ante los acontecimientos externos y cierta moralidad basada en un humanitarismo difuso. Tradicionalmente se han señalado tres etapas en la historia de esta escuela: un primer momento fundacional, Estoicismo Antiguo, representada por Zenón (335263 a.C.), Oleantes (331232 a.C.) y Crisipo (281/277-208/204 a.C.); la influencia cínica se dejó sentir desde el principio ya que su creador, Zenón, fue discípulo de varios filósofos cínicos, principalmente de Crates[63] y Estilipón. Influyeron también moralistas como Jenócrates, Polemón, quien acuñó la máxima de »vivir de acuerdo con la naturaleza«, y Diodoro de Megara, moralista de influencia socrática; de esta manera el estoicismo comenzó a teñirse de un sentimiento ético desde el principio. Oleantes, también asiático como su maestro Zenón, fue su sucesor; su espíritu religioso y teológico es distintivo de él, ejemplo de ello es su Himno a Zeus; no parece que fuera una persona especialmente dotada para el desarrollo filosófico del estoicismo. Es gracias a su discípulo Crisipo[64], nacido en Cilicia —Asia Menor—, como se sistematiza la obra de Zenón, dándole un sentido teórico coherente, una solidez filosófica; en definitiva representa para los estoicos posteriores el canon general de la ortodoxia66[65].
 Entre finales del siglo ni a.C. y comienzo del siglo I a.C. se produce una renovación de la Estoa; es el periodo del Estoicismo Medio, cuyo máximo logro fue introducirse en la cultura latina con indudable pujanza. Los principales representantes de esta corriente son Diógenes de Babilonia (240-152), sucesor de Crisipo, que tuvo que hacer frente a la crítica del »académico escéptico« Cameades (214/213-129/128 a.C.); igual que Antipáter de Tarsos, contemporáneo del anterior, quien se vio obligado a modificar la teoría ética de su maestro como otros estoicos que fueron, para defenderse de las críticas de Carneades, tendiendo hacia un sistema más práctico y menos idealista[66]. Tres son las figuras que introducen el estoicismo en Roma y hacen que sea una doctrina ampliamente seguida entre la aristocracia romana: Panecio de Rodas (185-110 a.C.), Posidonio (¿135?-151 a.C.) y Cicerón (106-43 a.C.). El primero de ellos procura desarrollar un sistema de reglas de conducta de carácter general que puedan ser seguidas por un número amplio de personas; fue amigo de Escipión el Africano y a través de él se introdujo en los círculos cultos de la ciudad. Posidonio por su parte crea una escuela en Rodas, fue un hombre de saberes diversos: historiador, geógrafo, astrónomo, aunque desconocemos bastante de su vida y obra; parece ser que estableció una división tripartita del alma de carácter platónico, al mismo tiempo que su apego a la ciencia tiene conexiones con el aristotelismo. De todas maneras tanto la primera como la segunda Estoa son conocidas por fragmentos o resúmenes de autores posteriores. No se ha conservado ninguna obra completa de aquellos si exceptuamos a Cicerón, a quien podemos considerar más un ecléctico: aunque en sus obras De Officiis y De Finibus defiende la moral estoica, en general no aprecia otras partes del estoicismo como la física. Apuntamos que el estoicismo del siglo II d.C., al mismo tiempo que se abre a otras filosofías, va tendiendo progresivamente hacia una doctrina, perdiendo su pensamiento más especulativo[67].
 Durante las etapas anteriores el estoicismo estuvo dirigido por personajes del mundo helenístico, griegos y en mayor número del Oriente helenizado; por el contrario la Estoa nueva, desarrollada durante los siglos I y II d.C., es totalmente romana: Séneca (4 a.C. 65 d.C.), Epicteto (50-120 d.C.) y Marco Aurelio (121-180) son sus máximos representantes. De los tres fue el autor nacido en Córdoba, Séneca, el más prolijo; su proximidad con el poder imperial. Nerón, y su prestigio social y económico lo llevaron a estar en el foco de una conjura contra el emperador que provocó su caída y posterior muerte. La obra de Séneca se caracteriza por poner la moral estoica como base de la educación y del comportamiento correcto del romano; su sello propio, lo que denominamos »senequismo«, no es otra cosa que intentar que los principios estoicos, más prácticos que teóricos, produzcan beneficio a las personas, logrando a través de unas normas, tal vez menos estrictas que el estoicismo primitivo, adaptarse a los acontecimientos; las Epístolas morales a Lucilo son un buen ejemplo de la finalidad pedagógica de su obra.
 La obra de Epicteto fue muy estimada en el siglo posterior y concretamente a Marco Aurelio le debió causar una gran impresión por la relación tan íntima que estableció entre praxis y theoría. De Epicteto se cuenta como anécdota que su amo, un liberto de Nerón, le daba malos tratos; en una de estas ocasiones advierte a su dueño que si sigue apretándole el brazo se lo va a romper y al fracturarse el hueso afirmó: »Ves, ya te lo había dicho.« Fue manumitido por su maestro, Musonio Rufo; su estancia en Roma se vio truncada cuando el emperador Domiciano expulsó a los filósofos el año 89 d.C., creando una escuela en Nicópolis, en el Epiro. Sus enseñanzas se hacen célebres y acuden a escucharlo miembros de la aristocracia romana. Sus lecciones son recogidas por un joven discípulo, Arrio, y aparecen sintetizadas en el Enchiridion o Manual, breve síntesis de su obra más densa, las Disertaciones. La enseñanza de Epicteto se mueve en una doble dirección: por un lado vuelve a Crisipo y por otro predica una libertad interior muy próxima a los cínicos. Su filosofía, llena de aforismos y paráfrasis, es más una regla de vida donde prima el alejarse de condicionantes externos que no está en nosotros poder neutralizar. Epicteto es esencialmente un educador, la filosofía no consiste para él en un sistema doctrinal sino en disciplinar la inteligencia con el fin de dominar el carácter[68]. Una filosofía terapéutica en definitiva que casa bien con el espíritu sobrio del joven. Su influencia se dejo sentir profundamente en Marco Aurelio, como reflejan las Meditaciones[69].
Principales temas estoicos
El pensamiento helenístico en sus principales corrientes filosóficas, estoicismo, epicureismo y escepticismo, es producto, como hemos indicado más arriba, de la crisis de la ciudad antigua, que conlleva la crisis de las instituciones sociales, incluida »la familia y la propia personalidad«[70]. La comunidad de ciudadanos se disuelve en formas políticas que le hacen perder la autarquía y con ello la autonomía. Mientras en el periodo clásico heleno la responsabilidad del bienestar público recaía en cada ciudadano y de este bienestar público dependía el privado, en época helenística se acrecienta la desigualdad y se rompe el eslabón social entre la ciudad y sus miembros, sobre todo con las capas populares. Al mismo tiempo que está surgiendo una nueva sociedad asistimos al nacimiento del estoicismo, una filosofía menos estructurada y elaborada que el platonismo y el aristotelismo, pero que de manera más eficaz responde a los cambios operados. Los estoicos viven el conflicto pero no intentan combatir las nuevas realidades históricas, sino que tienden hacia la introspección, la salvación personal, y en definitiva la eudaimonia[71]. El estoicismo no va a elegir la vía platónica en la que prima lo colectivo, no se inclina hacia la ley ciudadana, que ahora se muestra escasa de operatividad, en entredicho por la constitución de formaciones políticas superiores —sean reinos o Imperios—, sino que tiende hacia lo individual a través de la naturaleza, eje que sirve para igualar a los hombres, en tanto que la naturaleza nos hace en principio iguales. Todos al nacer tenemos un mismo phantastós, una representación de las cosas y de la propia naturaleza, pero no todos sabemos interpretarlo de igual manera: es necesaria la reflexión filosófica. Es en este punto, a través de la reflexión y la consiguiente educación, donde se unen naturaleza y bien común. Esta relación hace que podamos hablar del estoicismo como una doctrina propedéutica, un pensamiento educativo para que la persona realice lo que le dicta su alma, de ahí su tendencia, de claro tinte socrático, hacia la elaboración de un sistema donde prima la moral: no se trataría de vivir para saber, propio de la filosofía helenística, sino de »saber para vivir«.
 La filosofía estoica estructura su edificio conceptual en torno a tres cuerpos[73]: lógica, física y ética; entendidos no de manera separada, sino imbricados unos en otros, dado que los tres estudian una misma cosa: el universo racional. La lógica[74] para los estoicos es el ámbito de la retórica y de la dialéctica, constituyéndose en la ciencia del discurso racional; mientras que la retórica se ocupa del lenguaje y del razonamiento, la dialéctica permite conocer lo verdadero de lo falso; es la cualidad intrínseca que el sabio debe poseer para poder discernir las palabras, los hechos y las relaciones. La importancia de la dialéctica en el estoicismo viene determinada por abarcar tanto las cosas significadas (significados) como las cosas que significan (significantes) o, lo que es lo mismo, por afectar a la teoría del conocimiento. Es una teoría sensualista en cuanto el conocimiento consiste en una aprehensión del objeto que queda inscrito en el alma. Así el conocimiento de un hombre se desarrolla a partir de estas primeras experiencias sensoriales primarias; cuando la relación es totalmente entendida, es diáfana, se produce la katalêpsis, esto es, la apropiación del objeto. La especulación lógica permite, pues, alcanzar el conocimiento de los objetos que se refieren a la física y a la ética, dando así pie a una interrelación entre los tres elementos constructivos en los que se fundamenta la Stoa.
 La physis estoica se constituye en tomo a dos principios: uno paciente o pasivo sería la materia inanimada, otro activo o agente representado en su escalón más alto por dios, generador a su vez de los elementos animados y de la materia inanimada, quien a su vez esta formado por el legos, la razón. De este modo dios y el mundo terminan uniéndose en la razón universal, la cual daría lugar el concepto de naturaleza, interpretado no de manera reduccionista, como hacemos nosotros al designar con este término únicamente al mundo físico, sino de forma amplia al formar parte de la naturaleza tanto los entes animados, dioses, hombres y animales, como lo inanimado. Característica propia de la naturaleza es que está regida por el principio de la razón (lógos) que a su vez, como hemos señalado, se identifica con la divinidad, por ello la física estoica recoge en su estudio la teología al igual que las ciencias naturales; por ello la ciencia estoica es una ciencia especulativa, »filosofía de la naturaleza«, aunque se practique una observación de los fenómenos naturales[75]. Dios va a estar de manera presente en el carácter del mundo, más exactamente el mundo es la sustancia de Dios. El Dios estoico rige el mundo mediante su providencia, es perfecto, creador de un universo armónico, es un dios providente pero no trascendente, un dios que impregna de divinidad el mundo. La divinidad está presente de manera general en los estoicos y muy concretamente en Marco Aurelio. Lo divino no puede ser una cosa distinta del lógos, y por ello mismo representa »la fuerza germinativa racional y el aspecto creador de la sustancia universal«[76]. Al hilo de estos argumentos surge por fuerza el problema del mal: ¿cómo es que habiendo armonía y existiendo un Dios providencial exista el mal? La respuesta estoica es doble: por una parte por la necesidad de los contrarios, si no hubiera mal no habría bien, ambos se necesitan; por otra las cosas malas sólo existen en apariencia, si las tomamos aisladamente pueden parecer malas pero en relación con la totalidad no lo son; una brillante metáfora de Marco Aurelio, sobre las imperfecciones del pan, ilustra perfectamente la visión estoica[77]. La imposibilidad de conocer la totalidad del universo nos impide diferenciar y valorar las cosas en una realidad trascendente, queda pues como única valoración la ley divina universal que encadena los acontecimientos de manera ordenada; es esta ordenación del universo a través del lógos-dios la que entronca con la naturaleza, siendo desde donde parte la ética estoica.
 Hemos dejado para el final la ética, cuerpo doctrinal que se impone, si no jerárquicamente sí en su utilización, a la lógica y a la física. La máxima estoica es vivir según la naturaleza; donde acaba la física comienza la ética. ¿Qué significa este principio?; vivir de acuerdo con la naturaleza conlleva por una parte estar de acuerdo consigo mismo y, en segundo lugar, por su propia racionalidad innata, ser una parte de la razón universal y participar de esta razón universal. Ser y formar parte de la razón universal implica un actuar de acuerdo con ella; para conseguirlo está la virtud, areté, que consiste en actuar en armonía con la naturaleza y con la causa última, Dios —un dios no antropomorfo, en la línea de la concepción oriental más que helenística. Para conseguir el objetivo final es necesario actuar con la recta razón, con el lógos; de esta manera lógos y virtud se juntan, por ello el sabio debe actuar en todo momento de acuerdo con su comportamiento racional, mientras que el ignorante, a pesar de ser del mismo »linaje«, por pertenecer »a la inteligencia y fracción divina«, como señala Marco Aurelio[78], no entiende la belleza y el orden de la naturaleza y tiende al mal. El mal, que no es otra cosa que dejarse llevar por las cosas externas, por las pasiones, por la soberbia, hybris. El sabio se distingue del resto porque debe actuar de acuerdo siempre con su comportamiento racional no influyéndole lo externo. Los estoicos, como muy gráficamente se ha señalado, pretendían »confiar solamente al lógos, el timón del alma«[79]. Por eso es necesario que el sujeto sea el principal actor de sí mismo, dado que el bien lo realiza el propio sujeto y no lo hacen las circunstancias externas; para ello es necesario que el hombre se provea de un instrumental eficaz, y éste no es otro que la aplicación de una serie de virtudes: prudencia, justicia, valor y templanza.
 La moral estoica tiene también una dimensión colectiva; el interés por los otros, por la colectividad, proviene de la virtud de la justicia, no es un pacto ni una relación de mutua ayuda lo que provoca la solidaridad entre el estoico y sus congéneres, es una dimensión de carácter positivo: la dedicación espontánea a los otros[80]. Acercamiento intuitivo que resulta de la participación de todos en la razón universal. La convivencia se establece a partir de otras bases distintas al platonismo y aristotelismo; la búsqueda personal del bien nos empuja a encontrar en los demás una colaboración con un idéntico fin: la razón universal. La igualdad de todos en cuanto a su esencia, no hablamos ni de la igualdad social ni tampoco de la distinción entre el sabio y el insensato, proviene de formar parte y ser una parte de la totalidad. La comunidad es vista como una entidad superior y el individuo, para lograr su objetivo individual, se pone al servicio de la comunidad. La armonía perseguida en la sociedad es un mecanismo de simpatía que se refleja en el microcosmos personal o, dicho en otros términos, cuanto más se acerca la sociedad a la perfección más cerca estará el individuo de alcanzar su objetivo. La lógica desempeña un papel importante en establecer una serie de argumentaciones favorables para que se establezcan de manera automática unas reglas de convivencia, a partir del principio de que todos estamos comprendidos bajo la misma definición de hombres; por la facultad común de razonar, argumentar y probar, todos somos educables por la virtud, incluso nuestros vicios muestran una semejanza insólita. Tenemos idéntica capacidad de aprendizaje e inteligencia inicial, al nacer poseemos una »representación« de las cosas similar[81].
La obra de Marco Aurelio
Aspectos previos
La obra de Marco Aurelio que nosotros hemos llamado Meditaciones fue titulada en el manuscrito de Xylander de Augsburgo. Marco Aurelio emperador, libros sobre sí mismo; la primera edición impresa en Zúrich en 1558-1559, con traducción latina, fue obra de Andreas Gesner. Muchos siglos han pasado desde el momento que se escribieron y su primera edición; ¿qué sucedió entre el siglo II y el siglo XVI? Tenemos noticias de que en el siglo III se conoce la obra, al menos da esa impresión, por los escritos de Herodiano y Dión Casio. A mediados del siglo IV Temistio hace referencia a la obra de Marco Aurelio, a la que llama Admoniciones. Igualmente se encuentran ciertos indicios de sus escritos en Aurelio Víctor, De Caesaribus (16,9), que escribe hacia el 359-360 y, en la Historia Augusta, vita Av. Cass. (III, 6). Ambos coinciden en que antes de emprender la guerra contra los marcomanos expuso los praecepta, sus preceptos filosóficos. Algún estudioso opina que el desconocido biógrafo de Marco Aurelio en la Historia Augusta, Flavio Vopisco Siracusano, conocía la obra del emperador. Parece ser que el emperador Juliano sabía y manejaba los escritos de Marco Aurelio. Después del siglo IV hay un silencio de siglos sobre las Meditaciones que dura hasta el siglo X, cuando Aretas, obispo de Cesárea, dirige una carta, hacia el 907, a Demetrios, metropolitano de Heraclea[82].
 El título de la obra es conocido en castellano sobre todo por Meditaciones, pero la versión española más antigua, de Jacinto Díaz de Miranda (1875), empleó el término Soliloquios o reflexiones morales. De todas maneras el término Meditaciones es el más generalizado, aunque podemos observar que no existe un título único y definitivo para estos escritos: Aretas los nombró »libros escritos para sí mismo«; en latín ha sido denominado De Officio vitas (»Del deber de la vida«), Commentaria quos ipsi sibi scripsit (»Comentarios que él ha escrito para sí mismo«); en otras lenguas recibe títulos que podemos traducir como Pensamientos morales. Conversaciones consigo mismo...[83]. Lo incierto del título, la dificultad para enmarcarlo claramente en un género literario, posiblemente pueda relacionarse en cierto sentido con el género aforístico, pero también con las hypomnémata, notas personales. La originalidad del propio texto, sin un orden o sentido que haya sido definido de manera segura, y un estilo literario a veces oscuro y difícil de traducir, hace que la finalidad y los destinatarios de la misma sean discutibles. La obra presenta dos partes bien delimitadas; el libro primero, posiblemente el más tardío y compuesto como prólogo o epílogo a la obra, es una relación de personas a las que le agradece haber formado parte de su vida: familiares, Antonino Pío, educadores, amigos; es en definitiva un documento íntimo de quienes han sido importantes en su vida. El resto de los libros, del II al XII, es un soliloquio espiritual y filosófico.
 Un problema fundamental al que nos enfrentamos, consecuencia de lo anteriormente expuesto, es conocer el objetivo de los escritos; en principio parece únicamente, como señalan diversos autores, una obra escrita para sí mismo. El emperador se encuentra a solas consigo mismo[84], un dialogo íntimo cuyo principal y fundamental destino es el propio autor. Es factible que el emperador no buscara componer un tratado moral para darlo a conocer a un público más o menos amplio; sin embargo creemos que la obra se ha escrito con una finalidad que traspasa a la propia persona. No es fácil argumentar con datos fiables sobre cuáles eran las intenciones últimas de Marco Aurelio; sin embargo el estilo cuidado, rebuscado a veces, con metáforas brillantes en otras ocasiones, nos hace pensar en un escrito pendiente tal vez de una elaboración definitiva que no llegó, que pretendía darlo a conocer a un círculo muy restringido de amigos íntimos o, sin descartar lo anterior, para su propio hijo, claro sucesor desde el 166 (designado César) y de manera definitiva en el 175 (recibe el Imperio). Estaríamos ante una especie de testamento espiritual y moral dirigido a su hijo Cómodo. No nos parece, en cambio, que fuera una obra destinada a servir de ejercicio de escritura, práctica que aconsejaban los maestros estoicos a sus discípulos[85], y a pesar de lo poco estructurada y deshilvanada que pueda estar la obra —únicamente se puede ver una continuación y un carácter unitario entre los libros II y III, o desde la mitad del libro XI hasta el final del libro XII[86]— Marco Aurelio muestra un cuidado especial en no repetir los mismos razonamientos con las mismas palabras; las frases son construidas con sutiles diferencias entre unas y otras.
El estoicismo de Marco Aurelio
Quienes vayan buscando en las Meditaciones de Marco Aurelio acontecimientos que permitan conocer su reinado van a verse sorprendidos por una obra donde la introspección profunda es la tónica general, si exceptuamos el libro primero que, como hemos indicado anteriormente, es el más referencial de todos y nos permite comparar lo expuesto con fuentes como la Historia Augusta. Dicho libro es esencial para conocer a las personas que vivieron en tomo a él, su afición por la filosofía y su desdén por la vida de corte, la facilidad para caer en la cólera y la necesidad de control sobre la misma (1.17, 14)[87]. El libro primero muestra un elenco de virtudes cívicas y políticas, la mayoría de ellas atribuidas a su »padre adoptivo«, Antonino Pío (1.16): moderación en el gasto, preocupación por el bien común, mantener las costumbres tradicionales de los romanos, tanto en ritos como en gustos. Posiblemente se trate del último libro escrito por el emperador-filósofo, diferente completamente al resto de los volúmenes; tal vez una síntesis de su vida, un recuerdo nostálgico de quienes estuvieron a su lado para enseñarle el camino de la razón.
 Marco Aurelio es un estoico de la última generación. La vertiente intimista se sobrepone a otras consideraciones, lo externo queda alejado de sus preocupaciones en tanto en cuanto resulta azaroso y por ello difícilmente controlable; una de las máximas más repetidas de Epicteto es apartarse de lo que no depende de nosotros[88]. El emperador sigue la misma doctrina en numeras ocasiones, manifiesta que sólo es bueno o malo lo que depende de nosotros, 6.41, 7.2, o, por ejemplo, en 2.7, donde se pregunta: »¿Te distraen los acontecimientos exteriores? Ofrécete reposo para aprender algo bueno y dejar de dar tumbos.« Es un repliegue psicológico lo que defiende el estoicismo de época imperial, ¿respuesta a una crisis sociopolítica que se avecina en el Imperio? No exactamente; es demasiado pronto para que los ciudadanos romanos, y los estoicos entre ellos, sean capaces de vislumbrar una alteración del sistema. Sin embargo esta interiorización y negación de lo externo responde por un lado al estoicismo de este momento, una doctrina que tiende al pesimismo vital por cuanto es un combate continuo entre lo que somos y lo que debemos ser, combate marcado más por el fracaso que por el éxito, dado que el hombre »sabio« al que aspiran es más bien un ideal que una realidad. Por otra parte la negación de lo contingente responde, en la línea individualista de los fundadores de la doctrina, a una negación del conflicto, a una necesidad imperiosa de armonía, armonía identificada con la naturaleza; de esta manera se establece esta argumentación sobre el comportamiento socialmente malévolo: actuar contra la naturaleza es entrar en conflicto, dado que la naturaleza posee la máxima racionalidad; quien provoca el conflicto o es un ignorante o actúa contra natura. Detrás de este planteamiento subyace la necesidad de mantener un orden social, unas jerarquías sociales. Marco Aurelio suaviza el mensaje, »hemos nacido para la colaboración, como los pies, las manos, los párpados... Entrar en conflicto unos con otros es contrario a la naturaleza« (2.1), pero subyace una incapacidad de entender el conflicto como respuesta a unas realidades sociales; en Marco Aurelio la contradicción es más fuerte al estar situado en el vértice de la pirámide[89].
La cosmovisión de Marco Aurelio
Tal vez haya que comenzar precisando dos conceptos: el estoicismo es un sistema holístico, cada una de las partes, lógica, física y ética, están interrelacionadas; en segundo lugar las Meditaciones son fundamentalmente un tratado sobre los comportamientos del hombre, sus actuaciones y justificaciones; utilizando la terminología de Hadot, son un ejercicio espiritual.
 La cosmovisión estoica parte de los objetos reales, de lo material, a diferencia del platonismo. El cuerpo es una realidad en tres dimensiones, capaz de acciones y reacciones mecánicas, por ello habita en un determinado espacio; este espacio es nuestro universo, que está ocupado por la materia corpórea. Sobre esta base material se asienta el sistema físico estoico; exclama Marco Aurelio: »una sola tierra es para todos los terrestres, vemos con una sola luz y respiramos un solo aire todos cuantos pueden ver y son animados« (9.8). Se construye un sistema donde el universo es el espacio ocupado por la materia corpórea[90]. El hombre, núcleo del pensamiento estoico, es el habitante más complejo de este espacio al componerse de elementos materiales y espirituales: soma, cuerpo, psyché, alma o principio vital, y noús, inteligencia, trilogía que aparece claramente reseñada por el emperador-filósofo[91].
 Hasta aquí podemos señalar que la doctrina estoica reduce la existencia a elementos físicos, pero a partir de este momento se introducen conceptos en desacuerdo con la línea de pensamiento atomista. Primeramente defienden la existencia de un principio cósmico inteligente, que lo penetra todo y es idéntico a Dios, divinidad de trasfondo oriental, y omnipresente. Marco Aurelio en 12.5 establece de manera precisa la relación entre divinidad —> naturaleza —> hombre. Dios aleja al sistema estoico de caer en una corriente materialista al añadir el providencialismo como elemento consustancial (2.3). Aceptados de manera natural, los dioses no necesitan demostración de su existencia, es un acto de fe, »pero existen«, dice el emperador-filósofo para atajar toda duda (2.11.3). Sobre este base se configura una explicación donde la sustancia universal está impregnada de razón, de lógos, y este »orden« racional no puede ser ajeno al creador de la propia sustancia universal, que se muestra no trascendente sino inmanente al mismo[92].
 Reflejo de un Dios-razón, Dios-lógos, es que el universo está ordenado en todas y cada una de sus partes. Cada uno de nosotros forma parte de este todo que se forma a partir de las partes, que se entremezclan y conforman la substancia universal (7.9; 9.8). Señalábamos anteriormente la existencia del hombre y su espacio de acción: la tierra, pero ¿qué lugar ocupa el hombre en esta interpretación? Somos una parte ínfima de la substancia universal (5.24), jerárquicamente más elevada que los animales, ya que a éstos sólo se les ha distribuido un alma animal y a los hombres un alma inteligente (9.8).
 Lo mismo que existen jerarquías entre los distintos seres y entre éstos y Dios, existen diferencias entre los hombres: la diferencia fundamental reside en la capacidad que tenga cada uno para vivir conforme a la naturaleza, entendida como lógos, o dicho de otra manera, la naturaleza es armónica (6.38) y por ello conviene vivir de acuerdo con la naturaleza, con ello conseguimos la felicidad. Como consecuencia de ello, en la mayor o menor capacidad que tengamos para discernir cómo llegar a la felicidad reside la distinción entre los hombres, entre el sabio y el ignorante. La diferencia entre ambos no proviene del nacimiento; todos al nacer tienen una misma representación de las cosas, phantastós (3.11), pero no todos logran alcanzar una representación no distorsionada de sí mismos y de la naturaleza. La causa está en el hombre mismo, hay que cavar en el interior (7.59) para lograr sacar la verdad, no todo es suposición (2.15), no todo es subjetivismo, añadimos nosotros.
 La duda queda abierta; dado que no todos los hombres consiguen la verdad, actuarán de manera errónea para sí mismos o para los demás, aunque sea contra su voluntad (7.63). Estamos pues ante el problema del mal. Sin embargo para los estoicos el mal no existe, es decir no hay un mal metafísico, hay males aparentes, males externos que no dependen de nosotros y por ello son indiferentes; como afirma Marco Aurelio »para el cuerpecillo todo es indiferente« (6.32): la enfermedad, la muerte, la maquinación, el temor, todo aquello ajeno a nosotros y que no podemos transformar no nos puede hacer mal. En cambio sí depende de nosotros lo contrario al mal, la virtud. Estamos de lleno en la parte del pensamiento estoico más desarrollada por sus autores, la ética, y Marco Aurelio no es una excepción.
 La virtud para los estoicos pertenece al dominio de la ética pero forma parte también de la teoría del conocimiento; para ellos la virtud consiste en conocer el vínculo entre lo divino y lo humano (7.31). Los estoicos establecen un completo elenco de virtudes, beneficiosas para uno mismo o para la colectividad, pero con una característica común, la autarquía. La virtud depende de uno mismo, trae el bien al individuo y con ello la eudaimonía, la felicidad. No es la ocasión de enumerar todas y cada una de las virtudes que aparecen en las Meditaciones, únicamente nos vamos a referir a la casuística empleada por el estoicismo con el fin de desarrollar o facilitar la práctica virtuosa. Desde largo tiempo, los estoicos habían desarrollado una teoría bastante elaborada de la noción de valor; ellos distinguen tres grados de valor: en primer lugar tienen valor las cosas que son parte integrante de una vida de acuerdo con la naturaleza, esto es, las cosas que generan virtud. Vienen en segundo lugar aquellas que pueden ayudar de manera secundaria a la virtud, cosas que en sí no son ni buenas ni malas, pero que en su ejercicio permiten practicar la virtud, por ejemplo, la salud o la riqueza. Por último las cosas que en ciertas circunstancias pueden ser útiles a la virtud; como observamos, una completa radiografía de la acción virtuosa (3.11)[93].
 Por último vamos a hablar de la conciencia colectiva estoica; los estoicos desplazan el planteamiento colectivo platónico y aristotélico basado en la ley, para ellos es la naturaleza la que nos da un origen común y la que nos inspira respeto mutuo (3.11). La naturaleza a través de la razón y de la reflexión filosófica permite el bien común. No duda Marco Aurelio en señalar que la constitución debe estar basada en la libertad y en la justicia (1.14); tal vez sea éste el único punto del pensamiento estoico donde impera el optimismo, donde aparece la sociedad como una comunión de hombres en pos del bien común[94].
 Marco Aurelio fue un emperador insólito, no por su conocimiento del saber clásico, que ejercitaron emperadores anteriores a él: desde Claudio, interesado por la antigüedad etrusca, o Antonino Pío, admirador de personajes ilustrados e incitador del aprendizaje clásico en sus dos hijos adoptivos: Lucio Vero y Marco Aurelio, o el mismo Adriano, del que recordamos ese breve poema —sin duda de mentalidad estoica— que comienza con el entrañable homenaje a su espíritu cansado y fatigado[95], y que expresa un buen dominio literario, reflejo de su amplio saber. Fue insólito porque su conocimiento y deseo se movieron intensamente entre los filósofos; su aspecto y costumbres fueron claramente estoicas, su política, por necesidad pragmática, se impregnó en la medida de lo posible del estoicismo. Por supuesto no se puede decir que en política exterior gobernara con planteamientos propios de la Estoa, entre otras cosas porque no había posibilidad de reconciliar un mundo en gran medida pensado para una ciudadanía grecoromana cultivada, que a su vez era imperialista e interesada en la expansión territorial, o al menos en el mantenimiento de los territorios bajo su dominio. Contraria por completo a la ferocitas bárbara, los bárbaros únicamente eran apreciados si eran útiles al sistema romano, bien como trabajadores de la tierra o como fuerzas militares. En cambio de su política con los ciudadanos quedó constancia su magnanimidad: la actitud generosa hacia los familiares o ciudades aliadas del usurpador Avidio Casio. También decretó que los senadores no fueran ejecutados, ni siquiera bajo el beneplácito de sus propios colegas. Reorganizó las fundaciones alimentarias, probablemente con el fin de que fueran más eficaces. Intentó que su legislación fuera impulsada por la justicia; para dar ejemplo, él mismo juzgaba con dedicación diversos asuntos, tanto en Roma como en los campamentos militares. No dudaba en hacer frente a lo que consideraba injusto; así cuando el ejército, en un momento difícil para el Estado, le pidió más emolumentos, él le respondió que no podía pagar lo que iba a salir de sus padres e hijos, añadiendo a continuación, ante la inminencia de un motín del ejército, que el Imperio sólo provenía de la Providencia.
Marco Aurelio como escritor
Para valorar el estilo de Marco Aurelio hay que tratar primero algunas cuestiones, como son el contexto literario en el que escribió, los antecedentes que más influyeron en él y los destinatarios a los que se dirigía.
 Pero quizá antes que nada habría que aclarar por qué escribe en griego, ya que desde nuestro punto de vista resulta bastante chocante que un emperador romano use como forma de expresión una lengua que no es la suya. La justificación es sencilla si pensamos que es una época en la que existía en las clases altas romanas un enorme interés por la cultura literaria, filosófica y científica griegas, que hace que el griego sea muy valorado como lengua cultural. Por otra parte, desde un punto de vista práctico, en toda la parte oriental del Imperio la lengua de comunicación era el griego. Esto hacía que desde la más tierna infancia se iniciase a los niños romanos de clase alta en el aprendizaje de la lengua de Homero[97]. En el caso de la expresión filosófica el griego se hacía todavía más necesario[98] y existía toda una discusión sobre si era posible usar el latín para hablar de filosofía con partidarios en un sentido u otro. En definitiva. Marco Aurelio sabía griego desde pequeño y era capaz de usarlo con maestría y gran conocimiento.
 Sobre el contexto literario baste señalar que estamos en el momento de mayor apogeo de la llamada Segunda Sofistica, que pretendía volver al brillo retórico de los grandes autores, especialmente oradores, de los siglos V y IV a.C. En época de Marco Aurelio estaban brillando como escritores en prosa griega autores como Elio Arístides, Filóstrato, Herodes Ático, etc. A pesar de que nuestro autor tuvo tratos con ellos —incluso recibió enseñanzas de algunos, como Heredes Ático— y los protegió[99], a la hora de escribir sus Meditaciones, intentó separarse por completo de sus postulados y propuestas literarias; de hecho, rechaza la sofística de forma explícita (1.7, 1.17). Su propuesta literaria es fundamentalmente antirretórica porque establece una diferencia tajante entre la filosofía, concebida como práctica moral, y la literatura retórica. Por tanto, no es en el contexto literario griego de su época donde se pueden encontrar los antecedentes estilísticos de Marco Aurelio, puesto que su obra se plantea como una ruptura con la expresión literaria del momento, que era muy retórica.
 Aunque se ha insistido mucho en el carácter intimista y de introspección de las Meditaciones, estamos convencidos de que no es una obra concebida exclusivamente para consumo del propio autor[100]. Nadie puede negar que tiene un cuidado muy especial en su forma de expresión, que busca un estilo propio. Si consideramos que el contenido es muy repetitivo e incluso a juicio de algún crítico se puede resumir en dos o tres frases[101], llama la atención que no existan repeticiones formales en la expresión, que cada vez se exprese la misma idea de forma distinta[102]. Si fueran exclusivamente reflexiones íntimas destinadas a ser leídas sólo por su autor no se habría puesto tanto cuidado para expresarlas. Está claro que estaba pensando en algún tipo de público al que pretendía transmitir enseñanzas morales. Como se ha comentado ya se podría pensar incluso en un círculo familiar muy restringido, incluso su hijo Cómodo, aunque no es ésta, desde luego, la opinión más extendida hoy día.
 Puesto que Marco Aurelio se exige a sí mismo un estilo personal determinado y desecha la forma de expresión literaria preponderante en su momento, debemos planteamos hacia dónde dirigió su mirada para elaborar su estilo. Está claro que hay que buscar sobre todo en el estoicismo y de forma más general en la filosofía. Basta acudir al inventario de citas contenidas en las Meditaciones para comprobarlo[103]. En efecto el personaje al que más veces alude es Sócrates y el autor al que más veces cita es Epicteto, seguido después por Platón, Epicuro, Heráclito, Crisipo y Demócrito. Fuera del mundo filosófico el autor del que menciona más pasajes es Eurípides[104]. No existe ninguna referencia explícita a ningún autor latino[105], aunque sabemos por otras fuentes que sí leyó y gustó a los grandes poetas de la literatura latina[106]. Nos encontramos, por tanto, con una renuncia voluntaria a todo el mundo latino para centrarse en el griego, fenómeno que se explica si tenemos en cuenta que Marco Aurelio está haciendo filosofía y considera que el griego es su lengua natural de expresión. Cualquier lector de las Meditaciones que conozca los textos de Epicteto encontrará enormes semejanzas en la expresión y en el tono literario de ambos autores. Éste es, desde luego, el antecedente más claro del estilo marcoaureliano y en buena medida del contenido.
 En Epicteto, especialmente en su Manual (Enchiridion), encontramos los rasgos más llamativos de nuestro filósofo-emperador. La exposición moralizante sentenciosa se transforma con frecuencia en diálogo, que no es sino herencia de la diatriba cínica y estoica. No en vano ambas escuelas pretenden entroncar con Sócrates, que, no por casualidad, es la figura más citada de forma expresa por Marco Aurelio. Este diálogo en ambos autores muchas veces es introspectivo, el propio yo se desdobla y pone las objeciones a la línea principal del pensamiento moral, objeciones que son rápidamente rebatidas[107]. Fue un recurso literario muy difundido en todas las obras que intentaban transmitir enseñanzas de filosofía moral, ya que proporciona vida al texto. El antecedente último habría que buscarlo en los Diálogos de Platón.
 Otro recurso que comparte con Epicteto es el de la metáfora y comparación, en general sacadas del mundo de la naturaleza o de oficios artesanales. Quizá sea éste de los procedimientos estilísticos más eficaces en Marco Aurelio y que más llaman la atención del lector moderno, que no puede negar su fuerza, aunque es probable que sean pocas sus metáforas originales. Las que no encontramos en el propio Epicteto probablemente las encontraríamos en otros autores estoicos si dispusiéramos de más textos de ellos. De nuevo es un procedimiento que le da vida y atractivo a la exposición; es, por lo demás, algo característico de textos que intentan aleccionar moralmente.
 También coincide con Epicteto en el hecho de usar vocabulario técnico propio de la filosofía estoica, que remonta a Crisipo. Pero mientras Epicteto intenta explicarlo, Marco Aurelio lo da por supuesto, con ello provoca el distanciamiento del lector no iniciado. Además, en este terreno, supera claramente a Epicteto porque se complace en el uso de términos raros, muchas veces compuestos de varios elementos, que son propios de cierto rebuscamiento y exhibición. Muchos de ellos, dada la escasez de los textos que nos han llegado de los estoicos, son para nosotros hápax, es decir, términos que sólo están documentados una vez, en Marco Aurelio.
 El carácter aforístico de ambos deriva de la pretensión didáctica y exhortativa (parenética) que preside el conjunto. Es una prosa moralizante que pretende cambiar la actitud del lector (no importa que esté destinado a muchos o a pocos). Para ello más que razonar intenta transformar la enseñanza en frases breves llamativas que se cargan del máximo sentido posible mediante expresiones aparentemente antitéticas, rasgo que facilitará su recuerdo y puesta en práctica y que obliga al lector a reflexionar sobre ellas para alcanzar su significado último. Esta forma de expresión condensada y antitética se puede remontar en la historia de la prosa griega a Heráclito[108].
 Estos últimos rasgos nos acercan a la característica más acusada en Marco Aurelio, la oscuridad de su expresión. En parte viene dada por el vocabulario, en parte por el afán de síntesis. Pero, sobre todo, la provoca el abuso de expresiones abstractas (especialmente neutros sustantivados) de las que el lector desconoce su referente, con lo que no sabe a qué se está aludiendo. Téngase en cuenta además que la contextualización es casi imposible cuando muchas veces se trata de pasajes muy cortos que no tienen nada que ver con los precedentes o siguientes. En este caso su antecedente estilístico lo podemos encontrar en Heráclito (de nuevo, otro de los autores a los que le gusta citar), que es el máximo exponente de una prosa filosófica oscura que se puede cargar de muchos significados, y que, por tanto, es muy exigente con su destinatario.
 Marco Aurelio ha buscado la forma de expresión que pensó que mejor se adaptaba a las verdades filosóficas de naturaleza moral que nos quiere transmitir. Se trata del estilo estoico, basado en la negación de la retórica, que ya había caracterizado con precisión Cicerón: es a menudo sutil y agudo, pero las más de las veces resulta seco, extraño, repelente al oído, oscuro, vacío[109].
 Ésa es la impresión que han tenido muchos lectores de las Meditaciones.
CRONOLOGÍA DE MARCO AURELIO
121 d.C. Nacimiento de Marcus Annius Verus (Marco Aurelio) el 26 de abril.
124 Muerte del padre de Marco Aurelio, siendo pretor.
127 Marco Aurelio forma parte del orden ecuestre.
128 Con siete años es salius Palatinas y comienza su educación.
133 Comienza su educación secundaria y es atraído por la filosofía.
136 Asume la toga viril. Es prometido en matrimonio a la hija del cónsul L. Cómodo. Conoce a Apolonio, el filósofo estoico.
138 Con dieciséis años es adoptado por Antonino. Es cancelado su anterior compromiso matrimonial y es prometido a Faustina, hija de Antonino. Ascensión de Antonino al trono imperial, tras la muerte de Adriano. 139 Es un año crucial para Marco Aurelio.
 Cuestor a la edad de diecisiete años y designado cónsul para el año siguiente. Nombrado César, entra a formar parte del colegio mayor de sacerdotes. Pasa a ser formado, entre otros, por Cornelio Frontón.
140 Cónsul por primera vez, junto con Antonino Pío.
145 a 150 Segundo consulado, casamiento con Faustina.
 Recibe la potestad tribunicia. Tiene a su primera hija, Faustina, y después a la segunda, Lucila.
150 a 160 Nacen más hijos del matrimonio de Marco Aurelio y Faustina
161 Tercer consulado.
 Muerte de Antonino Pío. A la edad de treinta y nueve años es proclamado emperador y asociado a él, Lucio Aurelio Vero.
 Nacen Antonino y Cómodo.
 Problemas militares en el Este.
162 Nacimiento de otro hijo, Anio Vero.
163 Victorias romanas en Armenia.
166 Victorias en Partia.
167 Problemas militares en la frontera norte.
168 Los dos emperadores se trasladan hacia el norte.
169 Muerte de Lucio Vero. Marco Aurelio vuelve a Roma por unos meses, en otoño retoma a la frontera norte.
170 Nacimiento de la mas joven de las hijas. Sabina.
171 Problemas militares que van a continuar hasta el resto de su gobierno.
172 Ofensiva romana a la invasión de Grecia e Italia. Se establece en Camunto ese año y el siguiente.
175 Rebelión de Casio en el Este. Armisticio con los sármatas.
176 Muerte de Faustina, su mujer. Marco Aurelio vuelve a Roma para una estancia de poco más de un año.
177 Asocia al imperio a su hijo Cómodo.
178 Retomo a la frontera norte.
179 Victoria sobre las tribus del Danubio.
180 Muerte de Marco Aurelio en Viena a la edad de cincuenta y ocho años.
ESTA EDICIÓN
Para la presente traducción se ha usado como texto el más moderno y fiable, el dej. Dalfen, Marci Aurelii Antonini. Ad se ipsum UbriXII, Leipzig, Teubner, 1987. De esta edición se ha tomado la numeración interna de los pasajes. Para el libro primero hemos utilizado además el de P. Hadot, Marc Aurele. Écrits pour lui-méme, I, París, Belles Lettres, 1998, y discutido en notas las divergencias más notables entre ambos. En sus introducciones se pueden encontrar amplias descripciones sobre la tradición manuscrita de Marco Aurelio y el establecimiento de su texto con referencias bibliográficas, por lo que no nos vamos a ocupar de este aspecto. Baste decir que es un texto corrupto con numerosas dificultades y puntos oscuros, para los que existen múltiples conjeturas.
 Sólo vamos a indicar aquí los pasos más significativos para llegar al texto moderno. Hay que partir de Xylander de Augsburgo, responsable de la primera edición impresa de Zúrich en 1558, a la que acompañó de una traducción al latín que marcó en buena medida la forma de comprensión posterior de muchos pasajes. La edición de Cambridge de Th. Gataker de 1652 con texto griego, traducción latina y comentario supuso otro avance fundamental en la interpretación de las Meditaciones. Entre las ediciones de la primera mitad del siglo XX con texto griego destacan las de A. I. Trannoy, París, Belles Lettres, 1925, con traducción al francés, y sobre todo la de A. S. L. Farquharson, The Meditations of the Emperor Marcus Antoninus, Oxford, 1944, en dos volúmenes, uno con el texto griego y traducción al inglés y otro dedicado a un valioso y amplio comentario de quien sin duda fue el mayor especialista en Marco Aurelio del siglo XX[111]. En general, los traductores posteriores a Farquharson dependemos en gran medida de él[112], aunque él depende a su vez de sus antecesores.
 En cuanto a las traducciones al español hemos usado las siguientes. Debemos confesar que todas ellas nos parecen muy meritorias, fruto de un trabajo directo sobre el original griego, y nos han sido de gran utilidad.
 J. Díaz de Miranda, Soliloquios del emperador Marco Aurelio, 1785; luego se ha reeditado en la Biblioteca Económica Filosófica, en la Colección Austral, etc. Sorprende encontrar ya resueltas en esta primera traducción al español muchas de las dificultades del texto, lo que demuestra que fue fruto de un trabajo serio y riguroso.
 Miguel Dolç, Marco Aurelio. Meditaciones, Barcelona, 1945 (reeditada en el año 2000). Es una traducción personal que a veces arriesga en cuanto a la comprensión, la mayor parte de las veces con éxito, otras no tanto. Consigue verter el texto en un buen español. Las notas son muy escasas. Usa el texto de Trannoy.
 R Bach Pellicer, Marco Aurelio. Meditaciones, Madrid, 1977. Es una traducción precisa y segura que resulta en algún caso algo monótona, pero casi siempre muy fiable. Tiene más notas que la anterior. Su texto de partida es el de Trannoy complementado con Farquharson.
 B. Segura Ramos, Marco Aurelio. Meditaciones, Madrid, 1985. Lo más admirable de esta traducción es la fuerza y garra que sabe imprimirle al texto español. En este sentido es la más actual y cercana a la sensibilidad del lector moderno. Escasa en sus notas. Su texto de partida es el de Dalfen.
 En la presente traducción se ha perseguido, dentro de la fidelidad al espíritu del texto, la claridad para el lector actual. A este fin se ha buscado la congruencia en la traducción de los términos significativos: en lo posible se traducen siempre de la misma forma. En la misma línea se han añadido notas explicativas y elaborado los índices, además de una introducción para contextualizar obra y autor.
BIBLIOGRAFÍA
Ofrecemos una selección bibliográfica para profundizar en el estudio de las Meditaciones.
a) Obras antiguas especialmente relacionadas con las Meditaciones
EPICTETO, Enchiridion, ed. R. Alonso García, Madrid, 1993.
 — Disertaciones por Arriano, ed. P. Ortiz García, Madrid, 1993.
 FRONTÓN, Epistolario, ed. A. Palacios Martín, Madrid, 1992.
 Historia Augusta, ed. V. Picón y A. Gascón, Madrid, 1989.
b) Estudios modernos
BERRAONDO, J., El estoicismo, Barcelona, 1992.
 BIRLEY, A., Marcus Aurelius, Londres, 1966.
 BOWERSOCK, G. W., Greek Sophists in the Román Empire, Oxford, 1969.
 BRUNT, P. A, »Marcus Aurelius in his Meditations«,fRS 64,1974,120.
 — »Marcus Aurelius and the Christians«, en C. Deroux (ed.), Studies in Latin Literature and Román History, Bruselas, 1979.
 DARAKI, M.; ROMEYER-DHERBEY, G., El mundo helenístico: cínicos, estoicos y epicúreos, Madrid, 1996.
 DAZA MARTÍNEZ, J., »Ideología y política en el emperador Marco Aurelio«, Lucentum, 1984, 279298.
 ELORDUY, E., El Estoicismo, Madrid, 1972.
 FARQUHARSON, A. S. L, The Meditations of the Emperor Marcus Antoninus, vol. I: Text and Translation; vol. II: Greek Commentary, Oxford, 1944.
 — Marcus Aurelius. His Life and his World, Oxford, 1951.
 — The Meditations of Marcus Aurelius Antoninus, Oxford, 1989.
 FERRO GAY, J., »El cristianismo y el Imperio«, Nova Tellus, 1985, 127-148.
 GALL. J. LE; GLAY, M. LE, El Imperio Romano. El Alto Imperio, Madrid, 1995.
 GORLITZ, W., Marc Aurèle. Empereur et philosophe. París, 1962.
 HADOT, P., La citadelle intérieure. Introduction aux Pensées de Marc Auréle, París, 1997.
 Marc Aurele. Écrits pour lui-même. Livre I, París, Belles Lettres, 1998.
 HIDALGO DE LA VEGA, M. J., El intelectual, la realeza y el poder político en el Imperio Romano, Salamanca, 1995.
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 LONG, A. A., La filosofía helenística, Madrid, 1984.
 MARROU, H.I., Historia de la educación en la antigüedad, Madrid, 1985.
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 RAWOB, P., Seelenführung. Methodik der Exerzitien in der Antike, Múnich, 1954.
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 RÉMONDON, R., La crisis del Imperio romano, Barcelona, 1984.
 ROMAINS, J., Marc Aurèle ou l’Empereur de bonne volonté. París, 1968.
 RUTHERFORD, R. B., The Meditations of Marcus Aurelius. A Study, Oxford, 1989.
 SHARPLES, R. W., Stoics, Epicureans and Sceptics, Londres, 1996.

LIBRO PRIMERO
1.1 De mi abuelo[113] Vero, el buen carácter y la ausencia de cólera[114].
 1.2 De la fama y recuerdo del que me engendró[115], la decencia y la virilidad.
 1.3 De mi madre[116], la devoción, la generosidad y refrenarse tanto de hacer daño como de tener la idea de hacerlo; además, la sencillez en el régimen de vida lejos de las costumbres de los ricos.
 1.4 De mi bisabuelo[117], no frecuentar las escuelas públicas; disfrutar de buenos maestros en casa; saber que en eso hay que gastar de forma espléndida.
 1.5 De mi preceptor[118], no ser de los verdes[119], ni de los azules en el circo; ni de los del escudo tracio[120], ni de los del samnio en el anfiteatro; aguantar, necesitar poco, bastarse con sus propias manos, saber estarse tranquilo y no ser receptivo a la calumnia.
 1.6 De Diogneto[121], no perseguir la frivolidad; desconfiar de las palabras dichas por fantasiosos o charlatanes sobre encantamientos, exorcismos y cosas por el estilo; no jugar a la codorniz[122] y no apasionarme por tales futilidades; soportar que le hablen a uno claro; tener familiaridad con la filosofía; escuchar a Baquio[123], después a Tandasis[124] y a Marciano[125]; a escribir diálogos de niño; anhelar el camastro con su pellejo y cosas semejantes propias del entrenamiento helénico[126].
 1.7 De Rústico[127], haberme representado la necesidad de un enderezamiento y tratamiento moral del carácter; no haberme dejado arrastrar a la emulación propia de los sofistas[128], ni a escribir sobre teorías, ni declamar discursitos exhortativos ni exhibirme con ostentación impactante como hombre ascético y bienhechor; haberme apartado de la retórica, el arte poético y el preciosismo; no pasearme por casa con ropa solemne ni cosas por el estilo; escribir las pequeñas cartas en estilo sencillo como lo que él mismo escribió a mi madre desde Sinuesa[129]; frente a los que tienen mal carácter y ofenden ser dócil y complaciente en cuanto quieren retroceder; leer con precisión y no conformarse con hacer un recorrido mental genérico ni con agregarse con rapidez a la opinión de los que charlan en demasía; toparme con los apuntes de Epicteto, de los que me hizo participar siendo suyos.
 1.8 De Apolonio[130] ser libre y no depender sin discusión de una tirada de dados; no mirar a ninguna otra cosa, ni un poco siquiera, sino a la razón; mantenerse sin alteración en los dolores agudos, en la pérdida del hijo y en las enfermedades graves; ver de forma resplandeciente en el ejemplo de su propia vida que la misma persona puede ser a un tiempo muy vehemente y muy relajada; no enzarzarse en los comentarios filosóficos; ver a un hombre que tenía en mínima estima, entre sus propios méritos, la experiencia y habilidad de transmitir sus teorías; aprender cómo hay que tomarse los favores aparentes de los amigos sin hacerse de menos ante ellos ni dejarlos pasar inadvertidamente.
 1.9 De Sexto[131], el buen ánimo; el ejemplo de su casa administrada de forma patriarcal; la determinación de vivir conforme a la naturaleza[132]; la solemnidad sin artificio; la preocupación solícita por los amigos; la capacidad de soportar las creencias irreflexivas de los profanos; su compenetración con todos hasta el punto de resultar su trato más agradable que cualquier adulación y él digno del máximo respeto para todos más allá de la ocasión concreta; su comprensión y método para descubrir y ordenar las convicciones necesarias para la vida; no hacer manifestación ni de la cólera ni de ninguna otra pasión, sino ser al tiempo el más impasible y el más afectuoso; alabar sin disonancia; ser versado en muchas cosas sin ostentación.
 1.10 De Alejandro el gramático[133] no hacer reproches; no atacar con críticas las expresiones bárbaras, incorrectas o disonantes, sino tener la habilidad de expresar justamente aquello que debería haberse dicho a modo de respuesta, ratificación, reflexión conjunta o alguna otra insinuación armoniosa, sobre al asunto en sí, no sobre la forma de expresarlo.
 1.11 De Frontón[134], poner en cuestión cuál es la malignidad, el doblez y el fingimiento propios de la tiranía y que en general los que llamamos patricios son los menos afectuosos.
 1.12 De Alejandro platónico[135] evitar decir a alguien o escribir en una carta a menudo y sin necesidad: »no tengo tiempo« y excusarse sin parar ante las obligaciones de las relaciones de convivencia con el pretexto de asuntos circunstanciales.
 1.13 De Catulo[136] no hacer de menos a un amigo que imputa algo, incluso si se da la circunstancia de que lo hace sin razón, sino intentar restaurar la camaradería; hacer la alabanza de los maestros con ardor como las anécdotas que se cuentan de Domicio y Atenodoto[137]; tener un amor verdadero a los hijos.
 1.14 De Severo[138] el amor a los familiares, el amor a la verdad y el amor a la justicia; conocer gracias a él a Tráseas, Helvidio[139], Dión[140] y Bruto[141] y haberme representado una constitución con igualdad ante la ley que administra mediante la equidad y la libertad de expresión y una monarquía que honra sobre todas las cosas la libertad de sus súbditos; también la constancia y perseverancia[142] en la honra de la filosofía; hacer el bien y compartir con ansia; tener esperanza y confiar en recibir el amor de los amigos; no disimular frente a los que merecen nuestra condena; que los amigos no precisen conjeturar sobre qué quiere o no quiere uno, sino dejarlo claro.
 1.15 De Máximo[143] dominarse y no dejarse llevar por nada; tener buen ánimo en otros momentos críticos y especialmente en las enfermedades; la apacibilidad en el carácter, la dulzura y empaque; llevar a cabo sin quejas lo propuesto; que todos confíen en que uno piensa las afirmaciones que hace y que actúa sin maldad en aquello que actúa; no admirarse ni demostrar asombro; nunca tener prisa ni demorar; no quedarse sin recursos con la mirada baja, con una mueca, o, al contrario, enojado y receloso; ser bienhechor, inclinado al perdón y lejos de la mentira; ofrecer la imagen de quien no se tuerce más que la de quien se endereza; nadie nunca hubiera creído que lo miraba por encima ni él hubiera tolerado que se sospechara que él se creía superior; gastar bromas con buena intención.
 1.16 De mi padre[144] la gentileza, la firmeza sin oscilación en decisiones previamente analizadas; no vanagloriarse en lo que se considera motivo de honras; ser amigo del esfuerzo y perseverar; prestar oídos a quien tiene algo en bien del común que proponer; no dejarse pervertir al distribuir a cada uno según su valía[145]; tener experiencia de cuándo se precisa tensión y cuándo relajación; hacer cesar los amoríos con adolescentes[146]; la preocupación por el bien común; no desear por encima de todo que los amigos coman o viajen con uno a la fuerza[147], sino que los que se ausentaban por necesidades suyas se lo encontraban siempre igual; las averiguaciones en las reuniones de consejo rigurosas y detenidas[148]; saber mantener a sus amigos, sin hartazgo repentino ni atolondramiento; ser autosuficiente en todo y radiante[149]; prever con tiempo y regular por anticipado lo ínfimo sin dramatizar; frenar durante su mandato las aclamaciones y cualquier adulación; ser vigilante de las necesidades del imperio, ecónomo de los gastos públicos y capaz de encajar la crítica de algunos sobre tales actitudes; con relación a los dioses no ser supersticioso, con relación a los hombres no ser demagogo, obsequioso, ni buscar el favor de la turba, sino ser sobrio y seguro en cualquier ocasión, nunca vulgar ante la belleza ni deslumbrado ante la novedad; de las cosas que hacen la vida fácil y que con abundancia proporciona la fortuna, hacer uso sin delirio y sin buscar excusas, de forma que si estaban a mano las alcanzaba sin preocuparse, si estaban ausentes no las precisaba; que ninguno pudiera decir que era un sofista, un impostor[150] o un pedante, sino que era un hombre cabal, completo, ajeno al halago, capaz de ponerse al frente de sus propios asuntos y de los ajenos; además de eso su aprecio a los que hacen filosofía de verdad, sin ser crítico en demasía frente al resto y sin dejarse arrastrar por ellos; además su buena compañía y donaire sin hartar; preocuparse de su propio cuerpo con mesura, no como si tuviera apego a la vida, sin llegar al maquillaje pero tampoco desde luego al abandono, de forma que por su propia diligencia precisaba poquísimo de la medicina, de sus medicamentos o ungüentos, de uso interno o externo; ceder terreno sin prejuicios a los que estaban en posesión de alguna capacidad como la de la elocuencia o la que proporciona la investigación de las leyes, costumbres u otros asuntos y colaborar con entusiasmo con ellos de forma que cada uno tuviese buena reputación en lo que era en concreto superior: todos sus actos los hacía de acuerdo con las tradiciones patrias sin aparentar que era justamente eso por lo que se esforzaba[151]; también no cambiar con facilidad ni mariposear, sino frecuentar los mismos lugares y hechos; después de los ataques agudos de dolor de cabeza volver al punto con vigor y energía a las tareas habituales; no tener muchos secretos, sólo los mínimos, en muy rara ocasión y en bien del común; su prudencia y moderación[152] en la realización de los espectáculos, obras públicas, repartos[153] y cosas por el estilo, que sólo atendía a la propia necesidad de su realización, no a la fama una vez realizados; no bañarse a deshora, ni tener manía constructora[154], y no preocuparse de las comidas ni de los tejidos o colores de sus ropas ni de que sus esclavos estuvieran en sazón[155]; [156]la ropa que le llegaba desde Lorio[157] desde su villa de abajo y muchas cosas de Lanuvio[158]; cómo trató al recaudador de Túsculo[159] que se excusaba[160] y todo ese tema; en absoluto rudo ni desde luego inexorable, tampoco tan turbulento que uno pudiera llegar a decir »incluso sudó«[161], sino que todos sus comportamientos estaban diferenciados razonadamente con minucia, sin turbación, con orden, con fuerza y en concordancia mutua; se le podría aplicar la anécdota referida a Sócrates[162] de que podía al tiempo abstenerse y disfrutar de aquello por lo que la mayoría en caso de abstinencia se siente débil y en caso de disfrute se dejan llevar; ser fuerte y resistente y en ambas cosas ser sobrio [es propio de un hombre que tiene un espíritu articulado e invencible][163], como en la enfermedad de Máximo[164].
 1.17 De los dioses, tener buenos abuelos, buenos padres, buena hermana[165], buenos maestros, buenos allegados, parientes, amigos, casi todos buenos; que no me ocurrió faltar a ninguno de ellos, aunque yo tenía tal disposición, por la cual, si hubiera coincidido así, hubiera podido faltarles[166]; buena acción de los dioses es que no tuviera lugar ninguna acumulación de hechos que me pusiera a prueba; no ser criado demasiado tiempo donde la concubina[167] de mi abuelo; mantener tiempo la flor de la juventud[168] y no haberme hecho hombre antes de su momento[169] sino haberlo demorado en el tiempo; haberme subordinado a quien era emperador y padre, que me iba a quitar cualquier delirio de grandeza y me iba a llevar a la determinación de que es posible vivir en la corte sin precisar de guardaespaldas, ropas significativas, candelabros, estatuas y cosas tales y de igual pompa; se puede, al contrario, hacerse pequeño y acercarse al ciudadano normal sin por eso ser más humilde o más timorato frente a lo que debe llevarse a cabo con autoridad en bien del común; tener a un hermano[170] que pudiera por su carácter recto despertar en mí mi propia preocupación moral, alegrándome con su estima y amor; que mis hijos no fueran torpes ni contrahechos en su cuerpecillo; no progresar demasiado en la retórica, poética y demás dedicaciones en las que quizá me hubiera mantenido de haberme dado cuenta de que avanzaba por buen camino; haberme adelantado en otorgar a mis maestros el puesto de honor que me parecía que anhelaban y no haberlo pospuesto con la esperanza, dado que eran jóvenes, de que luego lo haría; conocer a Apolonio, a Rústico, a Máximo; en cuanto a la vida según la naturaleza[171] haberme representado con nitidez y muchas veces cómo es, de forma que en lo que depende de los dioses, de sus comunicaciones con los hombres desde allá, sus apoyos, sus iluminaciones[172], nada me impide vivir según la naturaleza y me aparto de eso por mi responsabilidad y por no prestar atención a las rememoraciones divinas y casi enseñanzas; que mi cuerpo aguante tanto con semejante vida; no entrar en contacto con Benedicta ni con Teodoto[173], sino curarme más tarde tras haber sufrido de amores; que a pesar de haberme encolerizado con Rústico muchas veces no pasé a mayores, cosa de la que me hubiera arrepentido; que la que me dio a luz, que iba a morir joven, viviera a pesar de ello conmigo sus últimos años; que nunca escuché en todas las veces que quise socorrer a alguien en estado de pobreza o en alguna otra necesidad: »No tengo dinero con que«; que nunca caí yo mismo en una necesidad semejante hasta el punto de tomar de otro; que mi mujer[174] fuese así, tan obediente, tan amorosa, tan sencilla; tener recursos para maestros competentes de mis hijos; haber recibido en sueños remedios especialmente para no escupir sangre y no tener mareos[175]; el oráculo de Gaeta[176]; que cuando anhelé la filosofía, no caí en manos de algún sofista, ni me aparté con los escritores a resolver silogismos o dedicarme a fenómenos del cielo[177]; porque todas esas cosas precisan auxilios y fortuna de los dioses.
Entre los cuados[178] a orillas del Gran[179].
LIBRO II
2.1 Desde el alba hay que decirse con énfasis a uno mismo: me toparé con el entrometido, con el desagradecido, con el soberbio, con el taimado, con el malicioso, el insociable. Todos esos rasgos concurren en ellos por su ignorancia de los bienes y males. Yo, al contrario, tras haber contemplado la naturaleza del bien y ver que es algo bello, y la del mal y ver que es algo vergonzoso, y la naturaleza del que yerra y ver que es de mi linaje, no por la misma sangre o simiente, sino por ser partícipe de la inteligencia[180] y fracción divina[181], tampoco puedo subir perjuicio por parte de alguno de ellos, porque nadie me cubrirá de vergüenza; tampoco puedo encolerizarme con el que es de mi linaje ni odiarlo. Hemos nacido para la colaboración, como los pies, las manos, los párpados, las filas de los dientes de arriba y abajo. Entrar en conflicto unos con otros es contrario a la naturaleza; conflicto es enfadarse y darse media vuelta.  2.2 Aquello que soy[182] son pequeñas carnes, pequeño hálito[183] y el principio rector[184]. Deja los libros de lado. No te distraigas más. No es posible[185]. Al contrario, como si te estuvieras muriendo, desprecia tus carnes que son sangre sucia, huesillos y la urdimbre que forman nervios, capilares y arterias[186]. Mira también tu hálito cómo es: es viento, ni siquiera siempre igual. A cada momento lo vomitamos y de nuevo nos lo tragamos. Lo tercero es tu principio rector. Reflexiona así. Eres viejo, no permitas que sea esclavo, ni que sea manejado como una marioneta por el impulso antisocial, tampoco te irrites con el desuno presente ni te encojas ante el futuro.
 2.3 Las obras divinas están llenas de providencia, las de la fortuna no son ajenas a la naturaleza, a los lazos del hado, al trenzado de lo que gobierna la providencia. Todo fluye de allí. Además está la necesidad y lo que conviene a todo el universo del que eres una parte. Para cualquier parte de la naturaleza es bueno lo que produce la naturaleza del todo y lo que la mantiene a salvo. Mantienen a salvo el universo tanto los cambios de los elementos como los de los compuestos. Que eso te baste si son tus convicciones. Despréndete de la sed de los libros para no morir entre gruñidos, sino conciliado de verdad y agradecido de corazón a los dioses.
 2.4 Acuérdate desde cuándo te demoras y cuántas veces tras aceptar plazos de los dioses no los usas. Es necesario que te des cuenta ya de qué universo eres parte, a qué fuerza gobernante del universo te subordinaste como su efluvio y de que tienes determinado el límite de tiempo, si no lo usas para despejar las nubes[187], se marchará y tú te marcharás sin ser posible repetir.
 2.5 En cada momento preocúpate de realizar sólidamente, como romano y virilmente, lo que esté en tus manos con dignidad rigurosa y no fingida, con afecto, con libertad y con justicia y procurarte a ti mismo reposo de todas las demás representaciones. Te lo proporcionarás si ejecutas cada acción como si fuera la postrera de tu vida, ajeno a cualquier atolondramiento, a renunciar por pasión a la razón directora, al fingimiento, al egoísmo, a la insatisfacción ante lo marcado por el destino. Estás viendo qué pocas son las cosas que debe uno dominar para poder vivir una vida próspera y respetuosa con la divinidad, porque los dioses no exigirán nada más al que mantenga esto.
 2.6 Sigue humillándote, sigue, alma[188]. Ya no tendrás ocasión de honrarte. La vida de cada uno es breve. Ya está casi consumida la tuya sin haberte mostrado respeto a ti misma, sino que has puesto en almas ajenas tu felicidad.
 2.7 ¿Te distraen los acontecimientos exteriores? Ofrécete reposo para aprender algo bueno y dejar de dar tumbos. Pero entonces también hay que guardarse de otro extravío: en efecto, cometen también tonterías los que por culpa de sus actos están cansados de vivir y no tienen objetivo al que dirigir de una vez por todas todo impulso y representación.
 2.8 No es fácil que se pueda ver que alguien es infeliz por no fijarse en lo que sucede en el alma de otro, pero es forzoso que sean infelices quienes no siguen de cerca los movimientos de su propia alma.
 2.9 Hay que recordar siempre lo siguiente: cuál es la naturaleza del todo y cuál es la mía, qué relación tiene esta mía con aquélla y qué parte es de qué todo, y que nadie te impide realizar las acciones y decir las palabras concordantes con la naturaleza de la que formas parte.
 2.10 Teofrasto[189], como filósofo, en su comparación entre los tipos de faltas, según uno las podría comparar de forma más elemental[190], dice que son más graves aquellas en las que se yerra por apetencia[191] que las causadas por enojo. El que está enojado se revuelve contra la razón aparentemente con cierta tristeza y encogimiento inconsciente, mientras que el que yerra por apetencia se deja vencer por el placer y aparentemente es más licencioso y femeninamente débil en sus faltas. Con razón y como filósofo afirmó que es merecedor de una acusación mayor la falta cometida con placer que con tristeza. En una palabra, éste se parece más a quien ha sufrido injusticia previamente y se ve forzado con tristeza a enojarse, el otro por sí mismo tiene el impulso de cometer injusticia y se deja llevar a hacer algo por apetencia.
 2.11 Como si fuese algo inmediato salir de la vida, así hay que ejecutar cada acción, decir cada palabra y tener cada pensamiento. Marcharse de entre los hombres si los dioses existen no es nada terrible, porque éstos no te endosarían un mal. Si por el contrario no existen o no les importan las cosas de los hombres, ¿qué me supone estar vivo en un universo vacío de dioses o vacío de providencia? Pero existen y les importan las cosas de los hombres y para que el hombre no caiga en los males verdaderos le pusieron todo en sus manos. Si algo de lo restante fuera malo, también eso lo hubieran previsto de forma que en cualquier caso tuviera la capacidad de no caer en ese mal. Aquello que no hace al hombre peor, ¿cómo eso podría hacer la vida del hombre peor? No lo hubiera pasado por alto la naturaleza del todo por ignorancia, o aunque lo supiera, por no poder precaverse o enderezarlo; tampoco hubiera cometido un error tan grande por incapacidad o por falta de pericia, para que indistintamente los bienes y los males acontecieran de forma revuelta tanto a los hombres buenos como a los malos. La muerte y la vida, la buena fama y la mala, el sufrimiento y el placer, la riqueza y la pobreza, todas esas cosas ocurren indistintamente a los hombres tanto a los buenos como a los malos porque no son ni hermosas ni vergonzosas. No son ni buenas ni malas[192].
 2.12 Es propio de la facultad inteligente fijarse en cómo desaparece rápidamente todo, las propias personas en el universo, los recuerdos de esas personas en el tiempo; en cómo son las cosas que son perceptibles y especialmente las que nos atraen con el cebo del placer o las que nos atemorizan con el sufrimiento o las que se pregonan con delirios de grandeza; en cómo no tienen valor, son fáciles de despreciar, sucias, perecederas, muertas; en quiénes son esos cuyas suposiciones y palabras proporcionan buena o mala reputación; en qué es morir (si uno viera la muerte en sí y con clasificación reflexiva descompusiera las supersticiones que se le añaden, supondrá que no es otra cosa que obra de la naturaleza, y si uno le tiene miedo a una obra de la naturaleza es un niñato, no es que sea sólo obra de la naturaleza, es que le conviene); en cómo el hombre está en contacto con dios y en qué parte de sí mismo, en caso de que esa porción del hombre se encuentre de una manera determinada.
 2.13 No hay nada más desventurado que quien recorre todo en derredor, explora »lo que está debajo de la tierra«, dice[193], e investiga en las almas de los que están cerca mediante el uso de indicios[194], sin darse cuenta de que basta estar sólo ante el espíritu divino que está dentro de uno mismo y ser su servidor de verdad. Este servicio consiste en vigilar que esté purificado de pasión, de atolondramiento, de insatisfacción frente a lo que acontece por los dioses y los hombres, porque las cosas que dependen de los dioses hay que venerarlas por su virtud y las que dependen de los hombres se hacen queridas por el parentesco común, a veces, incluso de alguna manera son objeto de compasión[195] por la ignorancia de qué es bueno y qué es malo. Ese impedimento no es menor que el que impide distinguir lo blanco de lo negro[196].
 2.14 Aunque vayas a vivir tres mil años o tres mil veces diez mil, sin embargo, recuerda que nadie deja atrás otra vida que esa que está viviendo y tampoco está viviendo otra que no sea la que deja atrás. Se iguala por tanto lo más duradero con lo más breve. En efecto, el presente es igual para todos, como también lo que muere, y lo que dejamos atrás se manifiesta efímero por igual. Porque uno no podría dejar atrás lo que ya ha transcurrido ni lo porvenir. Aquello que uno no tiene, ¿cómo alguien podría abandonarlo? Así pues, hay que acordarse siempre de estas dos cosas, primera, que desde la eternidad todas las cosas son iguales en su aspecto, se repiten circularmente y no se diferencian nada, uno verá lo mismo en cien años que en doscientos o que en un tiempo infinito; segunda, que tanto el que goza de un tiempo más largo como el que ha de morir rápidamente deja atrás lo mismo, porque sólo es el presente de lo que va a verse privado, si es eso lo único que tiene y si uno no deja atrás lo que no tiene.
 2.15 »Todo es suposición«[197]. Son claras las palabras dirigidas[198] contra el cómico Mónimo, pero también es clara la utilidad del dicho si uno acepta su substancia hasta la verdad.
 2.16 Se humilla a sí misma el alma del hombre sobre todo cuando se transforma en absceso y como tumor[199] del universo en lo que de ella depende. Irritarse con algo de lo que sucede es separación[200] respecto a la naturaleza que rodea las naturalezas de las restantes cosas; en segundo lugar cuando se revuelve contra alguien o se vuelve contraria con intención de perjudicar, tal y como son las almas de los coléricos; en tercer lugar, se humilla cuando se deja vencer por el placer o el sufrimiento; en cuarto lugar, cuando finge y hace o dice algo con disimulo y mentira; en quinto lugar, cuando se le escapa alguna acción suya e impulso sin ningún objetivo, sino que obra al azar, sin perseguir nada, cuando es preciso que incluso las más pequeñas acciones estén referidas a algún fin. El fin de los animales racionales es seguir la razón y ordenamiento de la ciudad y constitución más venerables.
 2.17 El tiempo de la vida humana es un punto, su esencia fluye, su percepción es oscura, la composición del cuerpo en su conjunto es corruptible, el alma va y viene, la fortuna es difícil de predecir, la fama no tiene juicio, en una palabra, todo lo del cuerpo es un río[201], lo del alma es sueño y un delirio. La vida es una guerra y un exilio, la fama póstuma es olvido. Entonces, ¿qué es lo que puede escoltamos? Sólo una cosa, la filosofía. Esto es vigilar que el espíritu divino interior esté sin vejación, sin daño, más fuerte que los placeres y los sufrimientos, que no haga nada al azar ni con mentira o fingimiento, que no tenga necesidad de que otro haga o deje de hacer algo. Y además que acepte lo que ocurre y lo que se le ha asignado como algo que viene de allí de donde él vino. Por encima de todo, aguardar la muerte con el pensamiento favorable de que no es otra cosa sino disgregación de los elementos de los que está compuesto cada ser vivo. Si precisamente para los elementos en sí no hay nada terrible en que cada uno se transforme sin interrupción en otro, ¿por qué uno ve con malos ojos la transformación y disgregación de todos? En efecto, se produce según la naturaleza y nada es malo si es según la naturaleza.
LIBRO III
En Camunto
3.1 No hay que razonar sólo que cada día la vida se desgasta y queda una parte menor, también debe razonarse que, si uno viviera más, está por ver si su reflexión será tan suficiente como antes para comprender los hechos y las consideraciones teóricas que se esfuerzan en alcanzar conocimiento de lo divino y lo humano. Porque si uno empieza a chochear, no tendrá carencias para respirar, alimentarse, tener representaciones e impulsos y todo lo demás del mismo estilo. Pero, antes que eso, se extingue la posibilidad de disponer de uno mismo, de ser exacto en las cuentas del deber, de articular entre sí las apariencias, de atender concretamente a si ya es momento de expulsarse uno mismo[203] y todas esas cosas parecidas que precisan mucho de un razonamiento bien ejercitado. Por tanto, hay que darse prisa, no sólo porque cada vez se está más cerca de la muerte, también, porque la comprensión de los hechos y su seguimiento cesan antes.
 3.2 Es preciso también vigilar atentamente lo siguiente, que incluso lo que sobreviene[204] a creaciones de la naturaleza tiene algún encanto y atractivo. Así, por ejemplo, el pan al cocerse se resquebraja en algunas partes y esas aberturas, a pesar de ser de alguna forma contradictorias al buen hacer del panadero, llaman nuestra atención y mueven especialmente nuestra ansia por comerlo. Lo mismo ocurre con los higos, que cuando más maduros están se abren. También en las aceitunas muy en sazón el propio hecho de estar a un paso de pudrirse le añade cierta belleza al fruto. Lo mismo las espigas que doblan su cabeza, el entrecejo[205] del león, la espuma que fluye de la boca de los jabalíes y muchas otras cosas que si uno las observara en particular vería que están lejos de tener un buen aspecto; sin embargo, por concurrir a sucesos naturales, los adornan y los hacen atractivos, de forma que si uno tiene un sentimiento y una perspicacia más profunda frente a lo que sucede en el todo, casi nada le parecerá, incluidas las cosas que acontecen de forma concomitante, no estar conformado de forma más o menos agradable. Esa persona verá las verdaderas fauces de las fieras con no menor agrado que las que los pintores y escultores muestran en imitación[206]. Incluso en una vieja o en un viejo podrá ver cierto esplendor y sazón y el atractivo sexual de los adolescentes con ojos honestos. Muchas de estas cosas no son cautivadoras a todos, sólo se le ocurrirán al que esta familiarizado genuinamente con la naturaleza y sus obras.
 3.3 Hipócrates[207], tras sanar muchas enfermedades, enfermó él y murió. Los caldeos predijeron la muerte de muchos, después también a ellos los arrebató el destino. Alejandro, Pompeyo, Cayo César[208], tras haber arrasado completamente tantísimas ciudades y muchísimas decenas de millares de tropas de caballería e infantería, también ellos en algún momento dejaron atrás la vida. Heráclito tras haber estudiado tanto la naturaleza de la conversión en fuego del universo murió lleno de agua por dentro y embadurnado de boñiga[209]. A Demócrito[210] lo mataron los piojos, otros piojos[211] a Sócrates. ¿Qué quiere decir eso? Te embarcaste, navegaste, arribaste. Desembarca. Si es a otra vida, nada está vacío de dioses, tampoco allí. Si es en la insensibilidad[212], dejarás de soportar sufrimientos y placeres, dejarás de ser esclavo para un recipiente tan inferior como superior es la parte que manda comparada con la que sirve, porque mandan la inteligencia y el espíritu divino mientras que son sirvientes la tierra y los despojos sanguinolentos.
 3.4 No malgastes la parte que te resta de vida, si no lo haces referido al bien común, en representaciones sobre el prójimo, esto es al representarte qué hace fulano, por qué, qué dice, qué se propone, qué maquina, todo lo que te hace vagar lejos de la atención al principio rector. Por tanto, es preciso que dejes de lado en el hilo de tus representaciones el azar, la inutilidad y, con mucho mayor motivo, el entrometimiento y la malignidad. Hay que acostumbrarse a representarse solo aquello sobre lo que si alguien de repente te interrogara: »¿En qué estás pensando ahora?«, pudieras responder con franqueza inmediatamente: »Esto y aquello«, de forma que de tus palabras quedara claro que todas tus representaciones son sencilias, favorables, propias de un animal comunitario, despreocupado de representaciones placenteras o en general regaladas o que tenías eso en mente por alguna rivalidad, malignidad, sospecha o alguna otra cosa por la que te sonrojarías al exponerla. Un varón así, que no aplaza estar ya entre los mejores, es como un sacerdote y servidor de los dioses que trata con el dios aposentado en su interior, lo que le permite ser un hombre ajeno a los placeres, invulnerable a cualquier sufrimiento, inasequible a cualquier soberbia, insensible a cualquier maltrato, campeón en la mayor competición: no dejarse sobrepasar por ninguna pasión, estar empapado hasta el fondo de justicia, conformarse con toda su alma con todo lo que ocurre y se le ha asignado, no representarse, si no es excepcionalmente y por una gran necesidad en bien del común, qué dice, hace o piensa otro. Sólo está atento a cómo podría ejecutar sus propias acciones y reflexiona sin parar en su propio destino entrelazado con el todo: las acciones que produce son honestas, su destino está convencido de que es bueno, porque el hado asignado a cada uno lo lleva uno consigo y a uno lo lleva consigo. Se acuerda también de que todo lo racional es de su linaje y de que la preocupación por todos los hombres es acorde a la naturaleza del hombre pero no hay que atenerse a la opinión de todos, sino sólo a la de los que sin discusión viven según la naturaleza. Continuamente se acuerda de cómo son tanto en casa como fuera de casa los que no viven así y con quiénes se juntan de noche y de día. Por tanto, no pone en consideración el elogio que viene de aquellos que no están conformes con ellos mismos.
 3.5 No obres ni contra tu voluntad ni contra la comunidad ni contra la reflexión ni resistiéndote. Que la afectación no maquille tu reflexión. No seas verboso ni activo en exceso. Que la divinidad que está en ti sea guía de un ser varonil, respetable, social, romano, de un jefe que se coloca en su puesto como alguien que, liberado, esperara el toque de retreta para escapar de la vida, sin necesidad de un juramento ni de ningún hombre como testigo[213]. Por dentro, radiante[214] sin necesidad de servidumbre o tranquilidad exteriores. Hay que ser recto, no corregido.
 3.6 Si descubres en la vida humana algo mejor que la justicia, la verdad, la prudencia, la valentía y, dicho de una vez, que tu mente se baste a sí misma tanto en los hechos en los que ofreces tu actuación según la razón recta como en los que sin elección previa asigna el destino, si, digo, ves algo mejor que eso, dirígele tu atención con toda tu alma y aprovecha ese bien supremo si lo has descubierto. Pero si se hace evidente que no existe nada mejor que el propio espíritu divino que se asienta en ti, que tiene subordinados a su control tus impulsos particulares, que analiza tus representaciones, que se ha apartado de las emociones sensoriales, como decía Sócrates[215], que se ha subordinado a los dioses y que se preocupa de los hombres, si descubres que todo lo demás es menor y de inferior valor que eso, no cedas terreno a ninguna otra cosa, porque si te postras y te inclinas una vez, no podrás ya tranquilamente rendir honor preferente a ese bien que te es particular. No es recto colocar frente a lo que es el bien de la razón y de la sociedad ninguna otra cosa distinta como el elogio de la mayoría, los cargos, la riqueza, los disfrutes de distintos placeres. Cualquiera de ellas, aunque parezca que la acomodas algún tiempo, al punto se apodera de ti y te desvía. Pero tú, digo, escoge con sencillez y libertad lo mejor y confróntalo a todo eso. Pero es mejor la conveniencia[216]. Vigila que sea para ti en cuanto racional. Pero si es en cuanto animal, expón y mantén tu juicio contrario sin delirios de grandeza. Basta que hagas tu examen con seguridad.
 3.7 No honres nunca como tu conveniencia lo que te fuerce en alguna ocasión a infringir la confianza de la que gozas, a dejar a un lado la vergüenza, odiar a alguien, sospechar, maldecir, aparentar, anhelar algo que precisa de muros y cortinajes[217]. Quien escoge su propia inteligencia, el espíritu divino y los ritos propios de su virtud no hace una elección trágica, no se lamenta, no precisará ni de soledad ni de muchedumbre. Y lo más importante, vivirá sin perseguir ni huir. Si hace uso de su alma, encerrada en su cuerpo, durante mayor o menor intervalo de tiempo no le importa nada en absoluto. Porque aunque tenga ya que separarse se alejará tan liberado como si ejecutara alguna otra de las acciones que pueden ejecutarse con decencia y orden, con esta única preocupación durante toda su vida, que su reflexión se ocupe en algo impropio de un animal inteligente y social.
 3.8 En la reflexión de quien se ha disciplinado y purificado no podrías encontrar nada purulento, ni tampoco contaminado, ni anfractuoso. Tampoco el hado arrebata esa vida incompleta, cosa que uno diría del actor trágico que desapareciera antes de completar y llegar al último acto. Además no es en absoluto esclavo ni afectado, no es dependiente ni despegado, no está sujeto a rendir cuentas ni a zafarse.
 3.9 Reverencia tu capacidad para suponer[218]. De esa capacidad depende todo para que la suposición de tu principio rector no llegue a despegarse de la naturaleza y de la constitución propia de un animal racional. Esta proclama la no precipitación[219], la familiaridad con los hombres y el acatamiento a los dioses.
 3.10 Pues bien, arrójalo todo, quédate sólo con estas pocas cosas y además rememora que cada uno sólo vive este presente efímero. Lo demás o ya está vivido o es incierto. Pequeño es por tanto lo que vive cada uno, pequeño el rincón de la tierra donde vive. Pequeña también la reputación postrera, incluso la más extensa, y dependiente de la transmisión por hombrecillos que han de morir al punto, que no se conocen ni a sí mismos ni tampoco al muerto de tiempo atrás.
 3.11 A estos principio ya dichos que se añada todavía uno, establecer siempre el límite o el contomo de lo que provoca la representación[220], de forma que se observe cómo es en esencia, desnudo, en su conjunto y diferenciado en todas sus partes, y se diga para sí su nombre específico y los nombres de los elementos a partir de los que se conformó y en los que se disolverá. Nada inspira mayor grandeza de ánimo que poder desenmascarar con método y con verdad cada uno de los sucesos de la vida y ver siempre su interior de forma que uno considere con qué aderezo ofrece qué utilidad y cuál es su valor respecto al todo y cuál respecto al hombre que es ciudadano de la ciudad más enaltecida, frente a la cual las restantes ciudades son como sus casas. Qué es y a partir de qué está compuesto y cuánto tiempo va a permanecer por su naturaleza lo que provoca mi representación y cuál es la virtud que preciso frente a eso, como son la gentileza, la virilidad, la verdad, la confianza, la simplicidad, la autosuficiencia, las restantes. Por ello es necesario decir ante cada cosa: esto procede del dios, esto otro es según el destino y el hado[221] que se entrelaza, según tal coincidencia y fortuna, eso otro procede de alguien que comparte mi estirpe, mi linaje, que es camarada, aunque él desconozca qué tiene conforme a la naturaleza. Pero yo no lo desconozco y por eso lo trato según la ley natural de la participación común con buen ánimo y con justicia. Al tiempo persigo según su valor lo que no es ni bueno ni malo[222].
 3.12 Si llevas a cabo la tarea presente de acuerdo con la razón recta, con diligencia, con fuerza, con buen ánimo y no te desvías en nada accesorio sino que vigilas que tu espíritu divino permanezca puro como si ya hubiera que devolverlo, si te agarras a eso sin esperar ni evitar nada, sino que te conformas en tu actuación presente a la naturaleza y en lo que dices y declaras a la verdad romana, tendrás una buena vida. Nadie hay que pueda impedírtelo.
 3.13 Igual que los médicos siempre tienen a mano sus instrumentos y herramientas para tratamientos urgentes, así tú ten preparadas tus convicciones para conocer lo divino y lo humano y hacer así incluso lo más nimio, como si recordaras su vínculo mutuo. En efecto, ni tendrás éxito en lo humano sin referirlo a lo divino ni al revés.
 3.14 No voy a divagar más. Porque ni vas a leer tus apuntes ni los hechos históricos de los antiguos romanos y griegos ni los extractos de sus escritos que reservaste para tu propia vejez. Así pues, apresúrate para el fin, deja al lado las esperanzas vanas y ayúdate a ti mismo, si es que te importas, mientras es posible.
 3.15 No saben cuántas cosas significan robar, sembrar, comprar, mantener la tranquilidad, ver qué debe hacerse[223], lo cual no se realiza con los ojos sino con otra visión.
 3.16 Cuerpo, alma, inteligencia[224]. Las sensaciones son del cuerpo, los impulsos del alma, las convicciones de la inteligencia. Recibir impresiones representadoras es propio también de las bestias. Que lo manejen a uno como marioneta los impulsos es propio también de fieras, putos, Fálaris[225] y Nerón[226]. Que la inteligencia sea rectora para deberes sólo aparentes es propio también de los que no creen en los dioses, abandonan su patria y hacen cualquier cosa, una vez que cierran las puertas de la calle. Si, por tanto, lo demás te es común con los mencionados, queda como propio de la persona buena desear y conformarse con lo que le ocurre y estar entrelazado con su destino. Al espíritu divino asentado dentro del pecho no hay que confundirlo ni embrollarlo en el tumulto de las representaciones sino vigilar que esté propicio a obedecer con orden al dios, sin hablar nada contra la verdad ni ejecutar nada contra la justicia. Si todos los hombres desconfían de que uno viva con sencillez, decoro y amabilidad, no se irrita con ninguno de ellos ni se aparta del camino que conduce al fin de la vida, para lo cual es necesario marchar puro[227], tranquilo, liberado, compenetrado con su destino sin violencias.
LIBRO IV
4.1 El regidor interior, cuando está conforme a la naturaleza, adopta una postura tal frente a los sucesos que se transforma fácilmente según lo que le es dado. En efecto, no desea ninguna materia específicamente asignada, sino que emprende su acción en dirección a lo principal con reserva[228] y lo que se le enfrenta lo hace su propia materia, como el fuego cuando prevalece sobre las cosas que le tiramos; cosas que apagan una lamparilla, un fuego radiante, al contrario, rápidamente se apropia de lo que se le apila, lo consume y a partir de ese preciso material se levanta más alto.
 4.2 No ejecutes ninguna acción al azar ni de otra forma distinta a la percepción que conforma el arte[229].
 4.3 Buscan como sus propios retiros la vida campestre, la orilla del mar, las montañas. Todo eso es de lo más banal cuando te es posible en el momento que quieras retirarte a tu interior. A ningún lugar más tranquilo, más pacífico se retira un hombre que hacia su propia alma, sobre todo aquel que tiene dentro recursos tales que, si los examina, al momento se encuentra en total bienestar. No llamo bienestar a ninguna otra cosa que al buen orden. Por tanto, concédete sin parar ese retiro y renuévate. Que sean preceptos breves y elementales los que, nada más encontrarlos, te resulten suficientes para disolver toda tu insatisfacción y reenviarte de vuelta sin irritación a las actividades a las que retornas. Porque, ¿con qué te irritas? ¿Con la maldad de los hombres? Reconsidera el dictamen de que los animales racionales han surgido unos por otros[230], que soportarse es parte de la justicia, que los hombres yerran sin querer, que muchos por sentir enemistad, sospecha, odio, rivalidad han sufrido tormento, se han hecho cenizas; ceja en tu irritación. ¿Acaso te irritas con el reparto que se ha hecho del total? Renueva el dilema »O providencia o átomos«[231] y considera en cuántos hechos se demuestra que el universo es como una ciudad[232]. ¿Acaso la parte corporal te afecta? Date cuenta de que la reflexión no se mezcla con el hálito[233] si está revuelto, sea suave o violentamente[234], una vez que se acepta a sí misma y reconoce su propia capacidad, y por lo demás confórmate también con cuanto has escuchado sobre el sufrimiento y el placer. ¿Acaso te distrae la honrilla? Considera la rapidez con que se olvida todo y el abismo de eternidad infinita antes y después, lo vano del descrédito, la mudanza y falta de criterio de los que aparentan expresarte aprecio y lo estrecho del lugar en el que está circunscrito. Porque toda la tierra es un punto y de ella cuan ínfima es su parte habitada. Y ahí, ¿cuántos y quiénes son los que te van a alabar? Por tanto, acuérdate del retiro hacia el jardincillo de tu propio interior y sobre todo no te convulsiones ni te pongas tenso, al contrario sé libre y mira los asuntos como varón, como hombre, como ciudadano, como mortal. Que tus recursos más inmediatos sean dos: uno, que los asuntos no afectan tu alma sino que se quedan fuera sin moverse y que los desasosiegos dependen sólo de tu suposición interior; dos, que todo cuanto ves, ¡en qué poco tiempo cambiará y dejará de ser!, reflexiona sin pausa a cuántas transformaciones has asistido. El universo es transformación; la vida suposición[235].
 4.4 Si el ser inteligentes nos es común, también la razón por la que somos racionales es común. Si es así, también la razón que nos indica lo que debe hacerse o no es común. Si es así, también la ley es común. Si es así, somos ciudadanos. Si es así, participamos de algún tipo de organización ciudadana. Si es así, el universo es como si dijéramos una ciudad. ¿De qué otra organización ciudadana común podrá decir alguien que todo el linaje de los hombres participa? De ahí, de esa ciudad común, también nos llega el hecho de reflexionar, razonar, legislar; o ¿de dónde? En efecto, igual que lo terroso es una porción separada de alguna forma de tierra, lo húmedo de otro elemento distinto, lo que es hálito procede de alguna fuente y lo cálido y fogoso de otra concreta[236], porque nada procede de la nada, igual que tampoco marcha hacia lo que no es, de la misma forma también el ser inteligentes nos llega de alguna parte.
 4.5 La muerte es algo equiparable al nacimiento, es un misterio de la naturaleza; la composición se produce a partir de los mismos elementos a los que da lugar la desintegración; en una palabra no es algo de lo que uno debiera avergonzarse porque no es contraria a lo propio de un animal inteligente ni a la razón de su constitución.
 4.6 Eso es natural que se produzca necesariamente en seres de tal naturaleza. Quien no lo quiere, quiere que la higuera no tenga su savia. En una palabra, acuérdate de eso, que tanto tú como ése estaréis muertos en el más brevísimo plazo de tiempo y poco después ni siquiera permanecerá vuestro nombre.
 4.7 Aparta la suposición y queda apartado el »estoy perjudicado«. Aparta el »estoy perjudicado« y queda apartado el perjuicio[237].
 4.8 Lo que no hace al hombre peor a sí mismo, eso ni hace su vida peor ni lo perjudica, ni en su exterior ni en su interior.
 4.9 La naturaleza de la conveniencia se ha visto forzada a hacer eso.
 4.10 Todo lo que sucede, sucede con justicia. Esto lo descubrirás, si observas detenidamente. No lo afirmo sólo por la concatenación[238], también por la equidad, como si dependiera de alguien que distribuyera según la valía. Mantén tu observación, por tanto, igual que empezaste, y haz lo que hagas sin dejar de ser bueno, según lo que se considera propiamente que es ser bueno. Preserva esto en cualquier actuación.
 4.11 No hagas suposiciones iguales a los juicios que hace el que ofende o a los juicios que quiere que tú hagas, considera por el contrario qué es según la verdad.
 4.12 Hay que tener siempre dispuestos dos preceptos, uno relativo a llevar a cabo sólo lo que la razón del arte de reinar y legislar te sugiera que es en beneficio de los hombres, otro relativo a cambiar de criterio si aparece alguien que te rectifica y te enmienda alguna opinión. Sin embargo, que esa enmienda se produzca por alguna convicción que sea justa y en bien del común y que los perfeccionamientos sean sólo tales, no porque te haya parecido que es algo agradable o reputado.
 4.13 ¿Tienes la razón? Sí. ¿Por qué no la usas? Si ella hace lo que le es propio, ¿qué más quieres?
 4.14 Surgiste como parte subordinada. Desaparecerás uniéndote al que te engendró[239], es más, serás devuelto a su razón seminal por el cambio.
 4.15 Muchos granos de incienso[240] en el mismo altar. Uno se depositó antes, otro después. No importa.
 4.16 En el espacio de diez días les parecerás un dios a los que ahora pareces una bestia y un mono, si das media vuelta y vuelves a los principios y respeto debidos a la razón.
 4.17 No vivas como si fueras a vivir diez mil años. Tu desuno está pendiendo. Mientras estás vivo, mientras es posible, hazte bueno.
 4.18 De cuánto sosiego se beneficia el que no observa qué ha dicho, qué ha hecho, qué ha pensado el prójimo, sino sólo qué hace él mismo para que su actuación por sí misma sea justa, virtuosa...[241]. Deja el carácter sombrío, deja de mirar en derredor, por el contrario corre sobre la línea de meta[242] con el cuerpo recto sin dispersarte.
 4.19 El que se queda embelesado por su reputación postrera no se representa que cada uno de los que lo recuerden morirá rápidamente como él, luego a su vez lo hará el que le suceda en el recuerdo hasta que toda memoria se apague del todo también a media que avanza entre personas que se encienden y se apagan[243]. Pero supón que los que te van a recordar son incluso inmortales y que el recuerdo es inmortal. ¿Y eso a ti qué? Y no afirmo sólo que no signifique nada para el que está muerto; pero, ¿qué es el elogio para el que está vivo? Nada, si no es, quizá, por algún arreglo práctico. En efecto, ahora en el momento más inoportuno dejas a un lado el donativo de la naturaleza para agarrarte a alguna otra razón.
 4.20 Además, todo lo que es bello, sea como sea, lo es por sí mismo y culmina en sí mismo sin que tenga parte en él el elogio. Está claro que tampoco lo que recibe el elogio se hace peor o mejor. Afirmo eso a propósito de las cosas que se afirman que son bellas comúnmente, por ejemplo los productos bellos por su materia o bellos por efecto del arte. Ahora bien, lo que es bello de verdad, ¿qué carencia tiene?[244]. No más que la ley, no más que la verdad, no más que la buena disposición o la vergüenza. ¿Cuál de estas cosas es bella por los elogios que recibe o se destruye si se la critica? En efecto, ¿la esmeralda se hace peor si no recibe elogios? ¿Qué pasa con el oro, con el marfil, con la púrpura, con una lira, un estilete, una florcilla, un arbolillo?
 4.21 Si las almas permanecen, ¿cómo las contiene el aire desde la eternidad?, ¿cómo contiene la tierra los cuerpos de los entortados desde tanto tiempo? Porque, igual que su alteración y descomposición deja espacio para otros cuerpos, así las almas que se han mudado al aire tras permanecer un cierto tiempo se alteran, se diluyen y se inflaman recogidas en la razón seminal del todo y de esa manera ofrecen espacio a las que se van instalando a su vez. Eso sería la respuesta si se supone que las almas permanecen. Pero es necesario no sólo tener en cuenta el número de los cadáveres entortados de esa manera, también el número de los animales que comemos cada día nosotros y los demás animales. Porque ¿qué número se consume y en cierto modo se entierra así en los cuerpos de los que se alimentan de ellos? Sin embargo hay espacio suficiente para aceptarlos gracias a su transformación en sangre y sus mutaciones hacia lo aéreo y fogoso[245]. ¿Cuál es la investigación de la verdad en este asunto? La distinción entre lo material y lo causal.
 4.22 No hay que dar tumbos, sino ante cualquier impulso restituir lo justo y ante cualquier representación preservar lo comprensible.
 4.23 Se armoniza conmigo todo lo que para ti es armónico, universo. Nada que para ti esté en sazón me es prematuro o tardío. Para mí es fruta todo lo que dan tus estaciones, naturaleza. De ti viene todo, en ti está todo, hacia ti se dirige todo. Aquél dice »ciudad querida de Cécrope[246]«, ¿no dirás tú »ciudad querida de Zeus«?
 4.24 Dice[247]: »Si tienes la intención de estar contento, emprende pocas acciones.« ¿No es mejor emprender las acciones necesarias y cuantas elige y como las elige la razón de un animal social por naturaleza? Porque así se produce el contento, tanto por emprender bellas acciones, como por emprender pocas acciones. Si uno se despoja, por no ser necesario, de la mayor parte de lo que decimos o hacemos, estará de mejor humor y menos turbado. Por ello hay que acordarse ante cada acción: ¿no será de las innecesarias? Es preciso despojarse tanto de acciones no necesarias como de representaciones. Así tampoco irán éstas detrás arrastrando acciones.
 4.25 Experimenta cómo te va la vida del hombre bueno que se conforma con lo que se le asigna del todo y se contenta con que su actuación privada sea justa y su disposición positiva.
 4.26 ¿Tienes ya visto aquello? Mira esto otro. No te perturbes. Líbrate de tus dobleces. ¿Alguien yerra? Yerra para su perjuicio. ¿Te ocurre algo? Está bien. Desde el principio te fue asignado e hilado el destino de todo lo que te ocurre. En resumen: la vida es breve, hay que explotar el presente con prudencia y justicia. Mantente sobrio en la relajación.
 4.27 O el universo está estructurado o está removido (reunido, sí, pero sin orden). ¿Es que en ti puede subyacer un universo ordenado, pero en conjunto existe desorden? ¿Y eso es así cuando todas las cosas son distintas, compenetradas, sometidas a influjos mutuos?
 4.28 Un carácter sombrío, un carácter femenino, un carácter reseco, fiero, bruto, infantil, estúpido, estafador, mendicante, tramposo, tiránico[248].
 4.29 Si es forastero del universo quien no conoce lo que hay en él, no lo es menos quien desconoce sus sucesos. Es un desterrado quien destierra la razón social. Es ciego quien guiña el ojo de la inteligencia. Es mendigo quien precisa de otro y no tiene en sí mismo todo lo útil para la vida. Es absceso del universo quien se aparta y aleja de la razón de la naturaleza común por soliviantarse con los sucesos; porque es la naturaleza la que los trae, ella que te trajo también a ti. Es una escisión de la ciudad quien escinde su alma de la de los racionales, cuando es una.
 4.30 Uno hace filosofía sin túnica[249], otro sin libro; aquel otro semidesnudo dice »no tengo pan y permanezco firme en la razón«[250]. Yo, por mi parte, no tengo los alimentos que proporcionan los conocimientos y permanezco firme[251].
 4.31 El arte que aprendiste, ámalo, tómate un respiro en él; pero recorre lo que te reste de vida tras depositar con toda tu alma en manos de los dioses todo lo tuyo y sin instalarte ni como tirano de ningún hombre ni como esclavo.
 4.32 Trae a tu mente como ejemplo los tiempos de Vespasiano. Verás que todo es igual. Gente que se casa y cría niños, que enferma y muere, que hace la guerra y fiestas, que se desplaza y cultiva su tierra, que adula y es arrogante, que sospecha y conspira, que desea la muerte de alguien y refunfuña por su presente; gente que se enamora, que atesora, que anhela el consulado y el imperio. Desde luego que la vida de esa gente ya no está en ningún sitio. Vuélvete ahora a los tiempos de Trajano. De nuevo todo es igual. Esa vida ha muerto. De la misma forma estudia y considera los restantes registros de tiempos y pueblos en su conjunto, cuántos tras esforzarse con vehemencia tras poco tiempo cayeron y se descompusieron en sus elementos. Sobre todo hay que acordarse una y otra vez de aquellos que tú mismo conociste que se convulsionaban vanamente y declinaban actuar según su propia constitución, agarrarse a ella con fuerza y conformarse. Es necesario recordar así que la atención a cada acción tiene su propio valor y compensación. Así no desesperarás si no te implicas en asuntos menores más de lo que convendría.
 4.33 Expresiones que antes eran corrientes, ahora son arcaísmos. Así también, los nombres de los que antes eran agasajados con muchos himnos ahora son de alguna forma arcaísmos: Camilo[252], Cesón[253], Vóleso[254], Dentato[255]; por poco tiempo Escipión[256] y Catón[257]; más adelante también Augusto, posteriormente Adriano y Antonino. Pues todo se marchita y se vuelve rápidamente legendario. Rápidamente también el olvido absoluto lo entierra. Y hago esas afirmaciones a propósito de los que brillaron hasta la admiración, porque los restantes, nada más exhalar el alma, son desconocidos e ignorados. ¿Qué es en definitiva el recuerdo imperecedero? Es hueco del todo. ¿Qué es, entonces, hacia lo que es necesario dirigir el empeño? Sólo una cosa, reflexión justa, acciones comunitarias, razón capaz de no equivocarse y disposición que se conforma con cualquier suceso como algo necesario, familiar y que fluye desde tal principio y rúente.
 4.34 Entrégate voluntariamente a Cloto[258] para tejer con ella cualquier acción que desee.
 4.35 Todo es flor de un día, tanto el que recuerda como lo que se recuerda.
 4.36 Estudia sin cesar cómo todo nace por cambio y acostúmbrate a pensar que nada desea tanto la naturaleza del todo como cambiar lo que es y hacer cosas nuevas que son iguales, porque de alguna forma todo ser es semilla de lo que será a partir de él. Tú te representas que son sólo simientes las que se arrojan dentro de la tierra o de una matriz. Eso es vulgar por completo.
 4.37 Estarás muerto y todavía tendrás doblez, te turbarás[259], sospecharás que te perjudica lo externo, no serás favorable a todos, no pondrás la mente sólo en actuar con justicia.
 4.38 Medita en los principios rectores de otros[260], de qué huyen y qué persiguen.
 4.39 Tu mal no reside en un principio rector ajeno, tampoco en una modificación o alteración de lo que te rodea. ¿Dónde, entonces? Donde se encuentre tu suposición sobre los males. Que no se produzca esa suposición y todo está bien. Incluso si lo que le es más cercano, el cuerpo, se corta, se quema, supura todo él, se gangrena, a pesar de ello que se mantenga tranquila la parte que hace suposiciones sobre eso, esto es, que no juzgue que algo es malo ni bueno de lo que por igual le puede acontecer al hombre malo y al bueno. Porque lo que acontece por igual al que vive contra la naturaleza como al que según la naturaleza, eso no es ni contra ni según la naturaleza.
 4.40 Sin interrupción hay que reflexionar en que el universo es como un único animal con una única substancia y una única alma, también en cómo todo desemboca en la sensibilidad única de ese animal, cómo todo lo hace por un único impulso, cómo todo es concausa de todos los sucesos y cuál es su entrelazamiento y entretejimiento.
 4.41 Eres un alma diminuta que lleva un cadáver, como decía Epicteto[261].
 4.42 Nada es malo para lo que nace por transformación como tampoco nada es bueno para lo que subsiste por transformación.
 4.43 El tiempo es como un río de sucesos y un flujo violento. En cuanto algo se ve, ya ha pasado de largo y otra cosa distinta es la que pasa, que también pasará[262].
 4.44 Todo suceso es tan cotidiano y conocido como la rosa en la primavera o la fruta en el verano[263]. Tal es la enfermedad, la muerte, la injuria, la maquinación y todas las cosas que alegran o entristecen a los estúpidos.
 4.45 Lo posterior sucede siempre con afinidad tras lo precedente. Porque no es una especie de listado numerado de cosas independientes en el que sólo quepa la necesidad, además existe una concatenación llena de juicio. Igual que están entrelazados armoniosamente los seres, así los sucesos no evidencian una sucesión sin más, sino una afinidad admirable.
 4.46 Acuérdate siempre de Heráclito, de que »la muerte de la tierra produce agua, que la muerte del agua produce aire, que la del aire produce fuego y así sucesivamente«[264]. Acuérdate[265] también del que »olvida adonde lleva su camino« y de que »en lo que coinciden continuamente, en la razón que gobierna el universo, en eso es en lo que más difieren« y »aquello con lo que se encuentran cada día, eso es lo que les parece extraño«. También de que »no hay que actuar ni hablar como si estuviéramos dormidos, porque incluso entonces parece que hacemos y hablamos«. También de que no hay que ser »como hijos de sus padres«, esto es, estrictamente según »lo que hemos recibido«.
 4.47 Igual que si te dijera algún dios »morirás mañana o en cualquier caso dentro de dos días[266]«, no harías gran diferencia si en dos días o mañana, así también no consideres que tiene importancia llegar hasta un año alejadísimo o hasta mañana.
 4.48 Hay que reflexionar continuamente en cuántos médicos han muerto tras haber fruncido el entrecejo muchas veces por sus enfermos[267], cuántos astrólogos tras haber predicho la muerte ajena como una gran noticia, cuántos pensadores tras hacer miles de proclamaciones encendidas sobre la muerte y la inmortalidad, cuántos caudillos tras haber matado a muchos, cuántos tiranos que como si fueran inmortales habían usado de su poderío sobre las almas con terrible arrogancia, cuántas ciudades completas, por decirlo así, han muerto, como Hélice[268], Pompeya, Herculano[269] y otras muchas incontables. Acércate también a todos los que conoces que han muerto uno después de otro, a éste tras enterrar a ése se le dio sepultura y a aquél tras enterrar a aquel otro, todo eso en poco tiempo. En resumen, hay que ver siempre lo humano como flor de un día e inconsistente, ayer era una mucosidad, mañana será momia y cenizas. Ese instante de tiempo hay que recorrerlo según la naturaleza y disolverse con ánimo favorable, como caería la aceituna tras haber madurado, dando vivas a la que la[270] produjo y reconociendo los favores al árbol que la hizo crecer.
 4.49 Sé igual al promontorio contra el que sin interrupción baten las olas. Él permanece quieto mientras que en su derredor sucumben las aguas que bullen. »Soy desgraciado porque me ocurrió eso a mí.« Bien al contrario[271]: »Soy afortunado porque, a pesar de haberme ocurrido eso, permanezco sin pena y no me rompo por el presente ni temo el porvenir.« Porque tal cosa podría haberle sucedido a cualquiera, sin embargo cualquiera no hubiera permanecido sin pena por ello. ¿Por qué, entonces, aquello es mayor desgracia que esta buena fortuna? ¿Consideras, en resumen, que es desgracia del hombre lo que no es desacierto de la naturaleza humana? ¿A ti te parece que es desacierto de la naturaleza humana lo que no va contra el propósito de su naturaleza? Entonces, ¿qué? Has aprendido su propósito. Ningún suceso te impide ser justo, tener grandeza de ánimo, ser prudente, tener cabeza, no precipitarse, no ser engañoso, tener vergüenza, ser libre y las demás cualidades que si están presentes hacen que la naturaleza obtenga lo que le es propio. Acuérdate en adelante ante cualquier circunstancia que te provoque pena de usar esta máxima, que eso no es desgracia y que por el contrario soportarlo con nobleza es buena fortuna.
 4.50 Existe un remedio vulgar, aunque eficaz, de cara a despreciar la muerte: rememorar a los que se empeñaron en vivir hasta ser pegajosos. ¿Qué adelantaron respecto a los que murieron prematuramente? De cualquier forma de alguna manera yacen muertos en algún lugar Cediciano[272], Fabio[273], Juliano[274], Lépido[275] o algún otro igual, ellos entortaron a muchos, después fueron entortados. En una palabra el intervalo es pequeño y hay que sobrellevarlo con cuántos trabajos, con qué compañías y en qué cuerpecillo. Por tanto, que no sea un problema. En efecto, mira hacia atrás lo dilatado del tiempo y hacia delante también hay otra infinitud. Ante eso ¿qué diferencia hay entre el que vive tres días y Néstor tres veces viejo?[276].
 4.51 Corre siempre por el camino corto, corto es vivir según la naturaleza. Por tanto, habla y actúa en todo según lo que sea más sano. Ese planteamiento te libera de golpes, de vacilación, de preocupación y afectación.
LIBRO V
5.1 Al amanecer, cuando te despiertas perezoso, ten a mano lo siguiente: »Me despierto para una tarea humana, ¿y todavía me irrito si me dirijo a hacer aquello por lo que he nacido y para lo que me han traído al mundo? ¿O me han fabricado para esto, para reconfortarme al calor de las mantas?« »Pero esto es más placentero.« »¿Entonces has nacido para complacerte? En resumen, ¿para sentir o para actuar?[277]. ¿No ves que las pequeñas plantas, los gomoncillos, las hormigas, las arañas, las abejas hacen lo que les es propio y conjuntamente forjan en su medida el universo? ¿Resulta que tú no quieres hacer lo propio del hombre? ¿No vas a correr a la tarea que es conforme a tu naturaleza?« »Sí pero hay que tomarse un descanso.« »Sí, yo también lo afirmo. Sin embargo la naturaleza también nos dio su medida, también nos la dio del comer y del beber, no obstante, tú sobrepasas lo que es suficiente. Pero en las acciones ya no, sino que te quedas ‘dentro de lo posible’. En efecto, no te amas a ti mismo porque, si no, amarías tu naturaleza y su propósito. Otros por amor a sus oficios se consumen en las tareas propias de su oficio sin lavarse ni comer. ¿Honras tu propia naturaleza menos que el escultor el arte de la escultura, el danzarín el de la danza, el avaro el dinero, el vanidoso la honrilla? Éstos, cuando están apasionados, ni comer ni dormir lo desean más que acrecentar las dedicaciones que sienten que les conciernen. ¿A ti, por el contrario, las acciones comunitarias te parecen de un valor inferior y merecedoras de menor empeño?«
 5.2 ¡Qué sencillo es rechazar y eliminar toda representación[278] inoportuna y desplazada, y al punto estar en perfecta serenidad!
 5.3 Considérate merecedor de cualquier razonamiento o acción que sea según la naturaleza. Que no te aparte que detrás venga la crítica o la palabra de algunos, por el contrario, si está bien hecho o bien dicho, no te subestimes. Ellos tienen su propio principio rector y tienen su propio impulso. No te distraigas en su contemplación, por el contrario culmina el camino recto obedeciendo a la naturaleza, a la propia y a la común. Aunque sean dos, el camino es uno sólo.
 5.4 Avanzo por los caminos que son conformes a la naturaleza hasta, tras caer, tomar un descanso; expiro en el aire de donde respiro cada día y caigo en la tierra de donde mi padre aportó su pequeña semilla, mi madre su pequeña cantidad de sangre[279], la nodriza su pequeña cantidad de leche, de donde me nutro y riego cada día durante tantos años, aquello que me lleva como caminante y que malgasto para mi propio perjuicio en tantas cosas.
 5.5 No pueden admirar tu agudeza. Sea. Pero sí otras muchas cualidades sobre las que no puedes decir: »no he nacido para ellas«. Exhibe por tanto aquellas que dominas por completo: no ser tramposo, tener nobleza, aguantar los trabajos, despreciar los placeres, no quejarse de tu destino, necesitar poco, la buena disposición, la liberalidad, la sencillez, no ser charlatán, la grandeza. ¿No te das cuenta de que a pesar de poder dedicarte a muchas cualidades en las que no existe la excusa de incapacidad natural ni inadecuación, sin embargo, voluntariamente te quedas por debajo? ¿O es que también te ves obligado por la incapacidad natural de tu constitución a refunfuñar, a ser tacaño, a adular, a poner por excusa el cuerpo, a ser obsequioso, a pavonearte a zarandear tantas veces tu alma? Pudiste alejarte hace tiempo de eso y ser culpado, si acaso, de ser tardo y premioso en demasía. Eso es lo que debes ejercitar sin distraerte ni complacerte en tu torpeza.
 5.6 Alguno hay que cuando le hace algo beneficioso a alguien está muy dispuesto a llevar la cuenta de ese favor. Otro hay que no está muy dispuesto a ello, sin embargo, en su interior reflexiona y es consciente de la deuda. Hay otro que de ningún modo sabe ni siquiera lo que ha hecho, que es igual a la parta que da el racimo y no busca nada añadido más allá de dar una vez su propio fruto. El hombre que ha hecho el bien no se jacta, sino que acude a continuación a otro hombre como la parta da de nuevo su racimo, como el caballo corte, el perro sigue la pista y la abeja hace miel. Hay que ser de esos que de alguna forma actúan sin atender a nada. »Si, pero hay que atender a eso precisamente, porque es propio«, dice, »del que participa de la comunidad darse cuenta de que actúa a favor de la comunidad y, por Zeus, también desear que su comunidad se dé cuenta«. Es verdad lo que dices, pero ahora mal interpretas lo que estamos afirmando. Por eso serás uno de aquellos que mencioné al principio, porque también aquellos se dejan llevar por cierto cálculo y convicción. Si quieres entender qué es lo que se está afirmando no temas por eso dejar de hacer alguna acción comunitaria.
 5.7 Ésta es una súplica de los atenienses: »haz que llueva, que llueva, Zeus querido, en la tierra de los atenienses y en sus campos«. Es preciso o no hacer súplicas o hacerlas así, con sencillez y liberalidad[280].
 5.8 Igual que se dice: »Asclepio[281] le ordenó la equitación o los baños de agua fría o andar descalzo« se puede decir »le ordenó la naturaleza universal una enfermedad, una invalidez, una pérdida«. En el primer caso »ordenó« significa algo así: »Le ordenó eso por ser apropiado para su salud.« En el segundo caso se ordena lo que le sucede a cada uno como apropiado para su destino. En efecto afirmamos que suceden esas cosas igual que los albañiles afirman que sucede que las piedras cuadrangulares en los muros o en las pirámides se acoplan mutuamente en una forma de construcción determinada. En conjunto existe una sola armonía y al igual que a partir de todos los cuerpos el universo completa un cuerpo de tales características, así a partir de todas las causas se completa esa causa que es el destino. Entienden lo que estoy afirmando personas que son por completo profanas, al decir »eso le deparaba el destino«. Es decir, eso le era deparado por el destino y eso se le ordenaba. Por tanto, aceptémoslo como lo que ordena Asclepio. De hecho muchas de sus órdenes son arduas, pero nos conformamos con la esperanza de la salud. Que una cosa así te parezca realización y consumación de lo aprobado por la naturaleza común, igual que tu salud. Confórmate así con todo lo que te acontece, aunque te parezca áspero en exceso, por conducirte allí, a la salud del universo, al éxito y buena fortuna de Zeus. Porque no le depararía eso el destino a nadie si no conviniera al todo. Ni siquiera la naturaleza depara casualmente algo que no es apropiado al que está bajo su gobierno. Según eso tienes que contentarte con lo que te sucede por dos razonamientos: uno, porque te sucedía, te era ordenado y estaba como entrelazado para ti desde antes, desde las causas más antiguas; dos, porque es causa de éxito, consumación y, sí, por Zeus, de permanencia para el que gobierna el todo. En efecto, se mutila lo que es perfecto tanto si le cercenas cualquier cosa que está en contacto o unión, por ejemplo alguna de sus partes, como también si alguna de sus causas. Cercenas, en lo que de ti depende, cuando estás a disgusto y de alguna forma destruyes.
 5.9 No reniegues, ni renuncies, ni te impacientes, si no se materializa la ejecución de cada acción según criterios rectos; por el contrario, aunque te quedes fuera de combate, vuelve a él con insistencia, conténtate si la mayor parte de tus acciones están por encima de lo humano y desea el combate al que vuelves. No vuelvas a la filosofía como a un maestro, sino como los que por padecer de ojos hinchados acuden a la esponja y al lavaojos, como otro a la cataplasma o a los fomentos. Así no harás exhibición de seguir el mandato de la razón, sino que descansarás sobre ella. Recuerda que la filosofía sólo quiere eso que quiere tu naturaleza y que tú querías otra cosa no conforme a la naturaleza. ¿Qué es más atractivo que eso? Pues, ¿no nos hace caer el placer con atractivos? Observa por si es más atractiva la grandeza de ánimo, la libertad, la sencillez, la cortesía, la virtud. ¿Qué hay más atractivo que la propia reflexión, cuando percibes firmeza y prosperidad en todo lo que viene de la facultad de comprender y conocer?
 5.10 Las cosas están de alguna manera tan veladas que pareció a no pocos filósofos, y no a unos cualesquiera, que son inasibles, incluso los propios estoicos opinan que son difíciles de asir. Cualquier aquiescencia nuestra está sujeta a cambio. ¿Dónde está el infalible? Acércate después a los objetos concretos como a algo perecedero, de poco valor y susceptible de ser propiedad de un canalla, una puta o un pirata. Tras eso aproxímate a las conductas de tus congéneres, que son soportables a duras penas incluso la del más agraciado, por no hablar de que con dificultad se soporta uno a sí mismo. Por tanto en tales tinieblas, en tal basura, en tan gran flujo, ¿qué es lo que hay que estimar especialmente o puede sin más tomarse en serio de la realidad, del tiempo, del movimiento, de lo que se mueve? Ni siquiera lo intuyo. Por el contrario hay que esperar con ánimo la descomposición natural y no desesperar en la demora, es más, descansa en los siguientes preceptos: uno, no me ocurrirá nada que no es conforme a la naturaleza del todo; dos, me es posible no hacer nada contra mi dios y espíritu, porque no hay quien me obligue a ir contra él.
 5.11 ¿Con qué fin uso ahora mi alma? Pregúntate e investiga a cada ocasión esto: ¿Qué tengo en esa parte que llaman rectora? ¿De quién es el alma que ahora tengo? ¿Es la de un niño?, ¿la de un joven?, ¿la de una mujercilla?, ¿la de un tirano?, ¿la de una res?, ¿la de una fiera?
 5.12 Podrías entender qué son bienes en la opinión de la mayoría por lo que sigue. Si uno cavilara cuáles son los bienes de verdad, es decir, la reflexión, la prudencia, la justicia, la valentía, no podría ya escuchar que al bien se le hiciera esa apostilla[282] porque no coincidirá nada respecto a lo que ha cavilado previamente. Pero si uno cavila previamente en lo que resulta que son bienes para la mayoría, dará crédito y aceptará fácilmente que el dicho del cómico es una apostilla oportuna. Así también barrunta la mayoría la diferencia. En efecto, no podría ser que se atacase y denigrara esa apostilla pero que se aceptara que aplicada a la riqueza y a los azares favorables que conducen al lujo y a la fama es apropiada y elegante. En definitiva, sigue avanzando y pregunta si deben estimarse y considerarse como bienes cosas por las que, tras reflexionar sobre ellas, se pudiera aplicar el dicho de que quien las posee en abundancia »no tiene sitio ni donde cagar«.
 5.13 Estoy conformado a partir de una causa formal y de sustancia material. Ni una ni otra se destruirán en no ser, igual que tampoco me constituí a partir del no ser. Así pues cada una de mis partes se reordenará mediante transformación como una parte del universo y de nuevo se transforMarci en otra parte del universo y así sin fin. Según esa transformación yo me constituí y también los que me engendraron y así en regresión hasta el infinito. Nada impide afirmarlo, incluso si el universo se ordena por ciclos completos[283].
 5.14 La razón y el arte de la racionalidad[284] son capacidades que se bastan a sí mismas y a lo realizado a su medida. Brotan de un principio que les es propio y hacen camino en dirección a la finalidad preestablecida, por ello tales acciones se denominan comportamientos rectos, por querer significar la rectitud del camino.
 5.15 El hombre no debe prestar atención a ninguna de las cosas[285] que no le son pertinentes, en tanto que es hombre. No son requerimientos del hombre, ni la naturaleza humana las proclama, ni son perfeccionamientos de su naturaleza. Así pues, ni en ellas está puesto el fin del hombre, ni está lo que culmina ese fin. Es más, si alguna de ellas fuera pertinente al hombre, no sería pertinente despreciarlas o alzarse contra ellas, ni sería digno de elogio quien exhibiera no precisarlas, ni sería bueno quien se hiciese de menos en alguna de ellas, si es que fuesen buenas. Pero de hecho, de cuanto mayor número de esas cosas u otras semejantes se prive uno o soporte verse privado, en mayor grado es uno bueno.
 5.16 Tu reflexión será según sean tus representaciones. En efecto, el alma se empapa de las representaciones. Por tanto, empápala sin interrupción de representaciones tales como que donde es posible vivir, allí también se vive bien. Es posible vivir en la corte, pues también en la corte se vive bien. De la misma forma, la causa por la que cada cosa está constituida es a lo que tiende; eso a lo que tiende es donde está su fin; donde está su fin, también allí está la conveniencia y el bien de cada cosa; el bien del animal racional es la participación común. Que hemos nacido para la participación común hace tiempo que está demostrado. ¿O no se hizo evidente que lo inferior existe a causa de lo superior y lo superior existe a causa de ambos? Los seres animados son superiores a los inanimados y los racionales lo son respecto a los inanimados.
 5.17 Perseguir imposibles es locura; imposible es que los ruines dejen de hacer ruindades.
 5.18 A nadie nada le acontece que no sea por naturaleza capaz de soportar. A otro le acontece lo mismo y, sea por ignorancia de que le ha ocurrido, sea por exhibición de grandeza de ánimo, se queda tranquilo y permanece por completo sin daño. Por tanto es terrible que la ignorancia y la complacencia sean más fuertes que la reflexión.
 5.19 Las cosas por sí solas no afectan ni lo más mínimo al alma, ni tienen acceso al alma, ni pueden cambiarla, ni moverla. Ella por sí misma se cambia y se mueve, y hace que lo que le atañe sea según los juicios por los que se considera digna.
 5.20 Según un primer razonamiento el hombre es lo que nos es más familiar, en la medida en que debemos tratarlo bien y mantenerlo. Pero en la medida en que algunos se entrometen en mis propias tareas, el hombre se transforma en una más de las cosas indiferentes[286], en no menor medida que el sol, el viento o una fiera. Estos podrían ser obstáculo a alguna actuación pero no son obstáculo al impulso y a la disposición gracias a la reserva[287] y al rodeo. La reflexión en lo que hemos emprendido rodea y cambia cualquier impedimento a nuestra actuación, lo que impide nuestra acción se vuelve beneficioso y lo que se interponía en su camino favorable.
 5.21 Estima lo que es más poderoso de las cosas de este mundo, eso que de todo hace uso y que todo administra[288]. De la misma forma, también estima lo más poderoso de lo que hay en ti que es del mismo tipo que aquello. Eso es, en tu ámbito, lo que hace uso de las demás cosas y quien gobierna tu vida.
 5.22 Lo que no es perjudicial a la ciudad tampoco perjudica al ciudadano. Ante toda representación de que te ves perjudicado aplica esta regla. Si la ciudad no se perjudica por tal cosa, tampoco yo me perjudico. Si la ciudad se perjudica no hay que irritarse con quien la perjudica, por el contrario hay que señalarle qué es lo que le pasó desapercibido.
 5.23 Recapacita muchas veces en la rapidez del avance y desaparición de lo que es y nace. La substancia es como un río en flujo permanente, sus actuaciones consisten en cambios continuos, sus causas en diez mil variaciones y casi nada es fijo[289], ni siquiera lo cercano. La infinitud de lo transcurrido y de lo porvenir, en la que todo desaparece, es inmensa. ¿Cómo no es demente el que se hincha ante eso o se convulsiona o se irrita como si la molestia fuese a ser duradera?
 5.24 Acuérdate de la substancia en su totalidad de la que formas parte en pequeñísima cantidad, de la eternidad de la que te está asignado un breve e instantáneo intervalo, y del desafió del que eres una parte mínima.
 5.25 ¿Algún otro yerra contra mí? Él verá. Tiene su disposición particular y su actuación particular. Yo ahora tengo lo que quiere que tenga la naturaleza común y hago lo que quiere mi naturaleza que haga.
 5.26 El principio rector y regidor de tu alma que permanezca como parte inamovible ante la incitación suave de la carne o ante la dolorosa, que no se entremezcle, que, por el contrario, marque una línea en su derredor y confine las pasiones dentro de las partes corporales. Cuando, según un sentimiento paralelo desembocan en la reflexión por estar el cuerpo unificado, entonces no hay que intentar ir en contra de una sensación que es natural y que el principio rector tampoco añada de por sí la suposición de que es por algo bueno o malo.
 5.27 Convivir con los dioses. Convive con los dioses quien muestra sin pausa que su alma se conforma con lo que se le asigna y hace todo lo que quiere su espíritu divino, que Zeus entregó a cada uno como guía y conductor y que es un fragmento de sí mismo. Eso es la inteligencia y razón de cada uno.
 5.28 ¿Acaso te irritas con el que apesta? ¿Te irritas con el que tiene mal aliento? ¿Qué adelantas? Tiene la boca así. Tiene los sobacos así. Por fuerza sale de ellos ese efluvio. »Pero«, se afirma, »el hombre tiene razón y puede reflexionar, si repara en ello, sobre por qué es ofensivo«. ¡Pues, muy bien!, porque en definitiva, también tú tienes razón. Pon en movimiento con disposición racional una disposición racional, muestra, recuerda. Si presta atención, podrás curarlo y no habrá necesidad de la cólera. Ni actor ni puta[290].
 5.29 Como medites vivir tras tu marcha definitiva, así te es posible vivir acá. Si no te dejan, entonces márchate de la vida, pero hazlo como si no hubieras sufrido ningún mal. Hay humo y me voy[291]. ¿Por qué te parece que eso es un problema? Mientras nada así me saque, sigo siendo libre y nadie me impedirá hacer lo que quiero. Y quiero vivir según la naturaleza de un animal racional y comunitario.
 5.30 La inteligencia del universo es comunitaria. Así por ejemplo ha hecho lo inferior a causa de lo superior e hizo concordar lo superior entre sí. Puedes ver cómo subordinó, coordinó, distribuyó según su valía a cada uno y reunió en concordia mutua a los seres superiores.
 5.31 ¿Cómo te comportaste hasta ahora con los dioses, con tus padres, con tus hermanos, con tu mujer, con tus hijos, con tus maestros, con tus tutores, con tus amigos, con tus parientes con tus esclavos? Si hasta ahora en relación a todos ellos...[292], es aplicable: »contra nadie actuó mera de la ley ni dijo«[293]. Recuerda también por qué cosas has pasado y qué cosas fuiste capaz de aguantar. También que la historia de tu vida está cumplida ya, que tu contribución está concluida, cuántas hermosuras tienes vistas, cuántos placeres y penas despreciaste, de cuántas cosas tenidas en estima pasaste de largo, ante cuántos arrogantes fuiste indulgente.
 5.32 ¿Por qué almas sin formación e ignorantes confunden al que sí está preparado y es conocedor? ¿Qué alma, entonces, esta preparada e instruida? La que conoce el principio y el fin, y la razón que alcanza a toda la substancia y que de toda la eternidad administra el todo según ciclos establecidos.
 5.33 En un instante serás cenizas y huesos[294], un nombre o ni siquiera eso; si un nombre, sólo un murmullo y eco. Las cosas muy apreciadas durante la vida son vacías, podridas, pequeñas, cachorrillos que se mordisquean y críos con ganas de riña que se ríen y al momento lloran. Pero la confianza, la vergüenza, la justicia, la verdad »se van al Olimpo desde la tierra de anchos caminos«[295]. Entonces, ¿qué es lo que te retiene aquí si lo que percibimos es cambiante y no permanece, los sentidos son débiles y reciben fácilmente malas impresiones, la propia alma es una exhalación que surge de la sangre y tener buena fama ante ellos es algo vacío? Entonces, ¿qué? ¿No aguardarás agradecido la extinción o traslación? Mientras llega su oportunidad, ¿con qué te conforMarcis? ¿Con qué otra cosa sino con ser piadoso y honrar a los dioses, con hacer el bien a los hombres, soportarlos y guardar las distancias? Todo cuanto esté fuera de los límites de este pedacito de carne y de su aliento, recuerda que no es cosa tuya ni de ti depende.
 5.34 Te pueden ir bien las cosas si sabes avanzar por buen camino y si mantienes el rumbo en tu pensamiento y acción. Dos cosas en común tienen el alma de dios y la del hombre, como la de cualquier animal racional: no sufre obstáculos ajenos y encuentra el bien en la disposición y acción comunitaria, en eso cede su apetito.
 5.35 Si eso no es mi maldad, ni mi actuación con maldad, ni daña al común, ¿qué me importa eso? ¿Cuál es el perjuicio para el común?
 5.36 No hay que dejarse arrebatar completamente por la representación, sino ayudar a los hombres en lo posible y según su valor; si sufren pérdidas en lo que no es ni bueno ni malo[296], no hay que representarse que eso es un perjuicio, ya que eso es mala costumbre. Por el contrario, igual que el viejo al marcharse pide la peonza de su doméstico sin olvidar que no es más que una peonza[297], así también tú en la tribuna. »Amigo, ¿te olvidaste qué era eso?« »Ya, pero les merecía mucha preocupación.« ¿Y por eso también tú te vas a poner tonto?
 5.37 Fui en ocasiones hombre afortunado aunque estuviese sometido a cualquier circunstancia. Esto es ser afortunado, asignarse uno mismo su buena fortuna. Buena fortuna, buenas inclinaciones del alma, buenos impulsos, buenas acciones.
LIBRO VI
6.1 La substancia del todo es dócil y modificable. La razón que la gobierna no tiene ningún motivo en sí para hacer el mal[298]. En efecto, no tiene maldad ni hace nada malévolamente ni a nada perjudica; y todo nace y concluye a su antojo.
 6.2 No establezcas diferencias entre hacer lo conveniente aterido o caldeado, adormilado o bien dormido, con mala reputación o en medio de alabanzas, en el momento de morir o en la ejecución de cualquier otra acción, porque una de las acciones de la vida es también ésa en la que morimos. Por tanto basta con disponer bien el momento presente en función de ella.
 6.3 Mira hacia dentro. Que la cualidad específica de ninguna acción ni su valía corran más que tú[299].
 6.4 Todos los objetos se transforMarcin rápidamente y, o se harán humo si la substancia está unificada[300], o se disgregarán.
 6.5 La razón que gobierna sabe cómo está dispuesta, qué hace y sobre qué materia.
 6.6 La mejor manera de defenderse es no hacerse igual que ellos.
 6.7 Disfruta y descansa con una cosa: con pasar de una acción comunitaria a otra acción comunitaria acordándote de dios.
 6.8 El principio rector es algo que se excita, se orienta y se hace a sí mismo como quiere ser y también hace que le parezca que todo ocurre como él quiere.
 6.9 Cada cosa una por una concluye según la naturaleza del todo y no según alguna otra naturaleza que rodeara desde fuera o estuviera contenida dentro o apartada por fuera.
 6.10 O es revoltijo, entrecruzamiento, disgregación, o unificación, orden, providencia[301]. Si es lo primero, ¿por qué anhelo perdurar en un compuesto hecho al azar y en semejante mezcolanza? ¿Por qué me importa otra cosa que no sea cómo sobrevivir?[302]. ¿Por qué me perturbo? La disgregación llegará hasta mí, haga lo que haga. Si es lo segundo soy reverente, me tranquilizo, confío en lo que gobierna.
 6.11 Cuando te veas forzado por las circunstancias a sentirte como disturbado, vuelve a penetrar en ti mismo y no te salgas de tu cadencia regular más allá de lo necesario porque te harás dueño de la armonía por el hecho de regresar constantemente a ella.
 6.12 Si tuvieras a un tiempo madrastra y madre, cuidarías de la primera y, sin embargo, sería constante tu retorno hacia la madre. Eso suponen para ti el palacio y la filosofía. Así regresa muchas veces y descansa con ésta, gracias a la cual, también, te parece soportable lo de la corte y tú te haces soportable entre ellos.
 6.13 Es igual que hacerse una representación de lo guisado y las cosas de comer, que si éste es el cadáver de un pez, que si aquél es de un pájaro o de un lechón y además que el Falerno[303] es un juguito de un racimo de uva y que el manto orlado de púrpura son pelillos de corderillo teñidos con sangrecilla de una concha[304]. Que la cópula es frotamiento de entrañas y cierta secreción de moco en medio de una convulsión. Tales son las representaciones que llegan hasta el fondo de las propias cosas y las atraviesan hasta hacemos ver cómo son. Así hay que actuar a lo largo de toda la vida, cuando nos representamos que las cosas son respetabilísimas, desnúdalas, comprueba su escaso valor y acaba con el cuento que las hace majestuosas. El delirio de grandezas es un terrible falsario y cuando parece que te encuentras entre cosas serias es cuando más te has dejado embaucar. Considera, por ejemplo, qué dice Grates sobre el propio Jenócrates[305].
 6.14 La mayoría de las cosas que admira la plebe puede reducirse hasta un nivel muy genérico: unas las que se ensamblan por cohesión, como las piedras o las maderas; otras formadas por crecimiento, como las higueras, las viñas, los olivos[306]. Lo que admiran los de formación algo más mediana está en relación con formas animadas, por ejemplo, rebaños, manadas. Los algo más agraciados lo que está en relación con el alma racional, sin embargo, no en cuanto racional, sino en cuanto conocedora de una industria, dicho de otra forma, por ser muy afanosa o, en expresión llana, por poseer una multitud de esclavos[307]. El que honra su alma racional y social no se inquieta por nada más, antepone a todo preservar que su alma sea y se mueva racional y comunitariamente y colabora en eso con su congénere.
 6.15 Unas cosas se dan prisa en nacer, otras en dejar de ser; algo de lo que está naciendo ya se desvaneció. Los flujos, las transformaciones renuevan el universo constantemente igual que la gestación incesante del tiempo renueva siempre la eternidad infinita. En ese río no es posible descubrir qué cosa, entre las que pasan corriendo, uno valoraría en especial. Es como si uno empezara a encariñarse de uno de los gorrioncillos que pasan volando cuando ya ha desaparecido de la vista. Así es la vida de cada uno, como la ventilación de la sangre y la inspiración de aire[308]. Atraer el aire y restituirlo una vez, cosa que hacemos a cada momento, es lo mismo que restituir la capacidad absoluta de respirar, que adquiriste ayer mismo recién parido, al mismo lugar donde por primera vez te la apropiaste.
 6.16 No es estimable el transpirar como las plantas ni respirar como las bestias y las fieras, ni tener impresiones representativas, ni que el impulso te maneje como una marioneta, ni juntarse en manadas, ni nutrirse. Eso es lo mismo que excretar los desechos del alimento. ¿Qué es, entonces, estimable? ¿Recibir el aplauso? No. Tampoco desde luego el aplauso de las lenguas, porque las alabanzas de la mayoría son aplauso de las lenguas. Has rechazado, por tanto, también la honrilla. ¿Qué queda de estimable? Me parece sin duda que moverse y atenerse a lo que es la propia constitución, que es a lo que conducen los oficios y las artes. Porque todo arte tiende a eso, a que lo constituido según ese arte sea apropiado a la función para la que se ha constituido. También el labrador que trabaja su viña, el domador de potros, el que amaestra su perro, persiguen eso. ¿En qué se afanan los procedimientos educativos y de instrucción? Ahí está, por tanto, lo estimable. Si sólo eso está bien, no te afanarás en nada más. ¿No cesarás también en tu estima de otras muchas cosas? Entonces, no serás ni libre, ni autosuficiente, ni impasible[309]. Por fuerza tendrás envidia, serás receloso, sospecharás de los que son capaces de quitarte eso, traMarcis contra los que tienen lo que tú estimas. En definitiva, es forzoso que quien se considere falto de algo de eso esté confundido y además haga frecuentes críticas, incluso a los dioses. Por el contrario, el respeto y estima por tu propia reflexión hará que estés conforme contigo, seas conciliador con los hombres, estés en armonía con los dioses, es decir, alabes lo que aquellos han distribuido y ordenado.
 6.17 Los desplazamientos de los elementos son hacia arriba, hacia abajo, en círculo. El movimiento de la virtud no está en ninguno de ellos, es algo más divino y avanza tranquilo por un camino recto difícil de entender.
 6.18 Así es como hacen. No quieren alabar a los hombres de su propia época con los que conviven, pero tienen en gran consideración recibir ellos la alabanza de los que nacerán después, a quienes ni vieron ni verán. Es casi como si te apenaras de que no te hayan dedicado sus alabanzas los que nacieron antes que tú.
 6.19 No supongas que si algo te resulta a ti muy penoso eso sea imposible para el hombre; por el contrario, si algo es posible y resulta familiar al hombre, considera que a eso tú también puedes llegar.
 6.20 En los ejercicios en el gimnasio alguno te araña con sus uñas o te propina un cabezazo. Pero no se lo recriminamos, ni nos ofendemos, ni sospechamos de él a partir de ahí como insidioso. Es verdad que nos precavemos, pero no como si fuera enemigo ni con sospechas, sólo lo evitamos benévolamente. Que ocurra lo mismo en los restantes ámbitos de la vida, no prestemos mucha atención a los que son como nuestros compañeros de gimnasia. Porque es posible, como decía, evitarlos sin recelar o aborrecer.
 6.21 Si alguien puede rebatirme y probarme que no entiendo o actúo rectamente, cambiaré de opinión agradecido. En efecto, busco la verdad que a nadie nunca perjudicó. Se perjudica el que persiste en su propio engaño e ignorancia.
 6.22 Yo hago mi propio deber, lo demás no me distrae. Pues son seres inanimados o irracionales o descamados que no conocen su camino.
 6.23 Los animales irracionales y, en general, los objetos, por estar tú dotado de razón y ellos no, trátalos generosa y liberalmente; a los hombres, que están dotados de razón, trátalos además comunitariamente. En todos los casos invoca a los dioses y no establezcas diferencia por la cantidad de tiempo que podrás actuar de esa forma. Porque basta con que sean tres horas si son así.
 6.24 Alejandro de Macedonia y su palafrenero una vez muertos vinieron a parar en lo mismo. O regresaron a las mismas razones generadoras del universo o se dispersaron por igual en átomos[310].
 6.25 Reflexiona sobre cuántos sucesos en el mismo breve instante ocurren en cada uno de nosotros a un tiempo, tanto físicos como psíquicos. Así no te admirarás de que muchísimos más, mejor, todos los sucesos subsistan a un tiempo en el uno y en el todo que denominamos universo.
 6.26 Si alguien te plantea cómo se escribe el nombre de Antonino[311], ¿mostrarás sin ponerte tenso cada uno de sus elementos?, ¿no llevarás paso a paso con tranquilidad la cuenta de cada una de las letras? ¿Y qué, si se encolerizan?, ¿te encolerizarás en respuesta? Así, por tanto, también acuérdate ahora de que todo deber se lleva a término con determinadas cuentas. Es preciso observarlas y, sin dejarse turbar ni enojarse en respuesta a los que se enojan, completar con método la tarea propuesta.
 6.27 Qué crudo es no dejar a los hombres que apetezcan lo que les parece adecuado y conveniente. Sin embargo, de alguna forma no estás de acuerdo en que ellos actúan así cuando te irritas porque yerran. Se dejan llevar completamente por pensar que van hacia lo adecuado y conveniente. »Pero eso no es así.« Enséñaselo, por tanto, y muéstraselo sin irritarte.
 6.28 La muerte es una tregua a la reacción sensorial, a que te manejen como marioneta los impulsos, al rodeo de la reflexión, al tributo que se rinde a la carne.
 6.29 Es vergonzoso que en la vida en la que el cuerpo no renuncia, el alma renuncie antes[312].
 6.30 Sé vigilante, no te cesarices[313], no te empapes en púrpura, cosa que ocurre. Mantente, por tanto, sencillo, bueno, puro, digno, sin pompa, amigo de lo justo, piadoso, bien intencionado, afectivo, fuerte para ejecutar lo conveniente. Lucha para permanecer así como te quiso hacer la filosofía. Respeta a los dioses, salva a los hombres. La vida es corta, el único fruto de la existencia sobre la tierra es una disposición virtuosa y unas acciones comunitarias. En todo como discípulo de Antonino[314]: su vigor a favor de acciones realizadas de acuerdo con la razón, su equilibrio en todo, su virtud, la calma de su rostro, su dulzura, su ausencia de vanagloria, su empeño para captar los asuntos. Cómo no rechazaba nada en absoluto sin considerarlo antes mucho y reflexionarlo con seguridad. Cómo soportaba a los que lo criticaban injustamente sin criticarlos a su vez. Cómo no se apresuraba para nada, cómo no aceptaba las calumnias. Cómo era un examinador riguroso de los comportamientos y de las acciones, pero ni crítico, ni asustadizo ante rumores, ni sospechoso, ni enrevesado. Cómo se conformaba con poco, así en la vivienda, en el lecho, en el vestir, en el alimento, en su servidumbre. Cómo era sufrido y perseverante. Capaz de permanecer quieto hasta la tarde gracias a su dieta frugal, sin necesidad de evacuar fuera de la hora acostumbrada. Su firmeza y uniformidad con sus amistades. Soportar a los que se expresaban con libertad contra sus opiniones y agradecérselo si alguno mostraba una mejor. Cómo era piadoso con los dioses sin temores supersticiosos. Que la última hora te llegue con igual de buena conciencia que a él.
 6.31 Recupera la sobriedad, recomponte tras dejar de dormir y concluye que unas pesadillas te importunaban, mira esto como mirabas aquello[315].
 6.32 Estoy formado por cuerpecillo y alma. Para el cuerpecillo todo es indiferente porque no puede establecer la diferencia. Para tu mente es indiferente[316] lo que no es su actividad y todo lo que es su actividad depende de ella. Entre sus actividades, sin embargo, sólo le preocupa la presente. En efecto, las futuras y las pasadas son actividades suyas que en este preciso momento son indiferentes.
 6.33 No son el dolor de la mano ni el del pie contrarios a la naturaleza mientras el pie haga lo propio del pie y la mano lo de la mano. Así, por tanto, tampoco para el hombre como hombre es el dolor contrario a su naturaleza, mientras haga lo propio del hombre. Pero, si no es contrario a su naturaleza, tampoco es un mal.
 6.34 ¡Con qué goces se regocijaron los piratas, los bujarrones, los parricidas, los tiranos!
 6.35 ¿No ves que muchos artesanos manuales, aunque se acomodan hasta cierto punto a los para ellos profanos, a pesar de eso se agarran con fuerza a la razón de su arte y no soportan verse apartados de ella? ¿No es, por ello, terrible que el arquitecto y el médico respeten más la razón de su propio arte que el hombre la suya propia, que comparte con los dioses?
 6.36 Asia, Europa son rincones del universo. Todo el océano es una gota del universo. El monte Atos es un terroncillo del universo. Todo el tiempo presente es un punto de la eternidad. Todo es pequeño, movible, propenso a esfumarse. Todo viene de allí, ha surgido de aquel principio rector común expresamente o de forma sobrevenida[317]. Las fauces del león, el veneno y toda maldad, como las espinas, el barro, son sobreañadidos a lo venerable y hermoso. No te representes que eso es ajeno a lo que reverencias, por el contrario, reconoce la mente de todo.
 6.37 Quien ve las cosas presentes ha visto todas: cuantas nacieron desde toda la eternidad y cuantas serán hasta el infinito. Todas son de un mismo género y de un mismo aspecto[318].
 6.38 Reflexiona muchas veces sobre la concatenación de todas las cosas del universo y sobre su relación mutua. De alguna forma todas están entrelazadas mutuamente y todas tienen por eso afinidad mutua. En efecto esto está en contacto con eso otro por el movimiento tensor, el hálito común y la unidad de la substancia[319].
 6.39 Acomódate a las cosas a las que estás unido por azar; ama, pero de verdad, a los hombres con los que te ha tocado vivir.
 6.40 Todo instrumento, toda herramienta, todo aparejo, si actúa para lo que está fabricado, está bien. Ciertamente, en ese caso el fabricante es externo. En lo ensamblado por la naturaleza la fuerza fabricadora está dentro y permanece. Por ello es necesario en mayor grado respetarla y considerar que, si la mantienes y la tratas según su deseo, todo en ti está según la inteligencia. Así también están según la inteligencia las cosas en conjunto.
 6.41 Lo que no has escogido deliberadamente y supones que es tu bien o tu mal, por fuerza, en el caso de experimentar el mal mencionado o en el de fracasar el bien indicado, se lo criticas a los dioses y es motivo de odio contra los hombres que son causantes o supones que podrán serlo de ese fracaso. Además, cometemos muchas injusticias por desacuerdo en esas cuestiones. Por el contrario, si sólo juzgamos como bueno y malo lo que de nosotros depende, no queda ya motivo alguno ni de acusar a la divinidad ni de tomar partido hostil contra el hombre.
 6.42 Todos colaboramos para un único resultado, unos a sabiendas y con discernimiento, otros a ciegas, igual que, creo que dice Heráclito[320], incluso los que duermen son trabajadores y colaboradores de lo que ocurre en el universo. Uno colabora en una medida otro en otra, también por exceso[321] quien critica e intenta ir contracorriente y anular los sucesos. En efecto, el universo también lo necesitaba. Por tanto, sólo te queda comprender entre quiénes te alineas. Así te tratará enteramente bien quien gobierna el todo y te acogerá en la sección de los colaboradores. Pero tú no seas un elemento como el verso barato y ridículo de un drama que menciona Crisipo[322].
 6.43 ¿Acaso el sol reivindica hacer lo que es propio de la lluvia? ¿Acaso Asclepio reivindica lo de la portadora de frutos?[323]. ¿Y qué ocurre con cada uno de los astros? ¿No son distintos pero colaboran en lo mismo?
 6.44 Si los dioses decidieron sobre mí o sobre lo que debía ocurrirme a mí, decidieron bien. En efecto, ni siquiera es fácil pensar en un dios que no decide. Pero, ¿por qué causa iban a ponerse a hacerme el mal? ¿En qué se hubieran aventajado ellos o el común, que es en lo que más ejercen su providencia? Si no decidieron en particular sobre mí, decidieron, al menos, sobre lo común en conjunto, a lo que, en consecuencia, debo abrazar y amar. Si, por el contrario, no deciden sobre nada... (creerlo, desde luego, no es virtuoso o si lo es, no sacrifiquemos ya, ni oremos, ni juremos ni realicemos lo demás que realizamos dirigido a dioses que supuestamente están presentes y nos acompañan)[324]; si no deciden sobre nada de lo que nos afecta, yo puedo, sin embargo, decidir sobre mí y yo tengo análisis sobre lo que conviene. A cada uno le conviene según su constitución y naturaleza, y mi naturaleza es racional y social.
 Mi ciudad y mi patria, como Antonino[325] que soy, es Roma. Como hombre, es el universo. Por tanto, las que son beneficiosas para esas ciudades, sólo ésas considero que son buenas.
 6.45 Cuanto ocurre a cada uno le conviene al todo. Con eso bastaba. Pero además observarás en general, si miras con detenimiento, que lo que conviene a un hombre también conviene a los demás. En este caso tómese lo conveniente en su uso más habitual aplicado a lo que no es ni bueno ni malo.
 6.46 Igual que te ofenden los espectáculos de los anfiteatros y lugares semejantes porque ver siempre lo mismo y similar hace que su contemplación harte, eso te ocurre aplicado a toda tu vida, porque todas las cosas de arriba abajo son las mismas y surgen de lo mismo. Entonces, ¿hasta cuándo?
 6.47 Reflexiona sin pausa sobre la gran variedad de hombres ya muertos, variedad en sus actuaciones y variedad en sus razas, hasta llegar a Filistión, Febo y Origanión[326]. Recorre ahora otras estirpes. Es necesario que nos traslademos allí donde florecieron tantos oradores competentes, tantos filósofos venerables, Heráclito, Pitágoras, Sócrates; antes de eso tantos héroes, después tantos generales, tiranos. Además de ellos, Eudoxo, Hiparco, Arquímedes[327]; otras naturalezas sagaces, grandiosas, sufridoras, capaces de todo, presuntuosas, mordaces sobre la propia existencia mortal y efímera de los hombres, como Menipo[328], y tantos otros semejantes. Reflexiona sobre todos estos que están muertos hace tiempo. Así pues, ¿qué tiene eso de terrible para ellos? ¿Y qué para los no renombrados en absoluto? Sólo una cosa es digna de mucha estima: pasar la vida siendo benévolo con verdad y justicia frente a los falsos e injustos.
 6.48 Cuando quieras reconfortarte, recapacita en los puntos sobresalientes de los que conviven contigo. Por ejemplo, en uno es su actividad, en otro su decencia, en otro su generosidad, así sucesivamente. En efecto, nada reconforta tanto como que las copias[329] de las virtudes aparezcan en el carácter de contemporáneos tuyos y que concurran lo más agrupadamente posible. Por ello hay que tenerlas a mano.
 6.49 ¿Te vas a irritar porque pesas tantas libras y no trescientas?[330]. Así entonces también por tener que vivir hasta tantos años y no hasta más. Igual que te conformas con la substancia que se te ha asignado, así también aplicado al tiempo.
 6.50 Intenta convencerlos, pero actúa también contra su voluntad cuando la razón de la justicia así te guíe. Si, a pesar de ello, alguien usando violencia se te opone, cambia a una actitud complaciente y no dolida, que haber sido impedido te sirva para otra virtud y recuerda que emprendías tu actuación con reserva[331] y que no apetecías imposibles. ¿Qué apetecías? Una empresa así. Alcanzas eso. Sucede aquello por lo que nos pusimos en camino.
 6.51 El ansioso de fama supone que su bien está en la actuación de otro, el ansioso de placeres que está en su propia sensación; por el contrario, el que tiene inteligencia que está en su propia actuación.
 6.52 Es posible no hacer ninguna suposición sobre eso y no turbarse en el alma porque las cosas en sí no tienen naturaleza capaz de provocar nuestros juicios.
 6.53 Acostúmbrate a no hacerte el distraído ante lo que afirma otra persona y en la medida de lo posible métete en el alma del que habla.
 6.54 Lo que no conviene a la colmena tampoco conviene a la abeja.
 6.55 ¿Si los marinos criticaran al capitán o los enfermos al médico, se fijarían en algo que no fuera cómo procuraba él la salvación de los embarcados o la salud de los pacientes?[332].
 6.56 ¡Cuántos de los que entraron conmigo en este mundo se han marchado ya!
 6.57 La miel parece amarga a los que tienen ictericia[333], el agua pavorosa a los que ha mordido un rabioso y una pelotita algo hermoso a los niños pequeños. ¿Por qué, entonces, me irrito? ¿Te parece que tiene menos fuerza creer falsedades que la hiél para el ictérico y el veneno para el rabioso?
 6.58 Nadie te podrá impedir vivir según la razón de tu naturaleza. Nada te podrá ocurrir al margen de la razón de la naturaleza común.
 6.59 ¡Cómo son aquellos a los que quieren complacer y por qué medios y con qué actuaciones buscan su propio beneficio! ¡Con qué rapidez la eternidad lo cubrirá todo y cuántas cosas tiene ya cubiertas!
LIBRO VII
7.1 ¿Qué es la maldad? Es eso que has visto muchas veces. Ante cualquier suceso ten a mano que es eso que has visto muchas veces. En una palabra, encontrarás lo mismo por arriba y por abajo, eso de lo que están llenas las historias antiguas, las intermedias y las recientes, eso de lo que están ahora llenas las ciudades y sus casas. No hay nada nuevo. Todo es al tiempo rutinario y de poca duración.
 7.2 ¿Cómo pueden las convicciones fosilizarse de otra forma si no es porque las representaciones[334] que van aparejadas a ellas se apagan? En tu mano está reavivar continuamente su llama. Puedo hacer suposiciones sobre lo que conviene. Pues, si puedo, ¿por qué me turbo? Lo que está fuera de mi reflexión, en general, nada tiene que ver con mi reflexión. Aprende eso y marcharás por el camino recto. Te es posible revitalizarte. Mira de nuevo los asuntos como los mirabas. En eso consiste revitalizarse.
 7.3 El afán vacuo de una procesión triunfal[335]: acciones de escenario, cuadrillas, tropeles, duelos a lanza, huesillo tirado a cachorros, cebo para los estanques de peces, desgracias y trabajos de hormigas, carreras de ratoncillos sobresaltados, muñequillos movidos por hilos. Es preciso, por tanto, permanecer firme entre esto sin cacareos y con buen ánimo, pero con la comprensión de que cada uno vale tanto como vale aquello por lo que se afana.
 7.4 Es preciso seguir de cerca tanto en la conversación lo que se está diciendo en cada frase como ante cada impulso lo que está sucediendo: en este caso ver al momento cuál es el objeto con el que se relaciona, en el otro mantener la atención en cuál es el significado.
 7.5 ¿Basta mi reflexión para eso o no? Si basta, la uso para mi tarea como instrumento entregado por la naturaleza del todo. Si no basta, o me aparto de la tarea en favor de quien pueda llevarla a cabo mejor, o, en el caso de que eso no le incumba, la realizo como pueda, empleando como auxiliar a quien pueda realizar lo oportuno y útil para la participación común con la ayuda de mi principio rector. Pues, lo haga yo por mí mismo o con otro, sólo debe estar dirigido a lo útil y en armonía con el común.
 7.6 ¡Cuántos de los agasajados con muchos himnos están ya entregados al olvido! ¡Cuántos de los que hicieron esos himnos hace tiempo que están ausentes!
 7.7 No te avergüences de recibir ayuda porque tienes delante realizar la tarea que te corresponde como el soldado que ataca una muralla. ¿Y qué, si por estar cojo, no puedes tú solo trepar a las almenas pero sí te es posible con otro?
 7.8 Que el futuro no te turbe. En efecto, llegarás a él si es necesario con la misma razón que ahora usas para el presente.
 7.9 Todo está entretejido mutuamente, su vínculo es sagrado y casi nada es ajeno entre sí. En efecto, forma un conjunto organizado y pone orden al mismo universo, porque el universo es uno a partir de todos, dios es uno a través de todos, la substancia es una, la ley es una, la razón es común a todos los animales inteligentes, la verdad es una, si es que es una la perfección de seres del mismo género y que participan de la misma razón.
 7.10 Todo lo material desaparece rápidamente en la substancia del todo, cualquier causa se remonta rápidamente a la razón del todo y el recuerdo de todo rápidamente se subsume en la eternidad.
 7.11 Para el animal racional su actuación es la misma según la naturaleza y según la razón.
 7.12 Recto, no corregido.
 7.13 Igual que están los miembros del cuerpo en seres que son uno, esa relación tienen los seres racionales, aunque estén separados, por estar constituidos para una cierta colaboración[336]. Esta reflexión se te ocurrirá más si te dices muchas veces: »soy miembro de un conjunto formado por seres racionales«. Si por el cambio de una letra te consideras parte[337], ya no amas a los hombres de corazón, ya no te reconforta hacer el bien sin interés y ya lo haces estrictamente como un deber, ya no como si te lo estuvieras haciendo a ti mismo.
 7.14 Suceda por fuera lo que quiera a quienes son susceptibles de sufrir por ese suceso. Pues si quiere, podrá censurar esos sucesos. Yo, por mi parte, si no supongo que es malo lo ocurrido, aún no me siento perjudicado. Y tengo la posibilidad de no suponerlo.
 7.15 Haga o diga alguien lo que quiera, obligado estoy a ser bueno. Como si el oro, la esmeralda o la púrpura dijeran: »Haga o diga alguien lo que quiera, obligado estoy a ser esmeralda y mantener mi propio color.«
 7.16 El principio rector no se mete en líos por sí mismo, quiero decir, no se atemoriza él mismo, ni se entristece ni se vuelca en anhelos. Si alguna otra cosa puede atemorizarlo o entristecerlo, que lo haga, porque no se volcará a sabiendas él mismo en esa dirección. Que el cuerpo vigile por su cuenta que no le pase nada, si puede, y diga si le pasa algo. Pero el alma, si padece temores y tristezas, y si, en una palabra, hace esas suposiciones, que no sufra nada. En efecto, no le darás pie a llegar a tal juicio. Es autosuficiente, en lo que depende de él, el principio rector, si no provoca él mismo su carencia; por eso está sin turbación y sin obstáculos si no se turba ni se obstaculiza él mismo.
 7.17 La felicidad es un espíritu divino bueno[338] o la vida según un espíritu divino bueno. ¿Por qué te comportas así, representación? Vete, por tus dioses, igual que viniste. Pues no te necesito. ‘Viniste según tu antigua costumbre. No me encolerizo contigo. Sólo márchate.
 7.18 ¿Teme alguien el cambio? ¿Qué puede llegar a ser sin cambio? ¿Qué es más querido o más afín a la naturaleza del todo? ¿Puedes tú mismo bañarte si la leña no cambia? ¿Puedes alimentarte si lo que comes no cambia? ¿Puede realizarse alguna de las cosas útiles sin cambio? ¿No ves, entonces, que el propio hecho de que tú cambies es algo semejante y necesariamente semejante a la naturaleza del todo?
 7.19 Por la substancia del todo como por un torrente pasan todos los cuerpos, que son de la misma naturaleza que el todo y colaboran con él, igual que nuestros miembros[339] entre sí. ¡A cuántos Crisipos se ha tragado ya la eternidad, a cuántos Sócrates, a cuántos Epictetos! Que se te ocurra lo mismo ante absolutamente cualquier hombre y cosa.
 7.20 Sólo una cosa me distrae, el miedo a que yo mismo haga algo que no quiere la constitución del hombre o de la forma que no quiere o lo que no quiere en este momento.
 7.21 Está cerca que tú te olvides de todo y también lo está que todos te olviden.
 7.22 Es característico del hombre amar también a los que tropiezan. Eso sucede si se te ocurre al tiempo que son tus congéneres, que yerran por ignorancia y contra su voluntad, que después de poco ambos estaréis muertos y sobre todo que no te perjudicó porque no hizo a tu principio rector peor que era antes.
 7.23 La naturaleza del todo modeló a partir de toda la substancia, como si fuera cera, un caballito, tras fundirlo, usó su materia para hacer un arbolito, después un hombrecito, después otra cosa. Cada uno de ésos se mantuvo poquísimo tiempo. No tiene nada de terrible para un cofre que lo descompongan, como tampoco que lo ensamblen.
 7.24 La expresión vengativa en la cara es contraria en exceso a la naturaleza. Cuando muere muchas veces en la cara la expresión noble, finalmente se extingue hasta el punto de no poder ser reavivada su llama en absoluto. Procura prestar atención precisamente a eso que va contra la razón, porque si la conciencia del error se marcha, ¿qué motivo hay para vivir?
 7.25 Todo cuanto ves lo cambiará ya mismo la naturaleza que gobierna todo y hará otras cosas a partir de su substancia y otras distintas de nuevo a partir de la substancia de éstas para que el universo esté siempre recién hecho.
 7.26 Cuando alguien yerre contra ti, al punto medita que ha errado por sus supuestos sobre qué es bueno y qué es malo. Pues al considerar eso te compadecerás de él, no te sorprenderás ni te encolerizarás. En efecto, o bien también tú supones que es bueno lo mismo que él o alguna otra cosa similar, por tanto hay que perdonar; o bien, si no supones que tales cosas sean buenas y malas, podrás tener buen ánimo más fácilmente con quien está confundido.
 7.27 No reflexiones en los bienes ausentes como ya presentes, sino selecciona de los que están a tu lado los de mejor augurio y evoca a través de ellos cómo los perseguirías de no estarlo. Sin embargo, al mismo tiempo, por complacencia en ellos guárdate de acostumbrarte a valorarlos en exceso hasta el punto de que si alguna vez no estuvieran a tu lado te sintieras perturbado.
 7.28 Recógete en ti mismo. Tiene el principio rector la naturaleza de bastarse él solo si actúa con justicia y gracias a eso mantiene la serenidad.
 7.29 Elimina la representación. Detén los hilos de la marioneta. Delimita el tiempo al presente. Reconoce lo que te ocurre a ti o a otro. Distingue y divide el objeto entre lo que es causa y lo que es materia. Reflexiona en la última hora. El error de aquel déjalo allí, donde surgió el error.
 7.30 Tensa la comprensión paralelamente a lo que se dice. Penetra con la mente en los sucesos y en las acciones.
 7.31 Irradia sencillez, vergüenza, sin distinguir entre el medio de la virtud y el de la maldad. Ama el género humano. Sigue a dios.
 Dice él: »Todo es por convención, sólo son de verdad los elementos«[340]. Basta con recordar que todo es por convención.
 7.32 Si átomos, disgregación; si unificación, extinción o transformación[341].
 7.33 Lo intolerable te mata, lo que dura tiempo es tolerable[342]. La reflexión, si lo asume, preserva su propia tranquilidad y el principio rector no se debilita. Las partes dañadas por el dolor si pueden algo que lo demuestren con relación a él.
 7.34 Observa sus reflexiones[343], cuáles son, de qué huyen y qué persiguen. Como las dunas al depositarse unas sobre otras tapan las primeras, así también en la vida lo primero queda tapado rápidamente por lo que se deposita encima.
 7.35 »A quien dispone de una reflexión elevada y una visión de todo el tiempo y de toda la substancia, ¿crees que la vida humana le parece que sea algo grande?« »Imposible«, dijo él. »Por tanto tampoco pensará que la muerte es algo terrible.« »Ni mucho menos«[344].
 7.36 »Propio de un rey es actuar rectamente y tener mala fama«[345].
 7.37 Es vergonzoso que el aspecto externo esté sometido a obediencia y reciba refinamientos y adornos según las órdenes de la reflexión, al tiempo que ésta no recibe sus propios refinamientos y adornos.
 7.38 »No hay que enfurecerse con las cosas / porque a ellas nada les importa«[346].
 7.39 Ojalá des alegrías a los inmortales y a nosotros[347].
 7.40 »Cosecha la vida como espiga fructífera / y que éste sea y ése no«[348].
 7.41 »Si fui abandonada yo y mis dos hijos por los dioses / incluso eso tiene su razón«[349].
 7.42 »El bien está conmigo y la justicia«[350].
 7.43 »Ni entones el treno, ni tengas palpitaciones«[351].
 7.44 »Yo replicaría con este razonamiento justo: “No dices bien, hombre, si crees que es necesario que el hombre estime como peligro vivir o morir, cosa que es de poca utilidad, y sin embargo no considere esto sólo, si cuando actúa sus acciones son justas o injustas, si son de un hombre bueno o de uno malo”«[352].
 7.45 »Así es en verdad, atenienses, allí donde uno se coloca por pensar que es el mejor o donde lo coloca el arconte, allí, según me parece, es necesario aguantar el peligro sin tener en cuenta ni la muerte ni ninguna otra cosa que no sea el deshonor«.
 7.46 »Querido, vigila, no sea que resulte noble y bueno algo distinto a mantener o mantenerse vivo. No sea que el hombre de verdad deba ser indiferente a eso, vivir el mayor tiempo, y no deba amar sólo la vida. Debe dejarlo en manos de los dioses y creer a las mujeres aquello de que nadie podría huir de su destino; según eso debe considerar de qué manera puede vivir mejor la vida que tenga que vivir«[354].
 7.47 Contempla los desplazamientos de los astros como si giraras con ellos y reflexiona sobre las transformaciones mutuas y continuas de los elementos. Estas representaciones nos purifican de la porquería de la vida terrestre.
 7.48 Desde luego que cuando se hacen discursos sobre los hombres hay que contemplar las cosas de la tierra como desde arriba: rebaños, ejércitos, tierras labradas, bodas, divorcios, nacimientos, muertes, jaleo de los tribunales, desiertos, variados pueblos bárbaros, fiestas, lamentos fúnebres, mercados; mezcolanza y orden universal a partir de sus contrarios.
 7.49 Observa otra vez lo que fue antes, los cambios tan abundantes de lo que es. Se puede también prever el futuro. Pues será en todo parecido y no es posible que se salga del ritmo de lo que ahora mismo sucede. De ahí que sea lo mismo hacer la historia de la vida humana de cuarenta años que la de diez mil. ¿Qué más podrás ver?
 7.50 También: »Las que crecieron de la tierra vuelven a la tierra, / las especies que brotan desde el firmamento / vuelven de nuevo a la bóveda celeste«[355].
 7.51 También: »Con grano, con bebidas, con encantamientos / desvían el curso para no morir[356]. »Hay que soportar el viento de los dioses / y sus trabajos sin queja«[357].
 7.52 »Más hábil en el combate«[358], pero no más comunitario, ni más decente, ni mejor disciplinado en los sucesos ni más condescendiente con las confusiones del prójimo.
 7.53 Cuando se puede concluir la tarea según la razón común a dioses y hombres, entonces nada es terrible, porque cuando es posible conseguir beneficio a través de una actuación bien encaminada y que avanza conforme a nuestra constitución, entonces no hay que sospechar de ningún perjuicio.
 7.54 En cualquier lugar y permanentemente en tu mano está complacerte piadosamente con la circunstancia del momento, comportarte con los hombres del momento con justicia y tratar con artificio la representación del momento para que no te penetre sin control.
 7.55 No pasees tu mirada por los principios rectores ajenos, al contrario, dirígela recta allí donde te guía la naturaleza, la del todo a través de lo que te sucede y la tuya a través de tus deberes. Es deber de cada uno lo que está en línea con su constitución. Están constituidos los restantes seres en función de los racionales (en cualquier circunstancia los débiles lo están en función de los fuertes) y los racionales lo están unos en función de otros. En la constitución del hombre el deber preponderante es el bien común; el segundo es no ceder ante las pasiones corporales, porque es propio del movimiento racional e inteligente marcar sus confines y no dejarse vencer por el movimiento sensorial o impulsivo; estos dos movimientos son propios de animales, pero frente a ellos quiere ser preponderante y no resultar inferior el inteligente, que con justicia es por naturaleza quien los utiliza. El tercer deber para la constitución racional es no precipitarse ni dejarse engañar. Que el principio rector agarrado a estos principios progrese recto y tenga lo que le es propio.
 7.56 Como muerto ya, tras haber vivido hasta este instante, tienes en adelante que vivir el exceso conforme a la naturaleza.
 7.57 Desea sólo lo que te suceda y esté entrelazado como destino. ¿Qué hay más armonioso?
 7.58 Ante cada suceso pon ante tus ojos a aquellos a los que les sucedió lo mismo, después se atormentaron, se extrañaron, se quejaron. Y ahora, ¿dónde están? En ningún sitio. Entonces, ¿qué? ¿Tú quieres lo mismo? ¿No quieres dejar los cambios de humor ajenos a quienes cambian y se dejan cambiar, y tú, por tu parte, dedicarte por completo a cómo enfrentar los sucesos? Los enfrentarás bien y te servirán de materia[359]. Basta con poner tu atención y deseo en ser bueno contigo mismo en cualquier cosa que hagas. Recuerda estas dos cosas que... y que no es indiferente en qué situación[360].
 7.59 Excava dentro. Dentro está la fuente del bien que puede siempre borbotar de nuevo mientras excaves.
 7.60 Es preciso que el cuerpo esté compacto y no caído a pedazos, ni en movimiento ni en reposo. Igual que la reflexión vigila que aparezca en la cara una expresión inteligente y agradable, lo mismo hay que exigir en lo que toca a todo el cuerpo. Todo eso hay que mantenerlo sin afectación.
 7.61 El arte de vivir es más parecido al de la lucha que al de la danza en la medida que, ante lo que le cae a uno de improviso, hay que mantenerse preparado y sin caerse.
 7.62 Constantemente presta atención a quiénes son esos a los que quieres de testigos y qué principios rectores tienen. Pues no censurarás a los que tropiecen contra su voluntad y no precisarás de su testimonio aprobador, si miras las fuentes de su juicio y de su impulso.
 7.63 Afirma[361] que toda alma se priva de la verdad contra su voluntad. De igual forma también, por tanto, de la justicia, la prudencia, benevolencia, y todo lo semejante. Es de todo punto necesario recordar esto sin interrupción. Pues serás más condescendiente con todos.
 7.64 Ante cualquier sufrimiento ten a mano lo siguiente: no es algo vergonzoso ni hace a la reflexión gobernante peor. Pues, ni en cuanto racional ni en cuanto comunitaria, la corrompe. Desde luego, ante la mayoría de los sufrimientos te será de ayuda el dicho de Epicuro: »ni es insoportable ni es eterno si recuerdas sus límites y no haces conjeturas«[362]. Acuérdate también de que no prestamos atención a muchos males difíciles de sobrellevar que son iguales al sufrimiento, por ejemplo, dar cabezadas, arder de calor, carecer de apetito. Así pues, cuando estés disgustado con algo así, dite que cedes al sufrimiento.
7.65 ‘Vigila para que no te pase frente a hombres insociables lo mismo que les pasa a los hombres frente a los hombres[363].
 7.66 ¿Por qué podemos saber que Telauges[364] no fue superior a Sócrates en su disposición? No es suficiente que Sócrates muriera de forma más honorable o dialogara con los sofistas de forma más habilidosa o pasara la noche con mucha fortaleza en el hielo[365] o, cuando recibió la orden de conducir al de Salamina, le pareciera más noble oponerse[366] o caminara altanero[367], cosa sobre la que uno podría desconfiar sobre si fue verdad. Por el contrario, hay que considerar qué alma tenía Sócrates y si podía bastarle con ser justo con los hombres, virtuoso con los dioses, no irritarse con el mal, ni esclavizarse por ignorancia de algo, ni aceptar nada de lo asignado por el todo como extraño o soportarlo como intolerable, y no propiciar que la inteligencia fuera partícipe de los sentimientos de la carne.
 7.67 La naturaleza no te amalgamó en un compuesto[368] hasta el punto de que no aspiraras a marcar tus confines y a tener tus propios asuntos bajo tu control. Pues es muy posible llegar a ser un hombre divino y no ser reconocido como tal por nadie[369]. Acuérdate de esto y de lo siguiente, que de poquísimas cosas depende tener una vida feliz. Y por haber desesperado de llegar a ser filósofo dialéctico y naturalista, por eso no renuncies a ser libre, decente, comunitario, dócil ante dios.
 7.68 Pasa la vida sin congojas en el mayor júbilo aunque todos te vociferen lo que quieran, aunque las fieras descuarticen los miembros insignificantes de la mezcolanza solidificada de tu cuerpo. ¿Qué impide en todas esas situaciones que se mantenga a salvo la reflexión con tranquilidad, con juicio verdadero sobre los acontecimientos, con tratamiento adecuado de lo sometido a consideración? De tal forma que el juicio diga al acontecimiento: »eres así en substancia, aunque aparentes ser distinto en apariencia«, y que el tratamiento diga al suceso: »te estaba buscando porque el suceso presente es materia para la virtud racional, social y, en general, para el oficio de un hombre que se equipara a dios«, puesto que todo acontecer, sea obra de dioses o de hombres, se asimila y no es ni nuevo ni difícil de tener entre manos, sino conocido y fácil de trabajar.
 7.69 La perfección del carácter supone que cada día transcurra como el último, sin palpitos, sin cabezadas, sin actuaciones teatrales.
 7.70 Los dioses, que son inmortales, no se irritan por tener que soportar en tanta eternidad enteramente siempre a los hombres a pesar de que son tan ruines y de que son tantos. Por añadidura cuidan de ellos de todas las formas. ¿Tú, que estás a punto de terminar ya, renuncias, cuando eres uno de los ruines?
 7.71 Es ridículo no evitar la propia maldad, cosa que es posible, e intentar, por el contrario, evitar la ajena, cosa que es imposible.
 7.72 Aquello que averigüe la facultad racional y social, si no es ni inteligente ni comunitario, en buena razón es un juicio que está por debajo de ella.
7.73 Cuando tú has actuado bien y los demás han salido bien parados, ¿por qué buscas, además de eso, en tercer lugar, como hacen los mentecatos, parecer que has actuado bien o conseguir recompensa?
 7.74 Nadie se cansa de beneficiarse. El beneficio es un comportamiento natural. No te canses de beneficiarte mientras tú beneficies.
 7.75 La naturaleza del todo impulsó la creación del universo. Ahora ya, o todo lo que ha llegado a ser lo es por derivación, o son muy escasas y decisivas las cosas para las que el principio rector del universo hace actuar su propio impulso. Si lo recuerdas te hará más tranquilo en muchos casos.
LIBRO VIII
8.1 Te lleva también a no vanagloriarte el hecho de que ya no te es posible haber vivido toda tu vida, o desde la juventud al menos, como filósofo, sino que se ha hecho evidente, a muchos otros y a ti mismo, que estás lejos de la filosofía. Te has confundido, por tanto, y así no te es fácil ya adquirir la fama del filósofo y se te enfrenta incluso el supuesto previo. Si has visto verdaderamente dónde está el asunto deja a un lado qué se opinará de ti. Que te sea suficiente si, en lo que te resta de vida, vives precisamente como quiere tu naturaleza que lo hagas. Reflexiona, por tanto, sobre qué quiere y que nada más te distraiga, porque ya lo has intentado y después de muchos descarríos nunca hallaste el vivir bien: ni en los razonamientos lógicos, ni en la riqueza, ni en la fama, ni en el disfrute, nada en absoluto. ¿Dónde está, pues? En hacer lo que persigue la naturaleza del hombre. ¿Cómo lo harás? Si tienes convicciones desde las que iniciar tus impulsos y tus acciones. ¿Qué convicciones? Las que versan sobre lo bueno y lo malo: no existe bien para el hombre que no lo haga justo, prudente, viril, liberal; ni existe mal que no provoque lo contrario de lo dicho.
 8.2 En cada acción pregúntate: ¿cómo es en lo que me atañe?, ¿no me arrepentiré por ella? Un poco más y estoy muerto, y todo fuera. ¿Qué más persigo, si la tarea presente es propia de un animal reflexivo, comunitario y con reglas propias de dios?
 8.3 ¿Alejandro, Cayo César, Pompeyo qué son en relación con Diógenes, Heráclito y Sócrates? Éstos vieron los asuntos, sus causas y sus materias, y sus principios rectores fueron independientes. Aquéllos, ¡en qué cosas fueron privilegiados! y ¡en cuántas esclavos!
 8.4 Aunque revientes, harán lo mismo, nada en menor grado.
 8.5 En primer lugar, no te turbes: todas las cosas son según la naturaleza del todo y en poco tiempo serás nadie en ningún sitio, como tampoco son ya Adriano, ni Augusto. A continuación, después de escudriñar en este asunto y recordar a un tiempo que debes ser un hombre bueno y qué te pide a cambio la naturaleza del hombre, realízalo sin darte media vuelta y de la forma que te parezca más justa, con tal de que sea con amabilidad, con decencia y sin fingimiento.
 8.6 La naturaleza del todo ejerce la función de trasladar lo que está aquí allí, cambiarlo, sacarlo de aquí y llevarlo allí. Todo son variaciones, pero no tales que haya que temer que algo sea nuevo. Todo es rutinario.
 8.7 Le basta a toda naturaleza con avanzar por buen camino. Avanza por buen camino la naturaleza racional que en sus representaciones no se acompasa con lo falso y poco claro, que endereza sus impulsos sólo a tareas comunitarias, que provoca apetitos y rechazos sólo de aquello que está en nuestra mano y que se conforma con todo lo asignado por la naturaleza común. En efecto, es una parte de ella, como la naturaleza de la hoja lo es de la de la planta; con la diferencia de que en ese caso la naturaleza de la hoja es parte de una naturaleza insensible, irracional y que puede verse obstaculizada, mientras que la del hombre es parte de una naturaleza que no puede ser obstaculizada, que es inteligente y justa, si es que establece divisiones de las duraciones, de la substancia, de la causa, de la actividad, de lo que ocurre a cada persona, proporcionales y según la valía. Pero también son equilibrados los repartos[370]. Ahora bien, considera que no vas a encontrar correspondencia de una cosa equilibrada con esta otra en todo, sino globalmente entre la totalidad de esto frente al conjunto de aquello.
 8.8 No te es posible leer, pero sí lo es contener la soberbia, sí lo es ser superior a los placeres y a los sufrimientos, sí lo es estar por encima de la honrilla, sí lo es no tener mal humor con los desconsiderados y desagradecidos, aún más cuidar de ellos.
 8.9 Que nadie te escuche censurar la vida en la corte, ni siquiera tú mismo.
 8.10 El arrepentimiento es cierta reprobación a uno mismo por haber dejado pasar algo útil. Lo útil debe ser algo bueno por lo que tiene que preocuparse una bella y buena persona. Ninguna bella y buena persona se arrepentiría por haber dejado pasar un placer; el placer, por tanto, no es algo útil ni bueno.
 8.11 Esa cosa, ¿qué es por sí misma en su constitución particular? ¿Qué es lo substancial en ella?, ¿qué es lo material?, ¿qué es lo causal?, ¿qué hace en el universo?, ¿cuánto tiempo persiste?
 8.12 Cuando te despiertas desganado del sueño recuerda que es propio de tu constitución y de la naturaleza humana prodigar acciones comunitarias, mientras que dormir es algo compartido también por animales irracionales. Lo que es propio de la naturaleza de cada uno eso le es más familiar, más connatural y también más agradable.
 8.13 Sin interrupción y ante cada representación, en lo posible, haz filosofía natural, estudia tus sentimientos, practica la dialéctica[371].
 8.14 Cuando te topes con alguien, proclama para tus adentros: ¿qué convicciones tiene ése sobre el bien y el mal? Porque si sobre el placer, el sufrimiento y lo que los provoca, y sobre la fama, mala fama, muerte, vida tiene unas convicciones de tal tipo, no me parecerá extraño o raro si actúa de tal forma y tendré que acordarme de que se ve obligado a actuar así.
 8.15 Recuerda que es igual de vergonzoso extrañarse de que la higuera produzca higos como de que el universo produzca eso de lo que es portador. También es vergonzoso que el médico o el capitán se extrañen de que tal paciente esté con fiebre o de que haya viento de proa[372].
 8.16 Recuerda que es un comportamiento libre por igual tanto cambiar de opinión como obedecer al que te corrige. Tuya es la actuación y se cumple según tu impulso y tu juicio, pero también, desde luego, según una reflexión que es la tuya.
 8.17 Si depende de ti, ¿por qué lo haces? Pero si depende de otro, ¿a quién censuras? ¿A los átomos o a los dioses?[373]. Tanto lo uno como lo otro es de locos. No hay que censurar a nadie. En efecto, si puedes, corrígelo. Si no lo puedes, corrige, al menos, el hecho en sí. Si eso tampoco, ¿con qué fin conviene censurar? Porque nada debe hacerse al azar.
 8.18 Lo que muere no cae fuera del universo. Si permanece aquí, también se transforma aquí y se descompone en los elementos del universo. Y éstos se transforman y no murmuran.
 8.19 Cada cosa ha nacido para algo, el caballo, la viña. ¿De qué te sorprendes? También el sol podrá decir: »he nacido para algo«, como los demás dioses. Tú, entonces, ¿para qué? ¿Para complacerte? Mira si esa reflexión aguanta.
 8.20 La naturaleza no tiene menos marcada para cada cosa su extinción que su principio o su transcurso, igual que el que tira la pelota. ¿Qué bien hay para la pelota cuando sube o mal cuando baja o cuando cae? ¿Qué bien para la pompa cuando se forma o qué mal cuando se deshace? Lo mismo también con relación a la lámpara[374].
 8.21 Vuélvelo del revés y mira cómo es, cómo se hace al envejecer, enfermar, sufrir. Tiene la vida corta tanto el que elogia como el elogiado, tanto el que recuerda como el recordado. Es más, ni siquiera aquí, en un rincón de esta región, todos concuerdan, ni uno mismo consigo. Y toda la tierra es un punto.
 8.22 Presta atención a lo que te ocupa, sea actuación, opinión, o significado. Te pasa eso con justicia ya que prefieres hacerte bueno mañana a serlo hoy.
 8.23 ¿Hago algo? Lo hago en referencia al bienestar de los hombres. ¿Me ocurre algo? Lo acepto en referencia a los dioses y a la fuente de todas las cosas por la que todo lo que sucede se entrelaza.
 8.24 Tal como se te representa el baño: aceite, sudor, porquería, agua pringosa; todo repugnante; así es cualquier fragmento de la vida y todo lo que nos rodea.
 8.25 Lucila[375] [enterró] a Vero[376], después Lucila [fue enterrada]. Segunda[377] a Máximo[378], después Segunda. Epitíncano[379] a Diotimo[380], después Epitíncano. A Faustina[381] Antonino, después Antonino. Así todo. Céler[382] a Adriano[383], después Céler. ¿Dónde están aquellos los agudos que presagiaban o se pavoneaban como Cárax[384], Demetrio[385] el platónico, Eudemón[386]? Todo es flor de un día y está muerto hace tiempo. Algunos no son recordados ni durante un poco, otros se transformaron en leyendas, otros ya también se marchitaron en su leyenda. Así pues, acuérdate de ellos y de que será necesario que se disgregue tu compuesto, o que se apague tu hálito[387], o que se traslade y recomponga en otro lugar.
 8.26 Satisfacción para el hombre es hacer lo propio del hombre. Propio del hombre es la benevolencia para lo connatural, el desprecio a las incitaciones sensoriales, la diferenciación entre las representaciones convincentes, la contemplación de la naturaleza del todo y de lo que surge según ella.
 8.27 Tres son las relaciones. Una con el recipiente[388] que nos contiene, otra con la causa divina a partir de la cual suceden a todos todas las cosas y otra con quienes convivimos.
 8.28 El sufrimiento, o bien es un mal para el cuerpo (por tanto, que éste lo proclame), o lo es para el alma, a la que es posible preservar su propia serenidad y calma, y no suponer que es un mal. Cualquier juicio, impulso, apetito y rechazo están dentro y ahí no penetra ningún mal.
 8.29 Elimina continuamente las representaciones diciéndote a ti mismo: »Ahora está en mi mano que en esta alma no haya ninguna maldad, ni anhelo, ni en general ninguna turbación. Al contrario, gracias a observar cómo son todas las cosas, trato cada una según su valía.« Recuerda esta posibilidad.
 8.30 Conversa naturalmente tanto en el Senado como ante cualquiera, con orden, sin lucirte. Usa un discurso sano.
 8.31 La corte de Augusto, su mujer[389], su hija[390], sus descendientes, sus progenitores, su hermana[391]. Agripa[392], sus parientes, familiares, amigos. Ario[393], Mecenas[394], médicos, sacerdotes. Muerte para toda esa corte. Después repasa las otras cortes y su muerte, después la muerte de ciudades completas, como Pompeya[395], y no la de un hombre tras otro. Ten en cuenta también aquello que se inscribe en los monumentos funerarios: »Último de su linaje«, cuántos trabajos sus antecesores para dejar a un sucesor, y luego es forzoso que alguno sea el último. Aquí otra vez la muerte de todo un linaje.
 8.32 La vida debe organizarse acción por acción y si cada acción consigue lo suyo en lo posible, conformarse. Que consiga lo suyo nadie te puede impedir. »Pero se entrometerá algo externo.« Nada en lo que se actúe con justicia, con prudencia, con razón. Pero quizá alguna otra acción posible resultará impedida; sin embargo, con sentirte satisfecho frente al propio impedimento y cambiar con buen ánimo a lo que se te ofrece, al punto otra acción toma su lugar que sea acorde con la organización que es el tema de este razonamiento.
 8.33 Recoge sin delirio de grandezas, despréndete con desapego.
 8.34 Si alguna vez viste una mano amputada, un pie, una cabeza cortada tirada lejos del resto del cuerpo..., pues en algo parecido se convierte uno mismo, en lo que de él depende, quien por no aceptar los sucesos se escinde a sí mismo en dos, o quien actúa en contra del común. Te quedaste apartado en algún momento de la unidad natural, porque por naturaleza eras parte y ahora te mutilaste tú mismo. Pero la cosa es hasta tal punto sutil que puedes de nuevo reunificarte tú mismo. Dios no le concedió a ninguna otra parte que pudiera reunirse de nuevo tras haberse separado y ser amputada. Observa la bondad con la que honró al hombre: para empezar, a fin de que no se fragmentara separándose del todo, le otorgó que dependiera de él, que una vez fragmentado, se juntara de nuevo, se concertara y retomara su función como parte.
 8.35 Igual que las demás facultades se las asigna a cada ser racional la naturaleza de los racionales[396], así también la siguiente la hemos tomado de ella: de la misma manera que la naturaleza todo lo que se entromete y va en su contra lo cambia de dirección, lo recoloca dentro de lo destinado y lo hace parte de ella, así también el animal racional puede transformar todo impedimento en su propia materia[397] y usarlo para aquello que se hubiera propuesto.
 8.36 Que no te confunda el hecho de representarte toda tu vida. No reflexiones conjuntamente sobre cuáles y cuántos pesares hay que esperar que se producirán, por el contrario, ante cada uno de los presentes interrógate sobre qué es lo intolerable e insoportable en esta tarea. En efecto, te sentirás avergonzado de reconocerlo. Después acuérdate de que no te pesa ni el futuro ni el pasado, sino siempre el presente. Y ése se empequeñece si tan sólo lo confinas y refutas a la reflexión si no es capaz de enfrentarse al presente sin más.
 8.37 ¿Acaso Pantea[398] o Pérgamo[399] están sentados junto a la urna fúnebre de Vero? ¿Y qué? ¿Acaso Cabrias o Diotimo[400] junto a la de Adriano? Es ridículo. ¿Y qué? Si estuvieran sentados, ¿se iban a enterar los muertos? ¿Y qué? Si se enterasen, ¿se iban a alegrar? ¿Y qué? Si se alegraban, ¿iban a ser ellos inmortales? ¿No les concedió el destino también a ellos llegar a viejas y viejos primero y luego morir? Entonces, ¿qué iban a hacer ellos, una vez muertos los otros?
 8.38 Hiede todo eso y es sangre sucia empaquetada[401]. Si puedes mirar con agudeza, mira.
 8.39 Juzgando con los más sabios, dice[402], no veo virtud que oponga resistencia a la justicia en la constitución del animal racional. Pero sí veo el dominio sobre el placer.
 8.40 Si suprimes tu suposición sobre lo que te parece que te entristece, tú mismo te has colocado en lo más seguro. »¿Quién es tú mismo?« Es la razón. »Pero yo no soy razón.« Sea. Entonces que la razón no se entristezca a sí misma. Si alguna otra cosa te va mal, que eso mismo haga sus propias suposiciones.
 8.41 Un obstáculo para la percepción sensorial es un mal para la naturaleza animal. Un obstáculo para el impulso es igualmente un mal para la naturaleza animal. Existe además otro tipo de obstáculo que es malo también para la constitución vegetal. Por tanto, de igual forma, un obstáculo para la inteligencia es malo para la naturaleza inteligente. Aplícate todas esas cosas a ti mismo. ¿Te afectan el sufrimiento, el placer? La percepción sabrá. ¿Se produjo una intromisión en tu impulso? Si tu impulso es sin reserva[403] ya es como un mal de lo racional. Pero si comprendes con antelación el impedimento, ya no te verás perjudicado, ni obstaculizado. Aunque de hecho, ningún otro suele obstaculizar lo privativo de la reflexión, porque no le afecta ni el fuego, ni el hierro, ni el tirano, ni la injuria, ni nada. Cuando llega a ser una pelota redondeada[404], permanece quieta.
 8.42 No merezco entristecerme a mí mismo, puesto que tampoco entristecí a otro voluntariamente.
 8.43 Uno se alegra con una cosa, otro con otra. Yo, si mantengo sano el principio rector, sin darme media vuelta ante ningún hombre ni ante nada de lo que sucede a los hombres, sino que miro todo con ojos benévolos y lo acepto, y trato a cada uno según su valía.
 8.44 Mira, éste es el momento para complacerte tú mismo. Quienes persiguen en mayor medida su reputación postrera no se dan cuenta de que aquellos que vivan después serán otros parecidos a como son estos que les producen pesares: también aquellos serán mortales. En una palabra, ¿qué más te da que el eco de sus palabras sea discordante o se formen tal tipo de suposición sobre ti?
 8.45 Levántame y tírame donde quieras[405]. Porque allí mi espíritu divino lo mantendré propicio, es decir, conforme, si va a poder ser y actuar consistentemente según su propia constitución. ¿Acaso algo merece provocar que el alma esté mal y por debajo de su propio valor, por humillarse, lamentarse, hundirse, amedrentarse? ¿Qué encontrarás que se merezca eso?
 8.46 A ningún hombre puede sucederle nada que no sea accidente propio de un hombre, ni a una vaca lo que no sea propio de una vaca, ni a una viña lo que no sea propio de una viña, ni a una piedra lo que no es propio de una piedra[406]. Entonces, ¿si a cada uno le sucede lo que está en su costumbre y su naturaleza, por qué te irritarías? En efecto, la naturaleza común no iba a soportar nada insoportable para ti.
 8.47 Si te entristeces con algo externo, no es eso lo que te apesadumbra, sino tu dictamen sobre eso. Está en tu mano eliminarlo ya. Si te entristece algo de tu constitución, ¿quién te impide rectificar esa creencia? Lo mismo, si te entristece no realizar una cosa determinada que te parece sana, ¿por qué no realizas más, mejor que entristecerte? »Sí, pero se interpone algo que es más fuerte.« Entonces, no te entristezcas porque no depende de ti la causa de que no se realice. »Sí, pero no merece la pena vivir sin realizar eso.« Entonces despídete de la vida con buen ánimo, como muere el que sí realiza, y propicio con los que se interponen.
 8.48 Recuerda que el principio rector se hace invencible cuando replegado sobre sí está satisfecho de no hacer lo que no quiere, incluso si sin razonar se dispone a dar batalla. ¿Qué ocurrirá, entonces, cuando juzga sobre algo tras considerarlo con detalle? Por eso es la reflexión libre de pasiones una fortaleza. En efecto, el hombre no dispone de nada más firme donde refugiarse y ser en adelante inasequible. Así pues el que no ha visto eso es ignorante, mientras que el que sí lo ha visto y no se refugia es un desgraciado inexpugnable.
 8.49 No te digas tú mismo nada más que lo que te anuncien las representaciones precedentes[407]. Se te ha anunciado que fulano habla mal de ti. Eso es lo que se ha anunciado. No se te ha anunciado que te veas perjudicado. Veo que el niñito está enfermo. Lo veo, pero no veo que esté en peligro. Por tanto, quédate así siempre en las primeras representaciones y no añadas nada de tu cosecha, con eso nada te sucede. Mejor, añade como conocedor de cada una de las cosas que ocurren en el universo.
 8.50 Un pepino amargo, tíralo. Zarzas en el camino, apártalas. Basta, no comentes: »¿Por qué surgieron esas cosas en el universo?« Porque se reirá de ti el hombre estudioso de la naturaleza, como se reiría el carpintero o el guarnicionero, por reprenderlos porque ves en su taller virutas y recortes de lo que están fabricando. Sin embargo, éstos tienen dónde tirar esos desechos. La naturaleza del todo no tiene nada externo, y lo admirable de su arte es que, ciñéndose a sus confines, todo lo que está en su interior y parece descomponerse, envejecer y ser inútil lo transforma en ella misma y crea de nuevo otras cosas renovadas a partir de eso para no usar de substancia exterior ni precisar de un lugar donde expulsar lo más descompuesto. Por tanto, se basta con su propio territorio, con su propia materia y con su propio arte.
 8.51 No te arrastres en tus acciones, ni te embrolles en conversaciones, ni vagabundees en representaciones, en una palabra, ni te contraigas en tu alma ni te exaltes, ni dejes sin ocio tu vida.
 Te matan, descuartizan, persiguen con maldiciones. ¿Qué importa eso para que la reflexión permanezca pura, capaz, prudente, justa? Es igual que si uno al lado de una fuente transparente y rica la injuriase: ella no deja de borbotear agua de beber. Aunque le tire uno barro o estiércol, rápidamente los hará desaparecer, se lavará de impurezas y de ninguna forma se contaminará. Entonces, ¿cómo podrás tener una fuente que siempre mane? Si en todo momento te mantienes libre gracias a tener buen ánimo, ser sencillo y decente.
 8.52 El que no sabe qué es el universo no sabe dónde está. El que no sabe para qué ha crecido no sabe quién es. El que deja sin resolver una sola de estas cosas no podría decir ni qué es el universo ni para qué ha crecido. Entonces, ¿cómo te parece que es quien va detrás del ruido de gente que aplaude sin saber ni dónde está ni quién es?
 8.53 ¿Quieres recibir el elogio de un hombre que se maldice a sí mismo tres veces a la hora? ¿Quieres agradar a un hombre que no se agrada a sí mismo? ¿Se agrada a sí mismo quien se arrepiente de casi todas sus acciones?
 8.54 No sólo respires con el aire que te envuelve, sino piensa también con lo inteligente que todo lo envuelve. Pues la propiedad de la inteligencia está expandida y lo empapa todo en beneficio de quien puede absorberla, no menos que la del aire en beneficio de quien puede respirar.
 8.55 La maldad de forma genérica en nada perjudica al universo y parcialmente en nada perjudica a otro, es perjudicial sólo a quien se le otorgó también apartarse de ella en cuanto lo quiera.
 8.56 A mi capacidad de elección le es por igual indiferente la capacidad de elección del prójimo, como también su hálito vital y sus carnes. Incluso si es verdad que, sobre todo, hemos nacido unos por otros, sin embargo los principios rectores, uno por uno, tienen su propia autoridad, porque si no la maldad del prójimo sería mala para mí, cosa que no aprobó el dios, para que no dependiera de otro que yo fuera desafortunado.
 8.57 Aparentemente el sol se derrama y por todas partes se vierte, sin embargo, no se vacía, porque su derrame es expansión[408]. Así, por ejemplo, se dice que sus proyecciones son rayos por expansión. Cómo es un rayo lo podrías ver si contemplaras la luz del sol penetrar en una habitación a oscuras a través de una ranura. Se extiende en línea recta y hace como presión sobre lo sólido que sale a su encuentro y lo separa del aire más allá. Ahí se detiene y no resbala ni cae. Así pues, tiene que ser parecido el derrame y la efusión de la reflexión mental, de ninguna forma vaciamiento, sino expansión; frente a lo que le sale al encuentro no ejerce una presión violenta o rompedora y desde luego que no lo hace caer, por el contrario, se detiene y lo hace brillar si lo acoge, pues el objeto que no la transmita se verá privado de su proyección.
 8.58 Quien teme la muerte, o teme perder la percepción sensorial, o teme una percepción sensorial diferente. Pero si no tienes ya percepción tampoco percibirás ningún mal, y si adquieres una percepción diversa serás un ser diverso y no dejarás de vivir.
 8.59 Los hombres han nacido unos por otros. Por tanto, enseña o aguanta.
 8.60 De una forma vuela el dardo, de otra vuela la inteligencia. Sin embargo, la inteligencia, incluso cuando es precavida y cuando se retuerce en su análisis, en nada vuela menos derecho y sobre su objetivo.
 8.61 Penetra en el principio rector de cada uno y ofrece también a cualquier otro penetrar en tu propio principio rector.
LIBRO IX
9.1 El que es injusto es impío porque la naturaleza del todo ha creado los animales racionales unos por otros, de forma que se beneficien mutuamente según su valía y no se perjudiquen en manera alguna; el que infringe esa decisión es impío con toda claridad contra la más respetable de las divinidades. También el que miente es impío en relación con la misma divinidad porque la naturaleza del todo es la naturaleza de las cosas que son de hecho y éstas guardan intimidad con lo que existe. Además también se la denomina la verdad y es la causa primera de todas las verdades. Por tanto, el que miente voluntariamente es impío, por ser injusto con su engaño; el que lo hace involuntariamente por estar en disonancia con la naturaleza del todo y por ofender su orden con su lucha contra la naturaleza del universo ordenado. En efecto lucha el que se deja llevar contra sí mismo en dirección contraria a la verdad. Pues había obtenido previamente recursos de la naturaleza y, al descuidarlos, no es capaz ya de discernir lo falso de lo verdadero.
 Desde luego, también el que persigue los placeres como bienes y huye de los pesares como males es impío. Necesariamente critica muchas veces a la naturaleza común por haberlos distribuido a ruines y cumplidores en contra de su valía, porque muchas veces los ruines están entre placeres y consiguen lo que los produce, mientras que los cumplidores se topan con el pesar y lo que lo produce. Además el que teme los sufrimientos temerá también alguna vez algo de lo que será en el universo y eso es ya impiedad. El que persigue los placeres no se apartará de cometer injusticia y eso es con toda evidencia impiedad. Es preciso que en relación con lo que la naturaleza es neutra (pues no crearía sufrimientos y placeres si no fuese neutra con unos y otros), en relación con eso, también los que quieren obedecer a la naturaleza se mantengan neutros siendo ecuánimes. Así pues, quien en relación con el sufrimiento y el placer, la muerte y la vida, la fama y la mala fama, con los que la naturaleza tiene un trato neutro, él no es neutro, está claro que es impío[409]. Afirmo que la naturaleza común tiene un trato neutro con esas cosas debido a que ocurren neutramente en una secuencia de sucesos unos tras otros a partir de algún impulso primitivo de la providencia por el que pasó de cierta forma originaria a este ordenamiento, al concebir algunas razones de los hechos futuros y delimitar capacidades generadoras de substancias, cambios y sucesiones de ese tipo.
 9.2 Sería propio de un hombre agraciado marcharse de entre los hombres sin catar la falacia, ni ningún fingimiento, ni molicie, ni delirio de grandezas. Un segundo derrotero es expirar saciado de todo eso. ¿O eliges sentarte con la maldad y ni siquiera tu experiencia te convence de rehuir esa peste? Pues peste es la destrucción de la reflexión mucho más que alguna contaminación pestilente y alteración del aire que fluye en derredor[410]. Pues ésta es la peste de los animales en cuanto son animales, mientras que aquella es la de los hombres en cuanto son hombres.
 9.3 No desprecies la muerte, por el contrario confórmate con ella como si fuera un ser que quiere la naturaleza. Hacerse joven, envejecer, crecer, estar en plenitud, producir dientes, barba, canas, engendrar, estar preñada, parir y todos los procesos naturales que traen las fases de la vida, es lo mismo que la propia descomposición. Ésta es, por tanto, la disposición de un hombre que ha reflexionado bien: no debe tener frente a la muerte una actitud burda, ni impetuosa, ni arrogante, sino esperarla como una de las funciones naturales. Así como esperas en el instante en que sale el retoño del vientre de tu mujer, de esa forma acepta la hora en que tu alma escapará de este estuche. Si quieres también una regla vulgar que toca tu corazón: te hará estar muy apacible con la muerte pararte a pensar en los objetos de los que vas a separarte, y con qué gente ya no se contaminará tu alma. Sus golpes deben afectarte lo menos posible, por el contrario ocúpate de ellos y aguántalos condescendiente, recordando, con todo, que te separarás de hombres que no son de tu misma opinión. Eso es lo único si acaso que te hubiera arrastrado y te hubiera mantenido en el vivir, si te estuviera permitido convivir con los que hubieran desarrollado las mismas creencias. Por el contrario ves que tan grande es el golpe recibido por la disonancia de la convivencia que dices: »Muerte, ojalá vengas rápidamente, no sea que hasta yo mismo me olvide de mí.«
 9.4 El que yerra, yerra contra sí mismo. El que es injusto es malo consigo mismo porque se hace malo a sí mismo.
 9.5 Muchas veces es injusto quien no hace, no sólo quien hace.
 9.6 Basta con la suposición presente si comprende, con la actuación presente si es comunitaria, con la disposición presente si es complaciente frente a cualquier suceso por una causa exterior.
 9.7 Elimina la representación[411]. Detén el impulso. Apaga el apetito. Ten el principio rector bajo su propio mando.
 9.8 Entre los animales irracionales se divide un alma única, entre los racionales se reparte un alma única pensante. De la misma forma que una sola tierra es para todos los terrestres, vemos con una sola luz y respiramos un solo aire todos cuantos pueden ver y son animados.
 9.9 Todo lo que comparte algo común tiende a lo que es de su mismo género afanosamente. Todo lo terrestre se inclina hacia la tierra, todo lo líquido confluye, lo aéreo lo mismo, hasta el punto de exigir a los que intentan separarlos incluso violencia. El fuego se eleva por su forma elemental[412] pero tiene tal disposición a inflamarse aquí abajo con cualquier tipo de fuego que incluso todo lo leñoso que esté algo más seco se inflama fácilmente porque en su mezcla es menos fuerte eso que impide que se inflame. Así pues, también todo lo que participa de una naturaleza inteligente tiende afanosamente a su congénere o incluso más que eso: cuanto superior es en comparación a otros, tanto más dispuesto está a mezclarse y fundirse con su familiar. Así para empezar, entre animales irracionales surgieron enjambres, manadas, cuidados a los polluelos e incluso algo similar a amoríos porque ya eran seres animados y al ser una forma superior se manifestaba la tendencia a reunirse como no se daba entre vegetales, ni entre piedras o leños. Entre los seres racionales hay organizaciones sociales, amistades, familias, asociaciones y en las guerras, pactos y treguas. Entre los que son aún superiores, incluso aunque estén separados, subsiste de alguna manera una unificación, como entre las estrellas. Así la elevación a lo superior es capaz de producir una simpatía incluso si están separados. Considera, por tanto, lo que ahora sucede. Sólo los inteligentes se han olvidado de la tendencia y convergencia de unos hacia otros y pasa desapercibida así la confluencia. Sin embargo, aunque huyan son alcanzados porque la naturaleza es poderosa. Verás lo que digo si observas con atención. Así, por ejemplo, uno podría encontrar más rápidamente algo terrestre sin contacto con lo terrestre que a un hombre despegado del hombre.
 9.10 El hombre, la divinidad, el universo produce su fruto; cada uno en la estación indicada. Si la costumbre le da al término ‘fruto’ como sentido propio el banal que se aplica a la vid y plantas similares, no tiene ninguna importancia. La razón produce un fruto que es común y particular y nacen de él otros semejantes tal y como es la propia razón.
 9.11 Si puedes, refórmalo. Si no, recuerda que te ha sido dada la amabilidad para eso. También los dioses son amables con personas así y colaboran en algunas cosas, en la salud, en la riqueza, en la buena fama. Tan bondadosos son. También a ti te es posible. O dime quién te lo impide.
 9.12 Trabaja no como desgraciado y no por querer compasión o admiración. Desea sólo una cosa, ponerte en movimiento y parar según te pide la razón social.
 9.13 Hoy salí de cualquier aprieto, mejor dicho arrojé cualquier aprieto, porque no estaba por fuera, sino por dentro, en mis suposiciones.
 9.14 Todo eso es cotidiano por la práctica, pero flor de un día por su duración y sucio por su materia. Todo es ahora como era cuando aquellos a los que hemos enterrado.
 9.15 Las cosas exteriores a nuestras puertas se mantienen ellas por sí mismas sin saber nada de sí ni manifestarlo. ¿Quién hace manifestaciones sobre ellas? El principio rector.
 9.16 Lo malo y bueno del animal racional social no está en padecer sino en actuar, como tampoco su virtud y su maldad están en padecer, sino en actuar.
 9.17 Para la piedra arrojada hacia arriba no es nada malo dejarse caer ni nada bueno dejarse elevar.
 9.18 Penetra en el interior hasta los principios rectores y verás qué jueces temes, qué clase de jueces son de sí mismos.
 9.19 Todo está en transformación. También tú mismo estás en continua alteración y en cierto modo destrucción; el universo, por su parte, en su totalidad.
 9.20 El error ajeno hay que dejarlo allí.
 9.21 El cese en una actuación, en un impulso, la pausa y como muerte en una suposición, no son nada malo. Recorte ahora épocas, como la infancia, la adolescencia, la juventud, la vejez: cualquier cambio de una a otra es también muerte. ¿Acaso es algo terrible? Recorte ahora tu vida con tu abuelo, luego con tu madre, luego con tu padre[413]. Si descubres también otras muchas destrucciones, cambios, ceses, pregúntate: »¿Acaso es algo terrible?« Por tanto, el cese, pausa y cambio de toda tu vida tampoco lo es[414].
 9.22 Corre y llega a tu propio principio rector, al del todo y al de éste a tu lado. Al tuyo para hacerlo propicio a la justicia. Al del todo para recordar de qué eres parte. Al de éste para determinar si es ignorancia o inteligencia y al tiempo darte cuenta de que es tu congénere.
 9.23 Igual que tú eres integrante de un conjunto social, que también así cualquier acción tuya se integre en la vida social. La acción que no tenga relación inmediata o lejana con el fin social, ésa despedaza tu vida, no permite que ésta sea una sola y es conflictiva, como el que en un pueblo separa su propia parte de una armonía así formada.
 9.24 Rabietas de niñatos, bromas, espiritillos que llevan cadáveres, de tal forma que se nos ocurra con mayor evidencia lo de la evocación de los muertos[415].
 9.25 Aproxímate a la cualidad de su causa y sin lo material defínela y contémplala[416]. Luego delimita el tiempo que como máximo va a subsistir naturalmente eso con esa cualidad individual.
 9.26 Sobrellevaste diez mil calamidades por no conformarte con que tu principio rector hiciera eso tal y como está constituido. Basta.
 9.27 Cuando otro te critique, te odie o expresen cosas por el estilo, acércate a sus pequeñas almas, recorre su interior y mira cómo son ellos. Verás que no necesitas desencajarte para que formen una opinión cualquiera sobre ti. Sin embargo debes pensar bien de ellos porque por naturaleza son amigos y los dioses los ayudan de varias formas con sueños, adivinaciones, precisamente en eso que les afecta.
 9.28 Así son los ciclos del universo, arriba, abajo, de una eternidad a otra. La reflexión del universo o impulsa cosa a cosa, y si es así, acepta tú su impulso, o impulsó una vez y las restantes son sobrevenidas. ¿Y por qué te pones tenso? De alguna manera, átomos o destino[417]. El todo, si es dios, mantiene bien la totalidad de las cosas, si es el azar, no seas tú también azar.
 La tierra nos cubrirá ya a todos nosotros, después ella cambiará, aquellas cosas cambiarán sin fin y otra vez aquéllas sin fin. Si recapacitas en las fluctuaciones de los cambios y transformaciones, y en su rapidez, despreciarás cualquier cosa mortal.
 9.29 Es un torrente la causa de todo. Todo lo lleva. ¡Qué poco valor tienen los hombrecillos esos metidos en política que actúan, según se cree, como filósofos! Son unos mocosos. ¿Entonces qué?, hombre. Haz lo que la naturaleza te está pidiendo ahora. Emprende si te es dada esa posibilidad y no mires en derredor si alguien lo apreciará. No esperes conseguir el estado platónico, confórmate si se avanza lo más mínimo y reflexiona sobre el resultado de eso mismo, qué cosa tan pequeña es. ¿Alguien podrá cambiar su opinión?[418]. ¿Sin el cambio de opinión qué otra cosa sino servidumbre de hombres quejosos que fingen obedecer? Haz comparecer ahora y hablame de Alejandro, Filipo[419] y Demetrio Palero[420]. Observaré si vieron qué quería la naturaleza y si se instruyeron a sí mismos. Si se comportaron como actores trágicos nadie me ha condenado a imitarlos. La función de la filosofía es sencilla y decente. No me distraigas en solemnidades huecas.
 9.30 Contempla desde arriba los diez mil tropeles, los diez mil ritos, la navegación de todo tipo, en tormentas y en bonanzas, las diferencias entre los que nacen, coexisten, dejan de ser. Reflexiona sobre la vida que vivieron otros antiguamente, la que se vivirá después de ti y la que se vive ahora entre pueblos extraños. También en cuántos ni siquiera conocen tu nombre, en cuántos lo olvidarán rápidamente, en cuántos que quizá ahora lo alaban rápidamente te censurarán. En cómo ni la memoria es digna de consideración ni la fama ni ninguna otra cosa en absoluto.
 9.31 Imperturbabilidad ante lo que sucede por una causa extema, justicia en lo que se ejecuta por una causa que depende de ti. Esto es: impulso y actuación que limitan con la propia acción comunitaria en cuanto propia de tu naturaleza.
 9.32 Muchas cosas superfluas que te molestan puedes suprimirlas, ya que reposan por completo en tu suposición, y te procurarás gran amplitud: abarcar todo el universo en tu pensamiento, englobar el tiempo eterno, considerar el rápido cambio de las cosas en sus partes, qué breve es el tiempo que media entre el nacimiento y la disolución y qué inmenso el anterior al nacimiento que es tan infinito como el de después de la disolución.
 9.33 Todo lo que ves se destruirá rápidamente y los que observen su destrucción también ellos se destruirán. Y el viejo más viejo en el momento de morir se quedará en lo mismo que el que muere a destiempo.
 9.34 ¡Cómo son sus principios rectores: por qué se afanan, qué desean y honran! Considera que estás viendo sus pequeñas almas al desnudo. Cuando creen que perjudican por censurar o que se benefician por halagar, ¡cuánta ilusión!
 9.35 La pérdida no es otra cosa que el cambio, con el que se complace la naturaleza del todo según la cual todo nace, desde la eternidad vienen naciendo los seres de forma parecida y hasta el infinito habrá otros parecidos. Entonces, ¿qué? ¿Vas a decir que todo viene naciendo siempre mal y que no se encontró nunca ninguna fuerza que enderezara eso entre tantos dioses, sino que el universo está condenado a coexistir con males incesantes?
 9.36 Lo que se pudre de la materia subyacente de cada uno es agua, polvo, huesillos, hedor. El mármol son cálculos que sufre la tierra; el oro, la plata, son sedimentos; el vestido son pelos; la púrpura es sangre[421] y todo lo demás es parecido. El pequeño hálito vital es algo por el estilo que procede de eso y que se transforma en eso.
 9.37 Basta ya de esta vida miserable, de refunfuñar y de hacer el mono. ¿Qué te turba? ¿Qué hay de nuevo en eso? ¿Qué te saca de quicio? ¿La causa? Mírala. ¿La materia, acaso? Mírala. Nada hay fuera de ellas. Hazte más sencillo y mejor para con los dioses.
 Es lo mismo estar averiguándolo cien años que tres.
 9.38 Si erró, ahí está el mal, pero quizá no erró.
 9.39 O a partir de una sola fuente inteligente todo viene a coincidir después como si fuera un solo cuerpo y no debe criticar la parte sucesos favorables al todo, o son átomos[422] y no existe nada excepto revoltijo y disgregación. ¿Por qué te perturbas, entonces? Dile al principio rector: »estás muerto, estás destruido, estás animalizado, eres un actor, eres un borrego, paces«.
 9.40 O los dioses no tienen ningún poder o lo tienen. Si no tienen poder, ¿por qué rezas? Si lo tienen, ¿por qué no rezas más para que te concedan no temer nada de eso, no anhelar nada de eso, no entristecerse por nada de eso, mejor que rezar para que esté contigo o deje de estar algo de eso? Pues, en cualquier caso, si pueden colaborar con los hombres también pueden colaborar en eso. Pero quizás dirás: »Los dioses hicieron que eso estuviera en mi mano«. En segundo lugar, ¿no es preferible usar lo que está en tu mano con libertad mejor que sentirte concernido por lo que no lo está con servidumbre y humillación? ¿Quién te dijo que los dioses no cooperan también en lo que está en nuestra mano? Empieza de una vez a rezar por esto y verás. Ése reza: »Ojalá me acueste con aquélla.« Tú: »Ojalá no anhele acostarme con aquélla.« Otro: »Ojalá me vea libre de aquél.« Tú: »Ojalá no desee verme libre de aquél.« Otro: »Ojalá no pierda a mi hijito.« Tú: »Ojalá no tenga miedo de perderlo.« Dale la vuelta así por completo a tus oraciones y estudia qué ocurre.
 9.41 Epicuro[423] dice: »En mi enfermedad no versaban mis encuentros sobre los padecimientos de mi pequeño cuerpo y no charlaba con las visitas de esos temas. Por el contrario seguía en el estudio de los fundamentos de la naturaleza y me dedicaba precisamente a esto, a cómo la reflexión aunque compartiendo tales afecciones de la carne se mantenía imperturbable vigilando su propio bien. No le concedía a los médicos cacarear insolentemente que hicieran algo, sino que llevaba una buena y bella vida.« Lo mismo que él, en la enfermedad y en cualquier otra circunstancia. Es común a cualquier escuela no desistir de la filosofía en sean cuales sean los acontecimientos y no parlotear con profanos que desconocen la ciencia de la naturaleza.
 Dedícate sólo a lo que estás haciendo y al instrumento con que lo haces.
 9.42 Cuanto te ofendes con la desvergüenza de alguien, al punto pregúntate: ¿puede no haber desvergonzados en el universo? No puede. No pidas, por tanto, lo imposible. Ése es también uno de esos desvergonzados que por fuerza hay en el universo. Ten a mano el mismo razonamiento para el que es capaz de cualquier cosa, para el que no es de fiar, para cualquiera que yerre en algo. Al mismo tiempo de acordarte de que es imposible que no exista ese género de tales personas, serás más amable con ellos como individuos. Es muy útil reflexionar también en qué virtud dio la naturaleza al hombre frente a ese error. Dio como antídoto frente al desconsiderado la condescendencia, frente a cada error una facultad correspondiente. En una palabra, te es posible convertir al descarriado. Todo el que comete error yerra la meta propuesta y está descarriado. ¿Por qué te sientes perjudicado? Descubrirás en efecto que ninguno de esos con los que te exasperas ha cometido un hecho de naturaleza tal que haga que tu reflexión sea peor. Tu mal y tu perjuicio tienen ahí todo su fundamento. ¿Qué mal o cosa extraña ocurrió si el no instruido hace lo propio del no instruido? Vigila, no sea que debas mejor acusarte a ti mismo por no haber previsto que ése iba a errar en eso. Pues tú tenías motivos racionales para reflexionar sobre que era de esperar que esa persona errara en eso y, sin embargo, olvidándolo, te extrañas de que haya errado. Especialmente cuando lo censuras por no ser de fiar o por desagradecido, vuélvete a tu interior. Evidentemente, el error es tuyo si confiaste en que quien tenía tal disposición mantendría tu confianza o si cuando le hiciste el favor no lo hiciste desinteresadamente ni de tal forma que recogieras a cambio de inmediato todo el fruto de tu propia acción. ¿Qué más quieres cuando te portas bien con una persona? ¿No te basta con haber actuado según tu propia naturaleza, sino que persigues una recompensa? Es como si el ojo reclamara una compensación por ver o los pies por caminar. Igual que esos órganos han nacido para eso que al actuar según su constitución particular obtienen como provecho propio, así también el hombre, que por naturaleza es benefactor, cuando hace alguna buena acción para la que está constituido obtiene también lo que le es propio.

LIBRO X
10.1 ¿Alma, alguna vez serás buena, sencilla, una y desnuda en definitiva, más evidente que el cuerpo que te rodea? ¿Probarás de una vez el sabor de tu disposición amorosa y afectiva. ¿Estaras alguna vez colmada, sin carencias, sin ansiar nada ni anhelar nada, ni animado ni inanimado, para disfrute de placeres; ni tampoco tiempo en el que puedas conseguir un disfrute mayor; ni la oportunidad favorable de un lugar región, clima; ni la armonía con hombres? ¿Te conformaras con la situación presente y te complacerás con todo lo presente y te convencerás a ti misma de que todas tus circunstancias proceden de los dioses y de que todo está bien y lo estará cuanto les complace y cuanto dan para mantener a salvo un animal[424] perfecto, bueno, justo, bello, que todo lo engendra, lo ensambla, lo rodea, lo acoge en su descomposición para generar otros seres iguales? ¿Serás alguna vez tal que seas capaz de convivir tan en buena sociedad con dioses y hombres que ni los censures ni te condenen?
 10.2 Vigila de cerca qué persigue tu naturaleza, en la medida en que estas solo gobernado por naturaleza[425]. Luego hazlo y acéptalo si no supone empeorar tu naturaleza en cuanto animal. A continuación debes vigilar de cerca qué persigue tu naturaleza en cuanto animal y debes asumirlo en su totalidad si no supone empeorar tu naturaleza en cuanto animal racional. Lo racional es también directamente social. Usa esas reglas y no pierdas tu tiempo en nada.
 10.3 Cualquier suceso o sucede de tal forma que puedes naturalmente soportarlo o de forma que no puedes. Por tanto, si sucede de forma que puedes naturalmente soportarlo, no te irrites y sopórtalo según tu naturaleza; si de forma que no puedes naturalmente soportarlo, no te irrites porque te consumirá antes. Recuerda, sin embargo, que puedes naturalmente soportar todo lo que tu suposición puede hacer que sea soportable y tolerable por la representación de que hacerlo te conviene o es tu deber.
 10.4 Si fracasa, instrúyelo con amabilidad y muéstrale lo que ha descuidado. Si eres incapaz, échate a ti la culpa o ni siquiera a ti.
 10.5 Lo que te puede suceder está dispuesto previamente desde la eternidad. El entrelazamiento de las causas ha entretejido el destino de tu existencia y sus sucesos.
 10.6 Sea átomos o sea naturaleza[426], quede primero sentado que soy una parte del todo gobernada por la naturaleza, en segundo lugar que tengo cierta afinidad con las partes que son mis congéneres. En efecto, si me acuerdo de eso, en cuanto soy parte, no estaré insatisfecho con nada de lo que se me asigna del todo porque nada es perjudicial a la parte si conviene al todo, pues el todo no posee nada que no le convenga. Si todas las naturalezas tienen eso en común y si la del universo, además, no se ve obligada por ninguna causa exterior a generar algo que le sea perjudicial, con recordar que soy parte de un todo así, me conformaré con cualquier suceso resultante y, por ser afín a las partes que son mis congéneres, no haré nada que no sea comunitario, es más, mi meta serán mis congéneres y conduciré cualquier impulso mío a lo conveniente al común y lo apartaré de lo contrario. Si se realiza eso es necesario que la vida fluya próspera como podrías pensar que también fluye próspera la vida de un ciudadano que progresa con actuaciones beneficiosas para los ciudadanos y que se conforma con lo que la ciudad le asigna.
 10.7 Es necesario que las partes del todo[427], me refiero a las que están contenidas en el universo, se destruyan. Quede dicho eso con el significado de que se transforman. Pero, afirmo, si eso es un mal necesario para las partes, al todo no le podría ir bien supuesto que sus partes caminen hacia su transformación y estén constituidas para destruirse. O la propia naturaleza intentó hacer el mal a sus propias partes, crearlas expuestas al mal y con tendencia necesaria a caer en el mal, o no se dio cuenta que tenían esas características. Ninguna de las dos posibilidades es creíble.
 Si alguien, incluso dejando al margen la naturaleza[428], argumentara por la forma en que las partes son por su naturaleza, también resultaría ridículo mantener a un tiempo que las partes del todo se alteran según su naturaleza y extrañarse e irritarse como si sucediera algo contrario a su naturaleza, especialmente, por la descomposición, que genera elementos desde los que se conforma cada cosa. Pues o se produce una disgregación de los elementos a partir de los que se conformó, o un cambio de lo sólido en terrestre y de lo que era hálito en aéreo, de forma que también esos elementos se reintegren en la razón del todo, el cual o desaparece hecho fuego de forma periódica, o se renueva en cambios eternos[429]. Lo sólido y lo propio del hálito no te representes que son los procedentes del nacimiento. Porque todo eso fue ayer o hace dos días que tomó su aporte nutricional a partir de los alimentos y del aire atraído. Eso que tomó lo transforma, no lo que parió la madre. Pero supón que eso te entrelaza por completo a una cualidad individual, que no es nada, creo, frente a lo que ahora se ha afirmado[430].
 10.8 Una vez que te has aplicado los apelativos de ‘bueno’, ‘decente’, ‘verdadero’, ‘de mente prudente’, ‘de mente fraterna’, ‘de mente superior’[431], adhiérete a ellos; no cambies nunca de apelativos ni los corrompas. Regresa a ellos con rapidez. Acuérdate que el apelativo ‘de mente prudente’ para ti significaba pararte a pensar con discernimiento en cada cosa sin ser negligente; ‘de mente fraterna’ la aceptación voluntaria de lo asignado por la naturaleza común; ‘de mente superior’ la elevación de la parte pensante por encima del movimiento suave o brusco de la carne, de la honrilla, de la muerte y de todo eso. Así pues, si mantienes la vigilancia para estar tú con esos apelativos sin ansiar recibir esas apelaciones de otros, serás otro distinto y entrarás en otra vida. Seguir siendo como has sido hasta ahora y dejarse despedazar y envilecerse en una vida así es en exceso propio de alguien sin percepción, apegado a la vida, semejante a los gladiadores devorados a medias por las fieras, quienes llenos de heridas y sanguinolentos exigen ser guardados hasta el día siguiente para que se les pueda arrojar tal y como están a las mismas garras y mordiscos. Embárcate en esos pocos apelativos. Si puedes permanecer sobre ellos, permanece como trasladado a las islas de los bienaventurados. Pero si te das cuenta de que te caes y no tienes pleno dominio, apártate confiado a algún rincón donde adquieras dominio, o también, deja del todo la vida sin encolerizarte, sino con sencillez, con libertad y con decencia, tras haber realizado en la vida, aunque sólo sea eso, dejarla así. Sin embargo, para acordarte de esos apelativos colaborará contigo grandemente recordar a los dioses, que no quieren recibir adulaciones, sino que todo lo racional se les equipare y que la higuera haga lo propio de la higuera, el perro lo propio del perro, la abeja lo propio de la abeja, el hombre lo propio del hombre.
 10.9 Farsa, guerra, pavor, estupor, esclavitud eliminarán a diario de ti todas esas creencias sagradas que sin estudiar la naturaleza te representas y atiendes ceremonioso. Estudia todo y ejecútalo de tal forma que se cumpla lo que agrega la circunstancia al mismo tiempo que se realiza lo que supone la teoría, y que tu suficiencia en el conocimiento de cada cosa se mantenga desapercibida sin taparla. ¿Disfrutarás alguna vez de la sencillez? ¿De la dignidad? ¿Del conocimiento de cada cosa? ¿Qué es en substancia, qué espacio ocupa en el universo, para cuánto tiempo va a subsistir naturalmente, de qué elementos está compuesto, quiénes pueden disponer e él y quiénes pueden entregarlo y quitarlo?
 10.10 La araña que caza a una mosca siente orgullo, otro lo siente por cazar una liebrecilla, otro por pececillos con nasa, otro por cochinillos, otro por osos, otro por sármatas[432]. ¿Acaso no son ellos unos piratas si analizas sus convicciones?
 10.11 Adquiere un método para investigar cómo todo se transforma en todo, aplícate sin interrupción y ejercítate en ese apartado. Nada inspira mayor grandeza de ánimo[433]. Uno ya se desvistió de su cuerpo sólo con la reflexión de en qué poco tiempo le será preciso ya abandonar todo eso y marchar de entre los hombres. Se lanzó por completo a la justicia en sus propias obras y a la naturaleza del todo en sucesos de otro tipo. Lo que pueda decir o suponer alguien de él o hacer contra él, eso ni siquiera lo considera en su inteligencia porque le es suficiente con actuar él mismo con justicia en lo que está ahora realizando y desear lo que le está siendo asignado, y con haber dejado a un lado todas las ocupaciones y empeños. No tiene otro deseo que culminar el camino recto que pasa por la ley e ir tras el dios que lleva hasta el fin de ese camino recto.
 10.12 ¿Qué necesidad hay de conjetura si es posible observar qué debe llevarse a cabo? Si lo comprendes, avanza por ahí sin darte la vuelta; si no lo comprendes, detente y haz uso de los mejores consejeros; si surgen algunos otros impedimentos, sigue adelante razonadamente según los impulsos del momento sin despegarte de lo que parece ser justo. El mayor bien es alcanzar lo justo, puesto que el fracaso es estar lejos de ello. Quien sigue en todo a la razón es alguien disponible y al tiempo rápido en la acción, es radiante y al tiempo tiene compostura.
 10.13 Pregúntate a ti mismo inmediatamente tras despertar del sueño: ¿es que te va a importar que te critique otro en lo que es justo y está bien? No te importará. ¿Es que te vas a olvidar qué mal se comportan en la cama, qué mal en la mesa, quienes cacarean sus elogios y críticas dirigidas a otros?, ¿vas a olvidar qué hacen, qué evitan, qué persiguen, qué roban, qué arrebatan, no con manos y pies, sino con la parte más apreciable de ellos, la que genera, cuando quiere, confianza, vergüenza, verdad, ley, un buen espíritu divino?
 10.14 A la naturaleza que da y quita todo, el instruido y decente le dice: »Dame lo que quieras, recupera lo que quieras.« Lo dice no por ser arrogante, sino sólo con obediencia a su autoridad y con buena disposición hacia ella.
 10.15 Es poco lo que queda. Vive como si estuvieras de viaje. No hay diferencia ninguna entre aquí y allí si uno está en todas partes como en una ciudad que es el universo. Que vean, que investiguen los hombres a un hombre que vive de verdad según la naturaleza. Si no lo soportan, que te maten. Pues es mejor que vivir así.
 10.16 No discutas ya más sobre cómo es el hombre bueno, sino sé tú así.
 10.17 Representación constante sobre toda la eternidad y sobre toda la substancia, y sobre que todas las cosas en sus partes son en relación con la substancia como una semilla de higo y en relación con el tiempo como un giro de barrena.
 10.18 Con relación a cada objeto reflexiona con atención en que ya se está descomponiendo y en que está en proceso de cambio, que es como putrefacción o disgregación, o en qué manera cada cosa ha nacido naturalmente para morir.
 10.19 ¡Cómo son cuando comen, duermen, se aparean, evacúan, y lo demás! Luego, ¡cómo son cuando mandan y se pavonean o cuando se irritan y afrentan en exceso! Y poco antes, ¡con cuántos eran serviles y a cambio de qué! Y poco después estarán entre otros por el estilo.
 10.20 Conviene a cada uno lo que la naturaleza del todo le da a cada uno, y conviene en ese momento en el que ella lo da[434].
 10.21 »La tierra está enamorada de la lluvia«, »y está enamorado el firmamento glorioso«[435]. El universo siente amor por crear aquello que va a nacer. Así pues, le digo al universo que yo amo con él. ¿Acaso es que no se dice así también eso de que »existe la querencia[436] de que ocurra eso«?
 10.22 O vives aquí y ya estás acostumbrado, o te retiras fuera y eso lo querías, o estás muerto y cumpliste con tus deberes. Fuera de esas posibilidades no hay ninguna. Por tanto, ten buen ánimo.
 10.23 Que quede siempre claro que el campo ese es así y que todas las cosas son las mismas aquí que en la cima de la montaña, en la playa o donde quieras. Justo delante encontrarás también lo que dice Platón: »Rodeándose con un cercado en la montaña... y ordeñando ovejas que balan«[437].
 10.24 ¿Qué es para mí mi principio rector?, ¿cómo estoy ahora haciendo que sea y para qué lo estoy usando ahora? ¿No está vacío de inteligencia, no está al margen y desgajado de la participación común, no está soldado y confundido con la carne hasta el punto de que le afecta lo mismo que a ella?
 10.25 Quien huye de su amo es un fugitivo. La ley es amo, quien la infringe también es un fugitivo. Al mismo tiempo, también lo es el que por tristeza, cólera o temor no quiere algo de lo sucedido, de lo que sucede o de lo que sucederá, de lo ordenado por el que gobierna todo, que es la ley que reparte[438] cuanto le toca a cada uno. Entonces, el que siente temor, tristeza o cólera es un fugitivo.
 10.26 Deja uno escapar su semen en la matriz, se aparta y a partir de ahí otra causa se encarga de realizar y completar el feto, ¡cómo es a partir de qué! Igualmente, éste deja escapar alimento por la faringe y a partir de ahí otra causa se encarga de producir sensación, impulso, en conjunto, la vida, la fuerza y todo lo demás, diferente en número y cualidad. Por tanto, estudia esos hechos que suceden con tal ocultamiento y observa su poder del mismo modo como también observamos no con los ojos, pero no de forma menos manifiesta, el poder que hace caer unas cosas y el que hace elevar otras.
 10.27 Reflexiona continuamente sobre cómo todas las cosas, tal y como son ahora, así eran también antes; reflexiona sobre que también lo serán. Represéntate ante tus ojos en su totalidad los dramas y escenas más o menos parecidos, todos los que conociste por tu experiencia o por un testimonio histórico más antiguo, por ejemplo, toda la corte de Adriano, toda la corte de Antonino, toda la corte de Filipo, la de Alejandro, la de Creso[439]. Todo eso era más o menos igual, sólo que con otras gentes.
 10.28 Represéntate que todo el que se entristece o se disgusta sea por lo que sea es igual que el cochinillo que está siendo sacrificado, que patalea y chilla; que es igual también quien se lamenta solo sobre su pequeño lecho en silencio por nuestras ataduras; que sólo le ha sido dado al animal racional acomodarse voluntariamente a los sucesos, porque todos se ven obligados a acomodarse sin más.
 10.29 Particularmente ante cada cosa que haces presta atención y pregúntate si la muerte es algo terrible por el hecho de verse privado de esa cosa.
 10.30 Cuando te ofendes con el error de alguien, al punto cambia de idea y date cuenta de qué error semejante cometes tú. Por ejemplo, juzgar que es bueno el placer o la honrilla, así según cada tipo. Si prestas atención a eso te olvidarás de la cólera cuando se te ocurra paralelamente que es porque se siente obligado y ¿qué puede hacer? Si puedes, quítale lo que le obliga.
 10.31 Cuando veas a Satirón, Eutiques o Himen, represéntate a un socrático, cuando veas a Eufrates, represéntate a Eutiquio o Silvano y cuando veas a Alcifrón represéntate a Tropeóforo. Cuando veas a Jenofonte represéntate a Gritón o Severo[440]. Cuando te veas a ti mismo, represéntate a uno de los cesares, para cada persona haz algo parecido. Luego, que se te ocurra al tiempo: ¿dónde están aquellos? En ningún sitio o en cualquiera. Así contemplarás que las cosas humanas son humo y nada, especialmente si recuerdas que lo que cambia una vez ya no será más en el tiempo infinito. Entonces, ¿por qué te pones tenso? ¿Por qué no te conformas con concluir en orden la travesía de ese breve espacio de tiempo? ¿De qué materia y supuesto huyes? ¿Qué es todo eso excepto ejercicios de la razón que observa con exactitud y estudia la naturaleza de las cosas de la vida? Aguanta hasta que te apropies en tu beneficio también de eso, igual que el estómago sano se apropia de todo, como el fuego que brilla hace llama y resplandor de lo que le tiras.
 10.32 Que nadie pueda afirmar sobre ti diciendo verdad que no eres sencillo o que no eres bueno, por el contrario, que se engañe quien suponga algo de eso sobre ti. Todo esto está en tu mano: ¿quién te va a impedir ser bueno y sencillo? Tú sólo decide que no vas a vivir más si no vas a ser así, pues ni siquiera la razón acepta que no seas así.
 10.33 ¿Qué es lo que a partir de esta materia puede realizarse o decirse de la forma más saludable? Sea lo que sea es posible realizarlo y decirlo. Y no te disculpes con que te ves impedido.
 No dejarás de lamentarte hasta que tengas la sensación de que, igual que es la molicie para los que se deleitan en placeres, eso mismo es para ti hacer lo propio de la constitución del hombre a partir de la materia propuesta o que te cae en suerte. Pues hay que suponer que es disfrute todo lo que se puede ejecutar según la propia naturaleza. Y se puede en cualquier situación. Así, al rodillo no le está dado avanzar por su propio movimiento en cualquier situación, tampoco al fuego ni a las demás cosas gobernadas por una naturaleza o alma irracional, porque es mucho lo que se lo impide y se interpone. Por el contrario, la inteligencia y la razón pueden avanzar tal y como son naturalmente y quieren ante cualquier oposición. No persigas ya nada más, si pones ante tus ojos esa facilidad por la que la razón podrá avanzar en todas las direcciones, como el fuego lo hace hacia arriba, la piedra hacia abajo, el rodillo cuesta abajo. Pues lo restante son obstáculos del cuerpecillo, de lo ya cadáver, u obstáculos que sin la suposición y concesión de la propia razón no rompen nada, ni hacen mal, ni nada en absoluto, puesto que de ser así también se volvería malo al momento el propio hombre que lo sufre. Desde luego que en todas las demás cosas constituidas por partes, si a alguna de ellas le sucede algún mal, por culpa de eso se hace peor la propia cosa que lo sufre. Pero en este caso, si hay que decirlo, incluso se hace mejor el hombre y más digno de alabanza si enfrenta rectamente los acontecimientos. En resumen, recuerda que nada perjudica en su naturaleza al ciudadano que no perjudique a la ciudad, tampoco perjudica a la ciudad lo que no perjudica a la ley y ninguno de los llamados infortunios perjudica a la ley. En definitiva, lo que no perjudica a la ley tampoco a la ciudad ni al ciudadano.
 10.34 Al que ha sentido la mordedura de las convicciones verdaderas le basta también la palabra más breve y más banal para recordarle que no está triste y no tiene temor. Por ejemplo, »De entre las hojas, unas las vierte por tierra el viento / ... así es el linaje de los hombres«[441]. También son hojitas tus hijitos; también son hojitas los que te reclaman a voces convincentemente y los que te alaban, o por el contrario te maldicen, o en secreto te censuran y se mofan de ti; también son hojitas igualmente los que van a transmitir tu fama postrera; porque todos ésos: »Sobrevienen en la estación de la primavera.« Luego el viento las ha tirado por tierra; después otra materia nace en su sustitución. Lo poco duradero es común a todos, pero tú evitas y persigues todo como si fuera a ser eterno. Un poco más y cerrarás los ojos y otro lamentará la muerte del que te entortó.
 10.35 El ojo sano debe ver todo lo visible y no debe decir: »quiero lo verde«, porque eso es propio de un ojo hinchado. El oído y el olfato sanos deben estar dispuestos para todo lo que puede oírse y olerse. El estómago sano debe tener la misma disposición para todos los alimentos como el molino para todo lo que esta constituido para molerse. Así pues, también, la reflexión sana debe estar dispuesta para todos los sucesos. La que diga: »que se salven mis hijitos« y »que todos alaben lo que hago«, es como el ojo que busca lo verde o los dientes que buscan lo mollar.
 10.36 Nadie es tan afortunado que al morir no aparezcan algunos que se alegren del suceso. Si era cumplidor y sabio, en el último momento habrá alguien que diga para sí: »Respiraremos de nuevo sin este maestro reprensor. No tenía un trato difícil con ninguno de nosotros pero me daba cuenta de que en secreto nos reprobaba.« Eso con el cumplidor. En nuestro caso habrá otros muchos motivos por los que sean numerosos los que deseen nuestra marcha. Por tanto, en el momento de morir reflexionarás sobre lo siguiente y te irás más conforme si piensas: »me marcho de esta vida en la que los propios allegados, por los que tanto peleé, recé, me preocupé, precisamente ellos, quieren que me aparte con la esperanza de que puedan encontrar alguna comodidad en ello.« Entonces, ¿por qué se agarraría uno a una estancia aquí más duradera? Sin embargo, por eso no te marches tratándolos con menos amabilidad, sino, manteniendo tu propia costumbre, siendo cariñoso, benévolo, propicio, y no como desgajado. De la forma en que la pequeña alma del que muere bien se desenrolla del cuerpo amablemente, así debe producirse la partida lejos de éstos. Pues también la naturaleza te ató y unió con ellos. Pero ahora te desune. Me desuno como si me apartara de allegados, desde luego sin resistirme, sin violencia. Eso también es un comportamiento según la naturaleza.
 10.37 Acostúmbrate ante cualquier realización de alguien a indagar tú solo: »¿referido a qué hace ese eso?«. Empieza por ti mismo, indaga en ti en primer lugar.
 10.38 Acuérdate de que el que mueve los hilos es eso que está escondido dentro. Eso es la vida, eso, hay que decirlo, es el hombre. No te formes la representación embarullada de que lo que te envuelve y tus pequeños órganos conformados en derredor son como un recipiente[442], porque son iguales al hacha, con la diferencia de que han crecido pegados, dado que ninguna de esas partecillas lejos de la causa que las hace mover y les da fuerza tiene mayor utilidad que la lanzadera para el tejedor, el estilete para el que escribe y el látigo para el auriga.
LIBRO XI
11.1 Éstas son características del alma racional. Se ve a sí misma, se articula a sí misma, se hace a sí misma como quiere, ella misma recoge el fruto que produce (mientras que los frutos de las plantas y lo asimilable aplicado a los animales lo recogen otros), alcanza su propio objetivo allí donde esté puesto el fin de la vida. A diferencia de lo que ocurre en la danza, en la actuación teatral y en cosas por el estilo su acción en conjunto no queda inconclusa si algo le pone trabas, sino que, en todas sus partes y hasta donde se vea sorprendida, ejecuta lo que se ha propuesto ella misma de forma plena y sin carencias, hasta el punto de decir »yo obtengo mi parte«. Es más, abarca en su recorrido todo el universo, el vacío que lo rodea y su diseño; se extiende hasta el infinito de la eternidad, abarca en su comprensión también el renacimiento del todo[443], abarca con la mente y especula con que nada verán de nuevo los que vengan después, ni nada más extraordinario vieron los que nos precedieron, sino que de alguna forma el de cuarenta años, si tiene una mínima inteligencia, ha visto por el principio de uniformidad todo lo que ha ocurrido y ocurrirá. Son características también del alma racional amar al prójimo, la verdad, la vergüenza, no estimar nada por encima de sí misma, cosa que también es característica de la ley. Por tanto, así en nada se diferencia la razón recta de la razón de la justicia.
 11.2 Despreciarás el canto agradable, la danza y la lucha, si descompones la melodía armoniosa en cada uno de sus sonidos y te preguntas ante cada uno de ellos si eres menos que él. En efecto te sentirás molesto. También si haces algo parecido con la danza ante cada movimiento y figura, y esto mismo con la lucha. Por tanto, en una palabra, con excepción de la virtud y de lo que surge de ella, acuérdate de recorrer las cosas en sus partes y llegar hasta el desprecio con su división; eso mismo aplícalo a toda la vida[444].
 11.3 ¡Cómo es el alma dispuesta, tanto si debe separarse del cuerpo, como extinguirse, dispersarse o continuar! Esa disposición es para irse tras una decisión específica, no por mera obcecación [como los cristianos][445], sino tras haberlo razonado, tan dignamente que se pueda convencer a otro y sin hacer una tragedia.
 11.4 He hecho algo en favor de la comunidad, por tanto me he beneficiado. Que esto salga a tu encuentro y esté a mano. En ningún caso cejes en ello.
 11.5 ¿Cuál es tu arte? Ser bueno. ¿Cómo sucede eso si no es por los estudios sobre la naturaleza del todo y sobre la constitución particular del hombre?
 11.6 Al principio las tragedias se introdujeron para recordar sucesos: que es natural que se produzcan y con el fin de que los sucesos del escenario que os conmueven en el alma no os irriten en el escenario mayor[446]. Pues estáis viendo que es preciso que eso se lleve a cabo y que también lo soportan los que han gritado »Ay Citerón«[447]. También dicen los que crean dramas algunas otras palabras de utilidad. Así, sobre todo: »Si fui abandonada yo y mis dos hijos por los dioses incluso eso tiene su razón«[448]. También: »No hay que enfurecerse con las cosas...«[449].Y: »Cosecha la vida como espiga fructífera...«[450]. Y otras por el estilo. Después de la tragedia, se introdujo la comedia antigua caracterizada por su hablar franco e instructivo que nos invita no inútilmente a evitar los delirios de grandezas por la propia forma tan directa de expresarse. Con un fin parecido, Diógenes asumía esta herencia. ¿Después de ella la comedia media y de ahí en adelante la nueva para qué ha heredado, dado que se diluyó al poco en el gusto por la técnica que surge de la imitación? No se desconoce que también dicen ésos algunas cosas útiles, pero ¿la concepción en conjunto de esta forma de creación y acción dramática a qué objetivo se dirigió?
 11.7 ¡Con qué intensidad se antoja que no existe otro supuesto de vida tan conveniente para la práctica de la filosofía como este en el que ahora te encuentras![451].
 11.8 La rama que se cercena de una rama contigua no es posible que no quede cercenada también del conjunto de la planta. Así también un hombre que se desgaja de un solo hombre queda cercenado del conjunto de la comunidad. A la rama, evidentemente, la cercena otro, pero el hombre él mismo se aparta a sí mismo del prójimo por odio y aversión, pero desconoce que de forma simultánea se ha cortado a sí mismo también del conjunto de la sociedad, a no ser por ese regalo del que ensambló la comunidad, Zeus. En efecto, nos es posible implantamos de nuevo con el contiguo y de nuevo formar parte del conjunto. Sin embargo, si se produce muchas veces la desunión por esa separación eso hace que lo que se aparta sea muy difícil de recuperar. En resumen, no es igual la rama que ha brotado desde el principio y ha permanecido compartiendo el mismo aire que la que de nuevo después del corte se injerta, digan lo que quieran los jardineros.
 Sé de la misma mata, no de la misma opinión.
 11.9 Los que se entrometen contra ti que avanzas según la razón recta, igual que no podrán desviarte de la acción sana, que tampoco te repelan de la amabilidad para con ellos. Pero mantente en estas dos cosas por igual: no sólo en el juicio y acción bien establecido, también en la condescendencia para con quienes intentan impedirte. Pues es debilidad tanto indignarte con ellos como retirarte de la acción y ceder cuando te golpean. Por igual uno y otro son desertores, el que se acobarda y el que se enajena al que es por naturaleza su congénere y amigo.
 11.10 Ninguna naturaleza es inferior a un arte técnica, porque estas artes imitan las naturalezas. Si es así, la naturaleza más perfecta y más comprensiva entre todas las demás no podría quedarse rezagada detrás del buen oficio técnico. Todas estas artes, desde luego, fabrican lo inferior a causa de lo superior[452], por tanto también la naturaleza común. Y de ahí surge la justicia y a partir de ella se fundamentan las restantes virtudes. Lo justo no será observado si nos vemos afectados por lo que no es ni bueno ni malo[453] o si somos fáciles de engañar, precipitados o cambiantes.
 11.11 No avanzan hacia ti cosas cuya persecución o rechazo te embrolla, sino que tú mismo de alguna forma avanzas hacia ellas. Que ponga paz, por tanto, tu dictamen sobre ellas y las cosas se quedarán quietas y no te verán perseguirlas o rechazarlas.
 11.12 La esfera[454] del alma es como un rayo[455] cuando ni se estira en pos de algo ni se concentra en su interior ni se excita[456] ni se hunde, sino que brilla con una luz con la que ve la verdad de todo y la de su propio interior.
 11.13 ¿Me despreciará alguien? Él verá. Yo, por mi parte, veré de no ser descubierto haciendo o diciendo algo merecedor de desprecio. ¿Me odiará alguien? Él verá. Yo amable, benévolo con cualquiera y con ése en concreto dispuesto a mostrarle su desconsideración sin reproche y sin ostentación de que se lo tolero, sino genuina y bondadosamente, como aquel Foción[457], si es que no aparentaba. Así debe estar tu interior y que te vean los dioses como un hombre con una disposición nada vengativa ni quejosa. ¿Qué hay de malo para ti si tú haces ahora lo propio de tu naturaleza y aceptas lo que ahora es oportuno para la naturaleza del todo empeñado en que se produzca la conveniencia del común por cualquier medio?
 11.14 A pesar del desprecio de unos con otros, se complacen unos con otros y, a pesar de su deseo de sobresalir unos de otros, se inclinan unos ante otros.
 11.15 ¡Qué putrefacto y tramposo quien afirma: »Me he propuesto comportarme contigo sencillamente«! ¿Qué haces, hombre? Eso no hay que anunciarlo. Se pondrá de manifiesto. Debe estar escrito en la frente. Resuena inmediatamente la voz de una manera determinada, sobresale inmediatamente en los ojos, igual que en la mirada de los amantes el enamorado lo reconoce todo. Así, en resumen, debe ser la persona sencilla y buena, como el que apesta, para que el que se presenta ante él, nada más acercarse, quiera o no, se dé cuenta. Cultivar afectadamente la sencillez es como un puñal. Nada hay más vergonzoso que ser amigo como un lobo. Evita eso al máximo entre todas las cosas. El bueno, sencillo y amable lo lleva en sus ojos y no lo esconde.
 11.16 Pasa la vida de la mejor forma. Esa posibilidad reside en el alma, si no se perturba ante las cosas que no son motivo de turbación. No se perturbará si estudia cada una de estas cosas con discriminación, en su totalidad y acordándose de que ninguna de ellas provoca en nosotros una suposición sobre ella ni nos alcanza, sino que ellas ni se menean y somos nosotros los que generamos los juicios sobre ellas y en cierto modo los grabamos en nosotros, cuando es posible no grabarlos y es posible, si lo hacemos sin darnos cuenta, borrarlos de inmediato.
 Por tanto, si son conforme a la naturaleza salúdalas y te resultarán fáciles. Si van contra la naturaleza investiga qué es según tu naturaleza y empéñate en ello aunque no esté bien considerado. Pues existe perdón para todo el que persigue su propio bien.
 11.17 De dónde ha salido cada cosa y a partir de qué circunstancias, en qué se transforma y cómo será en su transformación y cómo no sufrirá daño alguno.
 11.18 En primer lugar[458], cuál es mi actitud con ellos dado que hemos nacido unos por otros y que yo por otra razón he llegado a una situación de prominencia sobre ellos, como un carnero en el rebaño o un toro en la manada. Acércate desde arriba con el principio de que si no somos átomos es la naturaleza quien gobierna todo. Si es así, los inferiores son a causa de los superiores y éstos unos por otros.
 En segundo lugar, cómo son a la mesa, en la cama y lo demás[459]; pero sobre todo qué compulsiones son base de sus creencias y con qué delirios de grandeza hacen precisamente eso.
 En tercer lugar, que si actúan rectamente no debes irritarte, y si no es evidente, que es contra su voluntad y por ignorancia, porque cualquier alma se ve apartada de la verdad contra su voluntad, como también de comportarse con cada persona según su valía. Se atormentan cuando se les considera injustos, desconsiderados, aprovechados, en definitiva, que yerran contra el prójimo.
 En cuarto lugar, que tú también cometes muchos errores y eres otro igual; incluso si te mantienes lejos de algunos errores, tu actitud es capaz de cometerlos, aunque por cobardía, afán de popularidad o alguna otra maldad, te mantienes lejos de errores semejantes.
 En quinto lugar que, aunque yerren, tampoco estás convencido porque muchas cosas se producen por motivos de organización y en general hay que informarse previamente mucho para que uno se manifieste sobre el comportamiento ajeno con comprensión.
 En sexto lugar, cuando te indignas en exceso o te sienta algo mal, que la vida humana es momentánea y después de un poco a todos nos entierran.
 En séptimo lugar, que no son sus acciones las que nos irritan pues ésas dependen de sus principios rectores, sino nuestras suposiciones sobre ellas. Apártalas y ten la voluntad de eliminar ese juicio de que es algo terrible y la cólera se marcha. Entonces, ¿cómo lo apartarás? Si caes en la cuenta de que no es algo vergonzoso; pues sólo lo que es vergonzoso es malo o si no, por fuerza, tú también cometes muchos errores y eres un bandido y un cualquiera.
 En octavo lugar, en qué medida nuestras cóleras y tristezas provocan dificultades mayores que son las cosas por lo que nos encolerizamos y entristecemos.
 En noveno lugar, que la amabilidad es invencible si es sincera y no es un gesto o una actuación teatral. ¿Qué podrá hacer contra ti el más violento si permaneces amable con él y, si viene a cuento, le exhortas condescendiente y cuando intenta hacerte daño lo aleccionas a propósito de esa circunstancia concreta, dedicándole tiempo: »Hijo, no. Hemos nacido para otra cosa. Yo, desde luego, no me perjudico, pero tú sí, hijo.« Y muéstrale con toda evidencia y genéricamente que eso es así, que tampoco las abejas lo hacen ni ninguno de los animales gregarios por naturaleza. Debes hacerlo sin afectación ni reproches sino con cariño y sin sentirte mordido en el alma, tampoco como si fueras su maestro de escuela ni con la intención de que otro que esté presente se admire, sino realmente para él solo, aunque estén otros alrededor. Acuérdate de estos nueve capítulos como si tuvieras en tu poder un regalo de las Musas y empieza a ser hombre mientras estás vivo. Debes vigilar por igual no encolerizarte con ellos y no adularlos. Una y otra cosa son poco comunitarias y llevan perjuicio. Ten a mano en las cóleras que no es varonil estar de mal humor sino que la condescendencia y la mansedumbre son más humanas y también más varoniles, quien es así demuestra fuerza, agallas y valentía, a diferencia del que se indigna y se disgusta. En la medida en que este comportamiento es más cercano a la impavidez, también lo es a la fuerza. Igual que la tristeza es propia del débil, así también la cólera. Los que tienen estos dos sentimientos sufren de una herida y hacen una cesión.
 Si quieres, toma este décimo regalo de Apolo conductor de las musas: es locura pedir que los ruines no yerren porque es desear lo imposible, pero, si estás de acuerdo en que otros son así y pides que ellos no yerren contra ti, eres ignorante y tiránico.
 11.19 Hay que vigilar constantemente sobre todo cuatro inclinaciones del principio rector y después de que las descubras, hay que eliminarlas, diciendo como apostilla a propósito de cada una: »esa representación no es imprescindible«, »esto va contra la comunidad« y »esto que vas a afirmar no procede de ti«. Hacer afirmaciones que no son tuyas considera que está entre lo más fuera de lugar. La cuarta es por la que te harás a ti mismo el reproche de que eso es así por estar la parte más divina que hay en ti derrotada y humillada a la porción menos valiosa y mortal, la del cuerpo y sus espesas formas.
 11.20 Tu hálito y todo lo fogoso que interviene en tu mezcla, aunque por naturaleza se eleva, sin embargo en obediencia al ordenamiento del todo permanece a la fuerza aquí en el compuesto[460]. Y todo lo terroso que está en ti y lo húmedo, aunque tiende hacia abajo, sin embargo se levanta y mantiene una posición que no es la suya. Así pues, también los elementos prestan atención al todo, una vez que se les asignó ese lugar, y permanecen juntos hasta que desde allí se dé la señal de la descomposición. ¿No es terrible, entonces, que tu parte reflexiva sea desobediente y se indigne con su puesto, a pesar de que nada violento se le ordene sino sólo lo que es según su naturaleza? Sin embargo, no se aguanta y lleva la contraria. Porque el movimiento hacia las injusticias, desenfrenos, cóleras, tristezas, miedos no es otra cosa que distanciamiento de la naturaleza. Cuando el principio rector se irrita con algún suceso, abandona su propio puesto. En efecto, está constituido para la virtud y la piedad divina no menos que para la justicia. Las dos primeras pertenecen en su especie a la buena participación comunitaria[461] y son más respetables que los comportamientos justos.
 11.21 Quien no tiene un objetivo único y siempre el mismo en la vida, ése no puede ser uno y el mismo durante toda su vida. No basta lo dicho si no le añades de qué tipo debe ser ese objetivo. En efecto, igual que no existe acuerdo para la mayoría en la suposición de todos los bienes posibles aparentes pero sí en algunos determinados, esto es, en los comunes, así también hay que colocar como objetivo el comunitario y social. Quien enderece a ese objetivo todos sus impulsos particulares producirá a cambio igualdad en todas sus acciones y según eso siempre será el mismo.
 11.22 El ratón de la montaña y el doméstico, el terror y pavor de éste[462].
 11.23 Sócrates también llamaba a las opiniones de la mayoría Lamias[463], terrores infantiles.
 11.24 Los lacedemonios colocaban para los extranjeros en los espectáculos las gradas a la sombra mientras que ellos se sentaban en cualquier sitio.
 11.25 A Pérdicas[464] le dijo Sócrates a propósito de que no iba a su casa: »para que no muera con la peor de las muertes«, esto es, »no sea que si me tratas bien no pueda corresponder en el buen trato«.
 11.26 En los escritos de los epicúreos[465] figuraba el siguiente mandato: recordar continuamente a alguno de los antiguos que cultivaba la virtud.
 11.27 Los pitagóricos: miremos al cielo antes del alba para acordarnos de los astros que concluyen su tarea siempre según las mismas pautas y de la misma manera, de su orden, pureza, desnudez, porque no existe ningún cobertor para una estrella[466].
 11.28 Igual que Sócrates ceñido con una piel de cordero cuando Jantipa[467] le cogió el manto[468] y se marchó a la calle. Y lo que dijo Sócrates a sus discípulos avergonzados y con intención de retirarse cuando lo sorprendieron vestido así.
 11.29 En escritura y lectura no serás un maestro si antes no has sido amaestrado[469]. Eso con mayor intensidad en la vida.
 11.30 »Has nacido esclavo: no participas de la razón«[470].
 11.31 »Mi querido corazón se rió«[471].
 11.32 »Censurarán la virtud diciendo palabras ásperas«[472].
 11.33 Buscar un higo en invierno es propio de un loco, así es el que busca un niñito cuando ya no le es dado[473].
 11.34 Quien le hace cariños a su hijito debe decirse por dentro, como afirmaba Epicteto: »Mañana quizá habrás muerto.« »Eso es de mal agüero.« No es de mal agüero en absoluto, sino indicativo de cierta forma de obrar de la naturaleza. O también es de mal agüero que las espigas sean cosechadas[474].
 11.35 Un racimo verde, un racimo maduro, un racimo de uvas pasas, todo son cambios, no hacia el no ser, sino hacia lo que ahora no es[475].
 11.36 »No hay ladrón del albedrío«[476].
 11.37 Decía[477] que hay que encontrar un procedimiento para ponerse de acuerdo y mantener la atención en el asunto de los impulsos de forma que sean con reserva[478], comunitarios y según la valía. Y hay que alejarse del apetito en cualquier caso y no rechazar nada que no esté en nuestra mano.
 11.38 Decía: El debate, por tanto, no es sobre cualquier cosa, sino sobre estar loco o no.
 11.39 Sócrates decía: »¿Qué queréis, tener almas de seres racionales o de irracionales?« »De racionales.« »¿De qué tipo de racionales?, ¿de sanos o de ruines?« »De sanos.« »Entonces, ¿por qué no os afanáis en ello?« »Porque ya las tenemos.« »Entonces, ¿por qué os pegáis y estáis en desacuerdo?«[479].
LIBRO XII
12.1 Todas aquellas cosas que rezas por alcanzar en todo un ciclo, puedes tenerlas ya si dejas de ser tu propio rival. Esto es: si dejas atrás el pasado y pones en mano de la providencia el futuro, y si sólo el presente lo encaminas derecho hacia la virtud y la justicia. ‘Virtud para desear lo que se te ha asignado porque la naturaleza te deparaba ese destino y para él te trajo. Justicia para que con libertad y sin marañas digas la verdad y actúes según la ley y la valía. Que no te impida ni la maldad ajena, ni sus supuestos, ni su palabra, tampoco las sensaciones de la camecilla que te recubre, pues eso que lo vea la parte que sufre. Por tanto, si en su momento cuando estés ya en el punto de partida abandonas todo lo demás, honras sólo el principio rector y la parte divina que hay en ti y no temes dejar de vivir, sino no empezar nunca a vivir según la naturaleza, serás un hombre digno del universo generador y dejarás de ser un extranjero de tu patria y dejarás de admirarte por los sucesos inesperados de cada día, pendiente de esto y eso otro.
 12.2 La divinidad ve todos los principios rectores desnudos de sus recipientes materiales, de sus cortezas y de sus desechos. Pues con su propia inteligencia, sólo con ella, alcanza a las inteligencias, sólo a ellas, que han fluido y desaguado desde ella hasta formar esos principios rectores. Si tú también te acostumbras a hacer eso, suprimirás mucho de tu propia distracción circunstancial. ¿Quien no ve los pedacitos de carne que le rodean se entretendrá acaso en contemplar vestido, casa, fama, todo ese envoltorio y escenificación?
 12.3 Tres son las cosas de las que estás conformado: el cuerpecillo, el pequeño hálito vital y la inteligencia[480]. Dos de ésas son tuyas sólo en cuanto debes ocuparte de ellas, la tercera está sólo bajo tu autoridad. Por ello, si apartas de ti mismo, es decir, de tu mente, todo lo que los demás hacen, dicen, todo lo que tú mismo hiciste o dijiste, todo lo que te perturba por ser futuro, todo lo que sin elegirlo se te suma de la parte corporal o del pequeño hálito connatural, y todo lo que hace girar el torbellino que fluye por fuera en derredor, de tal forma que la capacidad inteligente desligada del destino y purificada viva libre por sí misma realizando lo que es justo, deseando lo que acontece y diciendo la verdad; si apartas, digo, del principio rector lo que se cuelga de él por las pasiones y del tiempo lo futuro o lo que ya ha pasado y te haces a ti mismo como Empédocles: »Esfera redondeada que se alegra en su soledad circundante«[481], y aprendes a vivir sólo lo que estás viviendo, esto es, el presente, podrás lo que te resta hasta morir pasarlo sin perturbación, conforme y propicio con tu propio espíritu divino.
 12.4 Muchas veces me admiré que cada uno se ame a sí mismo más que a todos, pero coloque su propia suposición en una consideración menor que la ajena. Si, por ejemplo, un dios que apareciera o un maestro sabio ordenara a uno no cavilar ni pensar nada en su interior que no pueda hacer público simultáneamente, incluso gritándolo, ni un solo día uno soportará eso. Hasta ese punto tenemos más vergüenza del prójimo, qué pueda pensar sobre nosotros, que de nosotros mismos.
 12.5 ¿Cómo es que los dioses, que pusieron en orden todo bellamente y con amor a los hombres, sólo descuidaron esto, que algunos hombres extremadamente buenos que establecen la mayoría de las veces a modo de contratos con la divinidad y en casi todo se hacen íntimos de la divinidad a través de obras virtuosas y servicios religiosos, nada más morirse, no vuelvan a ser de nuevo, sino que se desintegren absolutamente? Estáte bien seguro, si es que es así, de que si tuviera que ser de otra manera lo hubieran hecho, En efecto, si hubiera sido justo, también hubiera sido posible, y si hubiera sido según la naturaleza, la propia naturaleza lo hubiera producido. Por el hecho de no ser así, si es que no es así, ten toda la confianza en que no tiene que ser así. Pues incluso tú mismo ves que, cuando inquieres eso, estás pleiteando con la divinidad. Y no discutiríamos así con los dioses si no son los mejores y más justos. Y si es así, no se les habría ocultado que algo entre las cosas del orden universal quedaba abandonado contra la justicia y la razón.
 12.6 Acostúmbrate incluso a cuanto renuncias. Pues incluso la mano izquierda, que por falta de costumbre está ociosa en lo demás, domina la rienda con más fuerza que la derecha, porque tiene costumbre de eso.
 12.7 Piensa en qué actitud de cuerpo y alma tienes que ser sorprendido por la muerte, en la brevedad de la vida, en la inmensidad de la eternidad por detrás y por delante, en la debilidad de toda materia.
 12.8 Desnudas de su corteza contempla las causas: los significados de las acciones, qué es el sufrimiento, qué es el placer, qué es la muerte, qué es la fama, quién es el culpable de tu propia falta de tiempo, cómo nadie es impedido por otro, que todo es suposición[482].
 12.9 Debes ser en tu trato con las creencias igual que el luchador de pancracio[483], no como el gladiador. En efecto, éste, si deja a un lado la espada que usa, está muerto; el otro siempre tiene su mano y no tiene que hacer nada más que cerrarla.
 12.10 Mira cómo son las cosas distinguiendo su materia, su causa, su significado.
 12.11 El hombre tiene la posibilidad de no hacer nada más que lo que va a elogiar la divinidad y aceptar todo lo que le asigne la divinidad.
 12.12 No hay que censurar a los dioses porque no yerran en nada, ni contra su voluntad ni a propósito. Tampoco a los hombres, porque en nada yerran si no es contra su voluntad. En conclusión no hay que censurar a nadie.
 12.13 ¡Qué ridículo y fuera de lugar quien se admira de cualquiera de los sucesos de la vida!
 12.14 O es necesidad y el orden es inamovible, o hay providencia propicia, o es un revoltijo de azar sin guía[484]. Si es necesidad inamovible, ¿por qué opones resistencia? Si hay providencia que acepta que se sea propicio con ella, hazte digno de la ayuda que procede de la divinidad; si es revoltijo, sin nadie que dirija, conténtate de que en semejante marejada tú tienes en ti mismo una inteligencia rectora. Si te arrastra la marejada, que arrastre a la camecilla, al pequeño hálito, al resto, pues no arrastrará tu inteligencia.
 12.15 ¿O es que la luz de la lámpara[485] brilla hasta que se extingue y no pierde su resplandor, pero la verdad que hay en ti, la justicia y la prudencia se van a extinguir antes?
 12.16 Ante quien provoca en ti la representación de que él ha errado, piensa: »¿por qué demonios sé que eso es un error?« Incluso si cometió error, dite: »él se condenaba a sí mismo« y en ese caso eso es lo mismo que hacer trizas su propio rostro.
 Porque quien no quiere que el ruin yerre[486] es igual que el que no quiere que la higuera dé jugo en sus higos, ni que el recién nacido llore, ni que el caballo relinche y todas las demás cosas que son necesarias. ¿Qué pasa si tiene ese hábito? Por tanto, si eres vehemente, cúrate tú eso.
 12.17 Si no es apropiado, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas. Que tu impulso sea firme.
 12.18 Mira siempre qué es justamente lo que te provoca la representación y despliégalo distinguiendo la causa, la materia, el significado, el tiempo en el que por fuerza habrá cesado.
 12.19 Date cuenta alguna vez de que tienes dentro de ti algo más fuerte y más milagroso que lo que provoca los sentimientos y, en una palabra, te maneja como marioneta.
 ¿Qué es ahora mi reflexión? ¿No es miedo? ¿No es sospecha? ¿No es apetito? ¿No es alguna otra cosa parecida?
 12.20 En primer lugar no actúes al azar ni sin significado. En segundo lugar no tengas como referencia ninguna otra cosa que el fin comunitario.
 12.21 Piensa que después de no mucho serás nadie en ningún sitio y tampoco nada será de lo que ahora ves ni ninguno de los que ahora están vivos. Por naturaleza todo cambia, se modifica, se destruye para que surjan otras cosas sin interrupción.
 12.22 Piensa que todo es suposición y ésta depende de ti. Suprime, por tanto, cuando quieras, la suposición y habrá tranquilidad como la hay para el que dobla un cabo, todo estará firme en un golfo sin olas.
 12.23 Una sola actuación, cualquiera que sea, que cesa en el momento oportuno no sufre ningún mal por haber cesado. Tampoco el que la ejecuta sufre ningún mal por eso precisamente, porque haya cesado. De igual forma, por tanto, el conjunto de todas las acciones, que eso es la vida, si cesa en el momento oportuno no sufre ningún mal por eso precisamente, por haber cesado. Tampoco el que pone un fin a esa sucesión en el momento oportuno queda en mala posición. La naturaleza nos brinda el momento oportuno y el límite, algunas veces incluso la naturaleza particular cuando se está en la vejez, en cualquier circunstancia la naturaleza del todo; aunque sus partes cambien, el universo en su conjunto permanece siempre juvenil y vigoroso. Y siempre lo que conviene al todo es completamente bello y en la hora justa. El cese individual de la vida no es malo, porque no es motivo de vergüenza, si es involuntario y no va contra lo comunitario. Por el contrario, es bueno si con relación al todo, es oportuno, beneficioso y lo que recibe el beneficio. Así también está poseído por un dios el que se deja llevar por lo mismo que el dios y se deja llevar a lo mismo en el pensamiento.
 12.24 Debes tener a mano estas tres cosas: en tus acciones mira que no sean fruto del azar ni distintas a como la justicia ella misma las hubiera ejecutado. Con relación a los sucesos exteriores piensa que o son por casualidad o son por providencia[487]: ni se debe censurar a la casualidad ni se debe acusar a la providencia. En segundo lugar, cómo es cada individuo desde su concepción hasta que recibe el alma[488], y desde que recibe el alma hasta que la entrega, y a partir de qué está compuesto y en qué se disolverá. En tercer lugar, que si te elevaran en el aire y miraras hacia abajo las cosas humanas y su versatilidad, piensa que las despreciarías al verlas todas al mismo tiempo que las que habitan por todo el aire y la atmósfera[489]. Y que cuantas veces seas elevado verás lo mismo, lo semejante, su brevedad. De eso depende el delirio de grandeza.
 12.25 Expulsa fuera la suposición. Estás a salvo. ¿Quién te impide expulsarla?
 12.26 Cuando te impacientas con algo, se te olvidó que todo sucede según la naturaleza del todo y que el error es ajeno; además de eso, que todo lo que sucede ahora venía sucediendo siempre así, seguirá sucediendo y está sucediendo ahora en todas partes. También el gran parentesco del hombre con toda la estirpe humana: en efecto no comparte sangrecilla ni un poco de semen[490], sino inteligencia. Pero también te olvidaste de que la inteligencia individual es divinidad[491] y de allí fluyó, y de que nada es propiedad de nadie, por el contrario el hijito, el cuerpecillo y la propia pequeña alma vinieron de allí. En definitiva olvidaste que todo es suposición y que cada individuo vive sólo el presente y lo va dejando atrás.
 12.27 Sin interrupción vuelve a considerar a los que se irritan en demasía con alguien, a los que se encumbraron por su buena fama, por sus desgracias, por sus enemistades o por las circunstancias que sean. Después presta atención a dónde está ahora todo eso. Es humo, ceniza, leyenda o ni siquiera. Que al mismo tiempo se te represente algo de este tipo, por ejemplo a Fabio Catulino[492] en el campo, a Lucio Lupo en sus jardines, a Estertinio en Bayas[493], a Tiberio[494] en Capri y a Velio Rufo[495], en una palabra, señalarse en algo con presunción. Qué poco valor tiene todo lo que provoca nuestro esfuerzo y cómo es mucho más propio de un filósofo a partir de la materia que se nos ha dado aparecer uno mismo como justo, prudente, obediente a los dioses con sencillez. Pues el delirio de grandeza que delira sobre la inexistencia de delirio es el peor de todos.
 12.28 Frente a los que indagan con la pregunta: »¿dónde viste a los dioses o por qué te convenciste de que existen y por ello los honras?« En primer lugar, que son visibles con la vista. En segundo, que no he visto mi propia alma y sin embargo la aprecio. De igual forma, por tanto, con los dioses, a partir de cada ocasión en que he puesto a prueba su poder, a partir de ahí me convenzo de que existen y los respeto.
 12.29 Supone mantener la vida a salvo analizar qué es cada cosa por completo y en sí, cuál de sus partes es la material, cuál la causal; hacer lo justo y decir la verdad con toda el alma. ¿Qué queda sino disfrutar de la vida pasando del contacto de un bien a otro, de forma que no quede el más pequeño intervalo?
 12.30 La luz del sol es una aunque la dividen las paredes, las montañas y mil cosas más. La substancia común es una aunque se divide en miles de cuerpos que se distinguen individualmente. El alma es una aunque se divide en miles de naturalezas y figuras individuales. El alma inteligente es una aunque parece que está fraccionada. Las partes distintas a las dichas, como los hálitos vitales y los objetos, no tienen percepción ni parentesco entre sí. Aunque también a ellos los mantiene agrupados lo que unifica y pesa sobre ellos. La reflexión inteligente, sin embargo, tiende a lo que le es connatural, se mantiene unida y no se divide este sentimiento comunitario.
 12.31 ¿Qué persigues? ¿Pasar la vida? Pero ¿y tener percepciones e impulsos?, ¿crecer y dejar de crecer otra vez?, ¿articular palabra y distinguir con la reflexión? ¿Qué cosas de ésas te parece que merecen tu anhelo? Si cada una de ésas te parece fácil de despreciar, avanza hasta el final, llega a la obediencia a la razón y a la divinidad. Pero a esto se enfrenta tu estima de aquellas cosas, tu pesar por verte privado de ellas por morirte.
 12.32 ¿Qué parte ínfima de lo infinito y dilatado del tiempo le es repartida a cada individuo? Desaparece inmediatamente en la eternidad. ¿Qué parte ínfima de toda la substancia? ¿Qué parte ínfima de toda el alma? ¿En qué ínfimo terrón te arrastras de toda la tierra? Recapacita sobre todo eso y no te representes nada grande distinto a hacer según guía tu naturaleza y dejarse hacer según propone la naturaleza común.
 12.33 ¿Cómo se trata a sí mismo el principio rector? En efecto, ahí está todo. Lo demás o puede elegirse o no es elegible, son cadáveres y humo.
 12.34 Provoca un desprecio a la muerte mayor el hecho de que incluso quienes juzgan que el placer es un bien y el sufrimiento es un mal la desprecian[496].
 12.35 Para quien sólo lo oportuno es bueno y para quien producir un mayor número de acciones según la razón recta es lo mismo que producir menos y a quien no le importa contemplar el universo más o menos tiempo, a ése tampoco le resulta la muerte algo temeroso.
 12.36 Hombre, ejerciste la actividad pública en esa gran ciudad, ¿qué te importa si cinco o cien años? Lo que es según la ley es igual para cada individuo. Por tanto, ¿qué hay de terrible si ni te echa un tirano ni un juez injusto, sino la naturaleza que te trajo? Es igual que si el director que lo aceptó despidiera de escena a un actor cómico y éste dijera: »Pero no recité las cinco partes, sólo tres.« Dijiste bien pero en la vida las tres partes son toda la función. Pues establece el final el que es causa de la composición y ahora de la descomposición. Tú no eres causa ni de una ni de otra. Márchate por tanto de forma propicia porque también el que te libera lo hace propiciamente.
ÍNDICE DE NOMBRES DE PERSONAS, PERSONAJES Y CITAS
Se remite a los pasajes. Cuando la primera referencia está en negrita existe en nota al pasaje una pequeña noticia sobre el personaje. Las referencias entre paréntesis son citas a textos en las que Marco Aurelio no da el nombre del autor. Las referencias entre corchetes son citas indirectas en las que no aparece nombrado el personaje pero la alusión a él es evidente. La abreviatura PIR es para la Prosopographia Imperii Romani Saeculi I, II, III, 1ª ed. de E. Klebs y H. Dessau; 2ª ed. de E. Groag y A. Stein.
ADRIANO, EMPERADOR, 4.33, 8.5, 8.37,10.27
Emperador de la dinastía de los Antoninos, gobernó entre los años 17-138 d.C.; era de origen hispano de una familia asentada en Itálica, en la provincia de la Bética. Tuvo cargos políticos y militares de primer orden con Trajano, también de origen hispano y de la misma ciudad. Durante la I Guerra Dácica (101-102) sirvió muy estrechamente al emperador Trajano ya que desempeñaba la función de comes, compañero, de éste. Después de estar como legado imperial en diversas campañas militares, destacando la guerra contra los partos entre el 114 y 117, me designado cónsul en el 117 y legado para Siria. A su vuelta a Roma Trajano le confió el mando del ejército. Al casarse con Vibia Sabina pasó a emparentarse directamente con Trajano y se convirtió en su sucesor. Conoció de primera mano, a través de sus muchos viajes, las provincias del Imperio; de sus veintiún años de reinado pasó una docena recorriendo el Imperio. Tuvo actuaciones favorables a la plebe como la condonación de deudas; en cambio sus relaciones con el elemento senatorial no fueron tan fluidas como con su predecesor. En cuanto a la política exterior comprendió la imposibilidad de ampliar el Orbe romano y tomó la decisión de establecer fronteras seguras y destacamentos fijos a lo largo del limes. Adriano fue además un gran constructor y junto a obras de nueva planta llevó a cabo una reconstrucción de edificios en Roma y otras ciudades del Imperio. Adriano poseía una cultura muy refinada tanto en latín como en griego; de esta última se había impregnado profundamente en sus estancias en Grecia. Fue arconte en Atenas.
ADRIANO, POSIBLEMENTE DISTINTO AL EMPERADOR, 8.25
Pudiera ser Adriano de Tiro, 113193 d.C., sofista y discípulo de Herodes Ático, véase Filóstrato, Vidas de los sofistas, II, 10; esta hipótesis viene avalada porque algunos de los personajes nombrados tienen relación con la retórica o con la filosofía.
AGRIPA, 8.31
C. 63 a.C.12 d.C. Amigo y colaborador eficaz en los planos político y militar de Augusto (véase) durante la práctica totalidad de su vida. Entre otras mujeres, estuvo casado con la hija de Augusto.
ALCIFRÓN, 10.31
ALEJANDRO DE COTIEO, EL GRAMÁTICO, 1.10
De origen frigio, también conocido por la Historia Augusta (Vita Marci, II, 3). Fue comentador de Heródoto y Homero, como tal es citado por Porfirio, Cuestiones homéricas sobre la Iliada 19.79. Antonino lo llamó para que instruyera a Marco Aurelio en literatura griega.
ALEJANDRO DE SELEUCIA, 1.12
Marco Aurelio lo cita como »platónico« para distinguirlo del »gramático«. Era uno de los secretarios ab epistulis (especializados en la correspondencia). Fue discípulo de Favorino, conocido sofista y filósofo amigo de Plutarco (véase). Hay que pensar que el apodo de platónico de Marco Aurelio debía corresponderse con su postura filosófica[497].
ALEJANDRO MAGNO DE MACEDONIA, 3.3, 6.24, 8.3, 9.29,10.27
356-323 a.C. Fue educado por Aristóteles. Sucedió a su padre Filipo II (véase) en el año 336. A partir del 334 empezó su campaña por Asia, que le llevó hasta la India. Como resultado de sus conquistas, a pesar de su muerte temprana, en Egipto, Siria y la actual Turquía se establecieron monarquías griegas que pervivieron hasta la dominación romana y que supusieron un cauce fundamental para la expansión del helenismo. Marco Aurelio lo cita con cierto desprecio como hombre de acción que no ha comprendido las verdades de la filosofía, a pesar de que fue considerado siempre como un gran modelo militar y político por los representantes y propagandistas del Imperio Romano.
ANIA CORNIFICIA FAUSTINA (hermana), 1.17
ANIA GALERÍA FAUSTINA (LA MAYOR) (tía), 8.25
Mujer del emperador Antonino Pío, tía camal de Marco Aurelio y luego también su suegra. Murió en el 140 poco después de la proclamación como emperador de su marido en el 138, que a ella le supuso el título de Augusta.
ANIA GALERÍA FAUSTINA (LA MENOR) (esposa), 1.17
Hija de la anterior y de Antonino Pío (véase). Fue prometida a Lucio Vero (véase) por voluntad de Adriano (véase) en el año 138. Antonino, al acceder al imperio, sin embargo, deshizo este compromiso a favor de Marco Aurelio, primo carnal, con quien se casó en el 145 cuando tendría apenas unos quince años. Tuvo doce hijos con él de los que sobrevivieron seis, cinco niñas y un varón, Cómodo, futuro emperador. Desde la antigüedad se puso en duda que éste fuera hijo de hecho de Marco Aurelio. También se la acusó de apoyar al rebelde Avidio Casio, pero este hecho se puede explicar por la confusión del momento y haber pensado que su marido había muerto. En cualquier caso nada indica que Marco Aurelio sospechara del comportamiento de su esposa, a la que deificó a su muerte en el año 175.
ANIO VERO (padre), [1.2], 8.25
PIR2 (A 696). Murió joven en el desempeño de la pretura, hacia el 124, cuando Marco Aurelio tenía tres años.
ANIO VERO, MARCO (abuelo paterno y materno), 1.1, [1.17], [9.21]
PIR2 (A 695). Hijo del anterior. De origen hispano al igual que los emperadores Trajano y Adriano. Fue nombrado senador por Vespasiano y es ejemplo de cómo élites de origen provincial pasaron a desempeñar las más altas magistraturas. Fue cónsul en tres ocasiones y prefecto del pretorio. Por la muerte temprana del padre de Marco Aurelio fue él quien se encargó de su tutela.
ANTONINO (referido a Marco Aurelio), 6.26, 6.44 ANTONINO PÍO [1.16], [1.17], 4.33, 6.30, 8.25,10.27
PIR2 (A 1509), emperador durante los años 138-161. Las fuentes, como la Historia Augusta, coinciden en considerarlo como un gobernante dotado de grandes cualidades personales, similares a las que expresa Marco Aurelio en 1.16. Procedía de una familia rica por el negocio de la fabricación de ladrillos de la región de Roma. Gracias a su matrimonio con Ania Faustina (véase en este índice) incrementó su fortuna. Este desahogo le permitió organizar grandes juegos durante sus magistraturas, especialmente la prefectura de la ciudad y el consulado, lo que le granjeó gran popularidad. La enfermedad del emperador Adriano obligó a elegir rápidamente un sucesor; el hecho de que Antonino estuviese adscrito al Consejo Imperial y fuese un miembro destacado del orden senatorial determinó su elección. Las relaciones entre el Senado y el emperador durante su mandato muestran que sus apoyos estaban en el elemento senatorial. Sin negar la mesura en sus aficiones y en gastos públicos, que señala Marco Aurelio en 1.16, Antonino al llegar al poder distribuyó un congiario, al pueblo y al ejército, práctica corriente entre los emperadores; contribuyó con grandes cantidades a las obras emprendidas por Adriano, Historia Augusta, Vita Pii, IV, 810; instituyó un colegio de doncellas en honor de Faustina, su mujer, pagado con fondos del estado; realizó o restauró muchas obras públicas, tanto en Roma como en otras ciudades.
APOLO, 11.18
APOLONIO DE CALCEDONIA, 1.8,1.17
Según la Historia Augusta (Vita Marci, II, 5) era un filósofo estoico que luego fue maestro de Cómodo, hijo de Marco Aurelio. Fue también preceptor de Vero (Vita Veri, II, 5). Fue Antonino Pío quien lo hizo venir a Roma.
ARIO, 8.31
ARISTÓFANES (4.23), [11.6]
Es el gran poeta cómico de la comedia antigua de los siglos V-IV a.C. Posteriormente, se leyó a Aristófanes sobre todo por el interés de su lengua que precisamente es el aspecto en el que se fija Marco Aurelio cuando alude a la comedia antigua en 11.6.
ARQUÍMEDES, 6.47
ASCLEPIO, 5.8, 6.43
ATENODOTO, 1.13
AUGUSTO (OCTAVIO), 4.33, 8.5, 8.31
Emperador entre el 31 a.C. y el 14 d.C. Fue el fundador del Imperio romano y quien puso las bases para su organización. Marco Aurelio lo cita sin establecer ninguna valoración sobre él, sencillamente como una referencia temporal.
BAQUIO, 1.6
BENEDICTA, 1.17
BRUTO, 1.14
85-42 a.C. Político romano, famoso por su codicia y ambición. Participó activamente en la conspiración que acabó con el asesinato de César (véase). Por ello se le consideró como gran defensor del modelo republicano. Tuvo una vida intelectual intensa como orador y escritor, también como filósofo, campo en el que defendió posturas platónicas y estoicas. Marco Aurelio, como puede verse en el pasaje en el que lo cita, aprendió a admirarlo como fi’ lósofo que intentó poner en práctica sus ideales de libertad, a pesar de que suponía un esfuerzo de tolerancia considerarlo con respeto, cuando de alguna manera el imperio en su origen estuvo tan vinculado con la figura de Julio César.
CABRIAS, 8.37
CÁRAX, 8.25
CATILIO SEVERO (bisabuelo materno) [1.4]
PIR1 (C 558). Ocupó cargos a partir del año 110 como cónsul sufecto. En el reinado de Adriano fue cónsul ordinario en el año 120, procónsul en África en el 124 y prefecto de la ciudad entre los años 134 y 138. Se preocupó mucho por la educación de su bisnieto Marco Aurelio. En efecto, fue educado en casa con numerosos preceptores sin reparar en los gastos que ello suponía.
CATÓN, 4.33
CATULO CINA, 1.13
CÉCROPE, 4.23
CEDICIANO, 4.50
CÉLER, CANINIO, 8.25
CÉSAR, JULIO, 3.3, 8.3
Político de la facción popular, fue también historiador (escribió la Guerra Civil y la Guerra de las Galias) y militar romano, vivió entre los años 100 y 44 a.C. Fue actor principal en un periodo turbulento de la República romana, siendo parte activa en la propia desaparición de la República al intentar establecer una dictadura permanente en su propia persona. Fue aliado unas veces y enemigo en las más de Pompeyo, otro de los grandes personajes de esta época. Fue asesinado por una conjura en la que participaron miembros destacados de la clase senatorial. Marco Aurelio lo cita con poco aprecio, como militar desconocedor de las verdades de la filosofía y claramente con una concepción del poder contrapuesta a la suya.
CESÓN, 4.33
CLAUDIO MÁXIMO, 1.15,1.16,1.17, 8.25
Importante político y militar; entre otros cargos desempeñó la pretura en el año 132, el consulado sufecto en dos ocasiones; fue legado en Panonia superior y procónsul en África en el 159. Debió ejercer una influencia profunda en Marco Aurelio por la enseñanza de teorías estoicas tal y como aparece en Historia Augusta (Vita Marci., III, 2) o en las propias Meditaciones 1.17. Su relación no era sólo filosófica y debió contener una profunda amistad personal. Por ello su enfermedad fue vivida por la familia imperial con zozobra (1.15, 16).
CLAUDIO SEVERO, 1.14
Era un filósofo de la escuela aristotélica (Historia Augusta, Vita Marci, III, 3). Debió tener una relación estrecha con Marco Aurelio, y, de hecho, una de las hijas de éste se casó con él.
CLOTO, 4.34
CORNELIO ESCIPIÓN, PUBLIO, 4.33
GRATES, 6.13
CRESO, 10.27
CRISIPO, 6.42, 7.19
C.280-207 a.C. Sucedió a Cleantes al frente de la Estoa. Véase introducción.
CRITÓN, 10.31
DEMÉTER, 6.43
DEMETRIO CÍNICO, 8.25
DEMETRIO FALERO, 9.29
DEMÓCRITO DE ABDERA, 3.3, (4.3), (4.24), (7.31)
Filósofo griego del s. v a.C. Junto con Leucipo se le consideraba el padre de la teoría atomista que fue defendida posteriormente por los epicúreos. Marco Aurelio, cuando habla del atomismo, está pensando en la escuela epicúrea más que en Demócrito.
DENTATO, 4.33
DIÓGENES CÍNICO, 8.3, 11.6
412/403-324/321 a.C. Fundador de la corriente filosófica cínica que rechazaba la filosofía especulativa que no se centrara en el comportamiento, cosa que lo aproximaría bastante al pensamiento de Marco Aurelio. Abogaba por vivir conforme a la naturaleza más que a la ley, de ahí una forma de vida extravagante que rechazaba los usos sociales. Este principio de »vivir según la naturaleza« acercaba a los cínicos a los postulados estoicos; de hecho, Zenón, fundador del estoicismo, fue cínico al principio. Véase la introducción.
DIOGNETO, 1.6
Según la Historia Augusta (Vita Marci, IV, 9) le enseñó pintura a Marco Aurelio, aunque también fue instructor filosófico. Ejerció su labor en su discípulo especialmente en la adolescencia.
DIÓN DE SIRACUSA, 1.14
DIOTIMO, 8.25, 8.37
DOMICIA LUCILA (madre), [1.3], [1.7], [1.17], [5.4], 8.25, [9.21]
PIR2 (D 183). Perteneció a una familia dedicada a la producción de ladrillos que destacaba ya en el siglo I a.C. Transmitió a Marco Aurelio la devoción y la austeridad, tanto más notable en una familia de mucho dinero.
DOMICIO AFER, 1.13
EMPÉDOCLES, (8.41), 12.3
492-432 a.C. Filósofo siciliano (de Agrigento), escribía sus teorías en poemas de los que sólo se conservan fragmentos. Se le consideraba también fundador de la retórica. Es sobre todo conocido por la formulación de la teoría de los cuatro elementos primordiales. Marco Aurelio lo cita por su metáfora de que el mundo es una »esfera redondeada que se alegra en su soledad circundante«.
EPICTETO, 1.7, (2.16), (4.7), 4.41, (5.29), 7.19, (7.36), (7.63), (9.24), (11.33), 11.34, (11.35), (11.36)
Vivió en los siglos I y II d.C. Sobre su importancia en el estoicismo de la época y en Marco Aurelio, véase la introducción. Fue sin duda el autor que influyó más directamente en el contenido y en la forma de las Meditaciones.
EPICURO, 7.64, 9.41,11.26
341-270 a. C. Fundador del epicureismo. Se contrapusieron sus doctrinas morales a las del estoicismo por defender el hedonismo o búsqueda de una vida feliz, pero en realidad sus planteamientos eran muy ascéticos. De hecho. Marco Aurelio se enfrenta a su escuela de pensamiento más por su concepción atomista y determinista del universo en contradicción con su visión providencialista, que por su doctrina moral. Las tres referencias de las Meditaciones a Epicuro son positivas y se citan sus palabras como modelo moral.
EPITÍNCANO, 8.25
ESTERTINIO, 12.27
EUDEMÓN, 8.25
EUDOXO, 6.47
EUFRATES, 10.31
EURÍPIDES (7.38), (7.40), (7.41), (7.50), (7.51), (10.21), (11.6), (12.26)
Es el autor antiguo después de Epicteto del que más citas encontramos en Marco Aurelio, aunque curiosamente en ningún caso se menciona su nombre, porque el público al que se dirige es capaz de reconocer sus textos. De los tres grandes autores trágicos atenienses del siglo v a.C., Esquilo, Sófocles y Eurípides, éste me posteriormente el más popular de todos ellos con diferencia, tanto en la forma escrita de transmisión de sus obras como en la forma representada. Los pasajes que le interesan a Marco Aurelio son especialmente los que hacen referencia a la muerte y su aceptación. Como comenta en 11.6 éste es el interés para él del género trágico.
EUTIQUES, 10.31
EUTIQUIO, 10.31
FABIO CATULINO, 4.50,12.27
FÁLARIS, 3.16
FEBO, 6.47
FILIPO DE MACEDONIA, 9.29,10.27
FILISTIÓN, 6.47
FOCIÓN, 11.13
FRONTÓN, 1.11
M. Cornelio Frontón, maestro y amigo personal de Marco Aurelio. Su relación con él fue tan estrecha que en su correspondencia[498] hay en algunos momentos un tratamiento amoroso, quizá como tópico literario. Probablemente el estilo literario del emperador tiene que ver bastante con él. Sin embargo, no estaba muy de acuerdo con la postura filosófica de Marco Aurelio y expresaba cierta desilusión con su discípulo a este respecto.
FURIO CAMILO, MARCO, 4.33
HELVIDIO, 1.14
HERÁCLITO [2.17], 3.3, [4.43], 4.46, 6.42, 6.47, 8.3
Filósofo griego de los siglos VIV a.C. Su interés para Marco Aurelio radica en la importancia que le concede al lagos como el centro de toda su reflexión. También la idea de que todo está en movimiento y transformación se acerca a los planteamientos de Marco Aurelio a la hora de restarle importancia a la muerte.
HESÍODO (5.33), (11.32)
Poeta épico griego entre los siglos VIII y VII a.C. Autor de la Teogonía en la que relata el nacimiento de los distintos dioses desde el chaos primitivo y de Trabajos y días, poema didáctico con reflexiones sobre la justicia y las labores tradicionales del campo. Era un autor muy leído desde la escuela.
HIMEN, 10.31
HIPARCO, 6.47
HIPÓCRATES, 3.3
HOMERO (4.50), (5.31), (10.34), (11.31)
El famosísimo autor (aunque hoy día no se le considere autor absoluto sino enmarcado dentro de toda una tradición de poetas orales o aedos) de los poemas épicos la Iliada y la Odisea, que se sitúa cronológicamente en el siglo VIII a.C. Para los griegos en estos poemas se contenían las verdades fundamentales sobre el hombre y sus distintas actividades. Los niños aprendían a leer en la escuela sobre sus textos. De ahí que sea muy citado sin nombrarlo porque se memorizaban muchos de sus pasajes y las personas cultas los conocían.
JANTIPA, 11.28
JENÓCRATES, 6.13
JENOFONTE (7.66)
C.430-c.354 a.C. Fue uno de los discípulos atenienses de Sócrates pero más que un filósofo fue un hombre de acción con una importante actuación política y militar. También fue un importante historiador y escritor de diálogos referidos a Sócrates, en los que no alcanza el brillo de Platón. Es por las informaciones que proporciona sobre Sócrates (véase) por lo que lo cita Marco Aurelio.
JENOFONTE (de identidad dudosa), 10.31
JULIA, 8.31
Fue el único descendiente de Augusto (véase), era fruto de su matrimonio con Escribonia, anterior al de Livia (véase). Estuvo casada con Claudio Marcelo, después con Agripa (véase) y finalmente con Tiberio (véase). Marco Aurelio la cita sencillamente como miembro de la corte de Augusto.
JULIANO, 4.50
LAMIA, 11.23
LÉPIDO, 4.50
LIVIA DRUSILA AUGUSTA, 8.31
58 a.C.-29 d.C. Mujer de Augusto (véase) con quien no tuvo hijos, aunque sí de un matrimonio anterior. Uno de ellos fue Tiberio (véase), a favor de quien habría intrigado provocando incluso la muerte de posibles rivales a su puesto de heredero de Augusto, pero pueden ser noticias deformadas por una historiografía hostil con la familia imperial. Marco Aurelio la cita sencillamente como miembro de la corte de Augusto, de la que fue sin duda un elemento muy importante por su inteligencia, belleza y saber estar.
LUCIO LUPO, 12.27
LUCIO VERO, 1.17, 8.37
Por indicación de Adriano (véase), Antonino (véase) adoptó a Lucio Vero y a Marco Aurelio en el mismo momento, por lo que se consideraban hermanos como vemos en 1.17, y ambos fueron nombrados emperadores a la muerte de Antonino, aunque Marco Aurelio tenía preeminencia. Ejerció, por tanto, como coemperador entre 156 y 169, fecha de su muerte. Era hijo de Elio César que estaba designado por Adriano (véase) como su sucesor. Su muerte temprana truncó los planes de Adriano, que escogió entonces a Antonio (véase) con la obligación de que designara a Lucio Vero su sucesor. Sobre su carácter y sus relaciones con Marco Aurelio, véase la introducción.
MARCIANO, 1.6
MECENAS, 8.31
Amigo y colaborador de Augusto (véase). Acumuló enorme riqueza probablemente por confiscaciones durante las turbulencias civiles tras la muerte de César (véase). Amigo del lujo y de la ostentación, fue el gran patrono de los poetas de la época de Augusto: Virgilio, Horacio, Propercio. Marco Aurelio lo cita como miembro prominente de la corte de Augusto.
MENANDRO (2.15), (5.12), [11.6]
Autor cómico de los siglos IV-III, representante de la comedia nueva. Aunque por las citas se puede comprobar que Marco Aurelio lo leía y conocía, su juicio sobre la comedia nueva desde un punto de vista moral es bastante negativo.
MENIPO, 6.47
MÓNIMO, 2.15
MUSAS, 11.18
NERÓN, 3.16
Emperador entre los años 54 y 68 d.C. Marco Aurelio lo cita de forma negativa en una lista de personajes viles y crueles.
NÉSTOR, 4.50
OCTAVIA, 8.31
Hermana de Augusto (véase). Se casó con Antonio, el rival de Augusto, por un acuerdo político entre Augusto y Antonio. Después de la muerte de éste se ocupó de todos sus hijos, incluidos los que había tenido con Fulvia y Cleopatra. Destacó por su humanidad y nobleza. Marco Aurelio la cita como uno de los miembros conocidos de la corte de Augusto.
ORIGANIÓN, 6.47
PANTEA, 8.37
PERDIGAS, 11.25
PÉRGAMO, 8.37
PITÁGORAS, 6.47, 11.27
Matemático y filósofo griego entre los siglos vi y v a.C. Trabajó en Crotona, al S. de Italia. Fundó una escuela filosófica que más bien era una secta en la que se mezclaban la ciencia y cierto esoterismo religioso. Parece que introdujo en Grecia la teoría de la trasmigración de las almas o metempsicosis. La concepción de que el alma vive encerrada en un cuerpo que la degrada, tan querida de Marco Aurelio, se remonta a ideas pitagóricas.
PLATÓN (4.47), (7.35), (7.44), (7.45), (7.46), (7.66), 9.29,10.23, (11.23)
429-347 a.C. Fue el filósofo griego, discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, que más influyó en todo el pensamiento posterior a través de sus famosos diálogos que abren gran cantidad de interrogantes sobre cuestiones fundamentales como teoría del conocimiento, inmortalidad del alma, el mundo de las ideas, los valores morales, etc. El estoicismo medio desarrolló los puntos en común de sus concepciones con las doctrinas platónicas. Véase la introducción. Marco Aurelio lo cita con profusión pero fundamentalmente como testigo de Sócrates, personalidad por la que siente una fuerte atracción. En esta línea, dado el escaso interés de Marco Aurelio por la filosofía pura y dura no menciona a Aristóteles ni alude a sus textos ni una sola vez.
PLUTARCO (7.52)
C.50-C.120 d.C. Fecundísimo escritor griego, especialmente de biografías de personajes famosos y de tratados sobre cuestiones de todo tipo que se engloban bajo el título genérico de Moralia, por el fuerte contenido moral, muy del gusto de la época.
POMPEYO, 3.3, 8.3
106-48 a.C. Fue el contrincante político y militar más importante de César (véase). Marco Aurelio lo cita como general, al mismo tiempo que a César, con cierta actitud despectiva hacia ambos como hombres valiosos que se malgastaron en hechos de armas que a la postre no fueron tan transcendentes, frente a las verdades de la filosofía moral.
RUSTICO, JUNIO, 1.7, 1.17
PIR2 (i 814). Personaje relevante de la aristocracia imperial: cónsul sufecto, cónsul ordinario, prefecto de la ciudad, miembro del Consejo Imperial. Según la Historia Augusta (Vita Marci, III, 34) mantenía una estrecha relación con Marco Aurelio. Fue decisivo en la vinculación de éste con el estoicismo, ya que le acercó a los textos de Epicteto (véase).
SATIRÓN, 10.31
SEGUNDA, 8.25
SÉNECA (11.26)
C.1 a.C. -65 d.C. Nació en España, Córdoba. Fue un importante político en tiempos de Nerón y escritor de tragedias, diálogos, cartas. Fue uno de los más importantes representantes y transmisores del estoicismo romano. Sólo la inclinación de Marco Aurelio por la cultura y la lengua griegas explica que no aluda a él de forma explícita y no lo cite con mayor abundancia.
SEVERO, 10.31
SEXTO DE QUERONEA, 1.9
Filósofo estoico sobrino nieto de Plutarco (Historia Augusta, Vita Marci, III, 2). Siempre estuvo rodeado de filósofos como Apolonio, Catulo Cina, Claudio Máximo (véanse), incluso cuando trabajaba para la familia imperial.
SILVANO, 10.31
SÓCRATES, 1.16, 3.3, 3.6, 6.47, 7.19, 7.66, 8.3,11.23,11.25,11.28
469-399 a.C. Fue el pensador griego del que arranca toda la filosofía moral posterior a través de los cínicos, estoicos y epicúreos, y la filosofía en general a través de Platón, que fue su discípulo. Aunque no escribió nada su personalidad subyugó a todos los que lo trataron con profundidad. Es junto con Epicteto la personalidad más veces citada por Marco Aurelio porque encarna muchos de los valores que él defendía y porque fue un ejemplo práctico a través de la aceptación de su muerte, decretada tras un proceso injusto por impiedad, de la coherencia entre vida y pensamiento.
SÓFOCLES (11.6)
Fue el gran autor trágico del siglo v a.C. Aunque en su época se le consideró superior a Eurípides (véase), éste fue mucho más popular en los siglos siguientes, como se refleja en el número de citas de uno y otro por parte de Marco Aurelio.
TANDASIS, 1.6
TELAUGES, 7.66
TEODOTO, 1.17
TEOFRASTO,2.10
Filósofo y científico peripatético (siglos IV-III a.C.) muy unido a Aristóteles, de quien fue el discípulo más importante. Trabajó en lógica, metafísica, botánica, etología animal. Su obra sobre el comportamiento humano, los Caracteres, fue muy famosa y es a la que alude Marco Aurelio en 2.10.
TIBERIO, 12.27
Emperador entre los años 14 y 37 d.C. Marco Aurelio lo cita por su conducta estrafalaria en relación a su permanencia en Capri durante varios años consecutivos mientras era emperador de Roma, según algunos para evitar tanto a su madre, Livia (véase), como a su mujer, Julia (véase).
TRAJANO, 4.32
Emperador entre los años 98 y 117 d.C. Marco Aurelio lo cita de forma neutra como mera referencia temporal.
TRÁSEAS, 1.14
TROPEÓFÓRÓ, 10.31
VELIO RUFO, 12.27
VESPASIANO, 4.32
Emperador entre los años 69 y 79 d.C. Marco Aurelio lo cita de forma neutra como mera referencia temporal.
VÓLESÓ, 4.33
ZEUS, 4.23, 5.6, 5.8, 5.27,11.8
Zeus, como dios supremo del panteón, es lógico que aparezca como la personificación de la divinidad filosófica en la que creían los estoicos y que no se haga mención de otros dioses, excepto Apolo en un caso (véase).
ÍNDICE DE LUGARES O PUEBLOS
Asia, 6.36
Atenienses, 5.7, 7.45
Atos, monte, 6.36
Bayas, ciudad. 1227
Caldeos, 33
Capn, ciudad, 1227i, , • ,:,/, r’ Li •’ •« i\
Carnunto, población, 3.0..,. ,,,
Cuados, 1.17
Europa, 6.36
Falerno, población, 6.13
Gaeta, población, 1.17
Gran, 1.17
Griegos, 3.14
Hélice, ciudad, 4.48
Herculano, ciudad, 4.48
Lacedemonios, 11.24
Lanuvio, población, 1.16
Lorio, población. 1.16
Macedonia, 6.54
ollmPO• monte 5.33
Pompeya, ciudad, 4.48, 8.31
Roma ciudad 6.44
Sármatas, 10.10
Sinuesa, 1.7
Túsculo, 1.16
 [1] Sobre este periodo una obra general recomendable es la publicada por J. Le Gall y M. Le Glay, El imperio Romano. El Alto Imperio, Madrid, 1995. También J. M. Roldan; J. M. Blázquez; A. Castillo, El imperio romano (), Madrid, Cátedra, 1989.
 [2] Sigue siendo un clásico, a pesar de los años que han pasado y de excelentes monografías que han aparecido desde entonces, el libro de A. Birley, Marcus Aurelius, Londres, 1966, 29.
 [3] Frontón, Epistolario, ed. A. Palacios Martín, Madrid, 1992, epist. 38.
 [4] Catilio Severo, fue aliado de Adriano y era considerado una persona muy culta, véase Historia Augusta, v. Marci, I, 9.
 [5] H. I. Marrou, Historia de la educación en la antigüedad, Madrid, 1985, 224. La valoración de Hornero entre los estoicos se refleja en la obra de Marco Aurelio.
 [6] A. S. L. Farquharson, Marcus Aurelius. His Life and his World, Oxford, 1951,15.
 [7] Historia Augusta, v. Marci, II, 3, y Marco Aurelio, 1.10; aparece nombra do por Elio Aristídes, Orationes, XXXII.
 [8] H. I. Marrou, 259 y ss.
 [9] Podemos leer en una carta al ilustre discípulo algunos de estos consejos: "has comenzado a leer discursos pomposamente adornados. No pretendas poder imitarlos en seguida" Frontón, Epist., 31.
 [10] Frontón, Epist., 13.
 [11] A. López Eire, Retórica clásica y teoría literaria moderna, Madrid, 1997, 12, donde señala dos retóricas con utilidades claramente discernibles: una retórica anterior a la pérdida de independencia de la polis clásica (finales de los siglos IV y III a.C.) de carácter eminentemente político y otra posterior, la que conocieron los romanos y pasó a nuestra cultura, que se puede denominar una retórica escolar, propia del ciudadano del mundo o, lo que es lo mismo, adecuada para conducirse apropiadamente el individuo entre otros de su misma clase.
 [12] P. Hadot, Paris, 1998, C y nota 1.
 [13] Hadot, 1998, CVI; también del mismo autor. La citadelle intérieure. Introduction aux Pensées de Marc Auréle, París, 1997,16 y ss.
 [14] Farquharson, 1951, 36 y ss.
 [15] Historia Augusta, v. Marci, IV, 9.
 [16] Frontón, Epist., 49.
 [17] W. Jaeger, Cristianismo primitivo y paideia griega, Madrid, 1995, 58 y ss. Sobre una visión general de las principales filosofías helenísticas y su evolución véase R. W. Sharples, Stoics, Epicureans and Sceptics, Londres, Nueva York, 1996. Una introducción breve a las filosofías helenísticas podemos encontrar en M. Daraki; G. Romeyer-Dherbey, El mundo helenístico: cínicos, estoicos y epicúreos, Madrid, 1996. Son filosofías sustentadoras del individuo y de la naturaleza como puntos de anclaje tras la pérdida del ideal de ciudad, respuesta a una política cada vez en mayor grado hecha al margen de las poleis que pierden la independencia y el principio de autarquía que les eran consustanciales. También M. Dona, Epifanías admirables. Apogeo y consumación de la Antigüedad, Madrid, 1996, donde se explican las relaciones entre una fe cada vez más monoteísta y un sistema filosófico como el neoplatónico, interesado en dotar de una formalización filosófica a dicho proceso.
 [18] Frontón, AdM. Caes.,W, 13.
 [19] Historia Augusta, v. Veri, II, 5.
 [20] Historia Augusta, vita Antonini, X 4; donde Antonino se ríe del filósofo ante la negativa de éste de acudir al Palacio a dar la clase y le responde: "Le fue más fácil a Apolonio venir desde Calcis a Roma que desde su casa al Palacio" (Historia Augusta. Antonino Pío, trad. de V. Picón y A. Cascón, 103).
 [21] Historia Augusta, v. Veri, II, 5.
 [22] A. S. L. Farquharson, The meditations of Marcus Aurelius Antoninus, Oxford, 1989, 149.
 [23] A. A. Long, La filosofía helenística, Madrid, 1997, 226.
 [24] G. W. Bowersock, Greek Sophists in the Román Empire, Oxford, 1969, 1516; B. Reardon, Courants littéraires grecs des II et III siècles après J. C., París, 1971, 268274; R. B. Rutherford, The Meditations of Marcus Aurelius. A Study, Oxford, 1989, especialmente 80-89. Desde otro punto de vista M.J. Hidalgo de la Vega, El intelectual, la realeza y el poder político en el Imperio Romano, Salamanca, 1995, donde aborda la relación entre el intelectual que crea una imagen ideal de la basileía y el poder que tiende, cuando menos, a parecerse a ese ideal, representado por el panegírico de Plinio a Trajano, que crea un speculum principis que de alguna manera los sucesores Antoninos tienden a imitar.
 [25] Cada una de las dos franjas estrechas de púrpura que bajaban paralelamente desde el cuello hasta el borde de la túnica de los caballeros romanos.
 [26] Historia Augusta, v. Marci, IV, 2.
 [27] Los salii era uno de los colegios sacerdotales más antiguos de Roma; sus danzas representaban la sacralización de la guerra, que en época arcaica tendían a comenzar con el buen tiempo, la primavera, y se interrumpían antes de que comenzase el malo, en otoño; ellos representaban en sus rituales la apertura y la clausura del ciclo guerrero.
 [28] Historia Augusta, v. Marci, IV, 2.
 [29] Historia Augusta, v. Marci, I, 10.
 [30] Historia Augusta, v. Marci, VI.
 [31] Los caballeros estaban encuadrados en seis destacamentos, turmae; se le nombra pues comandante de uno de estos destacamentos.
 [32] Con dicho título de carácter honorífico se viene a señalar su herencia dinástica; aunque el término adquiere su sentido constitucional con Augusto tras la reoganización de la iuventus, posteriormente los emperadores reinantes usan el título.
 [33] Historia Augusta, v. Marci, VI, 3.
 [34] Historia Augusta, v. Marci, VI, 7.
 [35] Bienhechor, título que en algunas ciudades griegas se concedía a ciudadanos destacados que actuaban, de diversa forma, a favor de la ciudad y de sus habitantes. Posteriormente fue un título concedido a ciertos reyes helenísticos. El término latino sería munificientia.
 [36] Historia Augusta, v. Pii, X, 2. Según Birley, 116, como ambos eran patricios la ceremonia debió ser a través del rito de confarreatio, ceremonia en la que Pío, como Pontífice Máximo, y Aflamen, sacerdote de Júpiter, hacían compartir a los esposos un pan de esperta, una variedad de trigo.
 [37] Cabe dentro de lo posible cierta infidelidad de Faustina a Marco Aurelio, lo que no parece probable es recoger como veraces todas las afirmaciones que se vierten sobre ella, al igual que una moralidad tan dudosa que la llevara incluso a conspirar contra su marido; la explicación más probable de la conducta de Faustina con la sublevación de Casio parece explicarse por intentar lograr la sucesión de Cómodo ante los rumores de muerte de Marco Aurelio. La conducta de la esposa del emperador sirve, sin embargo, a los autores antiguos para destacar la virtud de él, la patientia; véase al respecto Birley, 306; Julio Capitolino, el autor supuesto de la vida de Marco Aurelio en la Historia Augusta, debió de contar con fuentes más antiguas, posiblemente de carácter filosenatorial y posiblemente viciadas para desestimar el gobierno de Cómodo; véase W. Górlitz, Marc Aurele. Empereur et phihsophe, París, 1962, 44 y s.
 [38] Historia Augusta, v. Marci, VI 6.
 [39] Encargados de velar por el buen funcionamiento de las ciudades, estaban encargados de múltiples tareas, desde mantener el buen estado de los edificios públicos hasta proteger los acueductos para que el abastecimiento de agua a las ciudades no se interrumpiera, Digesto, XXVII, 1, 6, 12.
 [40] Este pensamiento dio título a una monografía de uno de los mejores conocedores de la obra de Marco Aurelio, Hadot, La citadelle intérieure. Introduction aux Pensées de More Aurék, París, 1997.
 [41] Sobre los sucesos después de la sucesión de Marco Aurelio sigue siendo imprescindible Historia Augusta, v. Marci, VIII y IX. Las monografías imprescindibles siguen siendo A. Birley, 152 y ss. Farquharson, 1951, 76 y ss., W.Görlitz, 91yss.
 [42] Historia Augusta, v. Marci, VIII, 12.
 [43] Historia Augusta, v. Veri, VIII, 24.
 [44] Las fuentes romanas no hablan de estos contactos, son únicamente las crónicas chinas las que los cuentan; véase Görlitz, 110 y s., y Birley, 195.
 [45] Historia Augusta, v. Marci, XII, 8.
 [46] Para una visión rápida de los problemas que tiene el Imperio a partir de Marco Aurelio, véase R, Remonden, La crisis del Imperio romano, Barcelona, 1984, 5 y ss.; y sobre la evolución de los pueblos limítrofes, tanto interna como en relación con el Imperio, F. Millar, El Imperio romano y suspuebbs limítrofes. El mundo mediterráneo en la edad antigua, Madrid, 1987,205-220 y 270 y ss.
 [47] Millar, 212.
 [48] Véase Birley, 241 y ss., especialmente 245, donde se afirma la diferencia entre la columna de Trajano y la de Marco Aurelio: mientras en la primera aparece una atmósfera de marcialidad y agresividad con los enemigos, en la columna Aureliana, Marco Aurelio, eje de unión de las diversas escenas, acompañado posiblemente de su fiel consejero Claudio Pompeyano, muestra la guerra como sórdida y enojosa; un sentimiento que representa fielmente el artista en consonancia con el espíritu del emperador.
 [49] Así es en la vida de Marco Antonino, el filosofo (ed. V. Picón y A. Cascón), Historia Augusta, 124, el procedimiento de purificación: "Fue tan grande el terror que suscitó la guerra contra los marcomanos que Marco Aurelio mandó llamar sacerdotes de todas las partes, practicó ritos extranjeros y purificó Roma con todo tipo de sacrificios; y, habiendo retrasado por estas circunstancias su salida para emprender la guerra, celebró también durante siete días un lectisternio siguiendo el rito romano." El lectisternium, rito de purificación, realizado por primera vez en el 399 a.C., se celebraba para frenar fenómenos especiales y extraordinarios; consistía en servir un banquete a las imágenes de los dioses tumbadas en cojines, con lo cual su presencia parecía más real. La muchedumbre por su parte realizaba plegarias y visitaba los santuarios. Véase J. Bayet, La religión romana, Historia política y psicológica, Madrid, 1984, 115, 142,151.
 [50] Historia Augusta, v. Marci, XVII.
 [51] Originalmente los dediticii, generalmente empleados para pueblos vencidos, habían hecho con Roma una deditio in fidem, una incondicional rendición, y Roma regulaba su status. Posteriormente sirvieron para colocar pueblos dentro de las fronteras romanas con el fin de defender los territorios a ellos asignados.
 [52] Sobre el desarrollo de la guerra Birley, 217 y ss.
 [53] Historia Augusta, v. Marci, XXIV, 8 y XXV. Dión Casio, 71,22, 3 y 23,2. También de la Historia Augusta, v. Avia. Cass., VII, 24; Birley, 253259.
 [54] Historia Augusta, v. Avid. Cass., VIII y IX, 15.
 [55] Marco Aurelio, Meditaciones, 9.16, donde se afirma que el sufrimiento no sirve para interpretar la realidad sino la actividad de ser racional, principio que va a ser desarrollado con una finalidad claramente radical por el antiestoico Nietzsche, en su crítica del pensamiento cristiano que se ha apoderado del sentido de la historia.
 [56] Historia Augusta, v. Marci., XXVIII, 1.
 [57] Dión Casio, 71, 18-21.
 [58] Véase entre una amplia bibliografía al respecto Farquharson, 1951, 142 y ss., A. Brunt, "Marcus Aurelius and che Chrisrians", en C. Deroux (ed.), Studies in Latin Literature and Román History, I, col. Latomus, CLXTV, Bruselas, 1979, 483-520; Birley, 328-331; J. Daza Martínez, "Ideología y política en el emperador Marco Aurelio", Lucentum, 1984, 279-298. También Ferro Gay,J. Benavides Lee, "El cristianismo y el Imperio", Nova Tellus, 1985, 127-148, donde se narran las consecuencias políticas y religiosas de la aparición del cristianismo y la incompatibilidad con los deberes cívicos romanos.
 [59] Birley, 287 y s. recoge la información de Dión Casio, 71.33. Sin embargo en la v. Marci, XXVIII, 8, se dice que Marco Aurelio se despide rápidamente de Cómodo para no contagiarle la enfermedad.
 [60] Tertuliano, Apologeticus, 25. Esta localización no suele ser aceptada por la crítica histórica.
 [61] De la amplia bibliografía que ha generado el estoicismo recomendamos la obra de M. Pohlenz; hemos utilizado la edición italiana La Stoa. Storia di un movimento spirituale, II vols., Florencia, 1967, especialmente la primera parte; un amplio trabajo de E. Elorduy, El Estoicismo, Madrid, 1972; la obra clásica ya citada de Long, 111 y ss.; G. Puente Ojea, Ideología e historia. El fenómeno estoico en la sociedad antigua, Madrid, 1990, obra imprescindible a contracorriente de ciertos investigadores sociales que ven más ramas que bosque; y la excelente síntesis dej. Berraondo, El estoicismo, Barcelona, 1992. Trata también aspectos de la filosofía helenística el cuadernillo ya citado de Daraki y Romeyer-Dherbey, con teorías que relacionan la teoría hesiódica de las razas con las "dos razas de hombres" del estoicismo. Igualmente general es la obra de Sharples ya citada.
 [62] Aunque Zenón era chipriota, por tanto zona tradicionalmente griega, se observa que la mayoría de los filósofos estoicos proceden de regiones de Asia helenizadas y no ocurre como en épocas anteriores que eran originarios de Grecia o de las ciudades helenas de la costa egea, por eso podemos afirmar que estamos ante una filosofía helenística más que helena, al igual que las otras doctrinas que surgen en este periodo; véase Pohlenz, el capítulo I y especialmente 17 y ss., también Ellorduy, 25-37, quien muestra las diferencias entre Zenón y la filosofía helénica.
 [63] Véase 6.13; se identifica con el cínico Crates frente al platónico Jenócrates.
 [64] No es excesivo el recordatorio de Marco Aurelio al segundo de los fundadores del estoicismo y cuando hay alguna referencia ésta es bastante breve, véase índice de nombres.
 [65] Long, 118.
 [66] Pohlenz, 359 y ss.; Long, 117 y 192.
 [67] Long, 118 y 206 y ss.
 [68] J. Souilhé, Épictete, Entretiens, París, 1975, i, XXXVI y ss.
 [69] Véase al final el índice de nombres, donde se recogen las veces en que Marco Aurelio utiliza las enseñanzas de Epicteto.
 [70] Elorduy, 209.
 [71] Elorduy, 212.
 [72] Berraondo, 15.
 [73] Hemos intentado seguir el planteamiento general de J. Marías, Historia de la Filosofía, Madrid, 1985, al igual que la obra de Long, 123-203.
 [74] Pohlenz, 57 y ss.; también Long, 125 y ss.
 [75] Long, 121.
 [76] Pohlenz, 187.
 [77] Meditaciones, 3.2: "Así, por ejemplo, el pan al cocerse se resquebraja en algunas partes y esas aberturas, a pesar de ser de alguna forma contradictorias al buen hacer del panadero, llaman nuestra atención y mueven especialmente nuestra ansia por comerlo."
 [78] Meditaciones, 2.1.
 [79] Elorduy, 222.
 [80] Elorduy, 213 y ss.; también Berraondo, 111.
 [81] Elorduy, 224.
 [82] Hadot, 1998, XII-XXV.
 [83] Hadot, 1998, tituló la obra Marc Auréle. Ecrits por lui-meme. Sobre diversos nombres que ha recibido la obra, véase XXXIX.
 [84] A. Bruñí, "Marcus Aurelius in his Meditations", JRS, 64, 1974, 120, especialmente 2 y s. y 5. Rutherford, 813, opina que es una especie de terapéutica emocional más que un diario. Para Hadot, 1997, 5167, son como una especie de ejercicios espirituales. Tales propuestas no son tan diferentes de la defendida en el siglo XVII por Th. Gataker, M. Antonini Imperatoris de Rebus Suis. Libri XII, Cambridge, 1652, reeditado en Londres en 1697 y 1707.
 [85] Hadot, 1998, XI, deja caer esta hipótesis sin defenderla claramente.
 [86] Farquharson, The Meditations of the Emperor Marcus Antoninus, 2 vols., Oxford, 1944,1, lxxv-lxxvi; también Hadot, 1997, 43, donde señala claramente que estamos ante una obra extraña.
 [87] Algún estudioso opina que la pretensión de los estoicos es únicamente el control de la ira, cfr. Rawob, Seelenführung. Methodik der Exerzitien in der Antike, Munich, 1954. No está muy de acuerdo Elorduy, 223, al afirmar que lo que deseaban los estoicos era más ambicioso, pretendían confiar solamente en el lógos.
 [88] Epicteto, Enchiridion, ed. R. Alonso García, Madrid, 1993,1, 2. "Las [cosas] que dependen de nosotros son por naturaleza libres...; las que no dependen de nosotros son débiles, serviles, sujetas a impedimentos y nos son ajenas."
 [89] Puente Ojea, 215, señala que en la ideología estoica dé la Roma imperial vuelve a mostrarse la dialéctica de las vertientes interior y exterior de la vida humana, produciéndose una ambigüedad explicativa a los problemas resultantes de la trama social.
 [90] Pohlenz, 121 y ss.
 [91] Meditaciones, 3.16: "Cuerpo, alma e inteligencia. Las sensaciones son del cuerpo, los impulsos del alma, las convicciones de la inteligencia."
 [92] La línea fundamental del estoicismo es monoteísta, existe una sola divinidad, pero esto no impide reconocer como dioses las manifestaciones visibles del único ser primero, Pohlenz, 190. Marco Aurelio, al igual que antes Epicteto, emplea indistintamente el nombre de Dios, dioses o incluso el nombre de Zeus, y todos ellos tienen un sentido similar. Véase Brunt, 1974, 15.
 [93] Hadot, 1997, 231 y ss.
 [94] Elorduy, 224 y ss., afirma que los estoicos establecen automáticamente unas reglas de convivencia innatas que permiten lograr la armonía social.
 [95] "Animula vagula blandula / Hospes comesque corporis / Quae nunc abibis in loca / Pallidula, rígida, nudula."
 [96] Este apartado de la introducción es responsabilidad del traductor, F. Cortés Gabaudán.
 [97] Véanse a este respecto, los capítulos de la sección de la introducción dedicados a la infancia y educación de Marco Aurelio.
 [98] Rutherford, 78.
 [99] Filóstrato, Vida de los sofistas, 2.566. Sobre la cuestión véase Rutherford, 81 y ss.
 [100] Véase en la sección de la introducción "La obra de Marco Aurelio", "Aspectos previos". Hadot, 1998, xxviii y ss., considera que la obra estaba exclusivamente pensada para sí mismo y hace un recorrido por la historia de esta interpretación. Sin embargo, existe otra línea interpretativa que sin llegar a pensar que fuera una obra para un público amplio, considera que está escribiendo para alguien más que para sí mismo; cfr. Rutherford, 10 y ss.
 [101] F. H. Sandbach, The Stoics, Londres, 1975, 176.
 [102] Rutherford ha desarrollado el tema con amplitud en su capitulo, "Theme and Variation", 126 y ss.
 [103] A este respecto hemos procurado que el índice de nombres cumpla también la función de un índice de citas.
 [104] El interés por Eurípides viene por las frases que hace decir a sus personajes en la aceptación de la muerte, uno de los grandes temas de Marco Aurelio.
 [105] La referencia a Séneca es muy discutible porque en todo caso seria sólo como fuente sobre los epicúreos; esa información, aunque nosotros la conozcamos por Séneca, Marco Aurelio podía conocerla por otra vía.
 [106] Frontón, Epist. ad Caes., 4.1.3.
 [107] Según Hadot, 1998, xxxv, de los 470 pasajes que conforman los libros II a XII existe un diálogo en segunda persona referido por desdoblamiento del yo en más de 300.
 [108] E. Norden, La. prosa, artística griega. De los orígenes a la edad angustea (=Die antike Kuntsprosa) (trad. de O. Alvarez y C. Tercero), México 2000 (= Leipzig 1898'), 30 y ss.
 [109] Cicerón, De oratore, 3.66: "Accedit quod orationis etiam genus habent fortasse subtile et certe acutum, sed, ut in oratore, exile, inusitatum, abhorrens ab auribus vulgi, obscurum, inane, ieiunum, ac tamen eius modi, quo uti ad vulgus nullo modo possit." Sobre el desarrollo en Roma de esa forma de expresión es imprescindible el estudio de G. Moretti, Acutum dicendi genus. Brevità, oscurità, sottigliezze eparadossi nelle tradizioni retoriche degli stoici, Bolonia, 1995.
 [110] Este apartado es responsabilidad del traductor, F. Cortés Gabaudán.
 [111] En las referencias al aparato crítico de Dalfen, Hadot y al comentario de Farquharson no se especifica la página por entenderse que se remite al pasaje en discusión.
 [112] Esta dependencia es todavía más acusada en las traducciones al inglés; así la traducción de R. Hard, Marcus Aurelius. Meditations, en Wordsworth Classics, 1997, se aparta realmente muy poco de Farquharson.
 [113] Anio Vero, Marco, véase el índice de nombres.
 [114] Según la interpretación habitual. Marco Aurelio no afirma poseer por herencia estos rasgos, sino más bien es lo que más admira en estas personas allegadas y es aquello a lo que tiende. Concretamente el mal humor y la irritabilidad debían ser rasgos no queridos de su carácter; sin embargo, su control era uno de los ideales estoicos como se comprueba por el propio término que usa.
 [115] Anio Vero, véase el índice de nombres.
 [116] Domicia Lucila, véase el índice de nombres.
 [117] Catilio Severo, véase el índice de nombres. Quintiliano, 1.2 discute sobre la educación pública y privada, haciéndose eco de un tema debatido en la época.
 [118] No se conoce su nombre. Sí sabemos que lloró a su muerte tal como comenta la Historia Augusta, vita Pii, X, 5.
 [119] Alude a facciones en el circo. En ese momento, la pasión por los juegos, especialmente por los espectáculos de gladiadores, afectaba a toda la ciudadanía romana, ricos o pobres, cultivados e ignorantes. Sus organizadores adquirían gran prestigio, en cuya búsqueda a veces llegaban a la ruina. Había cuatro facciones que se identificaban con colores: rojo, azul, blanco y verde. Estaban organizadas y movilizaban amplios estratos de población. Véase A. Cameron, Circus Factions. Blues and Greens at Rome and Byzantium, Cambridge, Mass., 1980
 [120] Sigue aludiendo a facciones, ahora de los combates del anfiteatro nombradas por los distintos tipos de escudo según las nacionalidades de origen.
 [121] Véase el índice de nombres.
 [122] Se jugaba entre dos y se trataba de que la codorniz tras recibir golpes en la cabeza no saliera de un circulo trazado en el suelo; cfr. Poll., IX 102, citado por Hadot, 1998.
 [123] Filósofo platónico del siglo II d.C.
 [124] Es un nombre muy chocante del que no sabemos nada. Hadot, 1998, propone sin apoyo manuscrito en su lugar a Basílides de Escitópolis, filósofo estoico del siglo a d.C.
 [125]
No sabemos precisar de quién se trata al ser un nombre bastante corriente. Gataker (editor del texto en el siglo XVII) propuso Maeciano, con quien según la Historia Augusta habría estudiado leyes, pero parece poco probable, como señala Hadot, 1998, lxxxiii.
 [126] Parece que se refiere a lo que hoy designamos como educación espartana. Hadot, 1998, propone modificar el texto y sustituir ‘helénico’ por ‘lacónico’, equivalente de espartano.
 [127] Junio Rústico, véase el índice de nombres.
 [128] Referencia a la segunda sofística.
 [129] Ciudad de Campania.
 [130] Apolonio de Calcedonia, véase el índice de nombres.
 [131] Sexto de Queronea, véase el índice de nombres.
 [132] Máxima del ideal estoico, cfr. 1.17.11.
 [133] Alejandro de Cotieo (Frigia), véase el índice de nombres.
 [134] Véase el índice de nombres.
 [135] Alejandro de Seleucia (Cilicia), véase el índice de nombres.
 [136] De Catulo Cina sólo sabemos que es un estoico de la época.
 [137] Sólo sabemos que ambos personajes eran estoicos.
 [138] Claudio Severo, véase el índice de nombres.
 [139] Senadores estoicos que padecieron hasta la muerte la persecución imperial, el primero se suicidó en época de Nerón, el segundo fue asesinado bajo Vespasiano. Probablemente el motivo de su muerte fue más que el estoicismo las tensiones entre los senadores y el emperador.
 [140] Se piensa que hace alusión a Dión de Siracusa. La mención aquí de este político siracusano responsable de la intervención de Platón en los asuntos de Siracusa se debe a que es uno de los miembros de la pareja de las Vidas paralelas de Plutarco junto con Bruto, ambos son platónicos y luchadores contra la tiranía.
 [141] Véase el índice de nombres.
 [142] Seguimos el texto de Hadot, 1998; Dalfen piensa que existe una metáfora musical en ambos términos, lo que daría lugar a una traducción del tipo “la armonía y el buen tono”.
 [143] Claudio Máximo, véase el índice de nombres.
 [144] Se entiende su padre adoptivo: Antonino el emperador; a su padre real lo ha mencionado en en 1.2, véase el índice de nombres.
 [145] Esta expresión, que encarna la idea estoica de justicia, la usa Marco Aurelio nada menos que en catorce ocasiones.
 [146] Alusión a la homosexualidad que al gusto griego se practicaba entre hombre adultos y muchachos en su adolescencia. La homosexualidad no estaba condenada en Roma, al menos en época imperial; sin embargo no eran bien mirados quienes en las relaciones homosexuales actuaban de receptores, sobre todo si eran ciudadanos adultos; dicha cortapisa venía dada por el carácter blando y femenino que se suponía en quien desarrollaba tal práctica sexual. Al respecto puede verse entre otros los trabajos de J. Griffin, “Augustan Poetry and the Life of Luxury” JRS, 66, 1976, 87-105. También J. BemayVilbert, “La répression de l’homosexualité dans la Rome Antique”, Arcadie: Revue littéraire et scientifique, 250, 1974, 443-456.
 [147] Referencia a las obligaciones que debía tener el cliente con su patrono. Las obligaciones del cliente con su patrono eran, por un lado, laborales: tenía que trabajar para éste durante un tiempo determinado, según sus necesidades coyunturales; además debía cumplir con lealtad política hacia su “señor”, apoyando sus iniciativas legales o simplemente votando a quien el patrono designara; también los clientes debían darle apoyo defensivo, siendo una especie de “guardia privada” del mismo. Un acto cotidiano simbolizaba perfectamente la relación vasallática que existía entre amo y subordinado: los dientes debían aguardar todas las mañanas a la puerta del patrono para saludarlo y esperar a que éste se dignase invitarlos a su casa o bien acompañarle por las calles de la ciudad a diversos lugares públicos, entre ellos el Foro; puede consultarse la obra de R Saller, Personal Patronage under the Early Empire, Cambridge, 1982.
 [148] Aquí existe en los manuscritos una frase que Dalfen, creemos que con razón, piensa que es una interpolación con el siguiente texto: “y no: »estuvo ausente de la indagación y se ha conformado con sus lucubraciones superficiales«”.
 [149] El no depender de nada es lo que hace que su aspecto pueda ser siempre radiante, cfr. 3.5.
 [150] Utiliza aquí la palabra latina uemaculus, cuyo significado propio es el de esclavo nacido en la casa; de ahí pasó al significado de obsequioso, servil, y también el de impostor, charlatán.
 [151] Hadot, 1998, da aquí por buena una pequeña frase de los manuscritos, “el mantener las costumbres patrias”, que no añade nada al sentido; Dalfen con buen criterio considera que se trata de una interpolación.
 [152] Existe divergencia en los manuscritos: Hadot, 1998, lee el equivalente de ‘moderación’, mientras que Dalfen lee ‘adiestramiento’. Sobre el contenido véase la noticia de Antonino en el índice de nombres.
 [153] Se refiere a los repartos de vino, aceite, cereales, etc. que de forma gratuita se hacían entre los habitantes de Roma. “La preocupación por el bien común” es una cualidad del buen gobernante que debe ir asociada a no tener un excesivo afán constructor; la actividad edilicia desmedida es una de las características que definen al tirano frente al buen gobernante. Tampoco debe buscar el princeps óptimas, el buen emperador, el favor de la turba. Sin negarle a Antonino su mesura en sus aficiones y en el gasto público, las reservas del Estado tras su muerte ascendían a 675 millones de denarios, tampoco escatimó en emplear el dinero propio y el estatal en diversos menesteres: al llegar al poder distribuyó un congiario, al pueblo y al ejército, práctica comente entre los emperadores, y contribuyó con grandes cantidades a las obras emprendidas por Adriano.
 [154] En una relación de cuidados del cuerpo y de la vida doméstica, sólo se puede entender referido a su propia casa, en el sentido de que no estaba todo el tiempo haciendo obras y mejoras.
 [155] Se refiere a su atractivo sexual.
 [156] Todo este punto es de difícil comprensión porque hace alusiones que no entendemos. Esto ha dado pie a numerosas interpretaciones y propuestas de enmienda sin que ninguna de ellas sea del todo convincente. Seguimos el texto de Dalfen.
 [157] Lorio (hoy Castel di Guido) estaba en la vía Aurelia a unos 20 kilómetros al oeste de Roma. Allí tenía un palacio Antonino; cfr. Hadot, 1998.
 [158] Lanuvio (así se llama también hoy) es una ciudad del Lacio, al S. De Roma, cerca del lago de Albano; era el lugar de nacimiento de Antonino, también tenía tierras allí.
 [159] Una localidad cercana a Lanuvio.
 [160] Se trata de una chreía, anécdota que sirve para describir el carácter de la persona de la que se está hablando. Nuestro problema es que no conocemos el contenido de la anécdota.
 [161] Parece que hace alusión a una expresión aplicable a personas turbulentas que sudan por su carácter colérico o impulsivo.
 [162] Alusión a Platón, Banquete, 219e-220a, donde se refiere que Sócrates era el que más aguantaba sin comida o bebida, pero si había en abundancia era también capaz de disfrutarlo más porque entre otras cosas podía beber mucho sin emborracharse.
 [163] La frase “es propio de un hombre que tiene un espíritu articulado e invencible” es considerada como glosa por Dalfen. Discusión larga sobre el pasaje en Hadot, 1998, 4546.
 [164] No entendemos muy bien en qué es aplicable lo que se ha dicho antes con la enfermedad de Máximo porque se puede suponer que fue una prueba que resistió bien gracias a su carácter Antonino, pero no se entiende en qué pudo disfrutar.
 [165] Ania Cornificia Faustina casó con un noble romano, Umidio Quadrato (¿cónsul en el 167?); parece ser que murió joven.
 [166] Alusión al carácter colérico de Marco Aurelio, que contrasta con el buen carácter del resto de sus familiares y amigos que ha ido citando en este libro primero.
 [167] Una mujer con la que convivió Marco Annio Vero después de la muerte de su esposa.
 [168] Referencia a la castidad.
 [169] Se expresa mediante una asociación de ideas que favorece la polisemia de hora en griego, término que aparece dos veces en la frase, en un caso lo traducimos por “flor de la juventud” y en otro por “su momento”.
 [170] Primera referencia a Lucio Vero, hermano por adopción por cuanto que Antonino adoptó a Marco Aurelio y a Lucio Vero en el mismo momento. A la muerte de Antonino ambos fueron nombrados emperadores. No ha sido citado antes porque no es hermano de sangre. Véase el índice de nombres.
 [171] La vida según la naturaleza es una fórmula que resume el ideal estoico, heredada de los cínicos.
 [172] Existen dudas textuales en cuanto a si debe leerse “iluminaciones” como inspiraciones procedentes de la divinidad o sencillamente “pensamientos”, como quiere Hadot, 1998.
 [173] Se piensa que ambos compartían el lecho de Adriano, por tanto, sólo pudo conocerlos cuando era todavía muy joven. Se puede por tanto entender, en un sentido genérico, que no tuvo relaciones sexuales con esclavos de este tipo.
 [174] Ania Galena Faustina, mujer de Marco Aurelio. Véase el índice de nombres.
 [175] A pesar de que Marco Aurelio contó con el mejor médico de su tiempo, Galeno, es curioso que mantenga la concepción de la medicina inspirada por sueños de la divinidad, propia de los templos de Asclepio, a quien, por otra parte, cita en 5.8.
 [176] Pequeño puerto de mar en Campania. Existe aquí una corrupción en el texto que no es posible reconstruir con seguridad.
A pesar de que Marco Aurelio contó con el mejor médico de su tiempo, Galeno, es curioso que mantenga la concepción de la medicina inspirada por sueños de la divinidad, propia de los templos de Asclepio, a quien, por otra parte, cita en 5.8.
 [177] Aparece aquí el desprecio de Marco Aurelio por la filosofía especulativa y la lógica. Para él la única filosofía que merece la pena es la moral que inspira normas de conducta práctica.
 [178] Población sueva asentada en la zona septentrional del Danubio que junto con los marcomanos representó una amenaza constante para la frontera romana del Danubio. La expedición emprendida por Marco Aurelio contra cuados y marcomanos, contemporánea con la redacción de las Meditaciones, se fecha entre los años 172 y 174.
 [179] Un afluente del Danubio.
 [180] Traducimos así noûs, término muy marcado filosóficamente en griego.
 [181] El alma racional, lógos, noûs, tó hegemonikón (principio rector), es lo que compartimos con el lugos universal que a su vez es la divinidad. Esa parte, por tanto, es el elemento divino del que disfruta el hombre.
 [182] Esta misma trilogía aparece expresada de forma más clara en 3.16: cuerpo, alma e inteligencia (sôma, psyché y noûs). Véanse las notas al respecto.
 [183] Pneumátion, emparentado directamente con pnêuma, ‘aliento’, al que los estoicos, especialmente Crisipo, habían otorgado gran importancia en su física. En el siglo I a.C. hubo una escuela de médicos pneumatistas que dieron también gran relevancia a este elemento en la explicación de la fisiología y la enfermedad.
 [184] Expresión de los estoicos para referirse al alma racional, que debe ser quien guíe y dirija la actuación del hombre; de ahí su nombre, tò hegemonikón.
 [185] Estas tres pequeñas oraciones muchos editores consideran que están desplazadas. Seguimos a Dalfen, que sigue con fidelidad el texto de los manuscritos, aunque parece muy posible la otra hipótesis.
 [186] Referencia a la fisiología galénica con la que, según Farquharson, 1944, II, Marco Aurelio debía estar bastante familiarizado, incluso podría haber asistido a sesiones de disección.
 [187] Se han dado dos interpretaciones, una, la más habitual, que “despejar las nubes” se refiere a serenarse el ánimo, otra que alude a entender con claridad.
 [188] Farquharson, 1944, II, propone, en la estela de Gataker (editor del texto , en el siglo xvii), un cambio en el texto para facilitar su comprensión; según él habría que entender “te estás maltratando a ti misma, alma”. Otros editores han propuesto una negación previa: “no te humilles...”. Pueden tener razón porque el sentido del párrafo y del pensamiento de Marco Aurelio en su conjunto es contrario a esta declaración inicial. Debe entenderse, por tanto, el texto en sentido irónico.
 [189] Véase el índice de nombres.
 [190] Farquharson, 1944, II, interpreta que esta comparación va en contra del principio estoico de que todas las faltas son igualmente graves, de ahí que lo justifique como una forma de hacerse entender por un público poco especializado.
 [191] Cfr. Aristóteles, Retórica, 1369.
 [192] Expresa aquí por primera vez la teoría de lo ‘indiferente’, aunque sin emplear el término. Cfr. 5.20 y la nota. Es una forma de justificar la inexistencia del mal: aquello que parece ser una desgracia no lo es en realidad porque eso es algo que debe sernos indiferente y que no debe afectar al alma racional.
 [193] Es una cita a Píndaro posiblemente a través del Teeteto de Platón, 173e, que es por donde conocemos también el texto. Esta cita era clásica para referirse a las preocupaciones del filósofo ajenas a la ciudad y a sus vecinos. Por otra parte, todo el pasaje aparece citado en la Suda, especie de enciclopedia bizantina del siglo x, en la definición de daímon, que traducimos por “espíritu divino” y que equivale al latino genius.
 [194] Se interpreta que está aludiendo a la astrología.
 [195] La compasión era un sentimiento por completo ajeno al sistema ideológico estoico, sólo se justifica por desconocer cuáles son los verdaderos bienes y males; cfr. 5.36.
 [196] Existe una reminiscencia de una máxima de Epicteto transmitida por Arriano, en la que se compara la incapacidad de distinguir entre el negro y el blanco con la de distinguir lo bueno de lo malo, Arriano, Epict. I 18.6.
 [197] Es una alusión a un pasaje conocido por Diógenes Laercio de una comedia perdida de Menandro, Hippokomos, Kock, 249, Sandbach y Körte, 215, uno de cuyos personajes es Mónimo, el cínico al que alude Marco Aurelio; el texto citado concretamente es “todo lo supuesto es humo”. ‘Suposición’ se refiere tanto a nuestros juicios como a lo que imaginamos.
 [198] Se refiere a las críticas contra la afirmación de Mónimo que se cita; Marco Aurelio, en interpretación de Farquharson, 1944, II, aplica del dicho sólo que las cosas son buenas o malas según el juicio que nosotros hacemos sobre ellas, no porque realmente lo sean, pero no está de acuerdo con el escepticismo total que está detrás.
 [199] Epicteto, transmitido por Arriano, I 11.35, usa las mismas palabras con el mismo sentido figurado referido a que debe ser cercenado lo que nos induce a malos comportamientos.
 [200] En griego la palabra que hemos traducido por “absceso” tiene una fuerte relación etimológica con la que traducimos por “separación”.
 [201] No cabe duda de que es una alusión a Heráclito.
 [202] Era el lugar de los cuarteles del ejército, cerca del actual Haimburg, en las campañas de 171 a 173 contra los germanos, marcomanos y cuados.
 [203] Se usa una expresión que probablemente ya usó Crisipo para referirse al suicidio, cfr. Plutarco, 1042d y von Amim, Stoic. 3. 759. Los estoicos eran partidarios del suicidio en caso de enfermedad o para beneficiar a la patria, familiares o amigos.
 [204] El pasaje alude a expresiones estoicas para hablar del mal como aquello que es concurrente a lo natural pero no fue expresamente creado.
 [205] Aparentemente es un defecto pero protege al león de los rayos del sol y le permite ver con precisión.
 [206] El sentido es que uno empieza viendo la belleza de cosas que aparentemente son revulsivas en la pintura, después en la propia realidad.
 [207] Médico griego de Cos del siglo v a.C. al que se consideró desde la antigüedad fundador de la medicina científica griega. Fue el médico griego por antonomasia.
 [208] Véase la noticia biográfica de estos personajes en el índice de nombres.
 [209] Como remedio para la hidropesía.
 [210] Como señaló ya el primer editor renacentista del texto, Xylander, Marco Aurelio comete un error y atribuye a Demócrito lo que se considera que fue la muerte de Ferécides de Siró.
 [211] Referencia a sus acusadores.
 [212] Es un topos del género consolatorio. La misma idea expresa Sócrates en la Apología platónica, 40c.
 [213] Entre otras explicaciones de este texto, la mejor es que no necesita ni juramento ni testigos para dar fe de que ha cumplido su deber porque está en paz con su conciencia o su divinidad interior. También puede ser alusión al juicio al que se someten las almas tras la muerte del que habla Platón en Gorgias, 523c.
 [214] Como se ve en 1.16.11 el hecho de estar radiante depende en buena medida de ser autosuficiente, de no necesitar cosas externas.
 [215] Puede referirse a varios pasajes de Platón; Dalfen lo pone en relación con un texto de Epicteto transmitido por Arriano, III 12.15 referido a Apología, 38a; parece preferible la propuesta de Farquharson, 1944, II, que entiende que se refiere a Fedón, 83ª-b en donde Platón hace decir a Sócrates que el alma debe alejarse de los placeres, de los deseos, de las tristezas y de los temores, doctrina retomada por los estoicos.
 [216] Se entiende como una reflexión que intenta rebatir el razonamiento general. Es una máxima de los sofistas que puede asumirse parcialmente en lo tocante a lo que conviene a la razón, puesto que ésta es nuestra parte divina.
 [217] Cfr. Epicteto trasmitido por Arriano, III 22.1314.
 [218] De acuerdo con la teoría del conocimiento estoica, el conocimiento parte también de suposiciones, cuanto mayor sea la compenetración con la naturaleza más acertadas serán esas suposiciones; cfr. 2.15.
 [219] Es un término técnico estoico referido a la capacidad para tomarse un tiempo en la reflexión.
 [220] Usa un término técnico de los estoicos, phantastós, que traducimos “lo que provoca la representación”.
 [221] Como señala Faquharson, 1944, II, existe un juego de palabras con los nombres de las Moiras o las Parcas, concretamente Láquesis y Cloto.
 [222] Traducimos así el término técnico de la filosofía estoica tà mésa, lo que no es ni bueno ni malo desde una perspectiva moral.
 [223] Está claro que se está aludiendo a los significados morales de estos términos y también que los tres primeros son negativos (robar, sembrar, comprar) y los dos últimos son positivos (mantener la tranquilidad, ver qué debe hacerse).
 [224] Cfr. 2.2, con pequeñas sustituciones: las carnes ahora son el cuerpo, el hálito ahora es el alma y el principio rector es la inteligencia. Los tres términos griegos, sôma, psyché y noûs, tienen una carga filosófica enorme. Como vemos, el alma (lo mismo ocurre en latín con el término anima de donde procede ‘alma’) es también atributo de los animales que tienen apetitos y no sólo del hombre. Los hombres se distinguen de los animales por la razón.
 [225] Tirano siciliano de Agrigento en el siglo VI a.C. famoso por su extremada crueldad.
 [226] Véase el índice de nombres.
 [227] Puro en el sentido de que la parte racional no está contaminada por la corporal.
 [228] Es un término estoico. Como vemos por 6.50, la reserva se aplica a que uno no tiene que enfrentarse a imposibles.
 [229] Se entiende el arte de saber vivir, cfr. 11.5.
 [230] La idea de la interdependencia de unos con otros es muy querida a Marco Aurelio. Los seres inferiores están en función de los superiores y éstos unos por otros. Cfr. 5.16, 30; 7.55; 9.1 y 11.18.
 [231] El dilema es entre asumir la postura de los estoicos que creen en la existencia de una providencia, de un orden, o la de los epicúreos que creen que todo se reduce a átomos.
 [232] Cfr. el siguiente pasaje 4.4.
 [233] Cfr. 3.16, donde el alma, como hálito vital, es la sede de los apetitos.
 [234] El hálito se revuelve suavemente en los placeres y violentamente en las pasiones.
 [235] Cfr. 2.15. Es un aforismo de Demócrito, Nauck B 115.
 [236] Desde Aristóteles se prefiere en la formulación de los cuatro elementos que componen toda la materia la alusión a sus cualidades características. Por el uso de pneumatikón (traducido por “lo que es hálito”) y no aerodes (‘aéreo’), está aludiendo a los elementos en el cuerpo humano, cfr. 10.7. En la física estoica se aludía a los elementos por sus cualidades y se le daba un papel importante al pneûma.
 [237] Cfr. la máxima de Epicteto: “A tí no te perjudicará otro si tú no lo quieres. Estarás perjudicado cuando supongas que lo estás.” Enchiridion, 30.
 [238] En referencia a la idea de que con el tiempo todo se llega a igualar y se establece así una justicia.
 [239] La razón es el principio generador origen de toda la vida.
 [240] Era la ofrenda típica de la religiosidad popular.
 [241] Existe aquí una corrupción textual sobre la que los editores no se ponen de acuerdo.
 [242] Referencia a la muerte.
 [243] El símil de que la vida humana es como una llama que se enciende y apaga aparece, con las mismas palabras que aquí, ya en Heráclito, frag. Nauck B 26, 30; cfr. también Séneca, Epist., 54.5. Por otra parte puede haber una alusión a las carreras de antorchas en las que coman equipos por relevos que se iban pasando la llama de una antorcha, símil frecuente en la literatura latina, en cuyo caso habría que traducir al final de la frase “que la encienden y la apagan” referido a la memoria.
 [244] Se entiende en caso de no ser elogiado.
 [245] Describe el proceso de la digestión tal y como lo veían los médicos del momento, el alimento transformado en sangre contribuye a los elementos aire y fuego del organismo.
 [246] Rey mítico de Atenas; por tanto la ciudad a la que se refiere es Atenas. Por otra parte es un verso de Aristófanes, cfr. 110 K.
 [247] Cita a Demócrito, Nauck B 3, fragmento conocido por Estobeo con otra formulación pero con el mismo contenido. Era una máxima asumida por los epicúreos, de ahí la critica parcial.
 [248] Se ha discutido sobre el significado de este pasaje. Para algunos es una explicación de la mención que se hace al carácter sombrío de 4.18 y el pasaje está fuera de su lugar primitivo; para otros Marco Aurelio está pensando en el carácter de emperadores como Tiberio, Calígula, Nerón, etc.
 [249] Referencia a los cínicos.
 [250] Cfr. Séneca, E 17.7: “Es posible alcanzar la filosofía, incluso sin viático”, citado por Farquharson, 1944, II.
 [251] Trannoy entendió que el texto estaba alterado porque, dada su educación, no parece que Marco Aurelio pueda afirmar que no tiene conocimientos. Su enmienda, aceptada por Farquharson, 1944, II, pero no por Dalfen, da el siguiente texto: “Yo, por mi parte, tengo los alimentos que proporcionan los conocimientos y no permanezco firme.”
 [252] Furio Camilo, Marco. Cónsul y dictador en varias ocasiones a principios del siglo IV a.C., festejó varios triunfos por sus victorias sobre los faliscos y por la toma de la ciudad de Veyes. Pero sobre todo era famoso por haber expulsado a los galos tras haber saqueado la ciudad de Roma, por lo que se le concedió el título de padre de la patria, aunque hoy se pone en duda la autenticidad del relato; cfr. Tito Livio, V 1426.
 [253] Cesón Fabio Vibulano fue uno de los trescientos miembros de la gens o clan de los Fabios que pereció a manos de los habitantes de Veyes en el hecho de armas que tuvo lugar en el arroyo Cremera el año 477 a.C cerca de esa ciudad, conocido como el desastre de Cremera; cfr. Tito Livio, 2.46-50.
 [254] El nombre Volesus o Volosus es un gentilicio itálico que usaron algunas familias romanas, concretamente la de los Valerios; asi uno de ellos es designado como Manlio Valerio, hijo de Voluso Máximo. Fue nombrado dictador en el año 494, intentó mediar en las disputas entre patricios y plebeyos; cfr. Tito Livio, 2.301. Consiguió, en una situación comprometida para Roma por revueltas sociales internas, formar un ejército contra los sabinos. Quizá esté aludiendo a este personaje, pero no existe ninguna seguridad; cfr. Kleine Pauly, “Valerius” 40.
 [255] Curio Dentato, militar y político romano del siglo ni a.C. Lucho contra los samnitas, sabinos. Pirro, etc. Como a los anteriores se le cita como representante de una vieja familia romana muy importante en su época pero ya desaparecida y olvidada.
 [256] Puede referirse tanto a Publio Cornelio Escipión Africano, que derroto definitivamente a Aníbal en Zama en el año 202 a.C., como a Publio Cornelio Escipión Emiliano Africano, nieto del anterior, que destruyó de forma definitiva Cartago en el año 146 a.C.
 [257] Parece referirse a Catón el censor, Marco Porcio Catón, 234149 a.C., famoso político y orador de su momento, representante de una familia opuesta a la de los Escipiones, más que a Marco Porcio Catón de Útica, 9546 a.C., representante del estoicismo romano.
 [258] Una de las Moiras o Parcas que tejen el destino de las vidas individuales.
 [259] Existe por las palabras una alusión clara a 4.26.
 [260] Sobre el “principio rector”, cfr. 2.2 y 3.4, 9. Ésta es la traducción del texto de Dalfen, que suprime un par de palabras que no encajan sintácticamente si no se les cambia el caso. El texto de otros editores da una traducción del tipo: “recapacita en lo que guía a los prudentes...”.
 [261] Cfr. 26 de Schenkl.
 [262] Reminiscencias evidentes de Heráclito.
 [263] Parece aludir a la rapidez con que se marchita la rosa o se pudre la fruta.
 [264] Nauck B 76. No se puede determinar hasta qué punto está citando literalmente. Existen referencias al mismo pasaje en otros autores contemporáneos como Plutarco, De E apud Delphos, 392c y Máximo de Tiro, 41.4.
 [265] Sigue mencionando textos de Heráclito que sólo conocemos por esta cita en la que es muy difícil separar qué es de Marco Aurelio y qué de Heráclito (Nauck B 71, 72, 73, 74).
 [266] Es probable la referencia a la muerte de Sócrates, Platón, Critón, 44b, cuando comenta que ha soñado que una mujer bella le ha anunciado que morirá dos días después.
 [267] Cfr. 3.3, que tiene resonancias evidentes con todo este pasaje; allí se aludía a la muerte de Hipócrates entre los médicos, a los caldeos como adivinos de muertes ajenas, a las ciudades arrasadas por generales que también murieron, etc.
 [268] Ciudad del N. del Peloponeso en Acaya que sucumbió en un terremoto y se hundió en el mar en el año 373 a.C.
 [269] Fueron dos importantes ciudades de la región de Ñapóles que sucumbieron por la erupción súbita del Vesubio del año 79 d.C. y quedaron cubiertas de lava hasta que se excavaron en época moderna. La desaparición completa por causas naturales de estas dos ciudades con sus habitantes impresionó mucho en su época.
 [270] Este femenino puede interpretarse referido a tres cosas: el olivo, la tierra o la naturaleza, ya que las tres palabras son femeninas en griego y encajan en el contexto.
 [271] Marco Aurelio utiliza aquí una combinación de partículas típica de Epicteto. Todo el párrafo tiene numerosas reminiscencias de este autor tanto en la forma como en el contenido.
 [272] Quizá Q. Albumio Caediciano, legado en Dacia entre los años 123 y 140 cfr. C.I.L., III 1089.
 [273] Quizá Fabio Catulino, al que se alude en 12.27. Según Farquharson, 1944, II, puede tratarse de un cónsul gobernador de Numidia que se conoce por inscripciones, C.I.L. VIII 2609, 2610.
 [274] Quizá un amigo de Frontón, Claudio Juliano, que aparece en su correspondencia.
 [275] Probablemente M. Emilio Lépido, famoso político romano del siglo I a.C. que participó en el triunvirato con Octavio (futuro Augusto, véase el índice de nombres) y Antonio (véase el índice), que se formó tras el asesinato de César (véase el índice). Debió vivir más de setenta años, que debe ser el punto en común de los cuatro personajes citados: debieron tener una vida muy larga.
 [276] Existe en griego un juego de palabras irreproducible por el que se alude, sin citarlo, al homérico Néstor y al tiempo a su calificación también homérica como “triple viejo”, puesto que Néstor en la Iliada es el viejo prudente y experimentado por antonomasia.
 [277] Quizá dé mejor sentido el texto de Farquharson, 1944, I: “En resumen, (para sentir, no para actuar?”
 [278] Cfr. 3.5.
 [279] La concepción de que el padre aporta la semilla que fructifica gracias a la sangre de la madre se puede considerar ya superada por la fisiología estoica.
 [280] Parece que Marco Aurelio intenta llamar la atención sobre el hecho de que la súplica no es del tipo, bastante generalizado en la súplica antigua, del “do ut des”, es decir, cuando se justifica la súplica por los favores que se le han hecho al dios en ofrendas o similares.
 [281] Es el médico legendario y mitológico, vinculado a Apolo, bajo cuya advocación estaban varios santuarios dedicados a la curación de enfermos como el de Epidauro. De las observaciones practicadas en estos templos se pasó a la medicina científica que empezó con Hipócrates en el siglo v a.C.
 [282] Existen dificultades textuales y la comprensión del pasaje es un tanto complicada. La apostilla en cuestión es la que aparece recogida parcialmente al final del párrafo procedente de una comedia de Menandro, Fhasma, 41. Alude a un dicho irónico malevolente sobre los que tienen tantas cosas buenas que no encuentran ya un sirio donde evacuar. La idea de Marco Aurelio es que los verdaderos bienes no pueden ser nunca excesivamente abundantes, a diferencia de los materiales.
 [283] Los estoicos no tenían una opinión cerrada sobre la teoría de la palingenesia. Cfr. 11.1.
 [284] No está pensando en la lógica en abstracto sino en el comportamiento moral que nace de la racionalidad.
 [285] No facilita la comprensión de la frase el hecho de que no se exprese a qué cosas se está refiriendo, probablemente se trate de las riquezas, la buena fama, etc., como interpreta Farquharson, 1944, II, por cuanto que mejor que poseerlas es, desde un punto de vista moral, despreciarlas.
 [286] Es un término técnico del estoicismo. Es ‘indiferente’ aquello que desde el punto de vista moral no es ni bueno ni malo y por tanto no debe influir en la elección moral. Concretamente son ‘indiferentes’ la salud, la riqueza, la consideración social, es decir, lo que es considerado como bien por la mayoría. Cfr. 9.1.
 [287] Usa un término técnico del estoicismo, la hypexaíresis, para las reservas del tipo de nuestro “Dios mediante” a la hora de emprender una acción.
 [288] Se refiere a la divinidad que también anida en nosotros, en nuestra alma cfr. 3.16.
 [289] Dalfen introduce aquí la expresión “ni siquiera la permanencia del tiempo”, por paralelismo con otros pasajes; pero no parece esta inclusión ni muy convincente ni muy necesaria. Con ello intenta explicar “lo cercano” como referencia temporal. Farquharson, 1944, II, sin embargo, lo enriende en sentido espacial.
 [290] No existe una interpretación convincente de esta apostilla, que se puede entender tanto en tercera persona como en segunda, referida al propio Marco Aurelio, o, incluso, como mezcla de ambas: actor referido a la segunda y puta a la tercera.
 [291] Se considera alusión a un texto de Epicteto transmitido por Arriano I 25.18, en el que se insiste en que uno no debe hacer las cosas forzado si hay demasiado humo hay que marcharse porque hay que acordarse de que la puerta esta siempre abierta.
 [292] Se sospecha que existe una laguna en el texto aunque el conjunto es claro.
 [293] Referencia a un pasaje homérico de la Odisea en el que Penélope compara el recto proceder de Ulises frente al de los pretendientes, Od., 4.690.
 [294] Cfr. 4.48.3.
 [295] Cita a un famoso pasaje hesiódico, Trabajos y días, 197, en el que alude a que en la edad de hierro; Vergüenza y Némesis abandonan a los hombres para unirse en el Olimpo con los inmortales. Marco Aurelio añade la confianza y la verdad a las entidades aludidas por Hesiodo, ya que Némesis se puede hacer equivalente a justicia.
 [296] Sobre la traducción ‘ni bueno ni malo’, cfr. la nota de 3.11.
 [297] Parece una alusión a una escena cómica pero no se ha podido precisar más. De cualquier forma el texto de este párrafo está bastante corrupto.
 [298] Referencia a la discusión de la responsabilidad del mal: frente a otros planteamientos. Marco Aurelio considera que no está en la materia; sencillamente no existe, cfr. 2.11.
 [299] En el sentido de que no pasen desapercibidas.
 [300] Se está aludiendo al retomo cíclico del universo al fuego. La unificación de todo es también una teoría típica del estoicismo.
 [301] Se plantea aquí una contraposición entre la cosmovisión epicúrea atomista que se rechaza y la estoica que se acepta. Cfr. 4.3.
 [302] Nuestra traducción se basa en una conjetura de Theiler aceptada por Dalfen. A partir de otras lecturas habría que entender “hacerse tierra”.
 [303] Lugar de producción de uno de los vinos más famosos de la Campania.
 [304] Se refiere a la tinta que segrega en pequeñísima cantidad el molusco de la púrpura.
 [305] No conocemos el pasaje al que hace referencia; aparentemente Grates, un cínico (siglo IV-siglo III a.C.), ridiculizaba por su vanagloria a una persona considerada muy equilibrada como Jenócrates, que dirigió la Academia platónica después de Espeusipo.
 [306] Parece querer decir que el vulgo admira grandes edificios que no son más que piedras y maderas juntadas o productos que no son sino derivados de ciertos frutos naturales. Todo el párrafo está basado en una concepción jerárquica: en el nivel más bajo están los objetos materiales, en el segundo lo vegetal, cuya principal característica es el crecimiento, en el tercer nivel los animales dotados ya de alma, en el cuarto nivel los hombres dotados de alma racional.
 [307] Efectivamente, el éxito de los talleres artesanales se medía por el número de esclavos que empleaban.
 [308] Se refiere a dos procesos que no coinciden con nuestro concepto moderno de espiración e inspiración. Según la medicina de la época, la sangre dejaba escapar aire que se transformaba en espíritu vital, espiración, y paralelamente recuperaba el aire de la atmósfera, inspiración.
 [309] Usa términos característicos del ideal estoico.
 [310] De nuevo la contraposición entre la cosmovisión estoica y la epicúrea, cfr. 4.3, 6.10.
 [311] Con esta denominación se está refiriendo a sí mismo, ya que de hecho se llamaba tras su acceso a la magistratura imperial Marco Aurelio Antonino Augusto.
 [312] Como señala Dalfen, se puede ver por una carta de Marco Aurelio a Frontón con un texto semejante (“sería por lo demás vergonzoso que el fallo del cuerpo pudiera ser más duradero que el propósito del alma para recuperar la salud”). Frontón, epist. ad Caes., 4.8, que se trata de una alusión a la salud y a la importancia de la fortaleza mental para recuperarla.
 [313] Calcamos en español el término griego de Marco Aurelio que también es palabra inventada, formada sobre César, véase índice de nombres. Después m de él todos los emperadores adoptaron su nombre; alude, por tanto, a los peligros de creerse un monarca absoluto y estar endiosado por el poder.
 [314] Este retrato moral de Antonino es parecido al de 1.16.
 [315] La interpretación es que cuando vivamos según la razón tendremos la misma sensación que el borracho que vuelve a la sobriedad y recuerda sus pesadillas.
 [316] Sobre ‘indiferente’ como término técnico del estoicismo, cfr. 5.20 y la nota.
 [317] Se establece la diferencia entre lo que la naturaleza providente ha creado expresamente y lo que se ha añadido de forma sobrevenida, sin buscarlo ni desearlo, cfr. 3.2, al que todo el pasaje hace referencia.
 [318] La misma reflexión puede encontrarse con palabras muy parecidas en 2.14.
 [319] Todo el pasaje está llenos de términos técnicos estoicos que se remontan a Crisipo: ‘concatenación’ (episyndesis), ‘movimiento tensor’ (toniké kínesis) y ‘hálito común’ (sympnoia). Sobre esta última palabra y el aprovechamiento que hacen de ella los cristianos, concretamente Clemente Romano, cfr. W. Jaeger. Cristianismo primitivo y paideia griega, México D. F., 1965, 37 y ss.
 [320] Esta alusión es el fragmento B 75 de Heráclito (DielsKranz). No conocemos el pasaje por ninguna otra fuente.
 [321] El sentido es que colabora no por su deseo directo sino por ir en esa dirección, contra su voluntad, un sobrante de su actuación.
 [322] Hace alusión a una noticia referida por Plutarco, De commun. notit. adv. stoicos, 1.065 d, según la cual Crisipo afirmaba que “igual que las comedias contienen versos ridículos que por sí solos son malos, pero que añaden alguna gracia al conjunto de la composición, así también censurarías la maldad por sí sola, pero en el conjunto no resulta inútil”.
 [323] Epíteto de Deméter, vinculada a la agricultura; Asclepio por su parte está vinculado a la medicina.
 [324] Una de las refutaciones de los estoicos a la inexistencia de los dioses defendida por ateos y epicúreos era la existencia de cultos dedicados a los dioses, cfr. Cicerón, Sobre la naturaleza de los dióses, 1.122, como señala Farquharson, 1944, II.
 [325] Sobre la forma en que se refiere a sí mismo Marco Aurelio véase la nota a 6.26.
 [326] No se sabe a quiénes está aludiendo, se ha pensado que se trata de simples servidores del emperador.
 [327] Tras citar a filósofos de los siglos VII-V a.C. cita a científicos de los siglos IV-II a.C. Eudoxo de Cnido (c.390-c.340 a.C.) fue un matemático y astrónomo, construyó el primer sistema matemático para explicar el movimiento aparente de los cuerpos celestes. Hiparco, siglo II a.C., fue un astrónomo que hizo unas observaciones muy precisas, sustituyó rígidos modelos anteriores por procedimientos de cálculo mucho más cómodos y fáciles de aplicar, descubrió el movimiento de precesión de los equinoccios. Arquímedes de Siracusa (c. 287-211 a.C.), matemático e inventor, desarrolló sistemas para calcular áreas y volúmenes de distintos cuerpos esféricos, procedimientos de cálculo para trabajar con cantidades muy altas, además de sus famosos trabajos sobre hidrostática.
 [328] Menipo de Gádara, filósofo cínico del siglo III a.C.; sobre los cínicos y su relación con el estoicismo véase la introducción.
 [329] Es alusión platónica: son las realizaciones imperfectas de las ideas.
 [330] Aunque la libra romana tenía menos peso que la nuestra, 300 libras eran casi 100 kilogramos.
 [331] Cfr. 4.1.
 [332] Cfr. 8.15. Leídos ambos pasajes simultáneamente pueden entenderse referidos a la función de emperador de Marco Aurelio. Efectivamente es capitán de la nave del estado, vieja metáfora de la poesía griega, presente ya en Arquíloco, pero al mismo tiempo su inclinación filosófica hace que se sienta un médico que debe ser capaz de sanar moralmente a sus subditos. El sentido de 6.55 es que estas responsabilidades le obligan a aceptar las criticas. En 8.15 su responsabilidad máxima le priva de la posibilidad de extrañarse ante los reveses que se presentan en su doble función.
 [333] Se refiere a los enfermos que segregan mucha bilis de tal forma que les resulta amarga cualquier cosa que tomen.
 [334] Sobre la importancia de la representación en la toma de decisiones y en el comportamiento véase 3.4 y 3.11.
 [335] Aunque no es la interpretación habitual pensamos, como apunta parcialmente Farquharson, 1944, u, que el pasaje en conjunto está haciendo referencia al triunfo romano propiamente dicho y no son comparaciones dispersas. Marco Aurelio festejó diez triunfos. Los equipara a algo teatral, a grupos de gente, a algo que sólo tiene atractivo para personas simples, de ahí la conclusión final.
 [336] Plutarco, Coniug. praec., 142e: “Los filósofos dicen que unos cuerpos están formados de elementos separados como una flota o un ejército, otros de elementos en contacto como una casa o un barco, otros son uno por naturaleza como cada uno de los seres vivos.”
 [337] Los términos “miembro” (mélos) y “parte” (méros) se diferencian en griego sólo por una letra, la “p”.
 [338] Marco Aurelio no hace sino descomponer los elementos de la palabra felicidad, eudaimonía, en griego, eu ‘bien’, daímon ‘espíritu divino’.
 [339] Dalfen prefiere “partes”, cfr. la nota a 7.13.
 [340] Aunque no coincide exactamente en la forma de expresión, esta cita es equivalente a una muy famosa de Demócrito que dice: “Por convención es lo dulce, por convención lo amargo, por convención lo caliente, por convención lo frío, por convención es el color, pero de verdad hay átomos y vacío”; Diels-Kranz B9,cfr.B117 y B125.
 [341] Se interpreta desde antiguo que es una reflexión sobre la muerte o el fin. Se plantea de nuevo el dilema entre un mundo que sólo consiste en átomos, en cuyo caso la muerte es el fin total, y otro organizado por una providencia o un principio unificador y racional que da coherencia a todo, en el que la muerte es transformación; cfr. 4.3, 6.10.
 [342] Es una reflexión sobre el dolor de origen epicúreo que vemos repetida en autores de la época como Plutarco, Q. adol. poet. aud. deb., 36b con casi las mismas palabras, o en Diógenes de Enoanda, frag. 105; M. F. Smith, Diogenes of Oenoanda: the Epicurean Inscription, Napóles, 1993.
 [343] Se ha interpretado tradicionalmente que se refiere a los que aspiran a la fama.
 [344] Se reproduce aquí literalmente (excepto alguna variante textual) un pasaje de la República de Platón, VI 486ab.
 [345] Es un dicho de Antístenes, discípulo de Sócrates, que repetía Epicteto (transmitido por Arriano, IV 6.20).
 [346] Pasaje de una obra no identificada de Eurípides, frag. 287 Nauck.
 [347] Probablemente se trate también de una cita, pero no ha sido identificada.
 [348] Eurípides, de la hoy fragmentaria Hipsipila, frag. 757 Nauck, en el que Anfiarao consuela a Euridice por la muerte de Arquemoro.
 [349] Eurípides, de la hoy fragmentaria Antiope, frag. 208 Nauck; Anriope llora resignada la muerte de sus dos hijos.
 [350] Pasaje de una obra no identificada de Eurípides, frag. 918 Nauck.
 [351] Pasaje de una obra trágica no identificada, frag. 302c Kannicht-Snell, TrGF2,1981.
 [352] Platón, Apología, 28b.
 [353] Platón, Apología, 28d.
 [354] Platón, Gorgias, 512d.
 [355] Eurípides, de la obra hoy fragmentaria Crisipo, frag. 839 Nauck. Es un texto transmitido por distintos autores. El texto de Marco Aurelio es ligeramente diferente del de Filón de Alejandría.
 [356] Eurípides, Suplicantes, 1110-1111, con un pequeño cambio en el texto. La frase completa de Eurípides, puesta en boca de Ifis, que desea la muerte, es: “Odio a los que ansian prolongar la vida / y con alimentos, bebidas, encantamientos / desvían su curso para no morir.”
 [357] Pasaje de una obra trágica no identificada, frag. 303 Kannicht-Snell, TrGF2,1981.
 [358] Alude por el término que usa (literalmente: ‘hábil para derribar’) a un apotegma espartano transmitido por Plutarco, Apotheg. loe., 236e: “Alguien le dijo en Olimpia a un laconio derrotado en el combate: “Laconio, tu contrincante fue más fuerte que tú.” “No -dijo él-, sino más hábil para derribar”.” Aquí lo aplica Marco Aurelio para insistir en que uno no puede permitir que ningún contrincante sea superior en las virtudes morales.
 [359] Se enriende si se lee 4.1, donde usaba la metáfora del fuego que hace su materia aquello que se le enfrenta.
 [360] Existe una laguna que no ha sido completada satisfactoriamente.
 [361] Se refiere a Epicteto transmitido por Arriano (I 28.4), que cita a su vez a Platón, República, 412e-413a, donde razona que nadie se priva voluntariamente de lo bueno y la verdad lo es; por tanto, nadie se priva voluntariamente de la verdad.
 [362] Epicuro, frag. 447 Usener.
 [363] Quizá seria preferible aceptar la conjetura de muchos editores a partir de Casaubon en 1643, que daría un texto: “...lo mismo que les pasa a los hombres insociables frente a los hombres”. Seguimos el texto conservador de Dalfen.
 [364] Probablemente es un personaje inventado, se le consideraba hijo de Pitágoras y transmisor de sus enseñanzas, tal y como nos lo presenta Diógenes Laercio, 8.43, 53. Intervenía como protagonista en un diálogo socrático de Esquines Socrático o de Esfeto (siglo IV a.C.), que sólo se nos conserva fragmentariamente, en el que probablemente se le ridiculizaba.
 [365] Alusión a una anécdota sobre Sócrates del Banquete platónico (220ad) en la que se intenta demostrar la fortaleza de Sócrates.
 [366] Alusión a una anécdota que aparece en la Apología platónica (32c) o en Memorables de Jenofonte (4,4,3): Sócrates desobedeció una orden de los treinta tiranos para no involucrarse en la muerte de un ciudadano de Salamina poniendo en riesgo su propia vida.
 [367] Exactamente la misma expresión para caracterizar a Sócrates aparece en Aristófanes, Nubes, 362; también Platón, Banquete, 221b.
 [368] Se refiere al compuesto que forman el cuerpo y el alma; a pesar de ello el alma puede establecer sus confines frente al cuerpo.
 [369] Esta frase la traslada al final del párrafo Farquharson, 1944, II, y quizá sea preferible para el sentido general.
 [370] Esta frase aparece en los manuscritos como final del apartado 8.6; seguimos el texto de Dalfen, aunque la transposición no es muy convincente pues resulta redundante con lo inmediatamente anterior.
 [371] Son las tres ramas de la filosofía estoica: física, ética y lógica.
 [372] Sobre la interpretación de este pasaje véase 6.55 y la nota.
 [373] Como se ve por este pasaje y por 4.3, se contraponen dos concepciones, una, la estoica, que es providencialista y cree en los dioses, y otra, la epicúrea, que es materialista en cuanto que los dioses, sin negar directamente su existencia, no tienen ningún papel.
 [374] Cfr. 4.19, sobre la comparación de la vida humana con una lámpara que se enciende y apaga. Aquí se enriquece la comparación con la idea de que es la naturaleza quien enciende y apaga.
 [375] Domicia Lucila, madre de Marco Aurelio, cfr. 1.3.
 [376] Anio Vero, padre de Marco Aurelio, cfr. 1.2.
 [377] Mujer de Claudio Máximo.
 [378] Claudio Máximo, cfr. 1.15.
 [379] Liberto de Adriano.
 [380] Liberto de Adriano.
 [381] Ania Galería Faustina, mujer de Adriano, tía de Marco Aurelio por parte de su padre y al mismo tiempo suegra.
 [382] Céler, Caninio fue secretario de Adriano, autor de una retórica y según la Historia Augusta, IV, 2.4, maestro de Marco Aurelio y Lucio Vero.
 [383] Puede tratarse del emperador, pero se ha pensado también en un sofista citado por Filóstrato 2.585, cfr. Dalfen.
 [384] Cárax es quizá un filósofo de Pérgamo.
 [385] Demetrio, filósofo cínico del siglo i d.C., relacionado con Séneca
 [386] No identificado.
 [387] Cfr. 4.19 y la nota.
 [388] Es decir, el cuerpo, cfr. 3.3 y 12.2. No todos los editores están de acuerdo con esta lectura que parte de una conjetura de Vaickenaer, BPhW, 1914 1567-8, aceptada por Dalfen.
 [389] Livia drusila Augusta, véase el índice de nombres.
 [390] Julia, véase el índice de nombres.
 [391] Octavia, véase el índice de nombres.
 [392] Véase el índice de nombres.
 [393] Filósofo distinguido, residente en Roma durante el gobierno de Augusto, escribió obras de carácter estoico. Se le conoce por Séneca.
 [394] Véase el índice de nombres.
 [395] Hay una laguna y no existe coincidencia entre los editores. Seguimos a Dalfen, que reconstruye a partir de 4.48 y piensa por ello que es una alusión a Pompeya (véase la nota a 4.48) y no a la familia de Pompeyo.
 [396] Existe una corrupción en el texto sobre la que no ha habido acuerdo, pero parece que el sentido es más o menos el señalado.
 [397] Se entiende si se lee 4.1, donde usaba la metáfora del fuego que hace su materia aquello que se le enfrenta.
 [398] Concubina de Ludo Vero; no debe confundirse con Pantea, mujer de Abradatas.
 [399] Liberto de Lucio Vero.
 [400] No sabemos nada de estos personajes.
 [401] cfr 2.2.
 [402] Tiene el aspecto de tratarse de una cita para nosotros desconocida Se han propuesto distintas lecturas a este pasaje que afectan también a la distribución del texto en las secciones 37, 38 y 39.
 [403] Sobre el concepto estoico de reserva, cfr. 4.1 y 6.50.
 [404] Alusión a Empédocles, a una cita que se repite más extensamente en 12.3, referida también al estado ideal para la razón.
 [405] La imagen es la de la pelota que ha usado en 8.20. La naturaleza puede hacer conmigo lo que quiera porque eso no debe afectar a la parte divina de mi ser. Si se afecta por el sufrimiento, miedo a la muerte, etc. es cuando se rebaja y se humilla.
 [406] Sobre la gradación desde lo racional a lo material, véase 6.14 y su nota.
 [407] Usa un término técnico de la filosofía estoica para aquello que sin ser en sí ni bueno ni malo (por tanto, es ‘indiferente’, cfr. 5.20 y su nota) precede a nuestro juicio y elección. Sobre la representación, cfr. 3.4.
 [408] Esta explicación de la luz procede del estoicismo medio y es coincidente con la explicación posterior neoplatónica; véase Farquharson, 1944, II. Existía otra interpretación, más cercana a la actual, que sostenía que sí existía pérdida de energía y por tanto vaciamiento, cfr. Lucrecio, 302. Para el símil que usa Marco Aurelio le conviene evidentemente mucho más la primera. Además, existe en el texto una explicación etimológica intraducible, muy del gusto del autor, basada en el parecido fonético de las palabras “rayo” y “expansión”.
 [409] Con otra terminología está aludiendo a los ‘indiferentes’; cfr. 5.20 y la nota.
 [410] La peste hizo verdaderos estragos a lo largo del reinado de Marco Aurelio.
 [411] Sobre la importancia de la representación en la toma de decisiones y en el comportamiento véase 3.4 y 11.
 [412] El fuego es uno de los cuatro elementos, las formas que nosotros vemos en la tierra no son puras, tienen alguna mezcla de los otros elementos; el fuego puro o elemental está arriba en lo más alto.
 [413] Se refiere a Antonino, padre adoptivo.
 [414] Como señala Farquharson, 1944, II, todo el pasaje es el desarrollo de una idea que puede remontarse a Heráclito y que vemos formulada con gran claridad en Séneca, Epístolas morales, 24.20: "Morimos a diario; a diario, en efecto, se marcha una parte de la vida y también cuando crecemos la vida decrece. Perdimos la infancia, después la niñez, después la adolescencia."
 [415] La aplicación de la frase no es muy clara. En 5.33 se usan las rabietas infantiles para referirse a cosas sin importancia. Los espíritus diminutos que llevan cadáveres son una referencia a la cita que ha hecho de Epicteto en 4.41. La evocación de los muertos, Nekyia, o es una alusión a la bajada a los infiernos de Ulises en Odisea, 11 o es propiamente el rito mágico para invocar a los muertos.
 [416] Sobre la causa formal frente a la materia, cfr. 5.13.
 [417] Cfr. 4.3 y 6.10.
 [418] Referido a los subditos. En una ciudad ideal platónica cada uno cumpliría su deber convencido de ello, por conocimiento, no por obediencia. El cambio de opinión, por tanto, consiste en pasar de la ignorancia al conocimiento que aporta el cultivo de la filosofía. Para Marco Aurelio el planteamiento platónico es poco realizable, es mejor conformarse con una filosofía práctica que concierne a cada uno en su comportamiento; ésta es la filosofía que se reivindica al final del pasaje. No encaja demasiado en esta visión la referencia de la Historia Augusta, IV, 27, 7, sobre que Marco Aurelio repetía el dicho platónico (República, 487e) de que las ciudades no prosperan mientras los filósofos no mandan en ellas. Por otra parte, es inválido el modelo de hombres de estado como Alejandro o Filipo, cuyo éxito fueron grandes conquistas, es decir, que impusieron comportamientos sobre otros.
 [419] Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, 382-336 a.C. Fue el arquitecto de la grandeza de Macedonia y el político más influyente en la vida griega desde 357 a.C. a su muerte. Démostenes, el orador y político ateniense, intentó frenarlo inútilmente para que no se hiciera con todo el poder en Grecia.
 [420] Demetrio Palero fue un político ateniense filomacedonio de formación peripatética muy influyente desde el año 325 a.C. Se le considera un buen legislador y administrador. No encaja demasiado bien después de grandes conquistadores como Filipo y Alejandro Magno, por ello se ha pensado que no se trata de Demetrio Palero, sino de Poliorcetes, rey de Macedonia entre 294 y 287 a.C. con un importante historial militar.
 [421] Cfr. 6.13.
 [422] Cfr. 9.28 y la nota.
 [423] Frag. 191 Usener. Probablemente Marco Aurelio traslada más el sentido general de Epicuro que sus palabras literales; de hecho aparecen expresiones muy características de Marco Aurelio.
 [424] Como afirma en 4.40, "el universo es como un único animal con una única substancia y una única alma".
 [425] Existen tres niveles de Physis o naturaleza: la vegetativa propia de seres inanimados, la de los que tienen alma, por tanto son animados, y finalmente la de los racionales, Cfr. 3.16 y la nota.
 [426] Cfr. 4.3 y 6.10.
 [427] Alude a los hombres y trata de su muerte, como se ve con toda claridad en la parte final.
 [428] Como se ve en el pasaje anterior, la naturaleza se concibe globalmente como principio organizador, por tanto, supone la providencia. Dejarla a un lado es asumir, sólo por motivos arguméntales, la explicación atomista basada en el comportamiento natural de las partes sin que exista organización del conjunto.
 [429] Cfr. 5.13 y la nota.
 [430] Ha habido larguísimas discusiones sobre la interpretación de esta última parte; véase el detalle en el comentario de Farquharson, 1944, II. Según él, es una alusión a la teoría epicúrea mientras que lo anterior serian planteamientos estoicos canónicos.
 [431] Traducimos así para reproducir el juego que hace Marco Aurelio con tres compuestos que comparten el elemento -phron.
 [432] Pueblo del Danubio contra el que combatió Marco Aurelio largos años.
 [433] La misma frase en 3.11 en un contexto muy similar.
 [434] Existe un juego de palabras en griego entre ‘conviene’, sumphérei, y ‘da’, phérei, por ser el primero una forma compuesta del segundo.
 [435] Es una cita de un pasaje de Eurípides conservado como fragmento 898 : Nauck: "La tierra está enamorada de la lluvia"... "El cielo glorioso cargado de lluvia ama caer sobre la tierra por obra de Afrodita."
 [436] Intentamos reproducir el juego de palabras que usa Marco Aurelio en griego a partir de un significado especial de phileî en sentido de 'suele' cuando el significado habitual es 'amar, sentir cariño'.
 [437] Platón, Teeteto, 174d-e, en un pasaje en el que sostiene que no existen grandes diferencias entre un rey y un pastor.
 [438] De nuevo un juego de palabras intraducibie, ya que en griego la palabra 'ley', nómos, tiene la misma raíz que el verbo 'repartir', némo.
 [439] Creso, rey de Lidia, región de Asia Menor, en el siglo vi a.C., gozó de enorme prosperidad aunque luego cayó bajo el poder de los persas. Conocido especialmente por el libro I de las historias de Heródoto.
 [440] No está muy clara la identificación de los personajes que cita, excepto, con dudas, la de Eufrates y Alcifrón. Según Farquharson, 1944, II, contrapone a personas vivas con otras muertas, pertenecientes al mismo grupo. Así Satirón, Eutiques e Mimen (los tres desconocidos) serian filósofos académicos contemporáneos de Marco Aurelio; Eufrates sería un estoico ya muerto, pues es citado por Plinio el Joven y Epicteto en el siglo I d.C., mientras que Eutiquio o Silvano (ambos desconocidos) serían estoicos contemporáneos. Alcifrón es un rotor epistológrafo contemporáneo de Marco Aurelio; peor conocido es Tropeóforo, aunque se piensa que podría tratarse también de un epistológrafo anterior. La identidad de los demás ha sido motivo de mayor discusión; se ha pensado que Jenofonte, Critón y Severo pueden ser discípulos de alguna escuela médica, mejor que los contemporáneos de Sócrates bien conocidos por Platón o el propio Jenofonte. Véase Dalfen, 93-94, con referencias bibliográficas.
 [441] Homero, Iliada, 6.147 y ss. La cita completa dice así: "De entre las hojas, unas las vierte por tierra el viento, / otras las hace nacer el bosque floreciente y sobreviene la estación de la primavera; / asi es el linaje de los hombres, uno nace, otro deja de ser."
 [442] Sobre el cuerpo como recipiente, cfr. 3.3 y 8.27.
 [443] Usa en griego palingenesia. Cfr. la misma idea en 2.14. En 5.13 se plantea la teoría sólo como posibilidad, cfr. la nota a ese pasaje.
 [444] La misma reflexión en 6.13.
 [445] El pasaje es una clara alusión al suicidio, así debe entenderse lo de 'irse'. En opinión de Dalfen, que sigue a Eichstädt, Haines, Lemercier, la alusión a los cristianos se trata de una glosa para explicar el significado de parataxis, que debe entenderse como 'obstinación', ya que no es el habitual. Por otra parte, el término habitual para referirse a los cristianos en la época era galilaioi, 'galileos', más que christianoi 'cristianos' que es el que tenemos aquí. Sea original o no es probable que se trate de una alusión a los cristianos y a su forma de enfrentar el martirio. Sobre la actitud de los estoicos ante el suicidio véase 3.1 y la nota.
 [446] La metáfora de que el mundo es un teatro subyace en más pasajes, como 10.27.
 [447] Es una invocación que repite con pequeñas variaciones Edipo en Edipo Rey de Sófocles, 1.089, 1.127, 1.391, 1.452.
 [448] Eurípides, es un pasaje ya citado en 7.41.
 [449] Eurípides, ya citado en 7.38.
 [450] Eurípides, ya citado en 7.40.
 [451] La acritud con relación a la filosofía que expresa ahora es bastante contrapuesta a la de 8.1.
 [452] Cfr. 7.55, referido a la naturaleza. Lo inferior debe quedar subordinado a la superior, de ahí la idea de justicia en el sentido de atribuir a cada uno según su valor.
 [453] Sobre la traducción 'ni bueno ni malo', cfr. la nota de 3.11.
 [454] Cfr. 12.3.
 [455] Cfr. 8.57.
 [456] Nos parece acertada la conjetura de Schenki que acepta Dalfen.
 [457] Foción (402318 a.C.), el general ateniense con una carrera más larga y con más éxitos, siempre fiel a Atenas a pesar de su desacuerdo con la política antimacedonia de Démostenos. Finalmente fue condenado a muerte por los atenienses por su postura en exceso favorable a Macedonia y pronunció, al beber la cicuta ante su hijo, una frase que se hizo histórica: "Te ordeno que no guardes rencor a los atenienses por esta su copa de amistad que ahora bebo." cfr. Claudio Eliano, Varia historia, 12.49.
 [458] Este largo capítulo es un auténtico decálogo para soportar comportamientos ajenos que nos encolerizan e indignan.
 [459] Cfr. 10.13.
 [460] Como hemos comentado en 7.67 por el término que usa se refiere al compuesto de cuerpo y alma. Sobre los elementos cfr. 4.4.
 [461] Usa un término compuesto, eukoinonesía, que pertenece a la escuela estoica, citado por Estobeo en relación a Crisipo, 2.7.5b2.
 [462] Alusión a la fábula del ratón de campo que tiene poco para comer pero vive tranquilo frente al ratón doméstico, que tiene mucha comida pero la come con muchos sobresaltos. Cfr. Babrio 108 (Esopo, 297; Halm, 314; Hausrath-Hunger).
 [463] Lamia era el nombre de un coco o monstruo comeniños. Cfr. Platón, Critón, 46c, Fedón, 77e.
 [464] Pérdicas II, rey de Macedonia c. 450-413 a.C. Pero la anécdota a la que se refiere es relativa a Arquéalo, su hijo adoptivo, también rey de Macedonia (413-399 a.C.), tal y como la cuenta Aristóteles en su Retórica, 1398a o Séneca, De beneficiis, V 6.2.
 [465] Lo conocemos por Séneca, Epistula, 11.8 (fr. de Epicuro, 210 Usener). Sobre Séneca, véase el índice de nombres.
 [466] El hombre virtuoso es radiante, cfr. 7.21, 10.12, 11.15.
 [467] La mujer de Sócrates.
 [468] Aristófanes en las Nubes se ríe de lo mal vestido que iba Sócrates. Aquí vemos que Jantipa para salir a la calle tiene que quitarle la túnica a Sócrates. Véase también Diógenes Laercio, II 37. La segunda parte de la anécdota sobre la vergüenza de los discípulos no se ha conservado por otra mente.
 [469] El mismo proverbio de que uno no puede mandar si antes no ha aprendido a recibir órdenes, sin ceñirlo al ámbito concreto de la lectura o escritura, en Aristóteles, Política, 1277b, también Aristófanes, Caballeros, 542, Platón, Leyes, 762e, Diógenes Laercio, I 60.
 [470] Se considera un fragmento de una tragedia sin que se pueda precisar el autor, Kannicht-Snell, TGF2, Göttingen, 1981, frag. 304. El significado que le da Marco Aurelio es más bien a la inversa: quien no se comporta según manda su razón es un esclavo.
 [471] Es un resumen del texto de Epicteto transmitido por Arriano en III 24.86. El sentido global del pasaje es que hay que refrenarse en el cariño porque amamos a personas mortales cuya existencia no depende de nosotros, sino que es la divinidad la que nos las concede o nos las quita.
 [472] Es un verso de Hesíodo, Trabajos y días, 186, modificado, ya que en Hesíodo no hay referencia a la virtud y a quien se critica es a los padres, muestra de la degeneración moral de la edad de hierro, en el mito de las edades. Es posible que la modificación de la cita se deba a algún estoico.
 [473] Es un resumen del texto de Epicteto transmitido por Arriano en III 24.86. El sentido global del pasaje es que hay que refrenarse en el cariño porque amamos a personas mortales cuya existencia no depende de nosotros, sino que es la divinidad la que nos las concede o nos las quita.
 [474] Es un resumen del texto de Epicteto transmitido por Arriano en III 24.88-91.
 [475] Es una paráfrasis del texto de Epicteto transmitido por Amano en III 24.91-93.
 [476] Epicteto transmitido por Arriano, III 22.105. El pasaje completo es "No hay ladrón ni tirano del albedrío, del cuerpo sí, de la hacienda, de los cargos, de las honras también"; por tanto, hay que preocuparse por aquello que de-pende de nosotros. Mientras que proaíresis, que hemos traducido por 'albedrío' (sobre los problemas de traducción del término, cfr. Ortiz García, Epicteto. Disertaciones por Arriano, Madrid, 1993, 29 y ss.), es un término fundamental en Epicteto (aparece más de 70 veces). Marco Aurelio no lo usa excepto en esta cita, a pesar de que está muy inspirado en general por Epicteto.
 [477] Por las alusiones anteriores parece que no cabe duda de que sigue hablando Epicteto, aunque este texto no está entre los transmitidos por Arriano, de hecho Schenkl integra este pasaje y el siguiente como fragmentos 27 y 28 en su edición de Epicteto, Leipzig, 1916. El pasaje está trufado de vocabulario típico de Epicteto.
 [478] Cfr. 4.1, 5.20.
 [479] Este pasaje no se identifica con ningún texto conocido aunque parece evidente su origen estoico.
 [480] Cfr. 2.2 y 3.16, 17.
 [481] Empédocles, frag. 27 Nauck.
 [482] Cfr. 2.15.
 [483] 'Pancracio' etimológicamente quiere decir 'lucha de todo tipo', porque se luchaba con puños, pies, llaves, etc.
 [484] En 4.3 y 6.10 se ha planteado como dilema entre la acritud epicureista atomista y la estoica providencialista. Ahora se añade una tercera posibilidad.
 [485] Sobre la metáfora de la lámpara para referirse a la vida véase 8.20 y la nota.
 [486] Cfr. 5.17.
 [487] El dilema que ya ha usado en 4.3, 6.10, 12.15.
 [488] Cfr. 3.16: se entiende 'alma' como principio vital y animador, lo que diferencia a animales de inanimados; según su concepción se recibe con el nacimiento.
 [489] Según Farquharson, 1944, II, se refiere a espíritus, daímones, benignos o malignos que se creía que habitaban en el aire. Referencias de este tipo podemos encontrar en otros autores de la época o algo posteriores como Diógenes Laercio, 8.32; Sexto Empírico, Contra los matemáticos, DC 86.
 [490] Según la concepción médica del momento el parentesco de la madre con su hijo se explicaba por la sangre que aportaba al feto, mientras que el del padre era gracias al semen.
 [491] Parece una cita de un verso de Eurípides de una obra desconocida, Nauck 1.018: »Nuestra inteligencia es un dios en cada uno de nosotros.«
 [492] Probablemente es el mismo que cita en 4.50.
 [493] Quizá se trate de un rico médico de Nápoles, mencionado por Plinio, Historia Natural, 9. De lo que no cabe duda es que es una persona pudiente ya que únicamente los emperadores y nobleza romana podían permitirse el lujo de habitar en mansiones en la bahía de Bayas (en la Campania, cerca de Cumas), célebre por sus fuentes y sus baños; aquí murió Adriano.
 [494] Tiberio, el emperador, véase el índice de nombres, es el único personaje conocido de los que cita, famoso por su empeño de vivir en Capri, donde se hizo construir un palacio del que todavía se conservan importantes vestigios. Parece, por tanto, que esta lista cita a personajes que se identifican con determinados lugares por preferencias estrafalarias.
 [495] Frontón, Ad amic., I 11 le manda una carta a este personaje.
 [496] Es una referencia a la doctrina de Epicuro que enseñaba a despreciar la muerte para poder disfrutar mejor de la vida.
 [497] Hadot, 1998, Marc Auréle, cvii.
 [498] Frontón, Epistolario, ed. A. Palacios Martín, Madrid, 1992.

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